Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Assessing Electricity System Flexibility Needs in the European Union – A guide for practitioners on Articles 7-10 of the FNA methodology

    Assessing Electricity System Flexibility Needs in the European Union – A guide for practitioners on Articles 7-10 of the FNA methodology

    El informe Assessing Electricity System Flexibility Needs in the European Union, elaborado por David Pozo Camara y Jelena Landeka para el Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea y publicado en 2026, ofrece una guía práctica dirigida a reguladores, operadores de sistema y analistas de política energética que deben implementar la metodología de Evaluación de Necesidades de Flexibilidad (FNA), aprobada por la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de Energía (ACER) como Anexo I de su Decisión N.º 05/2025, del 25 de julio de ese año. Esta metodología nace del artículo 19e del Reglamento (UE) 2019/943, incorporado por la reforma del diseño del mercado eléctrico (Reglamento UE 2024/1747), que exige a cada Estado miembro fijar objetivos nacionales indicativos de flexibilidad no fósil cada dos años, con un horizonte de al menos cinco a diez años, como base técnica para eventuales esquemas de apoyo bajo el artículo 19f. 

     

    El documento se concentra en los indicadores de necesidades a nivel de sistema -dejando de lado, aunque los menciona, los indicadros de red de los artículos 11 a 14- y organiza su explicación en dos partes. La primera describe la lógica metodológica: el artículo 7 establece la ruta de datos común, ya sea reutilizando los resultados de despacho económico de las evaluaciones europeas de adecuación de recursos (ERAA) o de sus versiones nacionales (NRAA), ya sea mediante una simulación de despacho dedicada; el artículo 9 mide de forma determinística si el sistema puede seguir las rampas esperadas de carga residual; el artículo 10 evalúa, de forma probabilística, si existe suficiente margen para absorber errores de pronóstico entre el día previo y el tiempo real; y el artículo 8 determina si el vertimiento de energía renovable resultante es compatible con la meta nacional de integración renovable, incorporando sin doble conteo las necesidades descendentes no cubiertas identificadas en los artículos 9 y 10. 

     

    La segunda parte desarrolla un caso práctico completo para una zona de oferta ficticia denominada Zonia, con una semana de datos horarios, un escenario climático y un despacho simplificado. El ejercicio muestra que, aunque el potencial renovable semanal de Zonia (566,2 GWh) supera la meta del 65% de la demanda, un vertimiento base de 36,47 GWh sumado a un vertimiento adicional de 7,37 GWh derivado de brechas de rampa y de respuesta a corto plazo deja la participación renovable efectiva en 61,45%, muy por debajo del objetivo. A partir de esa brecha de 30,14 GWh semanales, el informe realiza un análisis de sensibilidad de almacenamiento por duración -de 2 a 200 horas- que calcula la capacidad mínima de potencia y energía necesaria para cerrar la brecha, mostrando por ejemplo que una batería de 2 horas requeriría 3,1 GW y 6,3 GWh, mientras que una de 20 horas necesitaría solo 0,96 GW y 19,2 GWh. El valor de este informe para el sector de redes inteligentes radica en que traduce un marco regulatorio europeo de alta complejidad técnica en una secuencia de cálculo replicable, con fórmulas explícitas, figuras y tablas que permiten a cualquier operador o regulador reproducir la lógica sin necesidad de interpretar directamente el texto normativo de ACER.

     

    Para reguladores latinoamericanos y colombianos que enfrentan procesos similares de integración creciente de renovables variables, el documento entrega una metodología técnicamente neutral -sin favorecer una tecnología de flexibilidad en particular- para cuantificar necesidades de rampa, de reserva de corto plazo y de almacenamiento, y para dimensionar esquemas de apoyo o mecanismos de mercado que remuneren específicamente la flexibilidad no fósil. Su enfoque pedagógico, centrado en un caso simplificado pero completo, lo convierte en un material de referencia útil para programas de capacitación técnica y para el diseño de estudios propios de necesidades de flexibilidad en sistemas eléctricos con alta penetración renovable.

