Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • New Economy Skills: Building AI, Data and Digital Capabilities for Growth

    New Economy Skills: Building AI, Data and Digital Capabilities for Growth

    La aceleración tecnológica contemporánea ha situado a las capacidades en inteligencia artificial, datos y habilidades digitales en el centro de la transformación económica y social. En un contexto donde la innovación avanza a mayor velocidad que los sistemas educativos y laborales, la capacidad de las personas para adaptarse, aprender y aplicar nuevas competencias se ha convertido en un determinante del crecimiento, la competitividad y la resiliencia. Así, el aprovechamiento de tecnologías avanzadas no depende únicamente de su disponibilidad, sino de la preparación de la fuerza laboral para integrarlas de manera efectiva en los procesos productivos y organizacionales. En este escenario, las habilidades digitales no constituyen un bloque homogéneo, sino un conjunto diverso que abarca desde la alfabetización tecnológica hasta competencias especializadas en inteligencia artificial, análisis de datos, programación, ciberseguridad y diseño de experiencias digitales. Estas capacidades no solo resultan necesarias en sectores intensivos en tecnología, sino que progresivamente atraviesan todas las actividades económicas, redefiniendo tareas, roles y expectativas laborales. Al mismo tiempo, la transformación inducida por la inteligencia artificial no implica una sustitución directa del trabajo humano, sino una modificación profunda de la forma en que dichas habilidades se aplican, con mayor énfasis en la supervisión, la interpretación y la toma de decisiones informadas.

    Sin embargo, la expansión de la demanda de estas competencias contrasta con una oferta limitada y desigual. A nivel global persisten brechas significativas en la manera en que los sistemas educativos desarrollan habilidades digitales, tanto entre regiones como dentro de los propios países. La falta de estándares compartidos, la dependencia de marcos definidos por proveedores tecnológicos y la preparación insuficiente del cuerpo docente dificultan una formación coherente y transferible. Como consecuencia, muchas personas adquieren destrezas fragmentadas, poco alineadas con las necesidades reales del mercado laboral, lo que restringe su movilidad y proyección profesional. Igualmente, los empleadores expresan crecientes dificultades para encontrar talento con competencias adecuadas, especialmente en inteligencia artificial y análisis de datos. Aunque la alfabetización tecnológica aparece ampliamente demandada en distintos sectores, las habilidades avanzadas continúan concentrándose en ocupaciones especializadas y en industrias con mayor madurez digital. Esta distribución asimétrica refuerza disparidades sectoriales y limita la difusión de la innovación hacia actividades menos digitalizadas, lo cual podría profundizar brechas económicas existentes.

    Desde la perspectiva del aprendizaje, el desarrollo de habilidades digitales exige trayectorias prolongadas y acumulativas. Si bien el acceso inicial a ciertos conocimientos puede lograrse en periodos relativamente cortos, los niveles avanzados requieren una inversión sostenida de tiempo y práctica. Además, estas competencias no se adquieren de manera aislada, sino que se construyen en interacción con habilidades humanas y organizacionales, como el pensamiento analítico, la resolución de problemas, la colaboración y la comprensión del contexto. En este sentido, la efectividad de las habilidades digitales depende de su integración con capacidades que permiten traducir la tecnología en valor económico y social. Frente a este panorama, surge la necesidad de replantear los enfoques tradicionales de desarrollo, evaluación y reconocimiento de habilidades. Los sistemas basados exclusivamente en certificaciones estandarizadas resultan insuficientes para capturar la naturaleza dinámica y contextual de las competencias digitales. Por ello, se plantea la adopción de mecanismos que combinen evaluaciones prácticas, evidencias de desempeño en situaciones reales y procesos de aprendizaje continuo. Las credenciales portables, modulares y basadas en demostraciones concretas permiten visibilizar capacidades, facilitar la movilidad laboral y fortalecer la confianza entre actores educativos y productivos.

    La inteligencia artificial aparece también como parte de la solución, al ofrecer herramientas para personalizar el aprendizaje, ampliar el acceso y optimizar los procesos de evaluación. No obstante, su implementación efectiva requiere decisiones estratégicas orientadas a las personas, con el fin de asegurar que el desarrollo tecnológico contribuya a sociedades más inclusivas y adaptables. En suma, el fortalecimiento de las habilidades digitales constituye una condición para transformar la innovación en progreso sostenible, siempre que se acompañe de sistemas educativos y laborales capaces de evolucionar al mismo ritmo que la tecnología.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/new-economy-skills-building-ai-data-and-digital-capabilities-for-growth/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_New_Economy_Skills_2025.pdf

  • User-Centric Approach in the digital ecosystem; The User Information System and Smart Customized Services; Concept, definition and services 

    User-Centric Approach in the digital ecosystem; The User Information System and Smart Customized Services; Concept, definition and services 

    El ecosistema digital contemporáneo se caracteriza por una creciente dependencia de servicios basados en datos, inteligencia artificial y automatización, lo que ha transformado la forma en que las personas interactúan con tecnologías, plataformas y proveedores. Sin embargo, este proceso ha estado acompañado por una pérdida progresiva de control por parte de los usuarios sobre su información personal y sobre la manera en que los servicios se configuran y utilizan dichos datos. Frente a este escenario, surge una propuesta que redefine la noción de usuario al concebirlo como un sistema de información persistente, capaz de gestionar preferencias, contexto y decisiones dentro del entorno digital. Desde esta perspectiva, el Sistema de Información del Usuario se entiende como una representación digital activa que integra datos personales, preferencias y conocimiento contextual, permitiendo la creación de servicios personalizados y adaptativos. De esta forma, la personalización deja de limitarse a la interfaz o a ajustes superficiales y pasa a incorporar decisiones sobre el uso, la cesión y la gobernanza de los datos. Además, esta aproximación reconoce la necesidad de equilibrar autonomía individual con eficiencia tecnológica, incorporando mecanismos de inteligencia artificial que actúan como agentes delegados del usuario.

