Portugal se ha propuesto acelerar de manera significativa la expansión de la energía renovable para responder tanto a la crisis climática como a los compromisos energéticos europeos. Sin embargo, el despliegue masivo de infraestructuras solares y eólicas en tierra implica una presión creciente sobre los territorios, donde convergen valores ecológicos, paisajísticos y sociales. Ante este escenario, la planificación espacial adquiere una relevancia estratégica al permitir que la transición energética avance sin intensificar conflictos ambientales ni tensiones con las comunidades locales. Desde esta lógica, el desarrollo de energía solar fotovoltaica en suelo y de energía eólica terrestre se analiza mediante un enfoque integrado que combina potencial técnico, sensibilidad ecológica y valores sociales. En primer término, se identifican áreas con alta probabilidad de desarrollo energético a partir de modelos espaciales que consideran condiciones físicas, restricciones técnicas y patrones históricos de instalación. Posteriormente, estas áreas se contrastan con información detallada sobre biodiversidad, incorporando tanto la distribución de ecosistemas como la presencia de especies sensibles. De forma paralela, se integran variables sociales relacionadas con el paisaje, el patrimonio cultural y la percepción visual del territorio, lo que permite anticipar posibles fricciones con las poblaciones locales.
A partir de la superposición de estas dimensiones, el territorio continental portugués se clasifica según distintos niveles de conflicto. Este ejercicio evidencia que existe una disponibilidad considerable de suelo con baja sensibilidad ambiental y social donde la implantación de proyectos renovables resulta viable. En el caso de la energía solar, la superficie identificada supera ampliamente la requerida para cumplir los objetivos nacionales fijados para 2030, lo que ofrece margen para priorizar ubicaciones con mayor compatibilidad territorial. En cuanto a la energía eólica terrestre, una proporción relevante de las metas puede alcanzarse en áreas de bajo conflicto, mientras que el resto puede cubrirse mediante la modernización de parques existentes o mediante intervenciones cuidadosamente planificadas. Ahora bien, las zonas clasificadas con conflicto moderado no se entienden como espacios prohibidos. Más bien, se consideran territorios donde el desarrollo podría materializarse bajo condiciones estrictas de planificación, mitigación y restauración ambiental. Este planteamiento se apoya en la jerarquía de mitigación, que orienta las decisiones hacia la evitación de impactos, la reducción de efectos negativos y, en última instancia, la compensación ecológica. Así, el análisis territorial no se limita a excluir áreas, sino que proporciona criterios para una gestión más fina del espacio.
Además, los resultados obtenidos trascienden la localización de parques solares o eólicos. La información espacial permite orientar la expansión de la red eléctrica en Portugal, señalando zonas donde la inversión en infraestructura puede resultar más eficiente desde una perspectiva ambiental y social. De este modo, la planificación energética y la ordenación del territorio se articulan de manera más coherente, evitando desarrollos fragmentados y reduciendo riesgos asociados a retrasos o conflictos en los procesos de autorización. Un elemento transversal del enfoque es la incorporación de actores institucionales, técnicos y sociales a lo largo de todo el proceso. La participación de comunidades locales, organizaciones ambientales, autoridades públicas y representantes del sector energético favorece la identificación de valores territoriales que no siempre quedan reflejados en los datos oficiales. Asimismo, esta interacción contribuye a fortalecer la legitimidad de las decisiones espaciales y a disminuir la oposición social asociada a proyectos percibidos como impuestos.
La experiencia portuguesa muestra que la transición energética puede abordarse desde una lógica territorial integrada, donde el crecimiento de las energías renovables se compatibiliza con la protección de la biodiversidad y el respeto por los paisajes habitados. A través de herramientas replicables y basadas en evidencia, se demuestra que una planificación anticipada permite avanzar hacia un modelo energético más equilibrado, capaz de responder a los desafíos climáticos sin profundizar conflictos ambientales ni sociales.
Para leer más ingrese a:
https://www.nature.org/content/dam/tnc/nature/en/documents/s/m/Smart-Siting-Guide-Portugal-ENG-.pdf