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    https://publications.jrc.ec.europa.eu/repository/handle/JRC146931″https://publications.jrc.ec.europa.eu/repository/handle/JRC146931

  • Renewables in District Energy

    Renewables in District Energy

    La calefacción y la refrigeración concentran más de la mitad del consumo energético mundial de uso final, y dentro de ese universo los sistemas de energía distrital cumplen un papel estratégico que suele pasar inadvertido frente al protagonismo que reciben la energía solar fotovoltaica o los vehículos eléctricos. Estas redes, que producen calor o frío de manera centralizada y lo distribuyen a través de tuberías aisladas hacia edificios residenciales, comerciales e industriales, ya suman más de un millón de kilómetros de extensión a nivel global y han aumentado su entrega de energía en cerca de 35% desde 2010. Países como Dinamarca, Finlandia y Suecia cubren alrededor de la mitad de su demanda de calefacción mediante estos sistemas, mientras que China ha multiplicado por diez la longitud de sus redes desde el año 2000, impulsada por una fuerte planificación centralizada.

    El problema central que aborda este informe es que, pese a su potencial, la energía distrital continúa dependiendo abrumadoramente de combustibles fósiles. El carbón representa cerca de la mitad de la producción mundial de calor distrital y el gas natural cerca de un tercio, mientras que las renovables apenas alcanzan el 7% del total, una proporción que ha permanecido prácticamente estancada en la última década pese al avance acelerado de otras tecnologías limpias como la solar fotovoltaica o la eólica. Sin cambios de política, se proyecta que el calor renovable distrital solo crecería un 10% adicional hacia 2030, cuando en las redes ya existentes ese potencial podría multiplicarse hasta por diez sin necesidad de grandes inversiones en infraestructura nueva.

    El documento identifica un conjunto de tecnologías ya maduras y cada vez más competitivas para cerrar esa brecha. Las bombas de calor de gran escala resultan especialmente atractivas cuando pueden aprovechar fuentes de calor residual (de procesos industriales, aguas residuales o centros de datos) y operar en redes de baja temperatura, condiciones bajo las cuales su desempeño puede triplicarse frente a fuentes ambientales convencionales. La energía solar térmica, por su parte, ofrece calor a bajo costo cuando se combina con almacenamiento térmico estacional en fosas: el caso danés de Silkeborg, la instalación más grande del mundo en su tipo, ilustra cómo estos sistemas pueden cubrir entre 40% y 50% de la carga anual de calefacción. La geotermia, entre tanto, muestra rutas de desarrollo distintas según el país: mientras Islandia se apoya en una planificación centralizada de larga data, Francia y Alemania han optado por mecanismos públicos de mitigación de riesgo de perforación que permiten movilizar inversión privada incluso en condiciones geológicas menos favorables.

    Más allá de la tecnología, el informe insiste en que los principales obstáculos no son técnicos sino económicos y regulatorios. Los altos requerimientos de capital inicial, las temperaturas de operación elevadas en redes antiguas y las señales de precio desfavorables entre electricidad y gas frenan la electrificación del calor en muchos mercados. Para superar estas barreras, el documento propone cuatro líneas de acción: planificar la calefacción y refrigeración como un componente obligatorio de la estrategia urbana y energética; modernizar las redes existentes para reducir sus temperaturas de suministro e incorporar controles digitales; electrificar e integrar el calor distrital dentro de los mercados eléctricos, reconociendo el almacenamiento térmico y las bombas de calor de gran escala como activos de flexibilidad; y financiar estos sistemas mediante modelos de concesión, retornos regulados y fondos dedicados a la rehabilitación de redes. Estas prioridades se calibran de forma distinta según la madurez de cada mercado: los sistemas renovables consolidados deben enfocarse en optimización y diversificación de suministro, las redes dominadas por combustibles fósiles en eficiencia y reconversión de combustible, y los mercados emergentes en planeación, capacidad institucional y proyectos financiables, un marco que resulta directamente relevante para cualquier país que evalúe la energía distrital como palanca de seguridad energética y descarbonización urbana.

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    https://iea.blob.core.windows.net/assets/af971612-a456-495e-8c55-5d13bc281962/RenewablesinDistrictEnergy.pdf

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  • Electricity Reinvented: How Innovation is Transforming the Future of Power Systems

    Electricity Reinvented: How Innovation is Transforming the Future of Power Systems

    El crecimiento acelerado de la demanda eléctrica está obligando a replantear la forma en que se diseñan, financian y operan los sistemas de potencia en todo el mundo. La electrificación de la industria, el transporte y los servicios digitales, sumada a la expansión de los centros de datos y la refrigeración asociada, hace que el consumo de electricidad avance al doble del ritmo del consumo energético global; en 2024 la demanda energética mundial creció 2,2%, mientras que el uso de electricidad se incrementó 4,3%, superando incluso el crecimiento del PIB. Bajo esta presión, los sistemas eléctricos entran en lo que el estudio llama su «momento internet«, una analogía que compara la transición actual con el paso de redes centralizadas y unidireccionales hacia arquitecturas dinámicas, descentralizadas y bidireccionales, donde la capacidad de generar, gestionar y desplazar electricidad ya no depende únicamente de la infraestructura física, sino también de la inteligencia digital que la coordina.

