La transformación digital del sector energético es un proceso que va más allá de la introducción de tecnologías avanzadas, implica un profundo cambio que abarca tanto la actualización de activos, herramientas y sistemas como la transformación de la cultura organizacional y las interacciones sociales en las empresas del sector. En este contexto, la elaboración de una Hoja de Ruta para la transformación digital del sector energético en la región de América Latina y el Caribe es un ambicioso ejercicio de prospectiva en la que deben de considerarse tanto variables tecnológicas, como económicas, culturales y sociales. Este ejercicio es complejo debido a los retos emergentes a los que se está enfrentando actualmente, y en un futuro próximo, el sector: la descarbonización de los sistemas energéticos; la progresiva electrificación de la demanda, que pasa por asegurar el acceso del 100% de la población a una electricidad de calidad; la necesidad de asegurar la calidad de suministro energético ante un creciente despliegue de tecnologías renovables, de carácter intermitente; y una mayor eficiencia energética a través de la reducción de pérdidas en la red. Esta necesaria transformación digital se ve impulsada por cuatro pilares básicos que han supuesto la base de la propia transformación y modernización del sector: (i) un progresivo aumento de la participación de los usuarios en los sistemas energéticos, como agentes activos en los mercados, (ii) una transición hacia modelos energéticos de generación más sostenibles y flexibles, (iii) la necesidad de un sistema energético resiliente ante los fenómenos naturales cada vez más extremos y los riesgos cibernéticos, (iv) una cadena de valor sólida y de proximidad. El desarrollo de este proceso de transformación no es uniforme, existiendo diferentes grados de implementación, tanto en la región de ALC, como a nivel internacional. En este sentido, la identificación de casos de éxito en otros países y su potencial replicabilidad en la región, se ha considerado un factor clave de cara al desarrollo de una Hoja de Ruta, y del análisis se han extraído cinco recomendaciones relevantes para la transformación digital de la región. La regulación se considera un aspecto clave, de carácter incentivador, para que las empresas del sector privado inviertan en el despliegue de nuevas soluciones para la transformación digital del sector. En concreto, disponer de una definición técnica compartida o de objetivos concretos proporciona certidumbre en el tiempo y seguridad jurídica en el despliegue de tecnologías disruptivas o nuevos modelos de negocio. Cabe señalar que los países analizados disponen o se encuentran en proceso de desarrollo de regulación específica en el ámbito de la transformación digital.
Algunos de ellos, como Reino Unido, se apoyan en herramientas como los bancos de pruebas regulatorios con el fin de lograr un desarrollo rápido e involucrar a los grupos de interés identificando las principales barreras regulatorias a las que se enfrentan al desplegar soluciones de digitalización a nivel sectorial. Otros, como Italia, España y Portugal, evolucionan en base a objetivos concretos marcados e incentivados por la Unión Europea, a través de sus Planes Nacionales Integrados de Energía y Clima. Una adecuada transformación digital del sector energético va a suponer un incremento de la calidad y la eficiencia, que podría traducirse en un ahorro económico para el sistema energético. Sin embargo, para llegar a ese punto, se requieren incentivos económicos a la inversión que permitan una transformación digital homogénea del sector. De todos los países analizados, cabe destacar el ejemplo de Estados Unidos que dispone de programas de apoyo económico destinados a reforzar la infraestructura de red mediante la implementación de tecnologías digitales disruptivas, por ejemplo, con programas como el Inflation Reduction Act o el Smart Grid Investment Program. Asimismo, en los países de la Unión Europea, tras el COVID-19, se han desplegado una serie de medidas a través de los fondos europeos para incentivar el desarrollo de infraestructura energética, así como la innovación a nivel sectorial, a través de nuevos modelos y vectores energéticos. Parte del proceso de transformación digital integra la necesidad de disponer de tecnologías digitales disruptivas junto al aprovechamiento máximo de su potencial en el sector. En otras palabras, el objetivo final de esta transformación trasciende el hecho de lograr una mayor eficiencia de los procesos, y tiene una óptica más amplia que involucra la introducción de nuevos modelos de negocio que involucren al usuario final como un agente más del mercado. Los países líderes en transformación digital analizados comparten esta visión, que va más allá de introducir mejoras sobre el sistema existente, para dar lugar a un modelo más disruptivo. En concreto, Corea del Sur dispone de una industria muy potente en el ámbito del desarrollo de las tecnologías de la información que hace que disponga de soluciones digitales disruptivas aplicables al ámbito energético.
El informe destaca la necesidad y el potencial de implementar soluciones digitales en el sector energético de la región. Subraya cómo la adopción de tecnologías avanzadas, como la automatización, la gestión inteligente de la energía y las redes eléctricas inteligentes, puede mejorar la eficiencia, la resiliencia y la sostenibilidad del suministro energético en América Latina y el Caribe. El informe también enfatiza la importancia de la colaboración entre los sectores público y privado, así como la necesidad de políticas y regulaciones adecuadas para impulsar esta transformación digital. Además, subraya que esta transición hacia un sector energético digitalizado puede contribuir significativamente a la mitigación del cambio climático y al impulso de la adopción de energías limpias en la región. La necesidad de un notable despliegue de tecnologías digitales para llevar a cabo con éxito el proceso transformador, puede traccionar el desarrollo de una industria de proximidad más moderna y orientada a las necesidades sectoriales, como la evolución del sector de la fabricación de bienes de equipo. Para esto también se necesita la inversión del sector privado.
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