    Asimismo, los Servicios Personalizados Inteligentes se conciben como composiciones dinámicas de microservicios que interactúan con el sistema del usuario bajo principios de desacoplamiento, autonomía y abstracción. Por consiguiente, cada servicio puede operar de manera independiente, responder al contexto y adaptarse a las preferencias definidas, sin depender de estructuras rígidas. Esta lógica favorece entornos digitales más flexibles, donde los servicios se ajustan a situaciones cambiantes y a necesidades específicas, manteniendo una experiencia coherente. Para estructurar esta complejidad, se adopta un enfoque multidimensional que analiza los sistemas digitales a partir de cinco ejes: arquitectura, comunicación, información, función y organización. A través de este modelo, es posible comprender cómo se articulan los componentes técnicos, los flujos de datos, los roles de los actores y las responsabilidades asociadas. De igual manera, la aplicación de preguntas orientadas al contexto y a la trazabilidad de las interacciones permite reforzar la transparencia y la confianza en los procesos automatizados.

    En cuanto a la aplicabilidad práctica, distintos escenarios ilustran el potencial de este enfoque. En la movilidad urbana, por ejemplo, la integración de preferencias personales, datos contextuales y servicios de transporte posibilita itinerarios adaptados a cada situación, considerando variables como tiempo, accesibilidad o impacto ambiental. De forma similar, en el ámbito agrícola, la combinación de sensores, gemelos digitales y análisis predictivo permite apoyar la toma de decisiones del productor, quien conserva la capacidad de definir parámetros y evaluar recomendaciones generadas por sistemas inteligentes. El sector de la salud también se beneficia de esta concepción al facilitar un acceso controlado y contextualizado a la información clínica, lo que mejora procesos de diagnóstico, tratamiento y seguimiento. A ello se suma la aplicación en entornos industriales y de construcción, donde la monitorización de condiciones de seguridad y el uso de dispositivos conectados contribuyen a la protección de las personas en espacios complejos y dinámicos.

    No obstante, la implementación de estos sistemas plantea exigencias normativas y éticas relevantes. La gobernanza de los datos, la protección de la privacidad, la seguridad de la información y la interoperabilidad semántica se presentan como dimensiones inseparables del diseño técnico. En este sentido, el uso de ontologías, estándares de accesibilidad y marcos regulatorios permite garantizar que la personalización no derive en exclusión, opacidad o uso indebido de la información. Esta aproximación promueve una evolución del ecosistema digital hacia modelos más centrados en la persona, donde la tecnología actúa como soporte para la autonomía, la participación y la confianza. Así, la integración de sistemas inteligentes, servicios adaptativos y estructuras de gobernanza coherentes abre la posibilidad de entornos digitales más equilibrados, transparentes y alineados con las expectativas sociales.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.etsi.org/newsroom/press-releases/2606-etsi-publishes-new-technical-report-on-user-centric-frameworks-for-smart-data-driven-digital-ecosystems

    https://www.etsi.org/deliver/etsi_tr/104000_104099/104027/01.01.01_60/tr_104027v010101p.pdf

  • State of ICS/OT Security 2025

    State of ICS/OT Security 2025

    La seguridad en entornos industriales y operacionales atraviesa una etapa de consolidación marcada por avances desiguales y brechas persistentes. En los últimos años se ha observado una mayor formalización de programas de ciberseguridad en sistemas de control industrial, impulsada tanto por el aumento sostenido de incidentes como por la expansión de marcos regulatorios. Sin embargo, esta evolución no ha sido homogénea y continúa revelando tensiones entre detección temprana, capacidad de recuperación y preparación organizacional. Los incidentes cibernéticos en entornos ICS/OT mantienen una frecuencia elevada y generan impactos operativos tangibles. Una proporción significativa de organizaciones ha experimentado eventos que derivaron en interrupciones del servicio, pérdidas económicas y, en algunos casos, riesgos para la seguridad física. Aunque los mecanismos de detección muestran mejoras notables, con una reducción apreciable en los tiempos necesarios para identificar y contener ataques, los procesos de remediación siguen siendo prolongados. Esta asimetría evidencia que identificar una intrusión no equivale necesariamente a restablecer la integridad operativa de forma ágil, lo que amplifica la exposición a consecuencias acumulativas.

    De igual forma, el acceso remoto se consolida como un vector de riesgo recurrente. A pesar de la adopción generalizada de controles básicos, persisten limitaciones en la implementación de capacidades avanzadas orientadas específicamente a entornos industriales. La falta de visibilidad integral sobre los puntos de acceso activos y las restricciones impuestas por sistemas heredados contribuyen a un escenario donde los atacantes encuentran oportunidades sostenidas para la explotación. A ello se suma el crecimiento del uso de servicios en la nube, cuya integración parcial en los esquemas de monitoreo dificulta una supervisión coherente entre los dominios IT y OT. Frente a este contexto, la inteligencia de amenazas especializada emerge como un habilitador relevante para la toma de decisiones defensivas. Las organizaciones que incorporan información contextualizada sobre tácticas y tendencias adversarias tienden a ajustar sus prioridades, fortaleciendo la segmentación, la supervisión de activos y los mecanismos de detección. No obstante, la participación activa en esquemas de intercambio de información sigue siendo limitada, lo que reduce el potencial colectivo de anticipación frente a amenazas emergentes.

