Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Updated Home Energy Efficiency Standards Could Affect One in Four Homes

    Updated Home Energy Efficiency Standards Could Affect One in Four Homes

    On April 25, the US Departments of Housing and Urban Development (HUD) and Agriculture (USDA) announced final energy efficiency standards for new home construction. The refreshed standards will impact up to a quarter of all new homes nationwide and will cut energy bills by up to a third, paying for the efficiency improvements within two years on average. The affected units include affordable housing apartments (supported by HUD programs) as well as starter homes eligible for low-down-payment mortgages (insured by FHA and USDA). This announcement comes on the heels of a rule requiring new and majorly renovated federal buildings to be zero-emissions by 2030.

    The announcement has been greeted with celebration from affordable housing advocates and energy efficiency experts alike. But how many households will this rule impact? Where? How much will families save? We’re here with answers — and charts.

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    Updated Home Energy Efficiency Standards Could Affect One in Four Homes

  • Herramienta de integración de tecnologías digitales en los sistemas educativos: marco conceptual para América Latina y el Caribe 

    Herramienta de integración de tecnologías digitales en los sistemas educativos: marco conceptual para América Latina y el Caribe 

    La pandemia del COVID-19 tuvo un impacto significativo en los sistemas educativos a nivel mundial, lo que resultó en una emergencia educativa sin precedentes en la historia reciente. Según UNICEF (2021) y UNESCO (2021), más del 90 % de los estudiantes en todo el mundo se vieron afectados por el cierre de las escuelas en el año 2020 y parte de 2021, lo que equivale a más de 168 millones de niños, niñas y adolescentes. Las medidas tomadas por los países para prevenir la propagación del virus llevaron al cierre de los centros educativos y a la suspensión de las clases presenciales. En comparación con otras regiones del mundo, América Latina y el Caribe fue una de las más afectadas, con un promedio de 158 días de cierre de los centros educativos de marzo de 2020 a febrero de 2021. Como resultado, las oportunidades de aprendizaje de los niños, niñas y adolescentes, especialmente los más vulnerables, se vieron gravemente afectadas. Para enfrentar estos desafíos, la región requiere de programas y herramientas innovadoras para los educadores, las cuales les permitan crear experiencias de aprendizaje más interactivas e interesantes para los estudiantes, transformando las formas de aprender y enseñar. En el Transforming Education Summit de las Naciones Unidas celebrado en septiembre de 2022, se destacó, justamente, el potencial del uso de tecnología en la educación para mejorar la calidad de esta en todo el mundo. En lugar de ser una mera adición a la educación tradicional, la tecnología educativa puesta al servicio de los aprendizajes puede ayudar a abordar algunos de los mayores desafíos que enfrenta la educación, como la falta de acceso, la desigualdad en el acceso a los recursos educativos y la necesidad de una educación más personalizada. Sin embargo, el aprovechamiento de la tecnología en el aprendizaje está intrínsicamente ligado con la capacidad de los docentes para complementar la enseñanza con este tipo de herramientas. América Latina y el Caribe es una región muy heterogénea en la que coexisten situaciones muy dispares entre instituciones educativas y docentes, incluso dentro de un mismo país. Para trabajar en busca de una educación de calidad, la tecnología puede ofrecer una oportunidad muy importante. Para esto es fundamental conocer el momento en el que se encuentra cada sistema educativo en relación con la adopción de tecnologías y el grado de desarrollo de las competencias digitales de sus principales actores. Contar con un buen diagnóstico permitirá abordar una verdadera transformación digital educativa en relación con las necesidades y características de cada sistema educativo. El objetivo final no es el uso de la tecnología per se, sino dilucidar cómo aprovechar sus ventajas comparativas para poder ofrecer una educación de calidad, inclusiva y flexible que responda a las necesidades de una sociedad en constante cambio y evolución. Esto se concibe como una Educación 4.0, la cual se basa en una serie de principios que buscan generar igualdad de oportunidades de aprendizaje para alcanzar así a todos los estudiantes de un modo equitativo. 

    Para ello, el uso de la tecnología debe permitir centrar el aprendizaje en el estudiante y viabilizar el aprender a aprender; ofrecer un aprendizaje personalizado, relevante y atractivo que permita acelerar, amplificar e involucrar a los estudiantes en el aprendizaje; contar con docentes que impulsen el aprendizaje con prácticas pedagógicas innovadoras; provocar un cambio en la cultura escolar y de los roles de los actores en la enseñanza-aprendizaje; y apostar por una gestión eficiente de procesos y generación de información estratégica para monitoreo y toma de decisiones. Antes de la pandemia, los niveles de dominio de competencias digitales en América Latina ya eran bajos. Según un estudio de CAF, realizado a partir de los datos del Programa de Evaluación de Competencias de Adultos (PIAAC) de la OECD, aplicado en Chile, Ecuador, México y Perú entre los años 2014 y 2017, se estimó que el 40 % de docentes de la región alcanzaban el nivel 1 (de 3 en total) en el ámbito de la resolución de problemas en entornos digitales. Este nivel incluye tareas que requieren el uso de aplicaciones tecnológicas básicas y comunes, tales como el correo electrónico o navegadores web, sin necesidad de conocimientos específicos y que se resuelven en pocos pasos con un mínimo de funciones. Más aún, otro 39 % de los docentes se ubicó por debajo del nivel 1 y un 7 % ni siquiera demostró contar con las habilidades necesarias para completar la encuesta por no tener experiencia previa en el uso de computadores o no disponer de habilidades básicas como cliquear o teclear. Sólo el 13 % restante alcanzó los niveles 2 y 3, demostrando así un uso de aplicaciones tecnológicas más específicas. En comparación, alrededor del 50 % de los maestros en los países de la OECD se ubicó en los niveles 2 y 3. Por lo tanto, es esencial apoyar a los países en identificar el nivel de competencias digitales y aprovechamiento de la tecnología por parte de sus docentes, así como en el desarrollo de sus habilidades digitales. Es por esto por lo que el Banco Interamericano de Desarrollo (en adelante, el BID), ha disponibilizado una herramienta de diagnóstico que permite conocer, desde una perspectiva pedagógica, el nivel de madurez de los sistemas educativos de la región en cuanto a la adopción de tecnologías digitales y su incorporación a los procesos de enseñanza y aprendizaje. Así mismo, el BID brinda apoyo técnico en relación con la planificación y su uso para abordar el proceso de toma de decisiones. A lo largo del documento se repasa la visión del BID respecto de la transformación digital educativa y sobre cómo la correcta medición de las competencias digitales docentes contribuye a esa transformación. Después, se presenta la Guía Edutec y los instrumentos de medición que la componen (para docentes, escuelas y sistemas educativos). 

    Finalmente, se concluye con unas reflexiones acerca del potencial de uso que tiene la herramienta a la hora de informar los procesos de toma de decisiones relativos al fortalecimiento de las competencias digitales de los docentes, así como a la mejor integración de las tecnologías en el seno de los centros educativos. El proceso de transformación digital educativa parte de un marco institucional que comunica el cambio deseado y crea una visión compartida junto con la comunidad escolar, logrando definir adonde quieren ir y qué recursos son necesarios (financieros y humanos) para presentar una planificación estratégica y establecer una gobernanza que lidere el proceso. Además, se requieren cambios normativos que regulen aspectos como la ética, la privacidad de datos y la ciberseguridad. La gestión del cambio es un desafío importante que puede afectar a la distribución de recursos, la evaluación del progreso de los estudiantes y las prácticas pedagógicas. Es necesario conocer cuál es el estado de situación de cada sistema educativo para poder saber en qué insumos priorizar la inversión o fortalecer con diversas acciones. Los diagnósticos son fundamentales para desarrollar un plan de transformación digital adecuado para cada contexto. Estos permiten obtener una comprensión clara de la situación actual, en donde se puede identificar no solo las necesidades y oportunidades de mejora, sino también los posibles obstáculos y limitaciones que se pueden presentar en el proceso de implementación de un plan de transformación digital educativa. Además, el diagnóstico brinda una base sólida para la planificación y ejecución de intervenciones adecuadas y efectivas, tanto en términos de recursos como de estrategias. Por ejemplo, el autodiagnóstico de competencias digitales docentes permite sentar la base para el diseño de planes de desarrollo profesional docente adaptados a las necesidades y oportunidades del equipo de profesores de un país o región.

     

    El informe presenta un marco conceptual para guiar la integración efectiva de tecnologías digitales en los sistemas educativos de la región. El documento destaca la importancia de esta integración para mejorar la calidad de la educación y cerrar brechas en el acceso y la equidad educativa. El marco conceptual se basa en tres dimensiones fundamentales: pedagógica, institucional y tecnológica. En la dimensión pedagógica, se enfatiza la importancia de diseñar estrategias de enseñanza que integren las tecnologías de manera efectiva, aprovechando sus ventajas para promover un aprendizaje más activo, colaborativo y personalizado. También se destaca la importancia de desarrollar competencias digitales en docentes y estudiantes para aprovechar al máximo el potencial de las tecnologías digitales en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En la dimensión institucional, se resalta la necesidad de contar con políticas y estrategias claras que promuevan la integración de tecnologías digitales en los sistemas educativos, así como con infraestructura y recursos adecuados para su implementación. También se menciona la importancia de fomentar una cultura organizacional que promueva la innovación y la experimentación en el uso de tecnologías digitales en la educación. En la dimensión tecnológica, se aborda la importancia de seleccionar y utilizar las tecnologías digitales de manera adecuada, considerando aspectos como la accesibilidad, la interoperabilidad y la seguridad. También se destaca la importancia de promover el desarrollo de tecnologías educativas innovadoras que se adapten a las necesidades específicas de los contextos educativos de la región. En resumen, el marco conceptual presentado en el informe ofrece una guía integral para la integración efectiva de tecnologías digitales en los sistemas educativos de América Latina y el Caribe, con el objetivo de mejorar la calidad de la educación y promover la equidad educativa en la región.

