Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • E.DSO Technology Radar – Diciembre 2025

    E.DSO Technology Radar – Diciembre 2025

    La evolución de los sistemas eléctricos de distribución está marcada por una creciente complejidad operativa derivada de la electrificación, la descentralización de la generación, la digitalización de activos y la participación de los usuarios. En este contexto, las redes de distribución dejan de ser infraestructuras pasivas para convertirse en plataformas dinámicas capaces de integrar flujos bidireccionales de energía, datos y servicios. Esta transformación exige una adopción progresiva de tecnologías que permitan gestionar la variabilidad, mejorar la observabilidad y reforzar la capacidad de respuesta frente a condiciones cambiantes.

    El despliegue masivo de recursos energéticos distribuidos, como generación renovable a pequeña escala, almacenamiento y vehículos eléctricos, incrementa la presión sobre las redes existentes. Por consiguiente, la operación tradicional basada en planificación estática y refuerzos físicos resulta insuficiente para garantizar eficiencia y estabilidad. Frente a ello, se impulsa la incorporación de soluciones digitales orientadas a una gestión más flexible de la red, apoyadas en datos en tiempo casi real y en capacidades avanzadas de control. La digitalización de la infraestructura aparece como un habilitador transversal de este cambio. Sensores avanzados, dispositivos inteligentes y sistemas de comunicación permiten una mayor visibilidad del estado de la red, facilitando la detección temprana de incidencias y la optimización del uso de activos. Además, la estandarización de datos y la interoperabilidad entre sistemas favorecen la integración de nuevas aplicaciones, reduciendo la fragmentación tecnológica y mejorando la coherencia operativa. Sobre esta base, las plataformas digitales adquieren relevancia como espacios de coordinación entre múltiples actores. A través de ellas, los operadores de red pueden interactuar con agregadores, proveedores de flexibilidad y consumidores activos, habilitando nuevos modelos de mercado a nivel local. Estos esquemas permiten aprovechar capacidades distribuidas para gestionar congestiones, equilibrar la red y diferir inversiones en infraestructura física. Asimismo, la participación de los usuarios introduce incentivos económicos y señales operativas que fortalecen la eficiencia del sistema.

    La automatización avanzada refuerza estas dinámicas al reducir la dependencia de intervenciones manuales. Funciones como la reconfiguración automática de la red, el control de voltaje y la gestión de activos basada en condición contribuyen a mejorar la continuidad del servicio y a optimizar los costos operativos. Al mismo tiempo, la integración de inteligencia artificial y analítica avanzada amplía la capacidad de anticipar comportamientos, evaluar riesgos y apoyar la toma de decisiones en entornos inciertos. Sin embargo, la adopción tecnológica no se limita a soluciones maduras. También se observa una exploración activa de innovaciones emergentes, incluyendo gemelos digitales, tecnologías de comunicación de próxima generación y arquitecturas basadas en la nube. Estas herramientas permiten simular escenarios complejos, evaluar impactos de largo plazo y escalar capacidades de forma más eficiente. No obstante, su incorporación requiere ajustes organizacionales, nuevas competencias y marcos de gobernanza adaptados a entornos digitales. La ciberseguridad y la resiliencia adquieren una relevancia creciente en este proceso. El aumento de la conectividad y la dependencia de sistemas digitales amplían la superficie de exposición a amenazas, por lo que las estrategias de protección deben integrarse desde el diseño de las soluciones. La gestión de identidades, la segmentación de redes y la monitorización continua se combinan con enfoques de resiliencia orientados a mantener la operación frente a fallas técnicas o eventos extremos.

    La transformación tecnológica de las redes de distribución se configura como un proceso gradual y heterogéneo, donde la madurez de las soluciones varía según su nivel de adopción y valor demostrado. La combinación de digitalización, automatización y nuevos modelos de interacción redefine la forma en que se planifican y operan las redes. De este modo, los operadores avanzan hacia sistemas más flexibles, observables y adaptables, capaces de acompañar la transición energética y responder a las demandas de un entorno eléctrico en constante evolución.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.edsoforsmartgrids.eu/technology-radar/

    https://www.edsoforsmartgrids.eu/content/uploads/2025/12/11.12.2025-_-e.dso-technology-radar-v7.pdf

  • Modernizing Transmission Planning INTEGRATING SILOS TO DELIVER MULTI-DRIVER, MULTI-VALUE OUTCOMES

    Modernizing Transmission Planning INTEGRATING SILOS TO DELIVER MULTI-DRIVER, MULTI-VALUE OUTCOMES

    La transformación acelerada del sistema eléctrico estadounidense está redefiniendo las condiciones bajo las cuales se planifica la infraestructura de transmisión. La electrificación de la economía, la aparición de cargas altamente intensivas en energía, la creciente frecuencia de eventos climáticos extremos y el envejecimiento de los activos están modificando tanto la localización como la magnitud de la demanda eléctrica. Frente a este escenario, la transmisión se consolida como un elemento estructural para garantizar confiabilidad, flexibilidad operativa y capacidad de adaptación del sistema, aunque los enfoques tradicionales de planificación muestran limitaciones evidentes para responder a estas dinámicas. Históricamente, los marcos de planificación fueron diseñados para un sistema más estable, con cambios graduales y previsibles. En consecuencia, las prácticas actuales continúan organizándose en compartimentos separados: interconexión de generación y carga, planificación de confiabilidad, estudios económicos, gestión de activos y análisis asociados a políticas públicas. Aunque existe cierta coordinación entre estos procesos, esta suele ser puntual y reactiva, lo que conduce a decisiones fragmentadas y a soluciones de alcance limitado. Como resultado, se priorizan intervenciones de corto plazo que atienden necesidades inmediatas, mientras se desaprovechan oportunidades para desarrollar infraestructura con mayor proyección regional y valor sistémico.