    La regulación actúa como un catalizador de madurez organizacional. Las entidades sujetas a requisitos obligatorios no necesariamente reportan menos incidentes, aunque sí exhiben impactos financieros y operativos más contenidos. Este efecto se explica, en parte, por una mayor visibilidad ejecutiva, inversiones más consistentes y una integración más sistemática de la ciberseguridad en los procesos formales. Aun así, el cumplimiento normativo no garantiza por sí solo una preparación integral, especialmente cuando la resiliencia y la recuperación no reciben la misma atención que la detección. La preparación frente a amenazas futuras revela una división marcada entre organizaciones. Mientras algunas demuestran una aproximación transversal que involucra a equipos técnicos, ingeniería y personal de campo, otras mantienen ejercicios limitados a funciones de seguridad. La inclusión de operadores y técnicos en actividades de simulación se asocia con mayores niveles de confianza organizacional y una comprensión más realista del impacto que un incidente puede tener sobre la seguridad y la continuidad del proceso.

    Desde una perspectiva tecnológica, las inversiones recientes y proyectadas reflejan una priorización de la visibilidad de activos, el acceso remoto seguro y las capacidades de detección. Sin embargo, prácticas más avanzadas, como la caza proactiva de amenazas y los ejercicios de emulación controlada de ataques, siguen teniendo una adopción reducida. Esta situación refuerza la idea de que la madurez no depende únicamente de herramientas, sino de su integración efectiva con procesos, personas y métricas que permitan evaluar resultados. El panorama actual muestra progresos relevantes, aunque insuficientes para enfrentar un entorno de amenazas cada vez más sofisticado. Reducir los tiempos de detección representa un avance, pero sin una recuperación eficiente y una cultura organizacional alineada, la exposición persiste. El desafío reside en cerrar las brechas existentes, especialmente en los niveles operativos más cercanos al proceso físico, y en transformar la ciberseguridad industrial en una capacidad integrada a la toma de decisiones diarias.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.sans.org/white-papers/state-of-ics-ot-security-2025

  • Jobs and Skills for the New Economy: An Action Agenda for a People-Centered Climate Transition

    Jobs and Skills for the New Economy: An Action Agenda for a People-Centered Climate Transition

    La transición hacia una economía baja en carbono no solo implica cambios tecnológicos, sino también transformaciones profundas en el mundo laboral. La necesidad de reducir emisiones y avanzar hacia modelos sostenibles exige repensar la manera en que se generan empleos, se distribuyen oportunidades y se desarrollan competencias. En este contexto, resulta evidente que la dimensión social debe ocupar un lugar central, pues sin inclusión y justicia distributiva cualquier avance ambiental corre el riesgo de ser limitado.

    En primer lugar, la creación de nuevos puestos vinculados a energías renovables, eficiencia energética y gestión de recursos abre posibilidades para millones de personas. Sin embargo, no basta con generar ocupaciones, es indispensable garantizar que estas sean dignas, con condiciones laborales adecuadas y con acceso equitativo para mujeres, jóvenes y comunidades históricamente marginadas. De esta manera, la transición se convierte en una oportunidad para corregir desigualdades estructurales y fortalecer la cohesión social.

    Además, el cambio productivo requiere un esfuerzo coordinado en materia de formación. Las competencias tradicionales se ven desafiadas por la irrupción de tecnologías digitales, sistemas inteligentes y nuevas formas de organización del trabajo. Por ello, la educación técnica y profesional debe adaptarse, integrando contenidos relacionados con sostenibilidad, innovación y participación comunitaria. A través de programas de capacitación flexibles y accesibles, se puede facilitar la movilidad laboral y evitar que amplios sectores queden rezagados.

    Asimismo, la articulación entre instituciones públicas, empresas privadas y organizaciones sociales resulta determinante para que las políticas de empleo respondan a las necesidades reales de las comunidades. Cuando los gobiernos diseñan estrategias de transición energética, es imprescindible que incluyan mecanismos de diálogo social, de modo que trabajadores y sindicatos participen en la definición de prioridades. De esta forma, se construye confianza y se asegura que las medidas no sean percibidas como imposiciones externas, sino como procesos compartidos.

    Por otro lado, la financiación de proyectos verdes debe contemplar criterios sociales. No se trata únicamente de invertir en infraestructura, sino de garantizar que los recursos lleguen a territorios donde la pobreza y la falta de oportunidades son más evidentes. Al dirigir fondos hacia iniciativas locales, se promueve el desarrollo endógeno y se fortalece la resiliencia comunitaria frente a los impactos del cambio climático.

    En este sentido, la transición energética se convierte en un espacio para innovar en políticas públicas. La incorporación de instrumentos de protección social, como seguros de desempleo o programas de reconversión laboral, permite que quienes pierden su empleo en sectores fósiles encuentren alternativas viables. Así, se evita que la transición genere exclusión y se transforma en un proceso de justicia social.

    De igual manera, la dimensión cultural no puede ser ignorada. La aceptación de nuevas tecnologías y prácticas sostenibles depende de la capacidad de las comunidades para apropiarse de ellas. Por eso, la comunicación clara y la educación ambiental son esenciales. Cuando las personas comprenden los beneficios de la transición y se sienten parte activa de ella, la resistencia disminuye y la innovación se expande con mayor rapidez.