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  • Digital adoption during COVID-19

    Digital adoption during COVID-19

    La pandemia COVID-19 provocó una recesión económica mundial sin precedentes que afectó a la productividad, la dinámica empresarial y la adopción de tecnología digital. Este estudio utiliza una completa base de datos comercial con información sobre instalaciones de productos digitales, gastos en tecnologías de la información (TI) y datos financieros de empresas de Spiceworks Ziff Davis para analizar los patrones de digitalización durante la pandemia COVID-19 en 20 países europeos (Alemania, Austria, Bélgica, Chequia, Dinamarca, Eslovaquia, España, Finlandia, Francia, Hungría, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza), centrándose en el periodo comprendido entre 2019 y 2021. El análisis revela que la pandemia ha acelerado la introducción de tecnologías digitales por parte de las empresas, tanto en nuevas clases de tecnología como en términos de actualización de las existentes. De hecho, una parte significativa de las empresas introdujeron nuevas tecnologías digitales durante la pandemia, con los porcentajes más elevados entre las empresas que introdujeron «Sistemas de TI» (alrededor del 80%), seguidas de «Ventas digitales» y «Lugar de trabajo digital» (alrededor del 50%). Casi todas las empresas que instalaron productos relacionados con los «Sistemas de TI» mejoraron su base tecnológica, mientras que las «Aplicaciones y análisis avanzados» fueron las que más adoptaron nuevas tecnologías. Las brechas digitales y de productividad preexistentes entre las empresas, así como sus características, influyeron significativamente en la capacidad de las empresas para reaccionar ante la crisis y, en relación con ella, para adoptar nuevas tecnologías digitales. De hecho, las empresas que eran más digitales, más productivas y más grandes antes de la COVID-19 fueron las que aumentaron más significativamente sus instalaciones de tecnología digital durante la pandemia. En particular, las capacidades digitales preexistentes han sido fundamentales. Para analizarlas con más detalle, el estudio utiliza una metodología novedosa -aprovechando el análisis de redes- que descubre las interdependencias y complementariedades existentes entre las tecnologías digitales, así como la secuencialidad potencial en su adopción. Basándose en esta metodología, el análisis muestra que la presencia ex ante de tecnologías de apoyo -aquellas que sustentan y permiten el despliegue de soluciones digitales más complejas- fomentó la adopción de aplicaciones clave durante la pandemia, como «Analytics», «Cloud», «Digital Commerce» y «Collaborative Software». Estas aplicaciones experimentaron el mayor crecimiento de adopción entre las empresas analizadas, con una difusión del «Comercio Digital» que casi se duplicó durante la pandemia, seguida de la «Analítica», el «Software Colaborativo» y la «Nube» (con un aumento de alrededor del 50%). El análisis también sugiere que durante la pandemia fue más probable que las aplicaciones digitales clave se adoptaran en paquete que de forma aislada. Estos resultados tienen interés político, dado que indican que la dinámica de adopción digital durante la pandemia de COVID-19 puede haber aumentado la polarización entre las empresas altamente digitales y de alto desempeño y el resto de la población empresarial. Esto subraya el papel de los responsables políticos en la promoción de una transformación digital inclusiva en la era post-pandémica. 

    A este respecto, parece crucial una combinación global de políticas que afecten a los incentivos y capacidades de las empresas y capten las sinergias entre los distintos ámbitos políticos, incluida la atención al capital humano, las capacidades digitales, la infraestructura digital, las condiciones marco y la regulación. La pandemia de COVID-19 desencadenó una importante recesión económica mundial, sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Durante la crisis, gran parte de la actividad económica se restringió de forma intermitente durante meses para limitar la propagación del virus, con consecuencias tanto en la demanda como en la oferta de la economía. En relación con lo anterior, la crisis provocó un aumento significativo de la incertidumbre económica, con consecuencias negativas para la inversión empresarial, las contrataciones y el consumo de bienes duraderos, así como presiones sobre las cadenas de valor mundiales (CVM), con las correspondientes implicaciones inflacionistas impulsadas por los costos. Las empresas tuvieron que adaptarse al inesperado choque COVID-19 y reorganizar sus procesos de producción, así como su interacción con clientes y proveedores. A su vez, los cambios inducidos por la crisis tuvieron efectos relevantes sobre, por ejemplo, las reasignaciones intersectoriales e intrasectoriales, la entrada y salida de empresas, y funcionaron como catalizador para una aceleración en la adopción de tecnologías digitales y de prácticas de teletrabajo. El objetivo de este artículo es analizar cómo han evolucionado los patrones de digitalización a lo largo de la pandemia COVID-19 a un nivel de granularidad aún no explorado en la literatura, centrándose en particular en el papel de las características de las empresas antes de la crisis y discutiendo las implicaciones relevantes para la recuperación post-pandémica. Aprovechando datos únicos entre países sobre la instalación de productos digitales por parte de las empresas, vinculados a los gastos en TI y a los datos financieros de las empresas, las pruebas descubiertas en el análisis sugieren que la adopción de tecnologías digitales se ha acelerado rápidamente durante la pandemia. De hecho, una parte significativa de las empresas analizadas introdujeron nuevas tecnologías digitales durante la crisis, con los porcentajes más altos entre las empresas que introdujeron «Sistemas de TI» (alrededor del 80%), seguidas de «Ventas digitales» y «Lugar de trabajo digital» (alrededor del 50%). Casi todas las empresas que instalaron productos relacionados con los «Sistemas informáticos» actualizaron su base tecnológica, mientras que las «Aplicaciones y análisis avanzados» registraron el mayor número de nuevos adoptantes. Sin embargo, las carencias preexistentes han desempeñado un papel importante en la capacidad de las empresas para reaccionar ante la crisis. De hecho, las empresas que eran más productivas, más grandes y más digitales antes de la COVID-19 fueron las que incrementaron más su uso de tecnologías digitales tras el choque pandémico. En particular, las empresas con mayores niveles de digitalización antes de la pandemia (según un nuevo índice de digitalización calculado para el análisis) estaban mejor equipadas para introducir nuevos productos digitales durante la crisis. Además, las empresas que ya contaban con tecnologías complementarias antes de la COVID-19 tenían más probabilidades de adoptar (por primera vez) aplicaciones digitales que cobraron impulso durante la pandemia, como «Analytics», «Cloud», «Digital Commerce» y «Collaborative Software» (la difusión de «Digital Commerce» casi se duplicó durante la pandemia, mientras que «Analytics», «Collaborative Software» y «Cloud» aumentaron aproximadamente un 50%). Estos patrones pueden reforzar la dinámica de «el ganador se lo lleva todo» y aumentar la polarización entre las empresas con mejores resultados y el resto de la población empresarial, un fenómeno ya documentado antes de la crisis. En este contexto, las políticas públicas pueden desempeñar un papel clave para impulsar una transformación digital inclusiva en la era pospandémica. Una amplia combinación de políticas que afecte a los incentivos y las capacidades de las empresas, y que aproveche las sinergias entre los distintos ámbitos políticos, es clave para fomentar una transformación digital inclusiva, más aún después de la crisis COVID-19. 

    Dicha combinación puede incluir tanto medidas del lado de la demanda, que aumenten la concienciación sobre las nuevas tecnologías y desarrollen la capacidad de absorción, como medidas del lado de la oferta, que fomenten la competencia y reduzcan los obstáculos a la entrada de nuevas empresas, proporcionen instrumentos de crédito pertinentes, mejoren la producción y el intercambio de conocimientos, refuercen la base de la infraestructura y las competencias digitales y aborden los nuevos retos reglamentarios de la economía digital. Estas políticas pueden permitir que la difusión de la tecnología digital y sus desempeños se extiendan más entre las empresas y los sectores, garantizando una transformación digital inclusiva tras COVID-19. El resto del trabajo se organiza como sigue. En la sección 2 se revisa la literatura de referencia sobre cómo la pandemia COVID-19 ha afectado a la adopción y difusión de la tecnología digital por parte de las empresas. La sección 3 describe los datos y la metodología. La Sección 4 se centra en los resultados del análisis empírico, mientras que la Sección 5 concluye discutiendo las principales conclusiones e implicaciones políticas. La digitalización ha cambiado profundamente la forma en que las empresas operan y compiten en la economía global actual. Las continuas mejoras en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y en las nuevas tecnologías digitales avanzadas -como la inteligencia artificial (IA)- están influyendo en los procesos de producción de las empresas, en los canales de interacción con clientes y proveedores, en las estructuras organizativas, así como en la demanda de competencias. Por ejemplo, los avances en las tecnologías de la comunicación han permitido a las empresas obtener un mayor acceso a los mercados internacionales y reorganizar su producción dentro de las CVM. Durante la pandemia, las tecnologías digitales han sido cruciales para permitir a las empresas seguir produciendo y vendiendo, y a las personas seguir trabajando. Sin embargo, sigue siendo objeto de debate hasta qué punto las brechas digitales y de productividad preexistentes han interactuado con la conmoción pandémica en la configuración de los patrones de difusión de la tecnología digital. Esto es especialmente cierto si uno está interesado en pruebas empíricas entre países sobre una amplia gama de tecnologías digitales. Para abordar estas cuestiones, la siguiente subsección presenta un marco para analizar los factores que influyen en la adopción de la tecnología digital (y sus desempeños) en relación con las perturbaciones causadas por la COVID-19.

     

    El informe examina el impacto de la pandemia en la adopción digital en todo el mundo, destacando tanto los beneficios como los desafíos que ha presentado esta transición acelerada. Durante la crisis, la digitalización se ha convertido en una herramienta crucial para mantener la continuidad de las actividades económicas y sociales, permitiendo el teletrabajo, la educación a distancia, la telemedicina y el comercio electrónico. Sin embargo, también ha expuesto y exacerbado las brechas digitales existentes, tanto dentro de los países como entre ellos. A medida que las empresas y los gobiernos han adoptado rápidamente soluciones digitales, se ha observado un aumento significativo en el uso de tecnologías como videoconferencias, plataformas en la nube y servicios en línea. Este cambio ha sido especialmente notable en sectores como la educación y la salud, donde la digitalización ha permitido mantener servicios esenciales en funcionamiento. No obstante, la transición digital ha sido desigual, con algunas empresas y personas enfrentando dificultades para adaptarse debido a limitaciones de acceso, habilidades digitales insuficientes o falta de recursos tecnológicos. La pandemia también ha resaltado la importancia de abordar las brechas digitales existentes, ya que aquellos que carecen de acceso a la tecnología o no tienen las habilidades necesarias corren el riesgo de quedarse rezagados. Para abordar estos desafíos, el informe destaca la necesidad de políticas públicas que fomenten la inclusión digital, garantizando que todos tengan acceso a la tecnología y la capacitación necesarias. Asimismo, subraya la importancia de fortalecer la colaboración internacional para compartir mejores prácticas y garantizar que la digitalización beneficie a todos, contribuyendo así a una recuperación más inclusiva y sostenible.

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  • Realizing the Potential of Global Digital Jobs

    Realizing the Potential of Global Digital Jobs

    El documento analiza el potencial de los empleos digitales globales para abordar la escasez de mano de obra y el subempleo a nivel mundial, identificando los excedentes y déficits de habilidades a nivel global y proporcionando un marco para ayudar a empresas y países a superar barreras y mitigar riesgos en el establecimiento de una fuerza laboral digital global. Los hallazgos clave revelan que los países de ingresos medios bajos tienen un excedente de trabajadores capacitados y educados que podrían cubrir las escaseces laborales en países de ingresos y medios altos a través de empleos digitales globales. Existe una correspondencia entre la oferta y la demanda de trabajadores con habilidades específicas a nivel mundial, y los empleos digitales globales podrían facilitar oportunidades laborales y conectar talentos más allá de las fronteras. Además, se presenta un marco que describe las principales barreras (infraestructura tecnológica, políticas, brechas de habilidades) y riesgos (fallos tecnológicos, problemas de calidad laboral, desafíos de gestión del desempeño) involucrados en los empleos digitales globales, proponiendo soluciones y acciones de mitigación como la inversión en conectividad, simplificación de regulaciones, desarrollo de habilidades, fortalecimiento de ciberseguridad, promoción de inclusión cultural y estandarización de prácticas salariales. Casos de estudio del sector público y privado ofrecen ejemplos prácticos de la incorporación de empleos digitales globales. Al aprovechar un pool de talento global a través de empleos digitales, empresas y países pueden abordar escaseces laborales, apoyar el desarrollo económico en áreas con excedentes de mano de obra y promover la prosperidad global, siempre que prioricen el acceso a tecnología, desarrollo de habilidades e iniciativas dirigidas para mitigar riesgos. 

