El cambio climático ya se manifiesta como una presión directa sobre la salud, el bienestar, la vivienda, los entornos urbanos y la capacidad de adaptación de los hogares europeos. La encuesta Living and Working in the EU e-survey 2025 incorporó preguntas sobre impactos climáticos experimentados, preocupaciones futuras y medidas de resiliencia aplicadas en viviendas o percibidas en el entorno local. La muestra incluyó más de 27.000 personas de 27 Estados miembros, con ponderaciones posteriores por género, edad, nivel educativo y región, aunque los resultados se interpretan como tendencias estadísticamente validadas y no como estimaciones representativas exactas de toda la población europea. La exposición reportada es amplia. El 80,5 % de las personas encuestadas indicó haber experimentado al menos uno de los impactos incluidos durante los últimos cinco años. Las regiones del sur y centro-oriente de Europa registraron los mayores porcentajes, con 86,1 % y 85,3 %, respectivamente. El calor fue el evento más frecuente: 49,7 % sintió exceso térmico en el hogar, 46,8 % en el lugar de trabajo o educación y 60,7 % al estar fuera de casa en su vecindario. También se identificó un aumento percibido en picaduras de mosquitos o garrapatas en 34 % de participantes, con valores particularmente altos en Chipre, Grecia y Croacia. Los daños por viento afectaron a 14,1 %, mientras inundaciones, incendios forestales, humo, escasez de agua segura y otros impactos alcanzaron proporciones cercanas a una décima parte de las respuestas.
La preocupación por riesgos futuros confirma la relevancia sanitaria y social de la adaptación climática. El 52,1 % se declaró muy o bastante preocupado por temperaturas extremadamente altas que alteren la vida cotidiana y el bienestar, mientras 48,7 % manifestó ese nivel de preocupación frente a incendios forestales más frecuentes o extremos. Entre 42 % y 43 % expresó preocupación por acceso reducido a alimentos locales o estacionales, disponibilidad de agua segura y mayor frecuencia o severidad de inundaciones. La preocupación fue más alta en el sur de Europa frente a calor, inundaciones e incendios, y más intensa en el centro-oriente europeo frente a enfermedades transmitidas por insectos, escasez hídrica y acceso a alimentos. La preparación doméstica aparece rezagada frente a la exposición observada. Aunque 77,9 % indicó contar con al menos una medida de resiliencia, ninguna acción superó 50 % de presencia en hogares. Las medidas más comunes fueron sombreado, con 49,2 %, aislamiento de techos o muros, con 47,6 %, y seguro de vivienda frente a eventos extremos, con 40,8 %. La instalación o mejora de aire acondicionado o ventilación alcanzó 32,1 %, mientras la recolección de agua lluvia superó una cuarta parte de las respuestas. Las acciones menos frecuentes fueron protección contra inundaciones, con 13,2 %, kit de emergencia, con 13,5 %, y sistema de respaldo eléctrico o generador, con 8 %. Además, 38,2 % no podía costear una temperatura adecuada en su vivienda durante el verano, con 46,1 % en Europa centro-oriental y 30,1 % en Europa septentrional.
Las acciones lideradas por autoridades son más visibles en componentes no infraestructurales. El 82,2 % observó al menos una medida local, principalmente alertas o avisos por eventos extremos, reportados por más de 57 %, campañas de sensibilización, con 42,5 %, y restricciones de uso de agua durante sequías, con 41,8 %. La plantación de árboles o mejora de acceso a espacios verdes fue percibida por 35,9 %, mientras el control de mosquitos llegó a 24,7 % y la prevención de inundaciones a 23,9 %. Los centros de enfriamiento y cambios en horarios laborales o educativos para evitar horas de mayor calor fueron menos frecuentes. Las desigualdades atraviesan la exposición y la resiliencia. Las personas con dificultades económicas reportaron más impactos, menor disponibilidad de medidas domésticas y una incapacidad mucho mayor para mantener la vivienda fresca: 66,1 % frente a 9,3 % entre quienes llegan a fin de mes fácilmente. Las personas arrendatarias presentaron menor preparación que las propietarias, especialmente en seguros, ventilación, aire acondicionado y sistemas de respaldo. Quienes reportaron mala salud también registraron mayor exposición, mayor preocupación, menor resiliencia doméstica y más limitaciones para costear refrigeración. La experiencia de tres o más impactos climáticos se asoció con bajo bienestar mental en una magnitud comparable a grandes factores de estrés social, como desempleo o monoparentalidad.
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