    Finalmente, la construcción de una economía verde requiere visión de largo plazo. No basta con políticas aisladas; se necesita una estrategia coherente que integre empleo, educación, financiamiento y participación ciudadana. Solo así se logra que la transición climática sea realmente centrada en las personas, capaz de generar prosperidad compartida y de responder a los desafíos ambientales de nuestro tiempo.

    En conclusión, el futuro del trabajo en la nueva economía depende de la capacidad de articular sostenibilidad con justicia social. La generación de empleos dignos, la formación adecuada, la inclusión de comunidades vulnerables y la coordinación institucional son elementos que, unidos, permiten avanzar hacia un modelo más equitativo. La transición climática, entendida de esta manera, no es únicamente un reto tecnológico, sino una oportunidad para redefinir el contrato social y construir sociedades más resilientes y solidarias.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.wri.org/research/jobs-skills-new-economy-action-agenda

    https://files.wri.org/d8/s3fs-public/2025-12/jobs-and-skills-for-the-new-economy-an-action-agenda-for-a-people-centered-climate-transition.pdf

  • Advancing Women’s Economic Agency in Yemen: Addressing Gender Norms

    Advancing Women’s Economic Agency in Yemen: Addressing Gender Norms

    La situación de las mujeres en Yemen refleja cómo los conflictos prolongados y las normas de género restrictivas se entrelazan para limitar las oportunidades económicas y sociales. La persistencia de expectativas tradicionales sobre el rol femenino ha reducido la participación laboral y ha incrementado la exposición a la violencia basada en género. Sin embargo, en medio de estas restricciones también emergen transformaciones que pueden ser aprovechadas para impulsar cambios sostenibles. Las normas de género actúan como reglas no escritas que definen lo que se considera aceptable para mujeres y hombres. En Yemen, estas normas han consolidado relaciones de poder desiguales, restringiendo la movilidad femenina y condicionando su acceso a servicios básicos. Al mismo tiempo, algunos espacios muestran señales de apertura, como la aceptación creciente de mujeres en la educación y en ciertos sectores urbanos, lo que abre posibilidades para ampliar su agencia económica.

    El conflicto ha intensificado las barreras, pero también ha generado nuevas dinámicas. La necesidad de cubrir vacíos en el mercado laboral ha permitido que algunas mujeres asuman responsabilidades fuera del hogar, lo que ha modificado percepciones en determinados grupos sociales. No obstante, estas oportunidades suelen estar acompañadas de riesgos, como el acoso en el lugar de trabajo o durante los desplazamientos, lo que desalienta la continuidad en los empleos. Tres normas específicas ilustran la complejidad del contexto. En primer lugar, se mantiene la idea de que trabajar fuera del hogar es socialmente inaceptable para las mujeres, aunque en sectores como la educación o en familias urbanas más abiertas se observa mayor aceptación. En segundo lugar, se espera que las mujeres, incluso cuando tienen empleo, mantengan la totalidad de las responsabilidades domésticas, lo que genera una carga difícil de sostener y aumenta la probabilidad de violencia o rechazo social si no cumplen con esas expectativas. En tercer lugar, se considera inapropiado que las mujeres denuncien acoso sexual, pues hacerlo puede acarrear consecuencias negativas como estigmatización o pérdida de reputación. Aun así, existen espacios laborales que han comenzado a implementar mecanismos de protección y denuncia, lo que representa un avance.

    La evidencia muestra que las normas de género no son homogéneas ni estáticas. En algunos lugares, hombres jóvenes y familias urbanas han empezado a compartir tareas domésticas y a apoyar la participación femenina en el trabajo. Estos cambios, aunque incipientes, ofrecen oportunidades para diseñar intervenciones que refuercen las actitudes positivas y reduzcan las prácticas dañinas. Los sectores de educación, salud, transporte y protección social presentan retos particulares. En educación, la distancia y la inseguridad limitan la disposición de mujeres para trabajar en zonas rurales, aunque la docencia es socialmente aceptada. En salud, las trabajadoras enfrentan acoso y las mujeres que buscan servicios relacionados con violencia de género suelen ser desalentadas por estigmas. En transporte, la segregación ocupacional restringe el acceso de mujeres a puestos mejor remunerados, mientras que en protección social se identifican oportunidades para fortalecer la toma de decisiones de las mujeres sobre ingresos y prioridades familiares.

    Las recomendaciones apuntan a integrar enfoques sensibles al género en proyectos de desarrollo. Se sugiere ampliar los servicios de apoyo contra la violencia, adaptar programas de participación masculina para fomentar la corresponsabilidad en el cuidado, y financiar organizaciones lideradas por mujeres que promuevan la igualdad. Además, se plantea la necesidad de protocolos claros contra el acoso y de mecanismos de denuncia accesibles. La transformación de las normas de género en Yemen requiere intervenciones que reconozcan tanto las barreras como los espacios de cambio. Aprovechar las actitudes positivas emergentes, reducir las prácticas restrictivas y garantizar entornos seguros permitirá avanzar hacia una sociedad más equitativa, donde las mujeres puedan participar plenamente en la vida económica y social.