    Según el documento, existe un excedente de mano de obra en países de ingresos medios bajos y bajos, mientras que países de ingresos y medios altos enfrentan escasez de mano de obra. Durante la última década, la mano de obra disponible ha aumentado un 8,5 % en países de ingresos y medios bajos, pero ha disminuido un 4,0 % y un 3,6 % en economías de ingresos altos y medios altos, respectivamente. Además, las vacantes laborales han aumentado un 188 % en países de ingresos altos y medios altos durante el mismo período. Estas tendencias laborales divergentes, junto con los avances tecnológicos y la creciente aceptación del trabajo en línea, crean oportunidades para empleos digitales globales que pueden realizarse de forma remota desde cualquier lugar. Se espera que el número de empleos digitales globales aumente de 73 millones en la actualidad a alrededor de 92 millones para 2030, con una tendencia hacia roles mejor remunerados. Para aprovechar el potencial de los empleos digitales globales, los responsables políticos y líderes deben adoptar estrategias que permitan una fuerza laboral digital global equitativa y exitosa. El primer capítulo utiliza datos globales de educación y habilidades para ilustrar economías enfrentando escasez y excedentes de mano de obra, incluyendo ejemplos de países con desequilibrios en la disponibilidad de habilidades. El segundo capítulo presenta un marco para apoyar a países y empresas en la utilización de una fuerza laboral digital global, ofreciendo una visión general de barreras, soluciones, riesgos potenciales y acciones de mitigación. El tercer capítulo proporciona casos de estudio que respaldan e ilustran este marco.

    El documento aborda diversos obstáculos y riesgos asociados con el establecimiento de una fuerza laboral digital global exitosa y sostenible. Destaca desafíos relacionados con la complejidad legal y fiscal, la atracción de países, brechas de habilidades, discrepancias de actitudes, fallos tecnológicos, ciberseguridad, salarios más bajos y problemas de equilibrio entre trabajo y vida personal. Para superar estas barreras, el informe sugiere utilizar servicios de empleador de registro (EOR) u organizaciones profesionales de empleadores (PEOs) para navegar por entornos legales complejos. Enfatiza la importancia de que los países proporcionen un entorno positivo para atraer inversiones, promover sistemas de desarrollo de talento y aumentar la conciencia sobre las capacidades locales. En cuanto a las brechas de habilidades, el informe recomienda implementar sistemas de aprendizaje continuo, asociarse con empleadores e instituciones educativas para programas de capacitación y alinear la formación con la demanda del mercado. También destaca la importancia de fomentar actitudes propicias para la colaboración remota y promover una cultura de compromiso y responsabilidad. Para mitigar los riesgos tecnológicos, el informe recomienda implementar mantenimiento proactivo de la tecnología, protocolos de monitoreo, programas de concientización sobre ciberseguridad y asignar recursos para medidas de seguridad robustas. A nivel nacional, los países pueden lanzar campañas de ciberseguridad y explorar fuentes de energía alternativas para abordar problemas de suministro eléctrico. Para abordar los riesgos de calidad laboral, el informe advierte contra la explotación de mano de obra de bajo costo y enfatiza la importancia de una compensación justa y un equilibrio entre trabajo y vida personal. Sugiere que las empresas establezcan políticas y pautas claras para garantizar el bienestar de los empleados y la satisfacción laboral. Siendo así, se enfatiza la necesidad de esfuerzos concertados tanto de los futuros empleadores como de los países para atraer corporaciones internacionales y aprovechar el talento local, respaldado por iniciativas educativas, campañas de concientización pública y colaboración entre la industria y el gobierno. 

    De igual forma, el documento aborda los riesgos y desafíos asociados con la implementación de una fuerza laboral digital global, así como estrategias para mitigar estos riesgos. Destaca tres grupos principales de riesgos: disparidades salariales y medidas de reducción de costos, problemas de equilibrio entre trabajo y vida personal, y desafíos en la gestión de equipos dispersos geográficamente. Para abordar las disparidades salariales, el informe recomienda apuntar a oportunidades basadas en la disponibilidad de talento en lugar de ahorros de costos e incorporar sistemas para gestionar la equidad salarial, como hacer cumplir estándares laborales, promover el desarrollo de habilidades y apoyar la defensa de los trabajadores. En cuanto al equilibrio entre trabajo y vida personal, el informe señala que el trabajo remoto ha llevado a un aumento en las horas de trabajo y dificultades para detectar el malestar psicológico. El sesgo de proximidad y la percepción de inequidad también pueden llevar a la desvinculación y riesgos como huelgas. Las mitigaciones incluyen promover un entorno laboral inclusivo, proporcionar recursos de salud mental y garantizar equidad entre trabajadores remotos y en el lugar de trabajo. La gestión de un equipo digital global requiere técnicas diferentes a las de los equipos presenciales. Las diferencias culturales, incluidas normas, valores y estructuras jerárquicas variadas, pueden dificultar la comunicación y la alineación. La participación de los empleados también es un desafío, debido a que los entornos remotos pueden llevar a sentimientos de aislamiento y conexión disminuida con la empresa. Las estrategias para abordar estos desafíos incluyen capacitación en conciencia cultural, adaptación de procesos de gestión del desempeño, promoción de la colaboración a través de gestores comunitarios e implementación de herramientas para evaluar y desarrollar competencias en trabajo remoto. El informe enfatiza la importancia de una preparación integral, consideración estratégica y estrategias efectivas de mitigación de riesgos para establecer con éxito una fuerza laboral digital global.

    El análisis explora los desafíos y las vías de solución para varios países y organizaciones en la realización del potencial de los trabajos digitales globales. Destaca los problemas enfrentados por Filipinas, como la infraestructura digital inadecuada, las brechas de habilidades, los riesgos de ciberseguridad y los desafíos en el equilibrio entre trabajo y vida personal. Filipinas está abordando estos problemas mediante inversiones en conectividad, reformas políticas, desarrollo de habilidades e implementación de marcos como el Marco de Habilidades Filipinas y el Marco CHIP del Banco Mundial. Médecins Sans Frontières (MSF) enfrenta desafíos en la gestión de una fuerza laboral global, incluidos marcos legales diversos, brechas en la infraestructura tecnológica y disparidades en la alfabetización digital. MSF está abordando esto mediante directrices estandarizadas, priorizando conexiones personales, invirtiendo en conectividad, centrándose en la contratación ágil y digitalizando oportunidades de aprendizaje. Euroclear, una empresa global de servicios financieros enfrenta desafíos en la gestión de una fuerza laboral distribuida, asegurando la seguridad de los datos y adaptándose a regulaciones en evolución. Euroclear está abordando esto mediante políticas flexibles de trabajo, medidas robustas de ciberseguridad y capacitación continua de empleados. Por otro lado, el documento proporciona una visión general de diversas tendencias y estadísticas relacionadas con el trabajo remoto, la adopción de tecnología, la creación de empleo y las habilidades laborales. Destaca la creciente prevalencia de teléfonos inteligentes, computadoras y acceso a internet a nivel mundial, lo que permite el trabajo remoto y la tendencia de «traer tu propio dispositivo» (BYOD, por sus siglas en inglés). Se enfatiza la importancia de las capacidades de trabajo remoto, especialmente en el contexto de eventos climáticos extremos. Asimismo, se discute la gestión de desechos electrónicos, los impulsores de creación de empleo, los desafíos técnicos en el trabajo remoto y el papel de la banda ancha y la conectividad móvil. También explora el impacto potencial del trabajo remoto en las economías locales, la competitividad fiscal y la inversión extranjera directa. 

     

    En otra instancia, el documento destaca la necesidad de habilidades para el trabajo remoto y el papel complementario de la inteligencia artificial (IA) en el aumento de las capacidades humanas. Examina el futuro del trabajo, las tendencias de creación de empleo, la importancia de la Taxonomía Global de Habilidades y el contexto tecnología-organización-entorno (TOE) para la adopción del trabajo remoto. Discute los desafíos y oportunidades de la digitalización en un mundo posterior a la COVID-19, junto con la importancia de la alfabetización en ciber-riesgos. Cubre estrategias de liderazgo para apoyar el trabajo remoto, el papel evolutivo de la oficina y las mejores prácticas para la gestión remota. Además, proporciona estadísticas de tasas de empleo, necesidades de habilidades y desequilibrios de habilidades en países específicos como Brasil y Nigeria. En general, ofrece una exploración completa del panorama del trabajo remoto, los avances tecnológicos, la dinámica de la fuerza laboral y las implicaciones para las empresas, las economías y la creación de empleo a escala global.

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  • Strategic Cybersecurity Talent Framework

    Strategic Cybersecurity Talent Framework

    En el actual panorama digital hiperconectado, el sector de la ciberseguridad se enfrenta a una grave escasez mundial de casi 4 millones de profesionales. Con un aumento constante año tras año de la demanda de profesionales cualificados, el déficit no muestra signos de disminuir. En un momento en que las ciberamenazas son cada vez más sofisticadas y frecuentes, el personal de ciberseguridad, como columna vertebral de la seguridad de las organizaciones, desempeña un papel clave para garantizar los beneficios de la Cuarta Revolución Industrial. No garantizar un suministro constante de profesionales de la ciberseguridad puede tener consecuencias de largo alcance, dado que las organizaciones de todo el mundo se encontrarán vulnerables y sin personal suficiente frente a las amenazas emergentes. Por lo tanto, es imperativo que los responsables de la toma de decisiones den prioridad a la gestión del talento en ciberseguridad como una necesidad estratégica. El Foro Económico Mundial, consciente de que un único actor no puede hacer frente por sí solo a la escasez de mano de obra en ciberseguridad, creó la iniciativa Bridging the Cyber Skills Gap. Reuniendo a más de 50 organizaciones públicas y privadas, la iniciativa desarrolló un Marco de Talento en Ciberseguridad (CTF, por sus siglas en inglés) estratégico que presenta enfoques procesables para ayudar a las organizaciones a construir canales de talento sostenibles. Más concretamente, el CTF se estructura en torno a cuatro áreas prioritarias clave destinadas a proporcionar un enfoque holístico de la gestión del talento en ciberseguridad. Como marco de aplicación universal, el CTF pretende servir como fuente de referencia para los líderes de la industria, las agencias gubernamentales, la sociedad civil y el mundo académico, es decir, todas las partes interesadas preocupadas por la escasez de mano de obra en ciberseguridad y comprometidas con el desarrollo y el fomento de un talento sólido en ciberseguridad en sus respectivos sectores. La escasez de mano de obra es un problema mundial que afecta a todos los países e industrias. Las estimaciones sugieren que para 2030 podría haber una escasez mundial de talento de más de 85 millones de trabajadores, lo que llevaría a una pérdida estimada de 8,5 billones de dólares en ingresos anuales no realizados. El sector de la ciberseguridad también se ve afectado por este reto generalizado. Mientras que la fuerza de trabajo de ciberseguridad creció un 12,6% entre 2022 y 2023, hay una escasez de casi 4 millones de profesionales de ciberseguridad en todo el mundo. Con un aumento constante año tras año en la demanda de profesionales cualificados, hay poco optimismo de que la oferta se ponga al día. De hecho, sólo el 15% de todas las organizaciones son optimistas en cuanto a que las cibercapacidades y la educación mejorarán significativamente la situación en los próximos dos años. Desde una perspectiva regional, la escasez es más pronunciada en Asia-Pacífico, que carece de más de 2,5 millones de trabajadores de ciberseguridad, seguida de Norteamérica, que se enfrenta a un déficit de mano de obra de casi 522.000 personas.  En África, con una población total de más de 1.400 millones de personas, se calcula que el número de profesionales de la seguridad certificados es de sólo unos 20.000.  Por países, la escasez de talentos es especialmente pronunciada en China, India, Estados Unidos y Brasil. India, a pesar de contar con una de las mayores poblaciones juveniles del mundo y con el 31,7% de los licenciados en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) de todo el mundo, tenía unas 40.000 vacantes para profesionales de la ciberseguridad en mayo de 2023. Debido a la escasez de talento, el 30% de estas vacantes no pudieron cubrirse.9 Del mismo modo, en enero de 2024 se calcula que Estados Unidos tiene 448.000 vacantes de ciberseguridad en los sectores público y privado. 

