Cybersecurity Dive reporta que la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructura de Estados Unidos lanzó una guía dentro de la iniciativa internacional CI Fortify para ayudar a operadores de infraestructura crítica a mantener sus sistemas en funcionamiento durante un gran ciberataque u otro incidente severo. La orientación se concentra en dos capacidades de emergencia: aislamiento y recuperación. El objetivo es que las organizaciones que sostienen servicios esenciales puedan separar sistemas vitales del daño, seguir operando en ese estado aislado y restaurar con rapidez los componentes que un adversario logre comprometer. La advertencia se produce en un momento de creciente preocupación por sabotaje cibernético ligado a actores estatales, particularmente tras las alertas sobre campañas chinas como Volt Typhoon y el riesgo de ataques orientados a impedir que Estados Unidos y sus aliados respondan a una crisis geopolítica mayor.
La guía parte de un supuesto exigente: en un escenario de conflicto, las conexiones de terceros, las telecomunicaciones, internet, proveedores, integradores y otras dependencias externas pueden volverse poco confiables, mientras los atacantes ya tendrían cierto acceso a redes de tecnología operacional. Desde esa premisa, CISA recomienda que los operadores identifiquen clientes críticos, como bases militares o servicios de primera necesidad, definan expectativas mínimas de entrega, determinen qué activos de tecnología operacional son indispensables para cumplirlas y mantengan procesos de continuidad actualizados que permitan operar con seguridad durante semanas o meses en aislamiento. La dimensión de recuperación incluye documentar funcionamiento de sistemas, respaldar archivos fundamentales y practicar reemplazo de equipos o transición a operación manual cuando el aislamiento no alcance. La agencia también pide compartir estas directrices con vendedores, integradores y proveedores de servicios gestionados para mapear dependencias, canales de comunicación y alternativas operativas.
Para utilities y empresas energéticas, el cambio de enfoque es importante. La ciberseguridad deja de medirse solo por prevención perimetral o cumplimiento normativo y pasa a evaluarse por la capacidad real de sostener servicio en condiciones degradadas.
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