    Para leer más ingrese a:

    https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/56f033ae-b062-46d5-a934-c8a6e1159d0b

    https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/66353355-6bc3-4245-901e-b973ebd69b91/content

  • Rooted: Agriculture Rooted in Biodiversity

    Rooted: Agriculture Rooted in Biodiversity

    La biodiversidad constituye la base de los sistemas agrícolas y de los servicios ecosistémicos que los sostienen. Sin ella, la productividad y la resiliencia de los cultivos se verían comprometidas, afectando tanto la seguridad alimentaria como la capacidad de los países para enfrentar el cambio climático. Por esta razón, se plantea la necesidad de proteger la biodiversidad en paisajes naturales y agrícolas, reconociendo que ambos espacios están interconectados y que su conservación es indispensable para garantizar la sostenibilidad de la producción de alimentos en las próximas décadas. El análisis de la distribución espacial de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos revela que el desarrollo agrícola y el cambio climático ejercen presiones crecientes sobre áreas naturales y seminaturales. Estas presiones generan riesgos de pérdida de especies y de degradación de funciones ecológicas esenciales, como la polinización, la regulación hídrica y la fertilidad de los suelos. Al mismo tiempo, se observa que las zonas con mayor riqueza biológica suelen coincidir con territorios donde la expansión agrícola es más intensa, lo que incrementa la vulnerabilidad de los ecosistemas.

    Las prácticas agrícolas insostenibles se identifican como motores directos de la pérdida de biodiversidad. El uso excesivo de agroquímicos, la deforestación para ampliar la frontera agrícola y la sobreexplotación de recursos hídricos deterioran los ecosistemas y reducen su capacidad de sostener la producción. Estas dinámicas no solo afectan a nivel local, sino que se extienden a escalas regionales y globales, comprometiendo la estabilidad de los sistemas alimentarios. La degradación de los servicios ecosistémicos repercute en la productividad agrícola y en la capacidad de los países para responder a la creciente demanda de alimentos. Frente a este panorama, se destacan prácticas agrícolas sostenibles que pueden mitigar la pérdida de biodiversidad e incluso favorecer su recuperación. Entre ellas se encuentran la agroforestería, la rotación de cultivos, la agricultura orgánica y el manejo integrado de plagas. Estas estrategias permiten reducir la presión sobre los ecosistemas, mejorar la calidad de los suelos y fortalecer la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a fenómenos climáticos extremos. Además, la adopción de estas prácticas contribuye a diversificar las fuentes de ingreso de los agricultores y a generar beneficios ambientales de largo plazo.

    El vínculo entre los apoyos agrícolas y la biodiversidad resulta especialmente relevante. La evidencia muestra que ciertos tipos de subsidios y políticas de apoyo han incentivado prácticas que dañan la biodiversidad, mientras que otros han promovido la conservación y el uso sostenible de los recursos. La relación entre el número de especies amenazadas y los esquemas de apoyo agrícola pone de manifiesto la necesidad de reformar estos instrumentos, orientándolos hacia la sostenibilidad y la protección de los ecosistemas. En este sentido, se proponen recomendaciones de política e inversión que buscan transformar los sistemas agrícolas. Se plantea la importancia de reformar los subsidios para que favorezcan prácticas sostenibles, invertir en restauración de ecosistemas y promover la adopción de tecnologías que reduzcan el impacto ambiental de la agricultura. Asimismo, se subraya la necesidad de fortalecer la cooperación internacional y de alinear las políticas nacionales con los compromisos asumidos en foros globales como la COP 15.

    La integración de la biodiversidad en las políticas agrícolas no solo responde a una exigencia ambiental, sino también a una estrategia para garantizar dietas saludables y seguras. Al proteger los ecosistemas, se asegura la disponibilidad de alimentos nutritivos y se mejora la calidad de vida de las poblaciones. Además, se generan condiciones para que los agricultores puedan adaptarse a un entorno cambiante, reduciendo riesgos y aumentando oportunidades de desarrollo. La protección y restauración de la biodiversidad en los sistemas agrícolas es indispensable para enfrentar los retos de seguridad alimentaria, sostenibilidad y resiliencia climática. La adopción de prácticas sostenibles, la reforma de apoyos agrícolas y la inversión en conservación constituyen caminos necesarios para transformar la agricultura en una actividad capaz de sostener la vida y el bienestar de las generaciones futuras.

    Para leer más ingrese a:

    https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/615b812d-e9f4-4bad-b6f0-47c4ba1e3efd

    https://openknowledge.worldbank.org/bitstreams/baf6182d-e811-4235-b474-aeff7cbff3e8/download

  • Gateway to Green Energy: Moroccan Ports as Hubs for Hydrogen Fuel Development and Trade

    Gateway to Green Energy: Moroccan Ports as Hubs for Hydrogen Fuel Development and Trade

    La transición energética en Marruecos se ha convertido en un eje estratégico para redefinir su modelo de desarrollo y posicionarse como referente regional en combustibles verdes. El país ha aprovechado su abundante potencial en energías renovables, especialmente solar y eólica, para proyectar una economía capaz de responder a los retos del cambio climático y a la creciente demanda mundial de energía limpia. A través de esta apuesta, se busca no solo reducir la dependencia de los combustibles fósiles, sino también abrir nuevas oportunidades de exportación hacia Europa y otros mercados internacionales.

    El despliegue de infraestructuras portuarias, como las de Tánger Med y otras instalaciones en la costa atlántica, se plantea como un elemento decisivo para conectar la producción nacional de hidrógeno verde con las cadenas globales de suministro. Estas plataformas logísticas permiten integrar la generación de energía renovable con corredores de transporte marítimo, lo que refuerza la capacidad del país para convertirse en proveedor de combustibles sostenibles para la industria y el transporte internacional. Además, la articulación entre puertos, zonas industriales y marcos regulatorios transparentes favorece la atracción de inversión extranjera y la consolidación de alianzas estratégicas.l desarrollo de combustibles verdes también se vincula con la necesidad de fortalecer la soberanía energética. Marruecos ha dependido históricamente de la importación de hidrocarburos, lo que ha generado vulnerabilidades económicas y fiscales. La diversificación hacia fuentes renovables y la producción de hidrógeno verde permiten reducir riesgos asociados a la volatilidad de los precios internacionales y, al mismo tiempo, impulsar un modelo más resiliente frente a crisis externas. En este sentido, la transición energética se integra con políticas de gestión del agua y de modernización agrícola, buscando un equilibrio entre sostenibilidad ambiental y seguridad económica.