    Ese tránsito plantea lo que el análisis denomina el «trilema energético»: lograr simultáneamente seguridad, asequibilidad y sostenibilidad. Resolverlo no depende solo de la tecnología disponible, sino de su articulación con mercados, regulación y esquemas de financiamiento que permitan escalar soluciones ya probadas, como el almacenamiento en baterías, la respuesta de la demanda o el uso más eficiente de la infraestructura existente. El estudio identifica cuatro grupos de actores llamados a coordinarse para que la innovación efectivamente escale: los formuladores de política y reguladores, que deben ajustar los marcos normativos a las nuevas necesidades del sistema; las empresas de energía y operadores del sistema, encargados de modernizar infraestructura y operación; los proveedores tecnológicos, que amplían capacidades digitales y de
    inteligencia artificial; y los grandes consumidores de energía, llamados a participar activamente en mercados flexibles basados en datos.

    A partir de datos de patentes de la Agencia Internacional de Energía y la Oficina Europea de Patentes, el documento traza las tendencias globales de innovación en sistemas de potencia y las contrasta con rutas regionales diferenciadas: Norteamérica avanza en inteligencia digital y resiliencia de red; Europa apuesta por flexibilidad y competitividad; China integra sus objetivos de doble control de carbono; el sudeste asiático recurre a la integración y el financiamiento; India combina redes digitales con acceso descentralizado; el Medio Oriente utiliza herramientas digitales para atender el crecimiento de la demanda con fuentes bajas en emisiones; África impulsa el acceso descentralizado mediante planificación digital, y América Latina se orienta hacia la modernización de redes y sistemas híbridos.


    Ese último bloque regional se ilustra con el caso de Uruguay, presentado como ejemplo de innovación sistémica sostenida en el tiempo. El país generó cerca del 98% de su electricidad a partir de fuentes renovables en 2024, principalmente hídrica y eólica, con aportes solares y de biomasa, lo que redujo a la mitad sus costos de generación y blindó su economía frente a la volatilidad de los precios internacionales de los combustibles. La transición energética uruguaya, respaldada por una política de largo plazo con consenso entre partidos políticos, generó cerca de 50.000 empleos (equivalentes al 3% de su fuerza laboral), permitió alcanzar una electrificación de los hogares del 99,9% y atrajo 6.000 millones de dólares en inversión en energías renovables mediante un esquema de remuneración de mercado innovador. Este ejemplo sirve de puente hacia el Innovation Playbook for Future Power Systems, lanzado en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos-Klosters en enero de 2026, del cual este documento funciona como primer acercamiento conceptual. Para quienes toman decisiones en el sector eléctrico colombiano, el estudio ofrece un marco útil para identificar qué condiciones habilitantes en materia de diseño de mercado, financiamiento y capacidad de ejecución son replicables en contextos de transición energética similares al nacional.

    Para leer más ingrese a:

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Electricity_Reinvented_2026.pdf

  • ETSI TR 104 180: Data Solutions (DATA); Development and identification of Data Quality Metrics 

    ETSI TR 104 180: Data Solutions (DATA); Development and identification of Data Quality Metrics 

    La creciente dependencia de los ecosistemas digitales y de inteligencia artificial respecto de la calidad de los datos que los alimentan ha convertido a la medición objetiva de esa calidad en un requisito casi tan importante como el desarrollo de los propios modelos. Este informe técnico del comité de Soluciones de Datos de ETSI responde a esa necesidad estableciendo un marco estandarizado que define dieciocho métricas de calidad de datos, organizadas en dimensiones intrínsecas (como la exactitud o la integridad) y contextuales (como la oportunidad o la cobertura), cada una acompañada de su definición formal, referencias a normas internacionales previas como ISO/IEC 25012 e ISO 8000, y una fórmula matemática que permite calcularla de manera reproducible.