    La escasez de mano de obra en ciberseguridad es especialmente evidente en los sectores educativo, gubernamental y sanitario.  De hecho, el Global Cybersecurity Outlook 2024 descubrió que la falta de recursos y competencias es el mayor reto a la hora de diseñar la ciberresiliencia para el 52% de las organizaciones públicas.  Del mismo modo, las pequeñas y medianas empresas (PYME) luchan por digitalizarse debido a la falta de cibercapacidades. La investigación muestra que el 43% de las PYME británicas no han podido contratar apoyo en ciberseguridad debido a la escasez de especialistas o a los retos para atraer, contratar y retener a profesionales de la ciberseguridad. En lo que respecta a funciones específicas de ciberseguridad, la escasez de mano de obra es grave en ámbitos como la seguridad en la nube, la inteligencia sobre ciberamenazas y el análisis de malware. A medida que las organizaciones se enfrentan a la complejidad de las crecientes ciberamenazas -que van desde sofisticados ataques de ransomware a insidiosas violaciones de datos- la escasez de profesionales cualificados en ciberseguridad está alcanzando proporciones alarmantes, y no es de extrañar que más de dos tercios de las organizaciones se enfrenten a riesgos adicionales debido a la escasez de competencias en ciberseguridad. Las causas de la escasez de mano de obra en ciberseguridad son múltiples. Un factor clave es la rápida evolución del panorama de la ciberseguridad, que supera el desarrollo de una mano de obra acorde. A medida que los actores de las amenazas siguen perfeccionando e innovando sus métodos de ataque, la demanda de profesionales con un conjunto de habilidades diversas y especializadas supera la oferta. Sin embargo, la escasez de profesionales cualificados capaces de defenderse de los crecientes riesgos cibernéticos va más allá de los retos inmediatos a los que se enfrentan las organizaciones. Como riesgo sistémico, existe una creciente preocupación por el impacto potencial del déficit de mano de obra en ciberseguridad sobre la seguridad nacional, las infraestructuras críticas y la resistencia y seguridad generales de las economías y las sociedades. Además, la proliferación de tecnologías de vanguardia -como la inteligencia artificial generativa (IA), la computación cuántica y la Internet de las cosas- introduce nuevos riesgos, ampliando la superficie de ataque y, por lo tanto, amplificando aún más la necesidad de una mano de obra de ciberseguridad equipada con conocimientos técnicos en evolución. El sector de la ciberseguridad también tiene una pronunciada falta de diversidad -incluida la representación de mujeres, inmigrantes, minorías étnicas y empleados neurodiversos-, por lo que no debería sorprender que el 91% de las organizaciones crea que es necesario impulsar una mayor diversidad de personas en el campo de la ciberseguridad. Otros factores que contribuyen a la escasez de mano de obra son la incapacidad de algunos empleadores, sobre todo del sector público, para competir con los salarios que ofrecen otras organizaciones; la falta de correspondencia entre los programas educativos; la evolución de las necesidades del sector de la ciberseguridad; y la falta de claridad sobre las oportunidades profesionales en este campo. Para hacer frente al déficit de mano de obra en ciberseguridad, el siguiente Marco estratégico para el talento en ciberseguridad (CTF, por sus siglas en inglés) pretende presentar a los responsables de la toma de decisiones públicos y privados de todo el mundo enfoques prácticos y mejores prácticas sobre cómo cultivar y mantener una cantera de profesionales cualificados. 

    Cuando se habla del déficit de mano de obra en ciberseguridad, términos como «escasez de competencias», «escasez de talento», «escasez de capacidad» y «escasez de experiencia» se utilizan a menudo indistintamente a pesar de sus distintos matices. Esta imprecisión provoca confusión y malentendidos sobre el tipo específico de escasez al que se enfrenta el sector. Examinando más de cerca los distintos tipos de déficit, la «escasez de competencias» suele referirse a la escasez de competencias o habilidades técnicas y sociales específicas necesarias para determinadas funciones dentro del campo de la ciberseguridad. En este contexto, las organizaciones pueden tener dificultades para encontrar una persona que domine una programación específica o un idioma extranjero. Por otra parte, una «escasez de talento» sugiere una falta de individuos que posean el conjunto más amplio de habilidades, conocimientos y atributos necesarios para sobresalir en diversas funciones de ciberseguridad. El término «escasez de capacidad» va más allá del personal de ciberseguridad y abarca aspectos como la infraestructura digital y los marcos normativos necesarios para establecer y mantener medidas de seguridad sólidas en el panorama digital. Por último, la «escasez de experiencia» se refiere a la falta de conocimientos prácticos y prácticos para hacer frente a los problemas de ciberseguridad del mundo real. Además de estos tipos de escasez, las organizaciones tienen cada vez más dificultades para encontrar personas con el impulso y la motivación adecuados. Para idear soluciones eficientes y eficaces a los problemas que se plantean, es necesario identificar la naturaleza exacta de la escasez con la que se encuentra una determinada geografía, industria u organización. Es importante señalar que en ciberseguridad pueden manifestarse múltiples carencias simultáneamente y de forma interconectada. Por ejemplo, los recién licenciados pueden poseer los conocimientos adecuados, pero carecer de experiencia en la vida real. Por otro lado, los profesionales con experiencia pueden carecer de competencias porque muchas organizaciones se esfuerzan por invertir en iniciativas de mejora de las cualificaciones. Por último, los profesionales cualificados con las competencias y la experiencia adecuadas tienden a buscar salarios más altos, y las organizaciones pueden encontrarse con una escasez de mano de obra simplemente porque no pueden permitirse contratar el talento. El panorama de la mano de obra de la ciberseguridad es polifacético e implica a un conjunto diverso de actores que forman una red dinámica e interconectada dedicada a proteger un mundo cada vez más digitalizado.

     

    El informe presenta un marco estratégico integral para abordar los desafíos actuales y futuros en la gestión del talento en ciberseguridad. Reconoce que la demanda de profesionales en este campo está aumentando rápidamente, pero que la oferta no está creciendo al mismo ritmo, lo que crea una brecha significativa de talento. El informe destaca la importancia de abordar esta brecha de manera holística y sostenible para garantizar la seguridad cibernética en un mundo cada vez más digitalizado. El marco propuesto se basa en cuatro pilares fundamentales: identificar, capacitar, atraer y retener talento en ciberseguridad. En primer lugar, se enfoca en identificar las habilidades y competencias clave necesarias para desempeñarse en roles de ciberseguridad, destacando la importancia de la diversidad de habilidades y experiencias. Luego, destaca la importancia de capacitar a las personas en estas habilidades a través de programas educativos y de formación específicos en ciberseguridad, así como la necesidad de desarrollar habilidades blandas y capacidades de liderazgo. En cuanto a la atracción de talento, el informe enfatiza la importancia de crear una cultura organizacional atractiva que fomente la diversidad, la equidad y la inclusión. También destaca la necesidad de colaborar con la academia, el sector público y otras partes interesadas para mejorar la percepción de la ciberseguridad como una carrera viable y emocionante. Finalmente, en términos de retención de talento, el informe sugiere implementar programas de desarrollo profesional y oportunidades de crecimiento, así como ofrecer compensaciones y beneficios competitivos. En resumen, el informe del WEF sobre el marco estratégico para el talento en ciberseguridad destaca la importancia de abordar la brecha de talento en este campo de manera integral y sostenible. Propone un enfoque basado en identificar, capacitar, atraer y retener talento en ciberseguridad, con el objetivo de garantizar la seguridad cibernética en un mundo cada vez más digitalizado.

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  • Generative AI Challenges and Potential Unveiled: How to Achieve a Competitive Advantage

    Generative AI Challenges and Potential Unveiled: How to Achieve a Competitive Advantage

    El papel del mercado voluntario de carbono (VCM) en la agricultura de América Latina y el Caribe (ALC) destaca la oportunidad única de atraer inversión privada y fortalecer la acción climática en la región. El VCM, proyectado para liberar alrededor de $50 mil millones anuales para 2030, se presenta como un motor clave para catalizar sistemas agrícolas resilientes y de baja emisión. Esta perspectiva se alinea con la urgente necesidad de abordar las emisiones del sector agrícola, que representan el 20% de las emisiones antropogénicas globales y una parte significativa de las emisiones en muchos países de la región. Las principales fuentes de emisiones en este sector son la producción ganadera (fermentación entérica y manejo de estiércol) y el cultivo de cultivos (manejo del suelo). El potencial de mitigación es enorme, con un estimado de 0,9 GtCO2e anuales en ALC, lo que subraya la importancia de las medidas de costo-efectivas en la agricultura para enfrentar el cambio climático. Sin embargo, a pesar de estas oportunidades, persisten desafíos sistémicos en la implementación efectiva del VCM en la agricultura. Estos incluyen la dispersión de emisiones, la dificultad en la medición precisa, y la necesidad de agregar fincas individuales en programas sectoriales más amplios. Aunque los avances tecnológicos han mejorado la medición del carbono y la supervisión de proyectos, aún queda un camino por recorrer en la monitorización de reducciones de emisiones y el aumento de la captura de carbono. Además, la financiación del VCM por sí sola a menudo es insuficiente para cubrir todos los costos del programa, lo que subraya la importancia de las inversiones públicas y privadas adicionales. La clave para aprovechar las oportunidades del VCM en la agricultura radica en superar estos desafíos de manera integral y en desarrollar un marco político y regulatorio que incentive y facilite la inversión privada en prácticas agrícolas sostenibles y resilientes al clima en toda la región de ALC. 