    Sin embargo, el proceso enfrenta desafíos significativos. Informes recientes señalan que, aunque las metas de transición son ambiciosas, persisten brechas en infraestructura, financiamiento y coordinación institucional. La velocidad de implementación no siempre corresponde con los objetivos planteados para 2035, lo que exige un esfuerzo adicional en planificación y ejecución. Asimismo, la necesidad de capacitar mano de obra especializada y de fomentar programas de formación técnica se vuelve indispensable para sostener el crecimiento de este nuevo sector. La dimensión fiscal también juega un papel relevante. El gobierno ha introducido medidas en sus presupuestos para incentivar la adopción de energías renovables y reducir la dependencia de combustibles fósiles. Estas políticas buscan estimular la inversión privada y garantizar que los proyectos de hidrógeno verde y otros combustibles sostenibles cuenten con un marco económico atractivo. A través de incentivos tributarios y esquemas de financiamiento, se pretende acelerar la transición y consolidar un ecosistema energético competitivo.

    La estrategia marroquí se inscribe en un contexto regional más amplio, donde los países del norte de África enfrentan presiones crecientes por el cambio climático y la necesidad de diversificar sus economías. Marruecos destaca por haber colocado la energía renovable en el centro de su modelo de desarrollo, vinculándola con la resiliencia agrícola y la gestión de recursos hídricos. Esta visión integrada permite proyectar un futuro en el que la sostenibilidad no se limita al sector energético, sino que se extiende a la totalidad de la economía. La apuesta por los combustibles verdes en Marruecos representa una oportunidad para transformar su estructura productiva, reducir vulnerabilidades externas y consolidar un liderazgo regional en la transición energética. El éxito dependerá de la capacidad de cerrar las brechas existentes, fortalecer la formación de capital humano y garantizar una implementación coherente de las políticas fiscales y regulatorias. Si se logra avanzar en estos frentes, el país podrá convertirse en un actor relevante en el suministro global de energía limpia, contribuyendo al mismo tiempo a la construcción de un modelo de desarrollo más sostenible y resiliente.

    Para leer más ingrese a:

    https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/c1c4c4f8-649f-4907-950a-0119108b869f

    https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/5b44d099-6ebc-42ae-82f6-6e43ddb71464/content

  • Social Mobility and Inequality in Latin America and the Caribbean Insights from Education and Skills

    Social Mobility and Inequality in Latin America and the Caribbean Insights from Education and Skills

    La realidad social y económica de América Latina y el Caribe se caracteriza por avances significativos en la reducción de la pobreza, pero también por la persistencia de profundas desigualdades que limitan la movilidad social. A lo largo de las últimas décadas, millones de personas han mejorado sus condiciones de vida, sin embargo, la región continúa siendo la más desigual del mundo. El ingreso del 10% más rico multiplica por doce el del 10% más pobre, lo que refleja una brecha que condiciona el acceso a oportunidades y perpetúa diferencias intergeneracionales. En este contexto, la educación se presenta como el motor más poderoso para transformar las estructuras sociales. La cobertura en la educación primaria alcanza casi la universalidad, con más del 97% de niños matriculados. No obstante, al avanzar hacia niveles superiores, la trayectoria se interrumpe: más de un tercio de los jóvenes no concluye la secundaria antes de los 23 años y apenas una cuarta parte logra finalizar estudios terciarios, cifra muy por debajo del promedio de países de la OCDE. Esta situación se traduce en un déficit de capital humano que limita la productividad y restringe las posibilidades de movilidad ascendente.

    Los resultados de evaluaciones internacionales como PISA y PIAAC muestran con claridad la magnitud de los desafíos. En PISA 2022, tres de cada cuatro estudiantes no alcanzaron el nivel mínimo de competencia en matemáticas, mientras que más de la mitad tampoco logró superar los estándares básicos en lectura y ciencias. En el caso de los adultos, más de la mitad se ubicó en los niveles más bajos de alfabetización y una proporción considerable carece de habilidades digitales elementales. Estas carencias no solo afectan la capacidad de participar en economías cada vez más tecnológicas, sino que también refuerzan la transmisión intergeneracional de la desigualdad. La influencia del nivel educativo de los padres sobre el desempeño de los hijos es especialmente marcada en países como Chile y Perú, donde las diferencias en puntuaciones de alfabetización superan los 50 puntos respecto al promedio de la OCDE. Este patrón evidencia cómo las condiciones de origen determinan las oportunidades futuras, consolidando un círculo difícil de romper. Además, la baja calidad educativa se refleja en la inserción laboral: gran parte de la población se concentra en empleos informales, con bajos ingresos y escasa protección social, lo que incrementa la vulnerabilidad de los hogares.

    Otro aspecto relevante es la distancia entre las aspiraciones juveniles y la realidad del mercado laboral. Una proporción significativa de estudiantes espera desempeñarse en ocupaciones de alta jerarquía, pero la demanda efectiva de estas posiciones es mucho menor. Esta desalineación se vincula con el contexto socioeconómico, pues los jóvenes de menores recursos muestran mayores niveles de expectativas poco realistas. La falta de orientación vocacional adecuada y de experiencias directas con el mundo del trabajo contribuye a ampliar esta brecha. Frente a este panorama, la formación técnica y profesional aparece como una alternativa estratégica para mejorar la transición hacia el empleo. Sin embargo, la matrícula en programas de educación vocacional en la región sigue siendo reducida en comparación con otros países, y la participación en aprendizaje a lo largo de la vida es mínima. En países como México y Ecuador, más del 60% de los adultos se encuentra desvinculado de procesos de capacitación, lo que limita la actualización de competencias en un entorno laboral cambiante.