    El incremento sostenido de la inversión en transmisión no ha resuelto este problema estructural. Una parte considerable de los recursos se destina a proyectos de menor voltaje y capacidad, orientados a resolver restricciones locales o a cumplir requisitos específicos de interconexión. Este patrón reduce la posibilidad de crear corredores robustos capaces de absorber nuevas fuentes de generación, grandes centros de consumo y flujos interregionales. Además, la repetición de mejoras incrementales en los mismos tramos eleva los costos totales y prolonga los tiempos de desarrollo, reforzando una lógica de intervención reactiva. La fragmentación también se refleja en la diversidad de herramientas, supuestos y horizontes temporales utilizados por cada proceso de planificación. Los estudios de confiabilidad suelen apoyarse en escenarios conservadores y estáticos, mientras que los análisis económicos se basan en simulaciones horarias con supuestos distintos sobre despacho y demanda. A su vez, los ejercicios de planificación de largo plazo exploran múltiples futuros, aunque con frecuencia carecen de mecanismos que vinculen sus resultados con decisiones concretas de inversión. Esta falta de alineación debilita la coherencia del sistema de planificación y dificulta la identificación de soluciones que respondan simultáneamente a múltiples necesidades.

    Ante estas limitaciones, emerge un enfoque orientado a integrar, ampliar y profundizar la planificación de la transmisión. La integración busca alinear calendarios, supuestos y flujos de información entre los distintos procesos, permitiendo que las decisiones se tomen sobre una base común y que los proyectos se dimensionen considerando múltiples usos desde su concepción. La ampliación del alcance implica incorporar un conjunto más diverso de impulsores, como grandes cargas emergentes, riesgos de resiliencia, objetivos de descarbonización y requerimientos de flexibilidad operativa, así como una participación más amplia de actores institucionales y territoriales. De esta manera, los estudios reflejan mejor las condiciones que tensionan al sistema y los valores que la infraestructura puede aportar. La profundización analítica refuerza este cambio al mejorar el rigor técnico de los estudios y su conexión con la operación real del sistema. El uso encadenado de modelos, desde expansión de capacidad hasta flujos de potencia y estabilidad, permite evaluar la viabilidad física de los proyectos en distintos escenarios. Asimismo, la consideración temprana de aspectos operativos, como rampas, estabilidad de voltaje y comportamiento de recursos basados en inversores, reduce la brecha entre los beneficios modelados y el desempeño efectivo en operación.

    Las experiencias regionales que han avanzado hacia esquemas más integrados muestran que es posible identificar carteras de proyectos con mayor durabilidad, mejor relación entre costos y beneficios y mayor capacidad de adaptación frente a la incertidumbre. Estos enfoques facilitan la transición desde intervenciones aisladas hacia soluciones coordinadas, capaces de atender simultáneamente confiabilidad, eficiencia económica, integración de recursos y resiliencia. En conjunto, la evolución de la planificación de la transmisión requiere pasar de procesos paralelos a ciclos recurrentes y coherentes, donde las decisiones reflejen la complejidad del sistema eléctrico contemporáneo y anticipen sus transformaciones futuras.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.esig.energy/integrating-transmission-silos/

    https://www.esig.energy/wp-content/uploads/2025/12/ESIG-Integrating-Transmission-Silos-report-2025.pdf

  • EVALUACIÓN DE LA CAPACIDAD DE GENERACIÓN TÉRMICA DE RESPALDO DIÉSEL CONECTADA A NIVEL DE TRANSMISIÓN: DESAFÍOS PARA LA EFICIENCIA Y LA DESCARBONIZACIÓN

    EVALUACIÓN DE LA CAPACIDAD DE GENERACIÓN TÉRMICA DE RESPALDO DIÉSEL CONECTADA A NIVEL DE TRANSMISIÓN: DESAFÍOS PARA LA EFICIENCIA Y LA DESCARBONIZACIÓN

    El proceso de descarbonización del sistema eléctrico chileno se inscribe en un marco normativo y político que impone metas climáticas ambiciosas y plazos definidos. En ese escenario, la revisión del rol de las tecnologías térmicas intensivas en emisiones se vuelve inevitable, especialmente cuando estas continúan recibiendo incentivos económicos sin una evaluación rigurosa de su desempeño real. La generación diésel, históricamente concebida como respaldo ante eventos excepcionales, se encuentra en el centro de esta discusión debido a la persistencia de esquemas regulatorios que no dialogan plenamente con los objetivos de transición energética. A lo largo de las últimas décadas, la capacidad instalada de generación diésel ha experimentado un crecimiento sostenido, aunque su participación efectiva en la generación total se ha mantenido reducida. Este desajuste entre capacidad disponible y uso real revela una dinámica donde el diésel opera mayoritariamente en episodios puntuales asociados a sequías prolongadas, restricciones en el suministro de gas natural o contingencias relevantes en la infraestructura de transmisión. En consecuencia, su operación responde más a una lógica de excepción que a una participación regular en el despacho del sistema.

    Sin embargo, la evidencia histórica muestra que incluso en los períodos de mayor estrés operativo, la utilización simultánea del parque diésel ha sido limitada. La mayor parte del tiempo, el despacho agregado no supera una fracción menor de la capacidad instalada, lo que confirma su carácter episódico. A ello se suman restricciones logísticas significativas en la cadena de abastecimiento de combustible, que impiden sostener una operación extendida de todas las unidades disponibles. Esta brecha entre la capacidad teórica y la capacidad efectivamente utilizable tensiona la noción de confiabilidad atribuida a estas centrales dentro del diseño actual del mercado eléctrico. Desde una perspectiva prospectiva, los análisis hacia el año 2030 refuerzan esta lectura. La mayor parte de los eventos que demandan respaldo térmico presenta duraciones acotadas, lo que abre espacio para que tecnologías de respuesta rápida, como los sistemas de almacenamiento con baterías, cubran dichos requerimientos de manera más eficiente. Las simulaciones de expansión del sistema muestran que la necesidad de nueva capacidad diésel resulta marginal y localizada, asociada principalmente a zonas con restricciones persistentes de transmisión. De este modo, la expansión óptima del sistema prioriza soluciones renovables acompañadas de almacenamiento, incluso bajo escenarios climáticos adversos.

