El reciclaje en los sectores de confección y calzado se presenta como una respuesta a los crecientes volúmenes de residuos y a la presión por transitar hacia modelos de producción más sostenibles. Sin embargo, la incorporación de materiales reciclados en cadenas de valor complejas introduce riesgos ambientales, sociales y operativos que requieren una evaluación sistemática. En este contexto, la debida diligencia aplicada a los procesos de reciclaje permite identificar impactos potenciales, responsabilidades compartidas y condiciones necesarias para garantizar prácticas más responsables.
Los procesos de reciclaje textil y de calzado muestran una elevada heterogeneidad tecnológica. Mientras algunos métodos se basan en operaciones mecánicas relativamente simples, otros recurren a tratamientos químicos más intensivos para separar fibras, eliminar aditivos o recuperar polímeros. Esta diversidad implica diferencias significativas en consumo de agua, uso de sustancias peligrosas, generación de residuos secundarios y emisiones. Por consiguiente, la evaluación de riesgos no puede abordarse de manera uniforme, sino que debe adaptarse a las características específicas de cada tecnología y material tratado. Además, la procedencia y composición de los residuos influyen de forma directa en el desempeño ambiental del reciclaje. Mezclas de fibras, presencia de tintes, acabados y componentes no textiles dificultan la recuperación eficiente de materiales y aumentan la necesidad de procesos adicionales. Como resultado, algunos flujos que se presentan como reciclables terminan degradándose en aplicaciones de menor valor o generando rechazos significativos. Esta situación pone de manifiesto la necesidad de considerar el diseño de productos desde etapas tempranas para facilitar su reciclaje posterior.
Desde el punto de vista social, las actividades de recolección, clasificación y procesamiento de residuos suelen concentrarse en regiones con marcos regulatorios débiles o capacidades de supervisión limitadas. En estos contextos, se identifican riesgos asociados a condiciones laborales precarias, exposición a sustancias nocivas y falta de protección social. Asimismo, la externalización de etapas intensivas en mano de obra puede trasladar impactos negativos fuera del campo de visión de marcas y minoristas, lo que refuerza la importancia de una trazabilidad efectiva a lo largo de toda la cadena. Por otra parte, la debida diligencia no se limita a la identificación de riesgos, sino que también implica establecer mecanismos de prevención y mitigación. Esto incluye la selección de proveedores con estándares verificables, la realización de auditorías periódicas y el fortalecimiento de capacidades técnicas. De igual forma, la transparencia en la comunicación de prácticas y resultados permite reducir asimetrías de información y mejorar la rendición de cuentas frente a consumidores y autoridades.
En términos económicos, el reciclaje enfrenta tensiones entre costos operativos, escalabilidad y calidad del material recuperado. Aunque el interés por materiales reciclados ha aumentado, la oferta no siempre cumple con los requisitos técnicos de la industria, lo que limita su adopción a gran escala. A su vez, la volatilidad de precios de materias primas vírgenes influye en la viabilidad financiera de las soluciones de reciclaje. Frente a este escenario, la integración de criterios de debida diligencia contribuye a tomar decisiones más informadas sobre inversiones y asociaciones estratégicas. Asimismo, los marcos normativos emergentes en distintas jurisdicciones están incrementando las exigencias sobre responsabilidad corporativa, gestión de residuos y circularidad. Estas regulaciones refuerzan la necesidad de contar con procesos sistemáticos de identificación y gestión de riesgos en actividades de reciclaje. En consecuencia, la debida diligencia se convierte en una herramienta para anticipar obligaciones legales y adaptar modelos de negocio a un entorno regulatorio más estricto.
El análisis de los procesos de reciclaje en los sectores de confección y calzado muestra que su contribución a la sostenibilidad depende de múltiples factores interrelacionados. A través de una debida diligencia robusta, es posible reducir impactos adversos, mejorar condiciones sociales y avanzar hacia cadenas de valor más circulares. Sin embargo, estos avances requieren coordinación entre actores, mejoras tecnológicas y un compromiso sostenido con la transparencia y la responsabilidad.
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