    El mercado voluntario de carbono (VCM) en América Latina y el Caribe (ALC) presenta diversas oportunidades para el desarrollo de mercados agrícolas y de carbono azul, destacando el potencial de las soluciones basadas en la naturaleza (NbS). Estas soluciones, como la forestación/reforestación, la evitación de la deforestación y la mejora en la gestión forestal, se perfilan como las actividades más prominentes en el VCM. Es crucial diseñar proyectos de alta integridad en el VCM que efectivamente reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y proporcionen beneficios duraderos. Sin embargo, se advierte contra proyectos mal diseñados que podrían sobreestimar las reducciones de emisiones, carecer de adicionalidad o violar salvaguardias ambientales, sociales o de gobernanza. Los gobiernos anfitriones de proyectos de mercado de carbono pueden desempeñar un papel crucial al garantizar la alineación de políticas, el reparto de beneficios con las comunidades locales y el cumplimiento de salvaguardias. Asimismo, pueden crear incentivos para actividades de mercado de carbono y promover estratégicamente inversiones en VCM en sistemas de producción agrícola específicos o ecosistemas. Se exploran oportunidades en el mercado de carbono en el sector agrícola, focalizándose en la producción ganadera, cultivo de arroz, sistemas agroforestales y sistemas costeros (carbono azul). En resumen, se destaca el potencial del VCM para mejorar la rentabilidad de sistemas de producción agrícola sostenibles y resilientes al clima en ALC, haciendo hincapié en proyectos de alta integridad y políticas de apoyo de los gobiernos anfitriones. Por otro lado, se discuten diversas medidas para mejorar la sostenibilidad y productividad de las operaciones ganaderas mientras se reducen las emisiones de GEI. El manejo mejorado del pastoreo mediante pastoreo rotacional y sistemas forrajeros mejorados puede aumentar la captura de carbono en el suelo y la resiliencia agrícola. La adición de aditivos inhibidores de metano y soluciones tecnológicas emergentes puede reducir las emisiones de fermentación entérica, la mayor fuente de metano de la ganadería. La captura y uso del estiércol para la producción de biogás puede reducir las emisiones de metano, óxido nitroso y dióxido de carbono. Sin embargo, el VCM puede proporcionar una financiación limitada por finca, pero combinado con asistencia técnica, puede facilitar la transición hacia prácticas más resilientes y productivas. A pesar de los avances, existe el riesgo de un «efecto rebote» donde los aumentos de productividad incentivan la expansión de sistemas ganaderos, lo que lleva a un aumento de emisiones. En el contexto del cultivo de arroz, se discuten oportunidades de mitigación como técnicas de riego alterno y seco, manejo mejorado de fertilizantes y variedades de arroz mejoradas. Estas medidas pueden reducir las emisiones de metano y óxido nitroso mientras mejoran los desempeños y la calidad del cultivo. 

     

    El desarrollo de proyectos de mitigación de carbono en América Latina y el Caribe (ALC) se centra en dos tipos principales: proyectos agroforestales y proyectos de carbono azul. Los proyectos agroforestales, como los implementados en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Patuca en Honduras, buscan proteger la biodiversidad mientras permiten a pequeños productores beneficiarse de la producción sostenible de madera y cacao. Estos proyectos también ofrecen servicios ecosistémicos como enriquecimiento del suelo, regulación del agua y prevención de la erosión. Por otro lado, los proyectos de carbono azul se centran en preservar y restaurar ecosistemas costeros como manglares, marismas de mareas y praderas marinas, que tienen una mayor densidad de carbono que los bosques terrestres. La región de ALC alberga una parte significativa del potencial global de mitigación de carbono azul, especialmente en Centro y Sudamérica con sus extensos ecosistemas de manglares y praderas marinas. Estos proyectos ofrecen múltiples beneficios, como la mitigación de emisiones, la mejora de la biodiversidad, la protección costera, la adaptación al cambio climático y el apoyo a las comunidades costeras. Además, se discute cómo los gobiernos, especialmente los ministerios de agricultura pueden crear un entorno propicio para las inversiones en el mercado voluntario de carbono (VCM) en el sector agrícola, promoviendo proyectos y créditos de alta integridad y facilitando el acceso a financiamiento. En cuanto al papel potencial de los gobiernos en el apoyo y escalado del mercado voluntario de carbono (VCM) en los sectores agrícola y forestal, se destaca la importancia de proporcionar certeza regulatoria, adoptar estándares ambientales y sociales, establecer datos de referencia y sistemas de medición, y abordar obstáculos que limiten la participación de los agricultores. Los gobiernos también pueden respaldar directamente proyectos de VCM, mantener registros para la transparencia y participar en colaboraciones regionales para facilitar programas de VCM.  Se enfatiza la importancia de los esfuerzos gubernamentales para ampliar el VCM y cumplir con objetivos globales de naturaleza y clima a través de la movilización de financiamiento privado.  En definitiva, el mercado voluntario de carbono (VCM) representa una oportunidad significativa para la agricultura en América Latina y el Caribe (ALC) en la lucha contra el cambio climático. Con la proyección de liberar considerables fondos anuales para 2030, el VCM puede catalizar la transición hacia sistemas agrícolas más resilientes y sostenibles. La región cuenta con un potencial enorme de mitigación de emisiones, especialmente en sectores como la producción ganadera, el cultivo de arroz, los sistemas agroforestales y los ecosistemas costeros (carbono azul). Sin embargo, para aprovechar plenamente estas oportunidades, es crucial abordar desafíos como la dispersión de emisiones, la medición precisa y la necesidad de proyectos de alta integridad. Los gobiernos desempeñan un papel clave al crear un entorno propicio para la inversión privada en el VCM, promoviendo proyectos y prácticas de alta integridad, y facilitando el acceso a financiamiento y estándares ambientales y sociales. En este contexto, el VCM emerge como un instrumento estratégico para avanzar hacia sistemas agrícolas más resilientes y bajos en emisiones en ALC, contribuyendo significativamente a los objetivos globales de mitigación de cambio climático y desarrollo sostenible.

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  • OT CYBERSECURITY THE 2023 YEAR IN REVIEW

    OT CYBERSECURITY THE 2023 YEAR IN REVIEW

    El papel del mercado voluntario de carbono (VCM) en la agricultura de América Latina y el Caribe (ALC) destaca la oportunidad única de atraer inversión privada y fortalecer la acción climática en la región. El VCM, proyectado para liberar alrededor de $50 mil millones anuales para 2030, se presenta como un motor clave para catalizar sistemas agrícolas resilientes y de baja emisión. Esta perspectiva se alinea con la urgente necesidad de abordar las emisiones del sector agrícola, que representan el 20% de las emisiones antropogénicas globales y una parte significativa de las emisiones en muchos países de la región. Las principales fuentes de emisiones en este sector son la producción ganadera (fermentación entérica y manejo de estiércol) y el cultivo de cultivos (manejo del suelo). El potencial de mitigación es enorme, con un estimado de 0,9 GtCO2e anuales en ALC, lo que subraya la importancia de las medidas de costo-efectivas en la agricultura para enfrentar el cambio climático. Sin embargo, a pesar de estas oportunidades, persisten desafíos sistémicos en la implementación efectiva del VCM en la agricultura. Estos incluyen la dispersión de emisiones, la dificultad en la medición precisa, y la necesidad de agregar fincas individuales en programas sectoriales más amplios. Aunque los avances tecnológicos han mejorado la medición del carbono y la supervisión de proyectos, aún queda un camino por recorrer en la monitorización de reducciones de emisiones y el aumento de la captura de carbono. Además, la financiación del VCM por sí sola a menudo es insuficiente para cubrir todos los costos del programa, lo que subraya la importancia de las inversiones públicas y privadas adicionales. La clave para aprovechar las oportunidades del VCM en la agricultura radica en superar estos desafíos de manera integral y en desarrollar un marco político y regulatorio que incentive y facilite la inversión privada en prácticas agrícolas sostenibles y resilientes al clima en toda la región de ALC. 

    El mercado voluntario de carbono (VCM) en América Latina y el Caribe (ALC) presenta diversas oportunidades para el desarrollo de mercados agrícolas y de carbono azul, destacando el potencial de las soluciones basadas en la naturaleza (NbS). Estas soluciones, como la forestación/reforestación, la evitación de la deforestación y la mejora en la gestión forestal, se perfilan como las actividades más prominentes en el VCM. Es crucial diseñar proyectos de alta integridad en el VCM que efectivamente reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y proporcionen beneficios duraderos. Sin embargo, se advierte contra proyectos mal diseñados que podrían sobreestimar las reducciones de emisiones, carecer de adicionalidad o violar salvaguardias ambientales, sociales o de gobernanza. Los gobiernos anfitriones de proyectos de mercado de carbono pueden desempeñar un papel crucial al garantizar la alineación de políticas, el reparto de beneficios con las comunidades locales y el cumplimiento de salvaguardias. Asimismo, pueden crear incentivos para actividades de mercado de carbono y promover estratégicamente inversiones en VCM en sistemas de producción agrícola específicos o ecosistemas. Se exploran oportunidades en el mercado de carbono en el sector agrícola, focalizándose en la producción ganadera, cultivo de arroz, sistemas agroforestales y sistemas costeros (carbono azul). En resumen, se destaca el potencial del VCM para mejorar la rentabilidad de sistemas de producción agrícola sostenibles y resilientes al clima en ALC, haciendo hincapié en proyectos de alta integridad y políticas de apoyo de los gobiernos anfitriones. Por otro lado, se discuten diversas medidas para mejorar la sostenibilidad y productividad de las operaciones ganaderas mientras se reducen las emisiones de GEI. El manejo mejorado del pastoreo mediante pastoreo rotacional y sistemas forrajeros mejorados puede aumentar la captura de carbono en el suelo y la resiliencia agrícola. La adición de aditivos inhibidores de metano y soluciones tecnológicas emergentes puede reducir las emisiones de fermentación entérica, la mayor fuente de metano de la ganadería. La captura y uso del estiércol para la producción de biogás puede reducir las emisiones de metano, óxido nitroso y dióxido de carbono. Sin embargo, el VCM puede proporcionar una financiación limitada por finca, pero combinado con asistencia técnica, puede facilitar la transición hacia prácticas más resilientes y productivas. A pesar de los avances, existe el riesgo de un «efecto rebote» donde los aumentos de productividad incentivan la expansión de sistemas ganaderos, lo que lleva a un aumento de emisiones. En el contexto del cultivo de arroz, se discuten oportunidades de mitigación como técnicas de riego alterno y seco, manejo mejorado de fertilizantes y variedades de arroz mejoradas. Estas medidas pueden reducir las emisiones de metano y óxido nitroso mientras mejoran los desempeños y la calidad del cultivo. 