    Adicionalmente, servicios históricamente vinculados al uso del diésel, como la partida en negro o la gestión preventiva de la reserva hídrica, comienzan a encontrar alternativas técnicas viables. El desarrollo de inversores avanzados y sistemas híbridos permite replantear estos servicios sin depender de combustibles fósiles líquidos, mientras que una mejor planificación del parque a gas y del almacenamiento reduce la necesidad de desplazar generación hidráulica mediante diésel. Todo ello converge en una disminución progresiva del aporte de estas centrales tanto en generación como en emisiones. Pese a este contexto, el esquema vigente de pagos por capacidad continúa asignando remuneraciones sin incorporar de forma explícita las restricciones operativas y logísticas reales. La metodología actual tiende a sobrevalorar la contribución del diésel a la suficiencia del sistema, además de incentivar la permanencia de unidades antiguas con bajos estándares de eficiencia. Esta desconexión entre remuneración y desempeño efectivo introduce distorsiones económicas y dificulta la alineación del mercado con las metas climáticas.

    En respuesta, se plantea la necesidad de ajustar el diseño del mercado de capacidad, integrando criterios de factibilidad logística, diferenciación tecnológica y mecanismos competitivos. La incorporación de subastas, junto con la participación activa de recursos de demanda flexible y metodologías avanzadas de evaluación de confiabilidad, permitiría reorientar los incentivos hacia soluciones más coherentes con un sistema eléctrico resiliente, eficiente y en transición. Así, la revisión del rol del diésel no implica desconocer su función histórica, sino redefinir su lugar en un sistema que avanza hacia una matriz energética de menores emisiones y mayor flexibilidad.

    Para leer más ingrese a:

    https://isci.cl/isci-y-chile-sustentable-presentan-estudio-sobre-el-rol-del-diesel-en-la-transicion-energetica/

    https://isci.cl/wp-content/uploads/2025/10/ISCI-Chile-Sustentable-Resumen-Ejecutivo.pdf

  • From Paradox to Progress: A Net-Positive AI Energy Framework

    From Paradox to Progress: A Net-Positive AI Energy Framework

    El avance acelerado de la inteligencia artificial ha intensificado el debate sobre su impacto energético, especialmente frente a los compromisos globales de sostenibilidad y mitigación del cambio climático. El crecimiento exponencial de modelos de gran escala, centros de datos y servicios digitales ha incrementado de forma sostenida la demanda eléctrica, generando tensiones entre innovación tecnológica y límites ambientales. En este escenario, emerge la necesidad de replantear la relación entre IA y energía desde una perspectiva que supere la lógica de compensación y apunte hacia resultados positivos netos. Históricamente, el desarrollo de la inteligencia artificial se ha apoyado en infraestructuras energéticas preexistentes, sin integrar de manera sistemática criterios de eficiencia, localización o impacto sistémico. Como resultado, la expansión de centros de datos ha tendido a concentrarse en regiones con acceso rápido a energía y conectividad, aunque no necesariamente alineadas con matrices eléctricas limpias. Esta desconexión ha contribuido a un aumento de emisiones indirectas, además de presiones sobre redes eléctricas locales y recursos hídricos utilizados en procesos de enfriamiento.

    Frente a este panorama, se propone un marco conceptual que redefine la relación entre IA y sistemas energéticos, orientándola hacia beneficios compartidos. En lugar de limitarse a reducir impactos negativos, la inteligencia artificial puede contribuir activamente a la transición energética mediante la optimización de redes, la mejora en la gestión de la demanda y el apoyo a la integración de fuentes renovables variables. Así, la IA deja de ser únicamente un consumidor intensivo de energía para convertirse en una herramienta que potencia la eficiencia y resiliencia del sistema eléctrico. Este enfoque reconoce que los beneficios no surgen de manera automática, sino que dependen de decisiones coordinadas en diseño tecnológico, regulación e inversión. La planificación temprana de infraestructuras digitales, combinada con señales regulatorias coherentes, permite orientar la localización de centros de datos hacia zonas con excedentes renovables o redes robustas. Asimismo, la adopción de métricas energéticas transparentes en el desarrollo de modelos de IA facilita la toma de decisiones informadas y promueve prácticas más responsables en toda la cadena de valor.

    De forma complementaria, se plantea la importancia de integrar la flexibilidad como criterio central. Los sistemas de IA, al operar mayoritariamente de manera no instantánea, ofrecen oportunidades para desplazar cargas en el tiempo, adaptándose a la disponibilidad de energía limpia. Este atributo habilita sinergias con mercados eléctricos dinámicos, almacenamiento energético y esquemas de respuesta de demanda, reduciendo tensiones en horas de mayor congestión y contribuyendo a un uso más eficiente de los recursos. El marco propuesto también subraya el rol de la colaboración entre actores públicos y privados. Empresas tecnológicas, operadores eléctricos y autoridades energéticas comparten la responsabilidad de alinear incentivos y estándares. Sin esta coordinación, persiste el riesgo de que las mejoras en eficiencia a nivel individual se diluyan por efectos de rebote a escala sistémica, donde el aumento de la demanda total neutraliza los avances logrados.