    Entre las métricas desarrolladas se encuentran algunas ya familiares en la gestión de datos, como completitud, exactitud, coherencia, unicidad y disponibilidad, junto con otras que responden específicamente a los retos de los sistemas de
    aprendizaje automático, como la calidad de las etiquetas de entrenamiento, el sesgo de medición, el sesgo de representación y el anonimato frente al riesgo de reidentificación. Para cada métrica, el documento no se limita a la fórmula: incluye un ejemplo numérico completo, con conjuntos de datos ilustrativos y cálculos desarrollados paso a paso, lo que convierte al informe en una guía tanto conceptual como aplicada para equipos técnicos que deban auditar sus propios datos.

    La validez práctica de este marco se pone a prueba mediante dos estudios de caso deliberadamente distintos. El primero analiza datos de series temporales provenientes de sensores de motores de turbina de aeronaves de la NASA, un entorno típico de Internet Industrial de las Cosas donde la exactitud física, la estabilidad temporal y la oportunidad de los datos resultan determinantes para la seguridad operativa; en este caso, el conjunto de datos simulado alcanzó puntajes de integridad prácticamente perfectos. El segundo estudio examina un conjunto de datos demográficos del censo estadounidense utilizado habitualmente para entrenar modelos de clasificación de ingresos, donde las métricas relevantes cambian de naturaleza: el análisis reveló una tasa de impacto dispar de 0,36 entre hombres y mujeres en la probabilidad de clasificación como ingresos altos, evidencia cuantificable de sesgo de representación, además de un riesgo de reidentificación del 100% en ciertas combinaciones de atributos demográficos poco frecuentes.


    De la comparación entre ambos casos, el informe extrae una conclusión que resulta especialmente relevante para cualquier organización que busque auditar sus datos: la relevancia de cada métrica depende del dominio y del uso previsto de la información. En entornos industriales, las prioridades giran en torno a la integridad física y la fiabilidad operativa, mientras que en datos sociales o de entrenamiento de
    IA, las prioridades se desplazan hacia la equidad, el anonimato y la ausencia de sesgos discriminatorios. El documento subraya además que buena parte de estas métricas no pueden calcularse a partir del dato en bruto por sí solo, sino que requieren metadatos externos, umbrales de referencia del dominio o reglas de negocio documentadas, lo que convierte a la gobernanza de metadatos en un habilitador tan importante como la medición misma. Como líneas de trabajo futuro, ETSI propone transformar estas definiciones descriptivas en una especificación técnica normativa y desarrollar metodologías y fórmulas de prueba estandarizadas que permitan una verificación automatizada y reproducible, sentando así las bases para que los propios responsables de los datos puedan certificar y comunicar de forma transparente la confiabilidad de sus conjuntos de información dentro de ecosistemas digitales cada vez más interconectados.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.etsi.org/deliver/etsi_tr/104100_104199/104180/01.01.01_60/tr_104180v010101p.pdf

    https://www.etsi.org/deliver/etsi_tr/104100_104199/104180/01.01.01_60/tr_104180v010101p.pdf

  • Building Resilient and Scalable AI Value Chains: A Nexus Strategy

    Building Resilient and Scalable AI Value Chains: A Nexus Strategy

    La expansión de la inteligencia artificial se ha convertido en una de las mayores transformaciones de infraestructura de la historia reciente, y este estudio propone mirarla no solo desde la óptica del avance tecnológico, sino desde los recursos físicos que la sostienen. Lo que comenzó como una ola de implementaciones exploratorias a finales de 2022 se ha convertido en una transformación estructural que atraviesa todos los sectores económicos, y esa aceleración está generando presiones inéditas sobre las redes eléctricas, los sistemas hídricos, las cadenas de suministro de minerales y el uso del suelo. El documento organiza la cadena de valor de la IA en tres capas interdependientes: la infraestructura de cómputo, las fábricas de IA y los centros de datos que constituyen su columna vertebral operativa, y la capa de aplicaciones que finalmente llega a empresas y usuarios. Sobre esa estructura se superpone lo que el análisis llama el nexo energía-agua-minerales-suelo, un concepto que busca capturar cómo estos cuatro elementos condicionan de manera conjunta la viabilidad de largo plazo de la IA.

    En el frente energético, el estudio documenta que el gasto de capital de las grandes tecnológicas en infraestructura de
    IApasaría de 410.000 millones de dólares en 2025 a cerca de 700.000 millones en 2026, mientras que el consumo eléctrico global de los centros de datos podría escalar de 415 teravatios hora en 2024 a alrededor de 945 teravatios hora en 2030, una cifra que superaría el consumo eléctrico combinado de economías como Alemania y Francia. Este crecimiento convierte a la energía en lo que el texto describe como el cuello de botella más visible del sector, aunque no el único. El agua aparece como una limitante frecuentemente subestimada: el consumo hídrico de los centros de datos podría llegar a 450 millones de galones diarios hacia 2030, con el agravante de que buena parte de esas instalaciones ya se ubican en regiones con estrés hídrico existente.