     

    El desarrollo de proyectos de mitigación de carbono en América Latina y el Caribe (ALC) se centra en dos tipos principales: proyectos agroforestales y proyectos de carbono azul. Los proyectos agroforestales, como los implementados en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Patuca en Honduras, buscan proteger la biodiversidad mientras permiten a pequeños productores beneficiarse de la producción sostenible de madera y cacao. Estos proyectos también ofrecen servicios ecosistémicos como enriquecimiento del suelo, regulación del agua y prevención de la erosión. Por otro lado, los proyectos de carbono azul se centran en preservar y restaurar ecosistemas costeros como manglares, marismas de mareas y praderas marinas, que tienen una mayor densidad de carbono que los bosques terrestres. La región de ALC alberga una parte significativa del potencial global de mitigación de carbono azul, especialmente en Centro y Sudamérica con sus extensos ecosistemas de manglares y praderas marinas. Estos proyectos ofrecen múltiples beneficios, como la mitigación de emisiones, la mejora de la biodiversidad, la protección costera, la adaptación al cambio climático y el apoyo a las comunidades costeras. Además, se discute cómo los gobiernos, especialmente los ministerios de agricultura pueden crear un entorno propicio para las inversiones en el mercado voluntario de carbono (VCM) en el sector agrícola, promoviendo proyectos y créditos de alta integridad y facilitando el acceso a financiamiento. En cuanto al papel potencial de los gobiernos en el apoyo y escalado del mercado voluntario de carbono (VCM) en los sectores agrícola y forestal, se destaca la importancia de proporcionar certeza regulatoria, adoptar estándares ambientales y sociales, establecer datos de referencia y sistemas de medición, y abordar obstáculos que limiten la participación de los agricultores. Los gobiernos también pueden respaldar directamente proyectos de VCM, mantener registros para la transparencia y participar en colaboraciones regionales para facilitar programas de VCM.  Se enfatiza la importancia de los esfuerzos gubernamentales para ampliar el VCM y cumplir con objetivos globales de naturaleza y clima a través de la movilización de financiamiento privado.  En definitiva, el mercado voluntario de carbono (VCM) representa una oportunidad significativa para la agricultura en América Latina y el Caribe (ALC) en la lucha contra el cambio climático. Con la proyección de liberar considerables fondos anuales para 2030, el VCM puede catalizar la transición hacia sistemas agrícolas más resilientes y sostenibles. La región cuenta con un potencial enorme de mitigación de emisiones, especialmente en sectores como la producción ganadera, el cultivo de arroz, los sistemas agroforestales y los ecosistemas costeros (carbono azul). Sin embargo, para aprovechar plenamente estas oportunidades, es crucial abordar desafíos como la dispersión de emisiones, la medición precisa y la necesidad de proyectos de alta integridad. Los gobiernos desempeñan un papel clave al crear un entorno propicio para la inversión privada en el VCM, promoviendo proyectos y prácticas de alta integridad, y facilitando el acceso a financiamiento y estándares ambientales y sociales. En este contexto, el VCM emerge como un instrumento estratégico para avanzar hacia sistemas agrícolas más resilientes y bajos en emisiones en ALC, contribuyendo significativamente a los objetivos globales de mitigación de cambio climático y desarrollo sostenible.

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  • AGRICULTURAL AND BLUE CARBON MARKET OPPORTUNITIES IN LATIN AMERICA AND THE CARIBBEAN

    AGRICULTURAL AND BLUE CARBON MARKET OPPORTUNITIES IN LATIN AMERICA AND THE CARIBBEAN

    El papel del mercado voluntario de carbono (VCM) en la agricultura de América Latina y el Caribe (ALC) destaca la oportunidad única de atraer inversión privada y fortalecer la acción climática en la región. El VCM, proyectado para liberar alrededor de $50 mil millones anuales para 2030, se presenta como un motor clave para catalizar sistemas agrícolas resilientes y de baja emisión. Esta perspectiva se alinea con la urgente necesidad de abordar las emisiones del sector agrícola, que representan el 20% de las emisiones antropogénicas globales y una parte significativa de las emisiones en muchos países de la región. Las principales fuentes de emisiones en este sector son la producción ganadera (fermentación entérica y manejo de estiércol) y el cultivo de cultivos (manejo del suelo). El potencial de mitigación es enorme, con un estimado de 0,9 GtCO2e anuales en ALC, lo que subraya la importancia de las medidas de costo-efectivas en la agricultura para enfrentar el cambio climático. Sin embargo, a pesar de estas oportunidades, persisten desafíos sistémicos en la implementación efectiva del VCM en la agricultura. Estos incluyen la dispersión de emisiones, la dificultad en la medición precisa, y la necesidad de agregar fincas individuales en programas sectoriales más amplios. Aunque los avances tecnológicos han mejorado la medición del carbono y la supervisión de proyectos, aún queda un camino por recorrer en la monitorización de reducciones de emisiones y el aumento de la captura de carbono. Además, la financiación del VCM por sí sola a menudo es insuficiente para cubrir todos los costos del programa, lo que subraya la importancia de las inversiones públicas y privadas adicionales. La clave para aprovechar las oportunidades del VCM en la agricultura radica en superar estos desafíos de manera integral y en desarrollar un marco político y regulatorio que incentive y facilite la inversión privada en prácticas agrícolas sostenibles y resilientes al clima en toda la región de ALC. 

    El mercado voluntario de carbono (VCM) en América Latina y el Caribe (ALC) presenta diversas oportunidades para el desarrollo de mercados agrícolas y de carbono azul, destacando el potencial de las soluciones basadas en la naturaleza (NbS). Estas soluciones, como la forestación/reforestación, la evitación de la deforestación y la mejora en la gestión forestal, se perfilan como las actividades más prominentes en el VCM. Es crucial diseñar proyectos de alta integridad en el VCM que efectivamente reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y proporcionen beneficios duraderos. Sin embargo, se advierte contra proyectos mal diseñados que podrían sobreestimar las reducciones de emisiones, carecer de adicionalidad o violar salvaguardias ambientales, sociales o de gobernanza. Los gobiernos anfitriones de proyectos de mercado de carbono pueden desempeñar un papel crucial al garantizar la alineación de políticas, el reparto de beneficios con las comunidades locales y el cumplimiento de salvaguardias. Asimismo, pueden crear incentivos para actividades de mercado de carbono y promover estratégicamente inversiones en VCM en sistemas de producción agrícola específicos o ecosistemas. Se exploran oportunidades en el mercado de carbono en el sector agrícola, focalizándose en la producción ganadera, cultivo de arroz, sistemas agroforestales y sistemas costeros (carbono azul). En resumen, se destaca el potencial del VCM para mejorar la rentabilidad de sistemas de producción agrícola sostenibles y resilientes al clima en ALC, haciendo hincapié en proyectos de alta integridad y políticas de apoyo de los gobiernos anfitriones. Por otro lado, se discuten diversas medidas para mejorar la sostenibilidad y productividad de las operaciones ganaderas mientras se reducen las emisiones de GEI. El manejo mejorado del pastoreo mediante pastoreo rotacional y sistemas forrajeros mejorados puede aumentar la captura de carbono en el suelo y la resiliencia agrícola. La adición de aditivos inhibidores de metano y soluciones tecnológicas emergentes puede reducir las emisiones de fermentación entérica, la mayor fuente de metano de la ganadería. La captura y uso del estiércol para la producción de biogás puede reducir las emisiones de metano, óxido nitroso y dióxido de carbono. Sin embargo, el VCM puede proporcionar una financiación limitada por finca, pero combinado con asistencia técnica, puede facilitar la transición hacia prácticas más resilientes y productivas. A pesar de los avances, existe el riesgo de un «efecto rebote» donde los aumentos de productividad incentivan la expansión de sistemas ganaderos, lo que lleva a un aumento de emisiones. En el contexto del cultivo de arroz, se discuten oportunidades de mitigación como técnicas de riego alterno y seco, manejo mejorado de fertilizantes y variedades de arroz mejoradas. Estas medidas pueden reducir las emisiones de metano y óxido nitroso mientras mejoran los desempeños y la calidad del cultivo. 

     

    El desarrollo de proyectos de mitigación de carbono en América Latina y el Caribe (ALC) se centra en dos tipos principales: proyectos agroforestales y proyectos de carbono azul. Los proyectos agroforestales, como los implementados en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Patuca en Honduras, buscan proteger la biodiversidad mientras permiten a pequeños productores beneficiarse de la producción sostenible de madera y cacao. Estos proyectos también ofrecen servicios ecosistémicos como enriquecimiento del suelo, regulación del agua y prevención de la erosión. Por otro lado, los proyectos de carbono azul se centran en preservar y restaurar ecosistemas costeros como manglares, marismas de mareas y praderas marinas, que tienen una mayor densidad de carbono que los bosques terrestres. La región de ALC alberga una parte significativa del potencial global de mitigación de carbono azul, especialmente en Centro y Sudamérica con sus extensos ecosistemas de manglares y praderas marinas. Estos proyectos ofrecen múltiples beneficios, como la mitigación de emisiones, la mejora de la biodiversidad, la protección costera, la adaptación al cambio climático y el apoyo a las comunidades costeras. Además, se discute cómo los gobiernos, especialmente los ministerios de agricultura pueden crear un entorno propicio para las inversiones en el mercado voluntario de carbono (VCM) en el sector agrícola, promoviendo proyectos y créditos de alta integridad y facilitando el acceso a financiamiento. En cuanto al papel potencial de los gobiernos en el apoyo y escalado del mercado voluntario de carbono (VCM) en los sectores agrícola y forestal, se destaca la importancia de proporcionar certeza regulatoria, adoptar estándares ambientales y sociales, establecer datos de referencia y sistemas de medición, y abordar obstáculos que limiten la participación de los agricultores. Los gobiernos también pueden respaldar directamente proyectos de VCM, mantener registros para la transparencia y participar en colaboraciones regionales para facilitar programas de VCM.  Se enfatiza la importancia de los esfuerzos gubernamentales para ampliar el VCM y cumplir con objetivos globales de naturaleza y clima a través de la movilización de financiamiento privado.  En definitiva, el mercado voluntario de carbono (VCM) representa una oportunidad significativa para la agricultura en América Latina y el Caribe (ALC) en la lucha contra el cambio climático. Con la proyección de liberar considerables fondos anuales para 2030, el VCM puede catalizar la transición hacia sistemas agrícolas más resilientes y sostenibles. La región cuenta con un potencial enorme de mitigación de emisiones, especialmente en sectores como la producción ganadera, el cultivo de arroz, los sistemas agroforestales y los ecosistemas costeros (carbono azul). Sin embargo, para aprovechar plenamente estas oportunidades, es crucial abordar desafíos como la dispersión de emisiones, la medición precisa y la necesidad de proyectos de alta integridad. Los gobiernos desempeñan un papel clave al crear un entorno propicio para la inversión privada en el VCM, promoviendo proyectos y prácticas de alta integridad, y facilitando el acceso a financiamiento y estándares ambientales y sociales. En este contexto, el VCM emerge como un instrumento estratégico para avanzar hacia sistemas agrícolas más resilientes y bajos en emisiones en ALC, contribuyendo significativamente a los objetivos globales de mitigación de cambio climático y desarrollo sostenible.