    Se plantea que avanzar hacia una inteligencia artificial con impacto energético positivo requiere un cambio de narrativa. El debate no se limita a cuánto consume la IA, sino a cómo puede habilitar transformaciones estructurales en los sistemas energéticos. Bajo este enfoque, la innovación tecnológica se integra como parte activa de la solución climática, siempre que sus trayectorias de desarrollo se diseñen de manera intencional, medible y coherente con los objetivos de sostenibilidad de largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/from-paradox-to-progress-a-net-positive-ai-energy-framework/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_From_Paradox_to_Progress_A_Net_Positive_AI_Energy_Framework_2025.pdf

  • The future of flexibility: Unlocking the full value of VPPs for a changing grid

    The future of flexibility: Unlocking the full value of VPPs for a changing grid

    El sistema eléctrico atraviesa una transformación profunda impulsada por el retorno del crecimiento sostenido de la demanda, tras décadas de estabilidad relativa. Factores como la expansión de los centros de datos, la electrificación del transporte y el fortalecimiento de la actividad industrial han modificado los patrones de consumo y han incrementado la presión sobre infraestructuras de generación, transmisión y distribución. Al mismo tiempo, las restricciones para construir nuevas centrales, los tiempos prolongados de interconexión y los compromisos de descarbonización han reducido el margen de maniobra de los enfoques tradicionales de planificación. Ante este escenario, las Plantas Virtuales de Energía (VPPs) se presentan como una alternativa capaz de responder con mayor agilidad a las necesidades de flexibilidad del sistema. Estas soluciones se basan en la agregación de recursos energéticos distribuidos, tales como termostatos inteligentes, vehículos eléctricos, baterías residenciales y cargas comerciales, los cuales pueden ser coordinados para equilibrar oferta y demanda. De esta manera, se amplía la noción clásica de generación al incorporar activos distribuidos que operan de forma coordinada y adaptativa.

    A diferencia de las plantas convencionales, cuya construcción requiere inversiones elevadas y horizontes temporales extensos, las VPPs pueden desplegarse y escalarse con rapidez. Además, su operación no se limita a eventos puntuales de reducción de carga, sino que permite un uso continuo orientado a múltiples objetivos operativos. Por consiguiente, estas soluciones contribuyen tanto a la adecuación de recursos como a la gestión diaria de la red, facilitando la integración de energías renovables variables y la optimización de tarifas horarias para los usuarios finales. Asimismo, la flexibilidad aportada por estos sistemas adquiere relevancia en el ámbito de la distribución. La capacidad de despachar recursos de manera localizada permite aliviar congestiones específicas, reducir sobrecargas y posponer inversiones en infraestructura física. De forma complementaria, la participación en mercados mayoristas habilita nuevas oportunidades para optimizar precios y mejorar la eficiencia económica del sistema eléctrico. La experiencia reciente en América del Norte demuestra que estas soluciones ya operan a escala significativa. Numerosos programas han logrado movilizar cientos de megavatios mediante la coordinación de miles de dispositivos, contribuyendo a evitar interrupciones durante eventos climáticos extremos y picos de demanda. A través de incentivos económicos y estrategias de despacho sofisticadas, se ha logrado una participación activa de los usuarios, quienes mantienen su confort mientras aportan flexibilidad al sistema.

    El desarrollo tecnológico ha sido un habilitador central de esta evolución. La expansión del Internet de las Cosas y la comunicación bidireccional ha permitido una supervisión más precisa del comportamiento de los dispositivos y una mayor previsibilidad de los resultados. Sobre esta base, el uso de analítica predictiva y aprendizaje automático permite anticipar patrones de consumo, disponibilidad de recursos y condiciones de generación renovable. Como resultado, las estrategias de despacho pueden ajustarse de manera dinámica, equilibrando las necesidades operativas con la experiencia del usuario. Sin embargo, persisten barreras asociadas a la percepción de confiabilidad, la fragmentación organizacional y los marcos regulatorios vigentes. La evaluación de estos recursos suele aplicar descuentos conservadores en los ejercicios de planificación, lo que limita su reconocimiento pleno. Además, la gestión de estos programas tiende a concentrarse en equipos especializados, dificultando su integración transversal en las decisiones estratégicas de las empresas eléctricas. Para avanzar hacia un aprovechamiento más amplio, resulta necesario fortalecer el alineamiento regulatorio, mejorar la visibilidad de los recursos distribuidos y profundizar la integración entre plataformas de gestión de recursos energéticos y sistemas de control de red. De igual forma, la habilitación de exportación de energía desde dispositivos del lado del cliente ampliaría las posibilidades de participación en mercados y reforzaría la resiliencia ante interrupciones.

    De este modo, las VPPs se consolidan como una respuesta adaptable frente a un sistema eléctrico sometido a transformaciones aceleradas. Su evolución apunta hacia esquemas de flexibilidad cada vez más sofisticados, donde la coordinación de múltiples recursos distribuidos permite sostener la confiabilidad operativa, contener los costos asociados a la expansión de infraestructura y acompañar los procesos de electrificación que redefinen la demanda energética. Así, la flexibilidad distribuida deja de ser una solución complementaria y se integra de manera progresiva en la planificación y operación del sistema eléctrico, ampliando las alternativas disponibles frente a escenarios de incertidumbre y cambio estructural. La consolidación de estos esquemas depende de su capacidad para articular tecnología, regulación y participación activa de los usuarios, configurando un modelo más adaptable, descentralizado y alineado con las exigencias del sistema energético contemporáneo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.energyhub.com/resource/white-paper-unlocking-the-full-value-of-vpps

    https://415845.fs1.hubspotusercontent-na1.net/hubfs/415845/White%20papers/EH_White%20paper-Future%20of%20Flexibility_11.24.pdf

