El auge de los macrodatos ha llegado en dos partes. En primer lugar, los propios sensores son cada vez más ubicuos y potentes. Desde los datos de teledetección de alta resolución hasta los datos anónimos de teléfonos móviles, es posible rastrear el movimiento de los flujos de personas a través de una ciudad y comprender una gama cada vez más amplia de fenómenos, desde los patrones de movilidad hasta la segregación social y las disparidades en la prestación de servicios básicos, como el abastecimiento de agua y el saneamiento. Muchas organizaciones están ayudando a aprovechar estos datos en beneficio común. Desde hace algunos años, ONU-Hábitat promueve el uso de datos de transporte de fácil adquisición para mejorar los servicios de movilidad de las personas, desde los patrones de movilidad hasta la segregación social. En una investigación reciente, el MIT ha descubierto que los acelerómetros integrados en los teléfonos móviles son lo bastante sensibles como para detectar las vibraciones de los puentes, creando un sistema de alerta temprana de bajo costo para detectar daños estructurales. Con sensores especializados, cada vez más baratos, podemos medir datos medioambientales y capacitar mejor a las ciudades para hacer frente a la crisis climática. En segundo lugar, se está experimentando una revolución del software que es proporcional al nuevo hardware. El auge de la inteligencia artificial (IA) no está permitiendo analizar los grandes datos con la misma rapidez con la que se reciben. La IA podrá clasificar todos los vehículos de una carretera, lo que permitirá a las ciudades seguir las pautas del tráfico y determinar si un nuevo carril bici funciona. Sin embargo, la combinación de detección ubicua e IA plantea peligrosas posibilidades de vigilancia, lo que significa que se debe desarrollar rápidamente normas sólidas en torno a la ética y la privacidad para unas ciudades más centradas en las personas, sin tener miedo a las nuevas posibilidades.
Este informe es un completo manual para los gobiernos municipales y sus socios. Invita al lector a imaginar escenarios futuros y a abordar problemas enojosos y aparentemente insolubles de la gobernanza urbana. Se pueden encontrar innumerables patrones, flujos invisibles de información que se puede redirigir hacia un futuro mejor para todos, incluidos los pobres y vulnerables. Con el análisis de big data, se podría cuantificar qué elementos de la infraestructura social de una ciudad contribuyen a la segregación y cuáles a la integración y a una mejor prestación de servicios para todos. Los gobiernos podrían comprobar la eficacia de ubicar una clínica de salud comunitaria en un lugar concreto, identificar los edificios que consumen energía en exceso o mejorar el funcionamiento del transporte público, reduciendo los tiempos de espera y de viaje, y tomar medidas para contrarrestar la propagación de epidemias. Se espera que este informe sea útil para todos los que se dedican a hacer que las ciudades sean más vibrantes, inclusivas y climáticamente inteligentes. Este informe ofrece una visión de los datos existentes y de cómo las ciudades pueden dar los mejores pasos para aprovecharlos al máximo.
Esta breve guía está dirigida a autoridades municipales, defensores y agentes del cambio. Ofrece un recorrido por el ecosistema de los datos urbanos y una visión general de algunas de las formas de desarrollar políticas de datos y capacidades adecuadas a las necesidades de los muy diversos contextos urbanos de todo el mundo. Hay mucho margen para el optimismo y la creatividad. Las nuevas tecnologías generan nuevos conocimientos en tiempo real sobre el uso que los ciudadanos hacen de las ciudades y lo que necesitan de quienes las gestionan, desarrollan y financian. La rápida aceleración de las capacidades informáticas impulsada por la IA está mejorando la capacidad de previsión y predicción de los datos urbanos. Sin embargo, las ciudades, ya sean grandes o pequeñas, con recursos o presupuesto limitados, necesitan apoyo para traducir la promesa de los datos urbanos en ideas y servicios adaptados a sus condiciones únicas. Y para alcanzar un enfoque sistémico, las lagunas de datos sobre cuestiones críticas siguen siendo demasiado numerosas: productividad local, sostenibilidad, preparación para el cambio climático, capacidad fiscal y financiera, inclusión y gobernanza.
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