    A esa presión se suma la dimensión mineral. El despliegue de chips, baterías y equipos de refrigeración dispara la demanda de cobre, litio, cobalto y elementos de tierras raras, generando riesgos simultáneos en tres frentes: la disponibilidad de suministro, el impacto ambiental de la extracción y la exposición geopolítica ante la concentración de estos recursos en pocos países. El estudio detalla, por ejemplo, que la demanda de litio podría multiplicarse por cinco hacia 2030, mientras que la de cobre podría crecer entre un 30% y un 40% en el largo plazo. El cuarto elemento del nexo, el suelo, entra en la ecuación a través de los grandes campus de
    IA, que compiten por terrenos, electricidad y agua en las comunidades donde se instalan, con efectos directos sobre los ecosistemas locales y la aceptación social de estos proyectos.

    Frente a este panorama, el documento plantea que el futuro de la
    IA no se definirá solo por avances tecnológicos, sino por la capacidad de gobiernos, empresas, inversionistas y comunidades para coordinar una planificación conjunta de estos cuatro recursos. Entre las líneas de acción propuestas destacan la incorporación de energía limpia y sistemas de refrigeración más eficientes, el impulso a un uso circular de los minerales críticos, la adopción de reportes transparentes sobre el consumo de recursos y el fortalecimiento de la cooperación entre los distintos actores del ecosistema. El mensaje de fondo es que abandonar el enfoque puramente tecnológico para adoptar una mirada sistémica es lo que permitirá que la IA se consolide como un motor de prosperidad de largo plazo, en lugar de convertirse en una fuente creciente de tensión ambiental y social.

    Para leer más ingrese a:

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Building_Resilient_and_Scalable_AI_Value_Chains_2026.pdf

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Building_Resilient_and_Scalable_AI_Value_Chains_2026.pdf

  • Digital Wallets: Trust Frameworks – Governing the Ecosystem (Digital Wallet Policy Note Series, No. 2)

    Digital Wallets: Trust Frameworks – Governing the Ecosystem (Digital Wallet Policy Note Series, No. 2)

    El avance de las billeteras digitales como componente central de la infraestructura pública digital plantea una pregunta que va más allá de la tecnología: cómo construir confianza en un ecosistema donde emisores, verificadores y usuarios no se conocen entre sí. Este segundo documento de la serie de notas de política sobre billeteras digitales del Banco Mundial parte de una premisa incómoda: la tecnología, por avanzada que sea, no genera confianza por sí misma. Una credencial puede ser técnicamente válida, con claves correctas, datos legibles y firmas verificables, y aun así resultar fraudulenta si la identificación de la persona en el momento de la emisión no fue rigurosa. Por esa razón, el documento propone que la confianza debe diseñarse de manera explícita mediante lo que denomina marcos de confianza, entendidos como el conjunto de reglas, estándares y responsabilidades que determinan quién puede emitir credenciales, cómo se verifica la identidad, cómo se protegen los datos y quién asume la responsabilidad cuando algo falla.

    El corazón del análisis es un modelo de cinco capas que se refuerzan entre sí. La capa estratégica fija la visión compartida, los objetivos y el alcance del esquema; la capa tecnológica define la arquitectura técnica y los estándares de seguridad necesarios para la interoperabilidad, apoyándose en referentes como ISO/IEC 18013 o los protocolos de la fundación OpenID; la capa de reglas del esquema operacionaliza las políticas y los roles de cada participante; la capa de cumplimiento establece los mecanismos de evaluación, supervisión y sanción, desde la autorregulación hasta la certificación previa obligatoria; y la capa de acuerdos traduce todo lo anterior en instrumentos legales vinculantes, desde memorandos de entendimiento hasta tratados internacionales. El texto ilustra esta última capa con casos como el Convenio de Chicago para pasaportes, el marco europeo de identidad digital o las reglas operativas del sistema mexicano SPEI, mostrando la variedad de formas jurídicas que puede adoptar un marco de confianza según el contexto y la escala buscada.