  • Building trustworthy virtual power plants: The VPP Maturity Model

    Building trustworthy virtual power plants: The VPP Maturity Model

    Las Plantas Virtuales de Energía (VPPs) están emergiendo como una solución eficiente y rentable para incrementar la capacidad flexible en las redes eléctricas. Este enfoque se basa en la agregación y optimización de recursos energéticos distribuidos (DERs), como baterías y termostatos, lo que permite generar una respuesta más ágil, de menor costo y mayor adaptabilidad en comparación con las plantas tradicionales. A medida que la demanda eléctrica se incrementa y los costos de transmisión y distribución siguen aumentando, las VPPs se presentan como una alternativa para satisfacer las necesidades de la red, especialmente cuando se requieren capacidades flexibles y rápidas para mantener el equilibrio del sistema. Sin embargo, a pesar de sus ventajas, la implementación de VPPs enfrenta desafíos significativos debido a la falta de estándares consistentes de telemetría y la limitada capacidad de integración con los sistemas de control de la red. La visibilidad de los recursos, la programabilidad y la disponibilidad son aspectos fundamentales para que las VPPs sean consideradas recursos confiables y medibles, de manera similar a las plantas generadoras tradicionales. Para abordar estos desafíos, se propone el Modelo de Madurez de las VPPs, el cual establece cinco niveles de evolución que miden el progreso hacia la capacidad de operar como una planta convencional.

    En sus primeras etapas, las VPPs tienen una capacidad limitada para ofrecer flexibilidad o generar eventos sostenidos, y generalmente solo pueden reducir la carga durante breves períodos de tiempo. A medida que avanzan en el modelo de madurez, mejoran su capacidad para responder a las necesidades de la red de manera más predictiva, con una mayor precisión en los datos y una mayor disponibilidad durante diferentes estaciones del año. En el nivel más avanzado, las VPPs pueden operar de manera autónoma, adaptándose en tiempo real a las condiciones del mercado y la red, y brindando servicios de optimización tanto a nivel mayorista como minorista. El paso hacia niveles superiores de madurez también implica la mejora de la telemetría y la automatización. A medida que la precisión de los datos y la velocidad de respuesta aumentan, las VPPs se convierten en una herramienta más valiosa para los operadores de red. Por ejemplo, un VPP en el nivel 3 puede gestionar eventos de carga durante seis horas con una precisión que se acerca a la de las plantas convencionales. Además, estos sistemas tienen la capacidad de integrarse con sistemas de gestión de energía (EMS) y redes inteligentes para optimizar el uso de recursos en tiempo real.

    En el nivel 4, la VPP alcanza su máxima madurez. En este nivel, las VPPs no solo pueden gestionar la carga de manera eficiente, sino también realizar tareas complejas como la regulación de frecuencia y la respuesta a cambios en la generación renovable. A este nivel, las VPPs son completamente autónomas, con capacidades de optimización que abarcan toda la cadena de valor de la red eléctrica, desde la generación hasta la distribución. Los sistemas de control avanzados permiten que las VPPs operen de manera similar a las plantas generadoras convencionales, pero con una flexibilidad y eficiencia superiores. El modelo de madurez de las VPPs ofrece un camino claro para su evolución, pero también requiere una inversión significativa en tecnología y coordinación entre los actores del mercado, incluidos los fabricantes de equipos, los proveedores de tecnología y las autoridades regulatorias. En este sentido, la implementación exitosa de VPPs no solo depende de los avances tecnológicos, sino también de la capacidad de los gobiernos y las empresas para crear un marco regulatorio que apoye su integración en el mercado energético.

    Las VPPs representan una opción viable para abordar los desafíos de la transición energética, proporcionando una capacidad flexible y eficiente que puede superar a las plantas tradicionales en ciertos aspectos. No obstante, su éxito dependerá de superar las barreras actuales relacionadas con la visibilidad, la programación y la disponibilidad de los recursos. A medida que las VPPs maduran, su valor para el sistema eléctrico será cada vez más evidente, haciendo que su integración y expansión sean una prioridad en la planificación de redes del futuro.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.energyhub.com/resource/building-trustworthy-power-plants-vpp-maturity-model

    https://415845.fs1.hubspotusercontent-na1.net/hubfs/415845/White%20papers%20(2023)/EH_White%20paper-VPP%20Maturity%20Model%20final.pdf

  • Nota Técnica N° 13: Una mirada a la energía nuclear en América Latina y el Caribe como fuente de energía firme para las transiciones energéticas

    Nota Técnica N° 13: Una mirada a la energía nuclear en América Latina y el Caribe como fuente de energía firme para las transiciones energéticas

    Las transiciones energéticas en América Latina y el Caribe se desarrollan en un contexto de compromisos climáticos crecientes, aumento sostenido de la demanda eléctrica y una expansión acelerada de fuentes renovables intermitentes. Este escenario ha impulsado la búsqueda de alternativas capaces de aportar energía firme, estable y con bajas emisiones, especialmente frente a fenómenos como la electrificación del transporte, la digitalización de procesos productivos y el crecimiento de industrias intensivas en consumo energético. Dentro de este marco, la energía nuclear reaparece como una opción tecnológica que permite sostener la estabilidad del sistema eléctrico mientras se avanza en la reducción del uso de combustibles fósiles. A nivel global, la energía nuclear ha atravesado ciclos de expansión, desaceleración y reajuste. Tras su desarrollo inicial en la segunda mitad del siglo XX, diversos accidentes y elevados costos de inversión moderaron su crecimiento, aunque su participación dentro del conjunto de tecnologías limpias se ha mantenido significativa. De este modo, aun cuando su peso relativo en la generación total disminuyó, continúa aportando una fracción relevante de la electricidad libre de emisiones. Además, los avances tecnológicos recientes han permitido mejorar estándares de seguridad, optimizar tiempos de construcción y reducir costos operativos, lo que ha reactivado el interés en esta fuente dentro de las estrategias energéticas de largo plazo.