    La inversión pública en educación también resulta insuficiente. Mientras los países de la OCDE destinan en promedio el 5% del PIB, en América Latina y el Caribe la cifra ronda el 3,8%. Además, ningún país ha alcanzado el umbral de gasto acumulado por estudiante que se asocia con mejoras sostenidas en el rendimiento académico. Esto indica que no solo se requiere aumentar los recursos, sino también utilizarlos de manera más eficiente, orientándolos hacia la calidad y la equidad. Las recomendaciones de política se centran en cuatro ejes. Primero, incrementar y optimizar la inversión educativa, asegurando que los recursos se traduzcan en mejores aprendizajes. Segundo, reducir las tasas de abandono escolar mediante estrategias de prevención y reinserción, además de ampliar el acceso a la educación superior con apoyos financieros adecuados. Tercero, fortalecer los sistemas de formación técnica y profesional, incorporando experiencias de aprendizaje en el trabajo que faciliten la inserción laboral. Cuarto, consolidar servicios de orientación vocacional que ofrezcan apoyo intensivo a estudiantes de bajos ingresos, compensando las limitaciones de capital social y cultural en sus familias.

    La región enfrenta un desafío estructural: transformar la educación y las habilidades en verdaderos instrumentos de movilidad social. Si se logra avanzar en calidad, equidad y pertinencia, se abrirá la posibilidad de construir sociedades más inclusivas, democracias más sólidas y economías capaces de aprovechar el talento de todos sus ciudadanos.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/social-mobility-and-inequality-in-latin-america-and-the-caribbean_428fa0a6-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2025/12/social-mobility-and-inequality-in-latin-america-and-the-caribbean_8f724a1b/428fa0a6-en.pdf

  • Turning Challenge into Opportunity: Supplier Voices from Heavy-Emitting Sectors

    Turning Challenge into Opportunity: Supplier Voices from Heavy-Emitting Sectors

    La descarbonización de los sectores intensivos en emisiones enfrenta un momento decisivo en el que las aspiraciones climáticas chocan con realidades operativas, financieras e institucionales. En industrias como movilidad pesada y materiales básicos, la transición hacia tecnologías de bajas emisiones no depende únicamente de avances técnicos, sino de la capacidad de los proveedores para escalar soluciones en entornos marcados por incertidumbre regulatoria, mercados incipientes e infraestructura insuficiente. Desde esta perspectiva, la experiencia de quienes desarrollan y suministran estas tecnologías revela tensiones estructurales que condicionan el ritmo del cambio. En los sectores de movilidad, la presión por reducir emisiones coincide con un crecimiento sostenido de la demanda. En la aviación, por ejemplo, los combustibles sostenibles emergen como una alternativa viable frente a los límites tecnológicos actuales de otras opciones, aunque su adopción avanza lentamente debido a cuellos de botella fuera del proceso productivo. A pesar de los avances en plantas de producción, persisten obstáculos en la integración con sistemas de transporte, almacenamiento, mezcla y certificación. Esta fragmentación de la cadena logística incrementa costos, reduce competencia y expone a los productores a riesgos que dificultan asegurar contratos estables de suministro.

    Una dinámica similar se observa en el transporte marítimo, donde la viabilidad de combustibles como el e-metanol o el amoníaco bajo en carbono depende menos de la madurez tecnológica y más de la existencia de compromisos de compra a largo plazo. La ausencia de señales de demanda sólidas limita el acceso a financiamiento y retrasa decisiones de inversión. Frente a este escenario, los acuerdos de suministro con reparto de riesgos adquieren relevancia como herramientas para reducir la exposición al riesgo regulatorio, estabilizar flujos de ingresos y facilitar la construcción de infraestructura asociada. Además, mecanismos complementarios, como los contratos por diferencia o esquemas de agregación de demanda, surgen como formas de cerrar la brecha entre los costos actuales de los combustibles limpios y los precios de referencia de los combustibles convencionales. En el transporte terrestre pesado, la electrificación gana terreno como la opción más eficiente desde el punto de vista energético, impulsada por mejoras en baterías, electrónica de potencia y capacidades de carga rápida. Sin embargo, el despliegue masivo enfrenta limitaciones que van más allá del vehículo. La disponibilidad de infraestructura de carga, los tiempos de conexión a la red y la gestión operativa de flotas influyen directamente en la rentabilidad de estas inversiones. De hecho, la productividad de los activos se convierte en un determinante central del costo total de propiedad, de modo que la electrificación resulta viable cuando los camiones mantienen altos niveles de utilización y operan en rutas predecibles.

    En los sectores de materiales, las barreras adoptan otras formas. En industrias como el cemento, el acero o el aluminio, la innovación tecnológica avanza más rápido que la capacidad del mercado para absorber productos con mayores costos iniciales. La falta de estándares armonizados, la volatilidad de las señales de precio y las prácticas tradicionales de compra dificultan la comercialización de materiales con menor huella de carbono. A esto se suma la complejidad de financiar proyectos intensivos en capital en ausencia de contratos de largo plazo o políticas estables que reduzcan la percepción de riesgo. A lo largo de estos sectores, emergen desafíos compartidos. La necesidad de infraestructura adecuada, acceso a capital paciente, marcos regulatorios coherentes y mecanismos de mercado que reconozcan el valor ambiental de las nuevas tecnologías aparece de forma recurrente. Asimismo, la coordinación entre productores, compradores, autoridades públicas y entidades financieras se presenta como una condición para transformar proyectos piloto en soluciones escalables.

