Durante la última década, el mercado laboral de Arabia Saudita ha experimentado transformaciones profundas como parte de una agenda más amplia de modernización económica y social. Este proceso se ha desarrollado en un contexto caracterizado por una elevada dependencia del empleo público, una participación limitada de la población nacional en el sector privado y una fuerte presencia de trabajadores expatriados. Frente a estas dinámicas, se impulsaron reformas orientadas a diversificar la economía, ampliar oportunidades de empleo y fortalecer la inclusión de grupos históricamente subrepresentados.
En primer término, las políticas laborales adoptadas buscaron aumentar la participación de ciudadanos saudíes en el mercado de trabajo privado. A través de incentivos regulatorios, ajustes salariales y programas de localización del empleo, se promovió la contratación de nacionales en sectores donde predominaba la mano de obra extranjera. Como resultado, la proporción de trabajadores saudíes en empresas privadas mostró un crecimiento sostenido, acompañado de una reducción gradual de la dependencia del sector público como principal empleador. De manera paralela, la participación laboral femenina registró avances notables. Reformas legales y administrativas ampliaron el acceso de las mujeres a una gama más amplia de ocupaciones, al tiempo que se eliminaron restricciones que limitaban su movilidad y autonomía económica. Además, la expansión de servicios de apoyo, junto con cambios en normas sociales, favoreció una incorporación más activa de las mujeres al empleo formal. Este incremento no solo modificó la composición de la fuerza laboral, sino que también contribuyó a diversificar ingresos familiares y a dinamizar la economía.
Por otra parte, el fortalecimiento del capital humano ocupó un lugar destacado dentro de la agenda de reformas. Programas de capacitación, formación técnica y alineación educativa con las necesidades del mercado se orientaron a reducir desajustes entre oferta y demanda de habilidades. A través de estas iniciativas, se buscó mejorar la empleabilidad de jóvenes y facilitar transiciones más fluidas desde el sistema educativo hacia el trabajo. Al mismo tiempo, se incentivó la participación del sector privado en la provisión de formación, promoviendo una mayor vinculación entre empresas e instituciones educativas. Asimismo, la regulación del mercado laboral fue objeto de ajustes significativos. La modernización de contratos, la flexibilización de ciertas modalidades de empleo y el fortalecimiento de mecanismos de protección laboral contribuyeron a un entorno más equilibrado entre flexibilidad y seguridad. En este marco, se introdujeron herramientas digitales para la gestión del empleo, lo que permitió mejorar la transparencia, reducir prácticas informales y fortalecer la supervisión de condiciones laborales.
El papel de los trabajadores expatriados también fue reconsiderado dentro de esta transformación. Aunque continúan siendo un componente relevante de la fuerza laboral, se implementaron medidas para regular flujos, mejorar condiciones y fomentar una competencia más equilibrada con la mano de obra nacional. Estas acciones buscaron optimizar la asignación de talento, evitando distorsiones salariales y fortaleciendo la productividad en sectores estratégicos. Desde una perspectiva macroeconómica, los cambios en el mercado laboral se alinearon con los objetivos de diversificación productiva y crecimiento sostenible. El aumento del empleo en sectores no petroleros, junto con una mayor participación del sector privado, contribuyó a reducir vulnerabilidades asociadas a la volatilidad de los ingresos energéticos. A su vez, la incorporación de nuevos segmentos de la población al empleo formal amplió la base contributiva y fortaleció la cohesión social.
La experiencia de Arabia Saudita muestra cómo un paquete integral de reformas laborales puede generar transformaciones significativas en relativamente poco tiempo. A través de políticas coordinadas, ajustes regulatorios y una inversión sostenida en capital humano, el mercado laboral avanzó hacia una estructura más inclusiva, dinámica y alineada con los objetivos de desarrollo de largo plazo.
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