    En América Latina y el Caribe, el desarrollo nucleoeléctrico se ha concentrado históricamente en Argentina, Brasil y México. Estos países incorporaron la tecnología a partir de acuerdos de cooperación internacional y construyeron capacidades institucionales, técnicas y regulatorias que sostienen su operación hasta la actualidad. Aunque la participación nuclear en sus matrices eléctricas es moderada, su contribución adquiere relevancia al proporcionar generación continua, independiente de condiciones climáticas. Asimismo, los programas de extensión de vida útil y repotenciación de centrales existentes han permitido aprovechar inversiones previas y mejorar el desempeño operativo. El caso argentino evidencia una trayectoria consolidada, caracterizada por la operación de centrales de agua pesada y el desarrollo de tecnología propia. A esto se suma la apuesta por reactores modulares pequeños, que incorporan diseños integrados y sistemas de seguridad pasivos. Esta línea tecnológica amplía el espectro de aplicaciones posibles, facilitando su uso en zonas aisladas, procesos industriales y producción de hidrógeno, además de reforzar capacidades de exportación tecnológica. De forma similar, Brasil mantiene una estrategia orientada a ampliar su parque nuclear mediante la finalización de nuevas unidades, con el objetivo de diversificar su sistema eléctrico y reducir la dependencia de fuentes térmicas costosas. En México, la central de Laguna Verde continúa siendo el pilar de la generación nuclear, respaldada por procesos de modernización y extensiones de licencias que aseguran su operación durante varias décadas.

    Más allá de estos tres países, otras naciones de la región han comenzado a evaluar la incorporación de energía nuclear en sus planes energéticos. La vulnerabilidad frente a sequías, la necesidad de respaldo para renovables variables y los compromisos de mitigación climática han motivado estudios preliminares, marcos normativos emergentes y acuerdos de cooperación internacional. En este contexto, los reactores modulares pequeños adquieren relevancia por su escala adaptable, menores requerimientos de inversión inicial y mayor flexibilidad para su integración gradual. No obstante, la adopción de esta tecnología implica la construcción de un ecosistema complejo. Resulta necesario establecer marcos legales sólidos, autoridades regulatorias independientes, infraestructura técnica adecuada y esquemas de gestión de residuos de largo plazo. A ello se suman exigencias relacionadas con la formación de recursos humanos, la seguridad radiológica y la transparencia frente a la sociedad. La aceptación pública, la comunicación efectiva y la participación ciudadana se convierten en dimensiones inseparables del proceso.

    Las proyecciones internacionales indican un crecimiento gradual de la capacidad nuclear hacia mediados de siglo, tanto por nuevas instalaciones como por la extensión de la vida útil de reactores existentes. Para América Latina y el Caribe, este escenario abre la posibilidad de diversificar las matrices eléctricas y fortalecer la seguridad energética. Así, la energía nuclear se perfila como un componente complementario dentro de un sistema más diversificado, orientado a sostener las transiciones energéticas con estabilidad, bajas emisiones y planificación de largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.olade.org/publicaciones/nota-tecnica-n-13-energia-nuclear/

    https://www.olade.org/wp-content/uploads/2025/12/Nota-Tecnica-No.-13-Energia-Nuclear.pdf

  • OECD Review of Digital Education Policy in the Netherlands

    OECD Review of Digital Education Policy in the Netherlands

    La expansión de la educación digital en los sistemas escolares se ha convertido en un eje central de las políticas educativas contemporáneas, especialmente en contextos donde la tecnología redefine los procesos de enseñanza, aprendizaje y gestión institucional. En el caso neerlandés, el desarrollo de este enfoque se inserta en un entorno caracterizado por altos niveles de autonomía escolar, una infraestructura tecnológica avanzada y una larga tradición de innovación pedagógica. No obstante, la integración efectiva de herramientas digitales plantea interrogantes sobre coherencia sistémica, equidad y sostenibilidad de las políticas públicas.

    Desde una perspectiva de gobernanza, la educación digital se organiza mediante una combinación de orientaciones nacionales y amplios márgenes de decisión a nivel local. Esta estructura favorece la adaptación a contextos específicos; sin embargo, también genera una implementación heterogénea de las estrategias digitales entre escuelas y municipios. Por ello, la ausencia de una visión común plenamente articulada dificulta la alineación entre objetivos pedagógicos, inversión tecnológica y desarrollo de capacidades, lo que incrementa las diferencias en el acceso y uso significativo de la tecnología educativa. En relación con la financiación y los procesos de adquisición, el sistema se apoya en mecanismos descentralizados que otorgan flexibilidad a las instituciones educativas. Aun así, esta modalidad presenta tensiones vinculadas con la eficiencia del gasto y la capacidad de negociación frente a proveedores de soluciones digitales. En consecuencia, las escuelas con mayores recursos administrativos tienden a beneficiarse de mejores condiciones de compra y soporte técnico, mientras que otras enfrentan mayores obstáculos para evaluar la calidad, la interoperabilidad y la pertinencia pedagógica de los productos disponibles.

    El funcionamiento de los mercados de tecnología educativa constituye otro elemento relevante del análisis. La oferta de herramientas digitales y materiales educativos es amplia y dinámica, impulsada por actores públicos y privados. Sin embargo, la información disponible para orientar decisiones de adopción resulta dispersa, lo que limita la capacidad de las escuelas para seleccionar soluciones alineadas con sus necesidades educativas. Además, la dependencia de proveedores externos plantea interrogantes sobre la protección de datos, la transparencia de los algoritmos y la continuidad de los servicios en el tiempo. El desarrollo de capacidades docentes emerge como un componente central de la transformación digital. La incorporación de tecnologías en el aula no se reduce al dominio técnico de herramientas, sino que exige competencias pedagógicas, didácticas y éticas adaptadas a entornos digitales. En este sentido, la formación inicial y continua del profesorado muestra avances relevantes, aunque persisten desafíos relacionados con la coherencia entre estándares profesionales, programas de capacitación y prácticas reales en las escuelas. Asimismo, la redefinición de los roles docentes implica nuevas responsabilidades vinculadas con el acompañamiento personalizado del alumnado, la evaluación formativa y el uso reflexivo de datos educativos.

