El agua se ha convertido en el reflejo más evidente de los impactos del cambio climático, pues la mayoría de los desastres naturales están relacionados con este recurso. En el caso de Hungría, la presión sobre sus sistemas hídricos es cada vez mayor, tanto por la frecuencia de inundaciones como por la intensidad de las sequías. Aunque el país dispone de importantes reservas de agua superficial y subterránea, depende en gran medida de aportes externos, lo que lo hace vulnerable a variaciones climáticas y a decisiones de países vecinos.
La gobernanza del agua se organiza en múltiples niveles, desde ministerios nacionales hasta autoridades locales y organismos transfronterizos. Sin embargo, la fragmentación institucional y los cambios frecuentes en la estructura gubernamental han debilitado la capacidad técnica y la coherencia de las políticas. A ello se suman tarifas bajas que no permiten recuperar costos, lo que limita el financiamiento de inversiones y el mantenimiento de infraestructuras. Además, la falta de claridad en normas sobre retención de agua y propiedad de infraestructuras secundarias genera dificultades operativas. El marco normativo ha evolucionado en las últimas décadas, influido por directivas europeas y compromisos internacionales. Se han incorporado leyes de gestión de desastres, conservación y adaptación climática, así como estrategias nacionales de agua y planes de cuenca. No obstante, persisten vacíos en la coordinación entre sectores como agricultura, energía, industria y uso del suelo, lo que reduce la efectividad de las medidas.
Las recomendaciones apuntan a consolidar las bases institucionales, fortaleciendo la cooperación interministerial y dotando de mayores capacidades a los organismos responsables. También se sugiere ajustar los instrumentos económicos, como los cargos por extracción de agua, para incentivar un uso más eficiente y garantizar la recuperación de costos. Revisar subsidios que generan efectos negativos y explorar impuestos sobre externalidades ambientales, como el manejo de aguas pluviales, permitiría mejorar la gestión de la demanda. Otro eje es la necesidad de adoptar una visión de largo plazo que integre la seguridad hídrica en las políticas de distintos sectores. Esto implica mejorar la calidad y cobertura de los datos, armonizar la información y asegurar que las decisiones se basen en evidencia. Asimismo, se plantea reforzar la gobernanza multinivel con un enfoque territorial, de modo que las diferencias regionales en disponibilidad de agua y riesgos climáticos se reflejen en las políticas.
El fortalecimiento de la transparencia y la participación social es igualmente relevante. Garantizar acceso público a la información, involucrar a actores desde etapas tempranas del ciclo de políticas y establecer mecanismos de monitoreo independientes contribuiría a generar confianza y legitimidad. La creación de plataformas de información integradas y la evaluación de propuestas legislativas por expertos externos son ejemplos de medidas que pueden mejorar la integridad y la aceptación de las políticas. La resiliencia hídrica de Hungría depende de una gobernanza más coherente, inclusiva y orientada al futuro. La combinación de instituciones sólidas, instrumentos económicos adecuados, visión estratégica, enfoque territorial y transparencia permitirá enfrentar los riesgos crecientes de inundaciones y sequías, asegurando que el agua siga siendo un recurso disponible y gestionado de manera sostenible en el contexto del cambio climático.
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