El Instituto de Recursos Mundiales sostiene que preparar los sistemas de salud para riesgos climáticos salva vidas y genera retornos económicos extraordinarios. Su análisis estima que, sin intervenciones, las disrupciones sobre sistemas sanitarios por desastres relacionados con el clima en países de ingreso bajo y medio podrían provocar pérdidas económicas cercanas a 21 billones de dólares. También advierte que hacia 2050 el cambio climático podría contribuir a casi 16 millones de muertes en esas economías por calor extremo, propagación de enfermedades sensibles al clima como malaria y cólera, y daños a hospitales y otros servicios de salud. Frente a ese escenario, el organismo propone invertir en servicios climáticos para la salud, un conjunto de herramientas y actividades basadas en datos que ayudan a gobiernos y comunidades a anticipar, preparar y responder mejor antes de que la crisis golpee. Allí entran sistemas de alerta temprana, vigilancia epidemiológica, campañas comunitarias, entrenamiento de respuesta y fortalecimiento de infraestructura sanitaria.
El hallazgo central del estudio es económico y sanitario al mismo tiempo. Por cada dólar invertido en estas herramientas y actividades, los países pueden generar casi cuatro dólares en beneficios sanitarios incluso en escenarios conservadores, y hasta 68 dólares dependiendo del contexto, capacidad institucional, costos de programa e intensidad de tendencias climáticas. El análisis revisa proyectos financiados por el Banco Mundial y muestra ejemplos concretos. En Karachi, un programa de conciencia y tratamiento frente al calor capacitó trabajadores comunitarios y generó ahorros medibles en hospitalizaciones. En el Caribe, la iniciativa de hospitales inteligentes reforzó 54 instalaciones en siete países vulnerables mediante techos reforzados, energía solar y entrenamiento de emergencia, manteniendo operativas instalaciones durante huracanes y erupciones. En varias ciudades, los sistemas de alerta por calor extremo pueden producir retornos muy altos al reducir pérdidas de productividad, enfermedad y mortalidad.
La convergencia que revela este trabajo es poderosa: adaptación climática, gestión de datos, salud pública y desarrollo económico no son agendas separadas.
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