    En cuanto al currículo y los sistemas de evaluación, la educación digital se vincula con el desarrollo de competencias transversales como el pensamiento crítico, la alfabetización digital y el uso responsable de la tecnología. No obstante, la integración de estas competencias en los marcos curriculares presenta distintos niveles de profundidad, lo que influye en su implementación efectiva en el aula. De forma similar, los sistemas de evaluación y las inspecciones escolares incorporan progresivamente dimensiones relacionadas con el uso de tecnologías, aunque todavía enfrentan dificultades para capturar la calidad pedagógica de las prácticas digitales. La equidad constituye una preocupación transversal en este proceso. A pesar de los altos niveles generales de acceso a infraestructura digital, persisten brechas asociadas al contexto socioeconómico, al apoyo familiar y a las capacidades institucionales de las escuelas. Estas diferencias influyen tanto en las oportunidades de aprendizaje del alumnado como en la capacidad de los centros educativos para innovar de manera sostenida. Por ello, el fortalecimiento de políticas sistémicas orientadas a reducir desigualdades aparece estrechamente ligado al diseño de la educación digital.

    La experiencia neerlandesa ofrece elementos de reflexión para otros países que buscan avanzar hacia entornos educativos preparados para la era digital. La combinación de autonomía escolar, mercados tecnológicos dinámicos y políticas públicas orientadas a la calidad educativa genera oportunidades significativas, aunque también requiere mecanismos de coordinación, evaluación y aprendizaje continuo. De esta manera, la educación digital se consolida como un proceso de transformación estructural que demanda coherencia, capacidad institucional y una orientación clara hacia la equidad y la excelencia educativa.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/oecd-review-of-digital-education-policy-in-the-netherlands_91118813-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2025/12/oecd-review-of-digital-education-policy-in-the-netherlands_32cf26b0/91118813-en.pdf 

  • 2025 Cybersecurity Report: Vulnerability and Maturity Challenges to Bridging the Gaps in Latin America and the Caribbean

    2025 Cybersecurity Report: Vulnerability and Maturity Challenges to Bridging the Gaps in Latin America and the Caribbean

    La acelerada digitalización en América Latina y el Caribe ha transformado la forma en que los Estados, las empresas y la ciudadanía interactúan, amplificando oportunidades de desarrollo económico, innovación y acceso a servicios públicos. Sin embargo, esta expansión tecnológica también ha incrementado la exposición a riesgos cibernéticos, revelando brechas persistentes en capacidades institucionales, marcos normativos y preparación operativa. En este contexto, la seguridad digital emerge como un componente estructural del desarrollo, estrechamente vinculado con la confianza, la estabilidad institucional y la resiliencia de los sistemas públicos y privados. A lo largo de la región, se observa un avance significativo en la formulación de estrategias nacionales de ciberseguridad y en la adopción de políticas orientadas a la protección del entorno digital. No obstante, la existencia de estos instrumentos no siempre se traduce en capacidades efectivas de implementación. Persisten limitaciones asociadas a la escasez de recursos, la fragmentación institucional y la débil coordinación intersectorial, lo que reduce la capacidad de respuesta frente a incidentes que afectan infraestructuras críticas, servicios públicos y actividades económicas. Como resultado, hospitales, puertos, sistemas fiscales y plataformas gubernamentales continúan siendo vulnerables a ataques cada vez más sofisticados.

    La expansión del uso de inteligencia artificial introduce una nueva capa de complejidad en este panorama. Su incorporación en sectores como salud, finanzas, energía y administración pública redefine procesos y mejora la eficiencia, aunque también amplía la superficie de ataque y potencia las capacidades de actores maliciosos. Herramientas basadas en modelos de lenguaje, automatización y análisis avanzado facilitan fraudes, campañas de desinformación y ataques a gran escala, al tiempo que los propios sistemas de inteligencia artificial se convierten en objetivos susceptibles a manipulación, envenenamiento de datos y explotación de vulnerabilidades. Frente a esta realidad, la preparación nacional en ciberseguridad requiere adaptarse a dinámicas tecnológicas en constante evolución. El fortalecimiento de la gobernanza aparece estrechamente asociado a la voluntad política y a la capacidad de absorción institucional. La experiencia reciente demuestra que los países que han aprendido de incidentes graves han logrado avanzar hacia esquemas más coordinados, integrando centros de operaciones de seguridad, protocolos de respuesta y mecanismos de aprendizaje continuo. Sin embargo, en buena parte de la región, los cambios de gobierno, las crisis económicas y la priorización de otras agendas han limitado la continuidad de los esfuerzos, generando enfoques reactivos y poco sostenibles en el tiempo.

    A estas dificultades se suma una marcada inequidad cibernética. Las brechas entre economías desarrolladas y emergentes, entre grandes organizaciones y pequeñas empresas, y entre sectores con distintos niveles de regulación, profundizan la exposición al riesgo. Las pequeñas y medianas empresas, pese a su peso en el empleo y la producción, enfrentan mayores obstáculos para acceder a talento especializado, seguros cibernéticos y tecnologías de protección. Dado el alto grado de interconexión de las cadenas de suministro, estas asimetrías afectan a todo el ecosistema digital, ampliando el impacto potencial de un incidente localizado. La dimensión social de la ciberseguridad también adquiere relevancia. Las desigualdades de género influyen tanto en la exposición a amenazas como en la participación en la fuerza laboral especializada. La violencia digital, la filtración de datos sensibles y la exclusión de mujeres y diversidades del sector tecnológico evidencian la necesidad de enfoques que integren consideraciones de equidad, alfabetización digital y protección de derechos. Incorporar estas perspectivas contribuye a diseñar políticas más sensibles a las realidades sociales y a reducir puntos ciegos en la gestión del riesgo.

