El compromiso de Malasia con la salida del carbón no es reciente, pero entra ahora en una fase de ejecución concreta. El gobierno descartó la construcción de nuevas plantas carboneras, fijó la meta de reducir a la mitad la generación con carbón para 2035 y estableció 2044 como fecha límite para eliminarla del todo, todo esto enmarcado en la National Energy Transition Roadmap, que persigue el 70% de penetración renovable para 2050. El desafío ya no es de dirección sino de implementación: cómo lograr una transición asequible que, al mismo tiempo, fortalezca la seguridad energética, genere empleo y sostenga el crecimiento económico, en un contexto en que la demanda eléctrica del país crece a un ritmo de 4,5% interanual y la volatilidad de los mercados internacionales de gas natural licuado añade presión adicional sobre la planeación.
Frente a ese panorama, el diálogo estructurado que convocaron durante ocho meses el Foro Económico Mundial y el Ministerio de Transición Energética y Transformación del Agua de Malasia, con respaldo de KPMG, reunió perspectivas públicas y privadas de los sectores energético, de infraestructura, tecnológico y financiero, y desembocó en nueve estrategias para gestionar el retiro del carbón sin sacrificar la estabilidad del sistema. Entre ellas resalta el planteamiento de un National Coal Site Repurposing Framework, un proceso estandarizado para reconvertir los terrenos de plantas carboneras retiradas en proyectos de energía solar, almacenamiento en baterías o pequeños reactores modulares a medida que vencen sus contratos de compra de energía, siguiendo experiencias similares documentadas en Sudáfrica y Europa. El gas natural mantendrá un papel transitorio mientras entran en operación recursos de respaldo adicionales, aunque se insiste en que las renovables deben liderar el retiro del carbón para aprovechar cuanto antes energía limpia y de menor costo, en lugar de sustituir una dependencia de importaciones fósiles por otra.
El país ya muestra avances tangibles en esa dirección: desarrolla 6 GW de capacidad solar a través de sucesivas subastas de gran escala, el programa MyBEST adjudicó cuatro proyectos de baterías de 100 MW y 400 MWh, y Tenaga Nasional Berhad anunció una inversión de 43.000 millones de ringgit (unos 10.800 millones de dólares) hasta 2028 para modernizar la red y dotarla de mayor flexibilidad. A esto se suma el esquema Corporate Renewable Energy Supply Scheme, que habilita a las empresas a adquirir energía limpia de forma directa y moviliza financiamiento privado adicional para el proceso.
La segunda gran apuesta del diálogo se concentra en dos frentes que definirán la evolución del sistema en las próximas décadas: la interconexión regional a través de la red eléctrica de la ASEAN y la exploración de la energía nuclear. Como presidente de la ASEAN en 2025, Malasia impulsó un memorando de entendimiento para fortalecer el comercio eléctrico transfronterizo y armonizar la regulación entre países miembros, mientras que el gobierno formaliza, dentro de su decimotercer plan quinquenal, la evaluación de tecnologías nucleares modernas como complemento firme y limpio a las renovables. Ambas líneas apuntan a diversificar la matriz energética y reducir progresivamente la dependencia de combustibles fósiles, en un momento en que varios países revisan la opción nuclear ante el aumento de la demanda eléctrica y las exigencias climáticas. El resultado es una hoja de ruta que combina despliegue renovable acelerado, inversión en red, reconversión de activos y cooperación regional, un ejercicio de referencia para cualquier sistema eléctrico que enfrente hoy el reto de retirar generación térmica sin comprometer la confiabilidad ni la asequibilidad del servicio.
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https://reports.weforum.org/docs/WEF_Beyond_Coal_Clean_Power_Malaysia.pdf

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