Aún está por determinar si el cambio climático ha desempeñado un papel directo en los últimos incendios forestales que asolan Canadá y en la bruma que aún persiste en Norteamérica. Pero lo cierto es que el calentamiento global está exacerbando las condiciones extremas, como la sequía y las olas de calor, que contribuyen a alimentar estos infiernos.
A punto de comenzar la temporada de incendios en California, un estudio publicado esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences concluye que el aumento de la superficie forestal quemada en el estado en los últimos 50 años se debe casi en su totalidad al cambio climático provocado por el hombre. El territorio calcinado podría expandirse más de un 50% en las próximas décadas, lo que se suma a la creciente lista de advertencias sobre la necesidad de reducir drásticamente nuestras emisiones de gases de efecto invernadero.
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