    La ciberseguridad en América Latina y el Caribe se configura como un desafío transversal que atraviesa el desarrollo institucional, la transformación digital, la equidad social y la cooperación internacional. Avanzar hacia niveles más altos de madurez exige estrategias coherentes, inversión sostenida en capacidades humanas y tecnológicas, y esquemas de colaboración que trasciendan fronteras y sectores. De esta manera, será posible consolidar entornos digitales más confiables, capaces de sostener el crecimiento económico y la inclusión en un escenario global crecientemente interconectado.

    Para leer más ingrese a:

    https://publications.iadb.org/en/2025-cybersecurity-report-vulnerability-and-maturity-challenges-bridging-gaps-latin-america-and

    https://publications.iadb.org/en/publications/english/viewer/2025-Cybersecurity-Report-Vulnerability-and-Maturity-Challenges-to-Bridging-the-Gaps-in-Latin-America-and-the-Caribbean.pdf

  • Benchmarking Large Language Models for the Electric Power Sector

    Benchmarking Large Language Models for the Electric Power Sector

    La incorporación de modelos de lenguaje de gran escala en el sector eléctrico ha generado expectativas significativas asociadas a la automatización del conocimiento, el apoyo a la toma de decisiones y la mejora de la productividad técnica. Sin embargo, la adopción de estas tecnologías en entornos regulados y operativamente complejos exige evidencia empírica sobre su desempeño real en contextos especializados. En respuesta a esta necesidad, se desarrolla un enfoque de evaluación que trasciende los benchmarks académicos tradicionales y se orienta a medir la capacidad de los modelos para razonar, justificar y contextualizar respuestas dentro de los marcos técnicos propios del sistema eléctrico. A diferencia de las evaluaciones generalistas centradas en preguntas de opción múltiple sobre matemáticas o ciencias básicas, el enfoque sectorial introduce conjuntos de preguntas diseñadas por expertos con experiencia directa en generación, transmisión, distribución y uso final de la energía. De este modo, se busca reflejar las condiciones bajo las cuales estas tecnologías serían utilizadas en escenarios operativos reales. En consecuencia, la evaluación se estructura en varias fases progresivas que permiten observar el comportamiento de los modelos frente a distintos niveles de complejidad, formatos de pregunta y grados de acceso a información externa.

    En una primera instancia, la evaluación se apoya en preguntas de selección múltiple respondidas únicamente con el conocimiento incorporado durante el entrenamiento del modelo. Esta fase permite establecer una línea base de desempeño y facilita comparaciones consistentes entre modelos propietarios y de peso abierto. Posteriormente, se introduce el uso de búsqueda web como mecanismo de apoyo, lo que permite analizar cómo cambia la precisión cuando los modelos acceden a fuentes externas. Finalmente, el proceso avanza hacia preguntas abiertas de respuesta corta, un formato más cercano a las interacciones que se esperan en aplicaciones prácticas dentro de empresas eléctricas. Los resultados obtenidos muestran diferencias sustantivas entre los formatos de evaluación. Mientras que las preguntas de opción múltiple arrojan niveles altos de precisión en los modelos más avanzados, las respuestas abiertas evidencian una disminución considerable en el desempeño promedio. Esta brecha pone de manifiesto que la capacidad de seleccionar una respuesta correcta entre varias alternativas no se traduce automáticamente en la habilidad de construir explicaciones técnicas coherentes y completas. Además, la dificultad aumenta de forma notable cuando las preguntas requieren razonamiento experto, lo que revela limitaciones persistentes en escenarios que demandan conocimiento profundo y contextualizado.

    Asimismo, la incorporación de búsqueda web produce mejoras moderadas en los resultados, con incrementos más visibles en las preguntas abiertas que en las de selección múltiple. No obstante, este apoyo también introduce riesgos asociados a la calidad y pertinencia de las fuentes recuperadas, lo que subraya la importancia de diseñar estrategias de aumento de información cuidadosamente controladas. En este sentido, el uso indiscriminado de información externa puede afectar la confiabilidad de las respuestas, especialmente en ámbitos sensibles a la seguridad y el cumplimiento normativo. Desde una perspectiva metodológica, el proceso de evaluación destaca por el uso de entornos controlados, la repetición de pruebas para medir variabilidad y la aplicación de ponderaciones según el nivel de dificultad de las preguntas. Estas decisiones permiten obtener métricas más representativas del desempeño esperado en funciones laborales específicas, desde perfiles iniciales hasta especialistas con alta experiencia. Además, el aislamiento entre generación de respuestas y calificación contribuye a preservar la integridad del conjunto de datos y evita sesgos derivados del entrenamiento previo.

    En términos de aplicación, los hallazgos sugieren que los modelos de lenguaje pueden ofrecer valor en tareas de apoyo informativo y síntesis técnica, siempre que se integren dentro de marcos de gobernanza que contemplen supervisión experta. La evidencia recopilada también respalda el desarrollo de herramientas aumentadas por dominio y modelos entrenados con conocimiento sectorial, los cuales podrían reducir las brechas observadas en razonamiento avanzado. En suma, la evaluación sistemática orientada al sector eléctrico establece una base sólida para distinguir entre usos apropiados y contextos donde la intervención humana continúa siendo necesaria, contribuyendo así a una adopción más informada y responsable de estas tecnologías.

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    https://www.epri.com/research/products/000000003002034347

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Descripción del semáforo tecnológico

Los documentos se clasifican en varios colores tipo semáforo tecnológico que indican el nivel de implementación de la tecnología en el país

Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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