    En este contexto, las voces de los proveedores revelan que la transición industrial no avanza de manera lineal. Más bien, se construye a partir de ajustes incrementales, aprendizaje operativo y arreglos contractuales que permiten repartir riesgos en fases tempranas. La conversión de desafíos en oportunidades depende, por tanto, de crear entornos donde la innovación tecnológica pueda traducirse en modelos de negocio viables, capaces de sostener la descarbonización de sectores que resultan indispensables para la economía global.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/turning-challenge-into-opportunity-supplier-voices-from-heavy-emitting-sectors/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Turning_Challenge_into_Opportunity_2025.pdf

  • Climate and Competitiveness: Border Carbon Adjustments in Action

    Climate and Competitiveness: Border Carbon Adjustments in Action

    La expansión de los mecanismos de ajuste de carbono en frontera está reconfigurando la relación entre política climática, comercio internacional y competitividad empresarial. A medida que los esquemas de fijación de precios al carbono se consolidan en múltiples economías, las emisiones incorporadas en los bienes comercializados dejan de ser un asunto exclusivamente doméstico y pasan a convertirse en un criterio relevante para el acceso a los mercados. En este contexto, los ajustes de carbono en frontera surgen como una extensión de los sistemas nacionales de precios al carbono, con el objetivo de igualar las condiciones entre la producción interna y las importaciones, al tiempo que se reduce el riesgo de relocalización de emisiones hacia jurisdicciones con regulaciones más laxas.

    Este nuevo entorno introduce tensiones evidentes. Por un lado, refuerza la ambición climática al evitar que las políticas internas erosionen la competitividad de las industrias expuestas al comercio. Por otro, incrementa la complejidad regulatoria, fragmenta los marcos normativos y eleva los costos administrativos para las empresas que operan a lo largo de cadenas de valor globales. La coexistencia de distintos diseños, alcances sectoriales y metodologías de medición genera un panorama incierto, especialmente para las economías emergentes con estructuras productivas intensivas en carbono. El mecanismo europeo de ajuste de carbono en frontera representa un punto de inflexión, dado que establece obligaciones concretas de reporte y, posteriormente, pagos asociados a las emisiones incorporadas en productos importados. Durante su fase transitoria, el énfasis recae en la recopilación y verificación de datos, lo que ha puesto en primer plano la necesidad de sistemas robustos de medición, reporte y verificación. A partir de la plena implementación, las señales económicas se volverán más nítidas, influyendo directamente en las decisiones de inversión, localización productiva y abastecimiento.

    Desde una perspectiva ambiental, estos mecanismos buscan limitar la fuga de emisiones asociada al comercio internacional. La evidencia disponible sugiere que, sin instrumentos en frontera, parte de las reducciones logradas por los precios internos al carbono se diluyen a través de mayores importaciones de bienes con alta intensidad de emisiones. Al extender el costo del carbono a las importaciones, se reduce esta distorsión y se refuerza el efecto neto de las políticas climáticas. Al mismo tiempo, se introducen incentivos para que productores extranjeros reduzcan la intensidad de carbono de sus procesos si desean mantener su posición en mercados regulados. En el plano económico, los ajustes en frontera alteran los patrones de competitividad. Sectores como acero, cemento, minería, energía y manufacturas intermedias enfrentan presiones inmediatas, tanto por los costos asociados como por las exigencias de transparencia. Sin embargo, la respuesta empresarial no se limita al cumplimiento mínimo. En distintos contextos, las compañías están incorporando precios internos al carbono, fortaleciendo la trazabilidad de emisiones a lo largo de la cadena de suministro y reorientando inversiones hacia tecnologías de menor intensidad de carbono. Estas estrategias permiten anticipar riesgos, reducir la exposición futura a costos regulatorios y mejorar el posicionamiento en mercados sensibles al desempeño ambiental.

    Las cadenas de suministro adquieren un papel determinante en este proceso. La necesidad de datos primarios sobre emisiones ha impulsado nuevas formas de colaboración entre empresas y proveedores, así como la actualización de contratos para incluir obligaciones de reporte y desempeño ambiental. Al mismo tiempo, la digitalización de la contabilidad de carbono se consolida como una herramienta para gestionar la complejidad regulatoria y responder a requisitos crecientes de divulgación. No obstante, el impacto no es homogéneo. Las empresas de menor tamaño, particularmente en economías en desarrollo, enfrentan mayores barreras técnicas y financieras para adaptarse, lo que plantea riesgos de exclusión de mercados internacionales. De ahí la importancia de mecanismos de apoyo, cooperación internacional y acceso a financiamiento verde que permitan una transición más equilibrada.

    Los ajustes de carbono en frontera están acelerando la integración entre clima y competitividad. Lejos de ser únicamente un instrumento correctivo, están redefiniendo las reglas del comercio global y empujando a las empresas a incorporar la descarbonización en el centro de su estrategia. Aquellas organizaciones que internalicen tempranamente estas señales regulatorias estarán mejor preparadas para operar en una economía donde el desempeño climático y la viabilidad comercial se encuentran cada vez más entrelazados.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/climate-and-competitiveness-border-carbon-adjustments-in-action/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Climate_and_Competitiveness_Border_Carbon_Adjustments_in_Action_2025.pdf

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Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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