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  • The Great Reversal: Prospects, Risks, and Policies in International Development Association (IDA) Countries

    The Great Reversal: Prospects, Risks, and Policies in International Development Association (IDA) Countries

    El documento “The Great Reversal: Prospects, Risks, and Policies in International Development Association (IDA) Countries» del Banco Mundial analiza la situación económica actual, desafíos y perspectivas de los países del IDA, que se encuentran entre los más pobres y vulnerables del mundo. Se abordan diversos aspectos, desde desarrollos macroeconómicos recientes hasta perspectivas de crecimiento a corto plazo, pérdidas de producción, tendencias de pobreza, riesgos, dividendos demográficos y de recursos naturales, necesidades de inversión, prioridades de política interna y el papel del apoyo global. Destaca la complejidad que enfrentan estos países, incluyendo el estancamiento en la reducción de la pobreza, la crisis climática, inseguridad alimentaria, fragilidad, recuperación post-pandemia y conflictos. Se enfatiza la necesidad de esfuerzos concertados para elevar los estándares de vida y promover el progreso económico y social en estas naciones. La situación actual revela un cambio histórico en el desarrollo, con desafíos económicos y sociales profundos que requieren soluciones integrales y apoyo sostenido a nivel global. Las naciones del IDA, representando alrededor de una cuarta parte de la población mundial pero más del 70% de los extremadamente pobres, enfrentan desafíos de desarrollo significativos que se han exacerbado por las crisis superpuestas en años recientes. A pesar de avances en indicadores clave como el acceso a servicios básicos y la reducción de la pobreza en décadas anteriores, persisten las vulnerabilidades de deuda y problemas estructurales. La pandemia de COVID-19 impactó severamente su crecimiento económico, que cayó al 0.3% en 2020, la tasa más baja desde principios de los 80. La recuperación se ha visto obstaculizada por conflictos, alta inflación, aumento de tasas de interés y condiciones financieras más ajustadas. Se vislumbra una reversión histórica en el desarrollo, con uno de cada tres países del IDA siendo más pobre ahora que antes de la pandemia. Más de la mitad de estos países verán ampliarse la brecha de ingresos per cápita con economías avanzadas entre 2020 y 2024. El progreso en reducción de pobreza se ha deshecho y la inseguridad alimentaria ha aumentado, con los países del IDA albergando al 92% de las personas en inseguridad alimentaria a nivel global. La preocupación por la angustia de la deuda es palpable, con la mitad de estos países en alto riesgo o ya en angustia de deuda. El riesgo clave es el estancamiento o un deterioro adicional, llevando a una década perdida en desarrollo. Los países del IDA están altamente expuestos a desastres relacionados con el cambio climático y a un aumento en la violencia y conflictos. Vientos en contra globales como perspectivas de crecimiento más débiles, tensiones geopolíticas y condiciones financieras más ajustadas podrían obstaculizar aún más el progreso. Sin embargo, estos países poseen un potencial significativo, con abundantes recursos naturales, dividendos demográficos y ejemplos exitosos pasados como China, India y Corea del Sur. Para acelerar el crecimiento y satisfacer las necesidades de inversión, se requieren paquetes de políticas integrales, centrados en áreas como la resiliencia climática, sostenibilidad de la deuda y aprovechamiento de su potencial económico.

    Los países del IDA muestran niveles relativamente bajos de apertura comercial y exportaciones concentradas en bienes. Son altamente vulnerables al cambio climático, experimentando un número significativo de personas afectadas y daños económicos sustanciales por desastres naturales. Aunque han progresado en indicadores de desarrollo humano como la esperanza de vida y la mortalidad materna, continúan rezagados respecto a otras economías en estas áreas, así como en indicadores de salud infantil temprana. Lidian con acceso limitado a infraestructura, instituciones débiles, alta informalidad y bajos ingresos gubernamentales. Específicamente, los países del IDA participan menos en el comercio internacional en relación con su PIB en comparación con otros EMDEs. Su producción y exportaciones tienden a concentrarse en un rango estrecho de productos, muchos dependiendo fuertemente de ingresos por commodities. Los países del IDA sufren el impacto de eventos climáticos extremos debido al cambio climático, con una frecuencia y severidad crecientes de desastres naturales, con pérdidas económicas promedio del 1.3% del PIB entre 2011 y 2022. Aunque ha habido mejoras en indicadores de desarrollo humano, los países del IDA siguen rezagados respecto a otros EMDEs en áreas como esperanza de vida, tasas de mortalidad materna e infantil, y acceso a saneamiento básico, electricidad e internet. También enfrentan desafíos con instituciones débiles, alta actividad económica informal y limitados ingresos y gastos gubernamentales. Del mismo modo, en los países del IDA, la economía informal representa una parte significativa del PIB (36% entre 2010-2020), limitando los esfuerzos de movilización de ingresos gubernamentales y recursos para inversión pública y programas sociales. Los ingresos fiscales en los países del IDA promediaron solo el 11.9% del PIB en 2021, mucho menos que en otros países emergentes y en desarrollo (EMDEs). El gasto en sectores críticos como salud y educación sigue siendo notablemente menor en los países del IDA en comparación con otros EMDEs. Muchos países del IDA enfrentan déficits gemelos persistentes (fiscal y de cuenta corriente) y niveles elevados de deuda, dependiendo en gran medida de fuentes de financiamiento externo. Sus sectores financieros domésticos tienden a estar subdesarrollados, careciendo de capacidad de intermediación y diversos instrumentos para mitigar choques. En 2020, el crecimiento del PIB en los países del IDA cayó al 0.3%, el ritmo más lento desde principios de los 80, debido a las interrupciones de la pandemia de COVID-19 y la menor demanda externa. La recuperación en 2021 fue más débil que en otros EMDEs, con un crecimiento del 4.7% en los países del IDA en comparación con el 7.3% en otros EMDEs. El crecimiento en los países del IDA se desaceleró aún más al 4.2% en 2022 y un estimado del 3.7% en 2023, obstaculizado por la guerra Rusia-Ucrania, alta inflación, política monetaria más estricta y financiamiento limitado. El crecimiento del comercio e inversión fue volátil durante 2020-2023, con un fuerte retroceso del comercio en 2020 antes de recuperarse en 2021, mientras que el crecimiento de la inversión se mantuvo bajo. El panorama para los países del IDA sigue siendo desafiante, con un crecimiento proyectado para recuperarse modestamente al 4.3% en 2024 y 4.5% en 2025, pero aún por debajo del promedio de 2010-2019.

    El panorama económico para los países del IDA se presenta desafiante, con proyecciones de crecimiento del PIB alrededor del 5% en 2023-2025, aunque con descensos concentrados en economías más pobres y frágiles. Se espera una modesta recuperación en el crecimiento del comercio, respaldando la actividad en los países del IDA a medida que la demanda global de bienes se recupera. Sin embargo, la inflación se mantiene elevada, descendiendo, pero permaneciendo por encima de los niveles previos a la pandemia en los próximos dos años, erosionando los ingresos reales. Las pérdidas de producción con respecto a las tendencias previas a la pandemia han sido significativas, especialmente para los estados pequeños. Desde 2020, las pérdidas acumuladas de producción han sido mayores para los países del IDA frágiles y afectados por conflictos. La recuperación ha sido más débil que después de la recesión de 2009 debido a crisis superpuestas. Los países del IDA están en camino de experimentar la mitad de década de menor crecimiento desde principios de los años 90. El progreso en la convergencia de ingresos con economías avanzadas se ha desacelerado, con la mitad de los países del IDA creciendo más lentamente que las economías avanzadas durante 2020-2024. Un crecimiento débil dificultará el avance en la reducción de la pobreza, constituyendo una reversión histórica de los avances anteriores. En otra instancia, la situación económica débil y la falta de progreso en la reducción de la pobreza extrema en los países del IDA debido a la pandemia de COVID-19 son preocupantes. Se proyecta que los países del IDA experimenten la mitad de década de menor crecimiento desde principios de los años 90 entre 2020 y 2024. El crecimiento del PIB per cápita en los países del IDA se espera que promedie solo el 1.2% anual durante este período, menos de la mitad del promedio de 2.5% de 2010-2019. El proceso de acercamiento a los niveles de ingreso per cápita de las economías avanzadas se está estancando en los países del IDA. Durante 2020-2024, se proyecta que el crecimiento del ingreso per cápita en los países del IDA sea casi idéntico al de las economías avanzadas, deteniendo la convergencia. El progreso en la reducción de la pobreza extrema se detuvo debido a la pandemia. La tasa de pobreza extrema en los países del IDA aumentó en 0.8 puntos porcentuales en 2020, revirtiendo alrededor de tres años de progreso previo. Las perspectivas de crecimiento débil por persona limitarán aún más las reducciones en la pobreza extrema. Para 2030, se estima que el 21.2% de la población en los países del IDA seguirá viviendo en pobreza extrema. El número absoluto de personas que viven en pobreza extrema en los países del IDA es ahora mayor que en 1990 y se espera que disminuya solo modestamente para 2030, de 498 millones en 2023 a 463 millones en 2030. 

    La implementación de políticas fiscales prudentes es fundamental para los países del IDA (Asociación Internacional de Desarrollo), especialmente para aquellos que dependen de las exportaciones de productos básicos, dado que ayudan a crear espacio fiscal y construir resiliencia ante los impactos negativos. Sin embargo, en comparación con otros países de mercados emergentes y en desarrollo (EMDEs, por sus siglas en inglés), los países del IDA enfrentan desafíos como ingresos volátiles, instituciones fiscales débiles y políticas fiscales procíclicas, lo que hace necesaria la introducción de marcos y consejos fiscales independientes. Esto puede mejorar la credibilidad y los resultados de las políticas fiscales, aunque su implementación debe alinearse con las capacidades individuales de cada país. Además, abordar la inflación sigue siendo una prioridad, con los responsables políticos del IDA preparados para ajustar las políticas si fuera necesario. Además, fortalecer los mercados financieros internos, monitorear los riesgos de liquidez y gestionar las discrepancias monetarias son esenciales para reducir las vulnerabilidades del sector financiero. Las políticas estructurales también son cruciales, enfocándose en mejorar la atención médica, la educación, la apertura comercial, la gobernanza y el entorno empresarial para promover el crecimiento de la inversión y aprovechar las ventajas demográficas de manera efectiva. El documento, subraya el papel fundamental de la atención médica y la educación para aprovechar las favorables condiciones demográficas en los países del IDA y traducirlas en crecimiento económico. Destaca las interrupciones causadas por la pandemia de COVID-19, especialmente en el ámbito educativo, y enfatiza la necesidad de políticas integrales para mitigar las pérdidas educativas y garantizar un crecimiento inclusivo. Las inversiones en infraestructura de atención médica, digitalización, suministro de agua, saneamiento y formación profesional son esenciales. Cerrar la brecha de género, promover la participación en la fuerza laboral y fortalecer el papel del sector privado en la inversión también son vitales. Además, el apoyo global a través de subvenciones, financiamiento concesional y cooperación comercial es crucial para que los países del IDA aborden desafíos y avancen en sus objetivos de desarrollo, dada su vulnerabilidad a los impactos globales como pandemias y cambio climático.

    Los países del IDA al enfrentar desafíos persistentes en su desarrollo, agravados por la pandemia de COVID-19 y crisis posteriores, requieren avance en la recuperación de la recesión inducida por la pandemia ha sido débil en comparación con otras economías. El progreso en la reducción de la pobreza extrema se ha estancado después de años de avances. Las vulnerabilidades de la deuda y los crecientes costos de servicio de la deuda oscurecen aún más el panorama. La inseguridad alimentaria ha aumentado. La brecha de ingresos entre muchos países del IDA y el resto del mundo se está ampliando, lo que constituye un retroceso histórico en el desarrollo. A pesar de los múltiples desafíos, los países del IDA tienen la capacidad de impulsar un cambio transformador. La prioridad debería ser crear condiciones para respaldar un crecimiento de la inversión más sólido mediante reformas fiscales, mejorar la credibilidad de las políticas, fortalecer la gobernanza e instituciones, y mejorar la educación y la atención médica. El apoyo global será fundamental, incluyendo asistencia directa y abordando desafíos globales como el cambio climático, la fragmentación del comercio, la inseguridad alimentaria y los conflictos. Un futuro más brillante es posible para los países del IDA a través de políticas estratégicas y esfuerzos concertados. Sus perfiles demográficos y riqueza de recursos ofrecen ventajas comparativas que, si se aprovechan eficazmente, podrían respaldar su desarrollo y avanzar en los objetivos globales. Sin embargo, un enfoque constructivo requiere un mayor apoyo y cooperación global, incluyendo una cooperación internacional reforzada, un sistema de comercio basado en reglas, y abordar temas urgentes como el cambio climático, la inseguridad alimentaria y los conflictos. El progreso en estas medidas es imperativo para brindar a los países del IDA la mejor oportunidad de revertir los retrocesos que han experimentado y alcanzar un camino de desarrollo más luminoso.

     

    En general, la evaluación del documento del Banco Mundial sobre los países del IDA destaca la urgencia de abordar los desafíos económicos y sociales que enfrentan estos países, especialmente agravados por la pandemia de COVID-19 y las crisis posteriores. La debilidad en la recuperación económica, el estancamiento en la reducción de la pobreza extrema, las vulnerabilidades de la deuda y la creciente inseguridad alimentaria plantean un panorama complejo. Sin embargo, se reconoce el potencial transformador de estos países y la necesidad de políticas integrales que promuevan el crecimiento de la inversión, fortalezcan la gobernanza y mejoren la educación y la atención médica. El apoyo global es esencial para enfrentar estos desafíos y avanzar hacia un desarrollo más sostenible y equitativo en los países del IDA.

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  • Resources for defossilized chemical production in the United States

    Resources for defossilized chemical production in the United States

    El análisis del potencial de desfosilizar la industria química de los Estados Unidos revela la necesidad de abordar las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente en sectores como la producción química, para alcanzar emisiones netas cero. Este proceso implica la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes alternativas y no fósiles como biomasa residual, dióxido de carbono capturado, hidrógeno limpio y etanol. Sin embargo, la transición enfrenta desafíos como las cadenas de suministro fósiles arraigadas, la disponibilidad y costo de las materias primas sostenibles, y la limitada implementación comercial de algunas tecnologías. Para superar estas barreras, se requieren políticas duraderas que incentiven la desfosilización y la hagan competitiva en costos, además de la expansión de apoyo gubernamental para tecnologías cercanas a la comercialización, demostraciones industriales y acceso a electricidad limpia. En este contexto, el enfoque en desfosilizar la producción de productos químicos industriales clave, como amoníaco, metanol, etileno y propileno en los Estados Unidos, adquiere una relevancia estratégica. Este análisis considera las cantidades de biomasa residual, hidrógeno electrolítico y dióxido de carbono capturado necesarias para reemplazar de manera efectiva los combustibles fósiles en la producción química. Aunque la desfosilización de las fuentes de alimentación reduce las emisiones durante el ciclo de vida, también se reconoce la necesidad de una mayor descarbonización de la energía utilizada en los procesos químicos. La implementación efectiva de estas estrategias requiere una combinación de enfoques, incluyendo la eficiencia energética, la economía circular, la electrificación con energías renovables y la captura y almacenamiento de carbono. En otra instancia, la transición hacia una industria química sostenible implica un enfoque holístico que abarque la desfosilización junto con otras estrategias de reducción de emisiones para lograr emisiones netas cero y un impacto positivo en el medio ambiente y la sociedad.

    La producción de etileno, propileno, amoníaco y metanol representa la base de la industria química en los Estados Unidos, utilizándose principalmente para la fabricación de plásticos, fertilizantes y otros productos. La transición hacia el uso de fuentes de alimentación no fósiles como biomasa residual, CO2 capturado e hidrógeno electrolítico para satisfacer la demanda de estos productos químicos requeriría cantidades masivas de recursos. Se estima que serían necesarios alrededor de 375 millones de toneladas de biomasa gasificada, 276 millones de toneladas de CO2 y 29-41 millones de toneladas de hidrógeno para cubrir la demanda total de estos productos químicos primarios. Como alternativa, el uso de etanol proveniente de la fermentación de maíz para producir etileno requeriría 62 millones de toneladas de etanol, utilizando 41 millones de acres de tierra y 7.1 mil millones de bushels de maíz. La transición a fuentes de alimentación no fósiles para la producción química es un esfuerzo a largo plazo que requeriría la creación de nuevas cadenas de suministro y un aumento significativo en la producción de estos recursos alternativos. El análisis de la desfosilización de la producción química en Estados Unidos mediante el uso de fuentes de alimentación alternativas como CO2, metanol, etanol y fuentes de energía renovable como la eólica y solar destaca la amplia expansión de la capacidad de producción necesaria, especialmente para el metanol, para satisfacer la demanda de productos químicos primarios como las olefinas. El análisis sugiere que las emisiones industriales podrían satisfacer una parte significativa de la demanda de CO2, mientras que la electricidad renovable proveniente de la energía eólica y solar podría proporcionar la energía necesaria para procesos como la electrólisis para producir hidrógeno. Se exploran las oportunidades regionales para la producción química desfosilizada en función de la disponibilidad de fuentes de alimentación, destacando la región de la Costa del Golfo como dominante debido a su proximidad a los combustibles fósiles. El análisis mapea las ubicaciones de las instalaciones actuales de producción química, plantas de hidrógeno y amoníaco, y el potencial de fuentes de energía renovable en diferentes regiones de Estados Unidos. 

    La discusión sobre el potencial de desfosilización de la industria química en Estados Unidos mediante el uso de fuentes de alimentación alternativas como energía renovable, biomasa y emisiones de procesos industriales resalta los desafíos y oportunidades asociados con esta transición. La región de la Costa del Golfo domina la producción química primaria en EE. UU., representando más de la mitad del total nacional. Aunque ningún recurso único en la Costa del Golfo podría satisfacer su demanda química total, la región tiene un alto potencial para generación renovable, emisiones de procesos industriales y recursos de biomasa residual. Otras regiones, como los Grandes Lagos, el Medio Oeste y el Medio Continente, tienen recursos abundantes como biomasa, energía renovable y producción de etanol, lo que las posiciona favorablemente para la desfosilización. Discute oportunidades como la superposición de proximidad entre la producción química y las fuentes de alimentación alternativas, teóricamente abundantes emisiones de CO2, políticas de apoyo y financiamiento, potencial de energía renovable y almacenamiento de CO2, producción de etileno a partir de regiones ricas en etanol, reducción de la contaminación en el lugar y la posibilidad de una transición justa para la fuerza laboral de la industria de los combustibles fósiles. Sin embargo, los desafíos incluyen la complejidad de la transición de plantas químicas existentes, la necesidad de regulación o mejores condiciones económicas para incentivar la captura de CO2 y posibles compensaciones entre la reducción de la contaminación en el lugar y la creación de impactos indirectos en otros lugares. Igualmente, se abarcan estrategias y desafíos para desfosilizar la industria química manufacturera con el fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sugiere la modernización de plantas existentes, el cambio a fuentes de energía renovable como el hidrógeno electrolítico, la expansión de la generación de electricidad limpia y la infraestructura de transmisión, la construcción de nuevas instalaciones para la producción de materias primas como el metanol, e implementar la captura y almacenamiento de carbono. Los principales desafíos incluyen altos costos y necesidades de financiamiento, suministro intermitente de energía renovable, construcción de infraestructura, captura económica de carbono para emisores más pequeños, escasez de agua en algunas regiones y oposición comunitaria potencial debido a impactos históricos de contaminación. De igual forma, se enfatiza la necesidad de apoyo gubernamental mediante financiamiento, políticas y reformas de permisos, así como la participación de comunidades afectadas en la toma de decisiones y asegurar que reciban beneficios. A su vez, se destaca la importancia de una contabilidad robusta de emisiones y evaluaciones del ciclo de vida para verificar las reducciones de emisiones.

    El documento aborda la necesidad de la transición en la industria de producción química lejos de las fuentes de alimentación a base de combustibles fósiles hacia procesos más sostenibles. Se destaca que el sector químico es el subsector industrial con mayores emisiones en EE. UU., y la demanda de productos químicos probablemente aumentará. El documento explora varias tecnologías y estrategias para la desfosilización de la producción química, como el etanol para etileno, metanol para olefinas, electrólisis de hidrógeno, captura, utilización y almacenamiento de carbono, e-metanol y captura directa de aire. Sugiere que algunas regiones, como el Cinturón del Maíz del Medio Oeste y la Costa del Golfo, tienen potencial a corto plazo para esta transición debido a la infraestructura y recursos existentes. Sin embargo, el reporte reconoce que queda un trabajo significativo por hacer, incluida la competitividad económica de las materias primas con bajo contenido de carbono, el aumento de la disponibilidad de energía renovable y la mejora de los procesos de permisos. Es importante destacar la necesidad de corregir los daños históricos y continuos a las comunidades cercanas a los sitios de manufactura industrial y buscar un sistema de manufactura nuevo transparente, responsable y sostenible. El documento, también menciona la posible oposición de grupos de justicia ambiental que han perdido la confianza debido al daño acumulado por la contaminación y que podrían oponerse a nuevos proyectos, incluso aquellos destinados a reducir las emisiones. Por otro lado, la transición hacia alternativas no fósiles en la producción química de Estados Unidos implica reemplazar la materia prima de combustibles fósiles como el petróleo y el gas natural con opciones como biomasa, CO2, hidrógeno y etanol. Esta transformación tiene como objetivo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y minimizar los impactos ambientales asociados con la producción química. Se exploran diversas tecnologías y enfoques, como la captura y utilización de carbono, la producción de hidrógeno renovable mediante electrólisis, el uso de materia prima biológicos y vías químicas alternativas. Adicionalmente, se resaltan los desafíos como la preparación tecnológica, los requisitos energéticos, las emisiones y las preocupaciones de justicia ambiental, especialmente en comunidades cercanas a instalaciones industriales. Esta transición también está marcada por desarrollos recientes, como los créditos fiscales para el hidrógeno según el Acta de Reducción de Inflación y las hojas de ruta del Departamento de Energía para la descarbonización industrial y el hidrógeno limpio. 

     

    En general, el documento aborda exhaustivamente la transición hacia una industria química sostenible y desfosilizada en los Estados Unidos, destacando la necesidad imperante de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en sectores como la producción química. Se discuten las oportunidades y desafíos asociados con la sustitución de combustibles fósiles por fuentes alternativas como biomasa residual, dióxido de carbono capturado, hidrógeno limpio y etanol. Se enfatiza la importancia de políticas duraderas y un mayor apoyo gubernamental para incentivar la desfosilización y hacerla competitiva en costos. El análisis incluye la estimación de cantidades necesarias de recursos no fósiles para reemplazar efectivamente a los combustibles fósiles en la producción química, así como la necesidad de una mayor descarbonización de la energía utilizada en estos procesos. Se mencionan diversas estrategias como la eficiencia energética, la economía circular, la electrificación con energías renovables y la captura y almacenamiento de carbono para lograr emisiones netas cero. Además, se destaca la importancia de abordar las preocupaciones de justicia ambiental y asegurar una transición justa para las comunidades afectadas. En resumen, se presenta un panorama integral de la estrategia y consideraciones necesarias para lograr una industria química más sostenible y desfosilizada en Estados Unidos.

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Los documentos se clasifican en varios colores tipo semáforo tecnológico que indican el nivel de implementación de la tecnología en el país

Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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