    Un aporte particularmente útil para quienes diseñan políticas públicas es la manera en que el documento desglosa la interoperabilidad en tres niveles progresivos. El primero, la portabilidad de credenciales, garantiza que los datos puedan leerse correctamente entre distintas billeteras mediante estándares comunes de codificación y protocolos de intercambio. El segundo, la verificabilidad de firmas, añade la capacidad de confirmar criptográficamente la autenticidad e integridad de una credencial, apoyándose típicamente en infraestructuras de clave pública. El tercero, el reconocimiento legal, es el más complejo y exige alineación de políticas de aseguramiento, de regímenes de responsabilidad y de acuerdos de reconocimiento mutuo entre jurisdicciones, como ocurre hoy en el marco europeo de identidad digital, donde varios países ya delegan la acreditación de auditores en otros Estados miembros.


    El documento cierra con una recomendación de sentido práctico: los países no necesitan construir un marco de confianza completo desde el primer día. Pueden avanzar por fases, comenzando con reglas mínimas para un proyecto piloto o un caso de uso específico, y sumando gradualmente capas de cumplimiento y formalización legal a medida que el ecosistema madura y gana ambición, apoyándose además en infraestructuras de acreditación y marcos regulatorios ya existentes en sectores como el financiero. Esta lógica de construcción iterativa, junto con la referencia a casos ya desplegados en el marco del programa de identificación para el desarrollo del Banco Mundial, como los sistemas de credenciales sin billetera en Filipinas, Togo o Benín, convierte al texto en una guía aplicable tanto a países con capacidad institucional limitada como a aquellos que buscan interoperabilidad transfronteriza plena.

    Para leer más ingrese a:

    https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/fb70b8f4-da1a-4a6a-8480-812da7d1d558/content

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  • World Development Report 2026: The Promise of Artificial Intelligence

    World Development Report 2026: The Promise of Artificial Intelligence

    Que el progreso en materia de desarrollo haya caído a su ritmo más débil en 75 años convierte a la inteligencia artificial en una oportunidad poco frecuente para revertir esa tendencia, según plantea el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2026 del Banco Mundial, el primer análisis exhaustivo sobre lo que esta tecnología representa para las economías de ingreso bajo y mediano. El documento examina cómo empresas y gobiernos ya están utilizando la inteligencia artificial, qué frena su adopción, dónde se concentran las mayores ganancias potenciales y cómo pueden gestionarse los riesgos asociados a su despliegue acelerado.
     

    El mensaje central del informe combina pragmatismo con ambición. Los países en desarrollo no requieren construir modelos de miles de millones de dólares para captar los beneficios de la inteligencia artificial, pero tampoco es suficiente con limitarse a importar herramientas desarrolladas en otros contextos. El camino recomendado transita por tres etapas complementarias: adoptar soluciones ya existentes, adaptarlas a los idiomas, instituciones, datos y necesidades locales, y avanzar de manera selectiva hacia capacidades propias cuando la infraestructura y las habilidades lo permitan. Herramientas de bajo costo, lo que el informe denomina «IA pequeña», pueden poner conocimiento especializado al alcance de millones de personas a través de mensajes de texto, llamadas de voz y teléfonos básicos, funcionando incluso donde el acceso a electricidad, capacidad de cómputo e internet sigue siendo limitado.


    El informe documenta beneficios que ya son tangibles: la inteligencia artificial está acelerando el tamizaje médico en zonas con escasez de especialistas, apoyando a agricultores con pronósticos climáticos más precisos y ayudando a docentes a preparar mejores lecciones adaptadas al nivel de cada estudiante. Al mismo tiempo, advierte sobre riesgos económicos, sociales y políticos que requieren atención deliberada por parte de los gobiernos, entre ellos la posibilidad de que la brecha de productividad entre economías avanzadas y en desarrollo se amplíe si no se fortalecen a tiempo las capacidades complementarias, así como riesgos vinculados a la concentración del poder de mercado, la vigilancia estatal y la manipulación de la información pública.


    Frente a estos desafíos, el informe propone un marco de gobernanza en el que los Estados actúan simultáneamente como habilitadores, usuarios y reguladores de la inteligencia artificial. Como habilitadores, deben invertir en infraestructura digital, capital humano y ecosistemas de innovación. Como usuarios, pueden aprovechar la tecnología para mejorar la prestación de servicios públicos y la eficiencia administrativa. Como reguladores, deben construir marcos de gobernanza que generen confianza sin frenar la innovación, evitando tanto la sobrerregulación como la ausencia total de salvaguardas. El informe advierte que revoluciones tecnológicas anteriores dejaron rezagada a buena parte del mundo en desarrollo, y plantea que evitar que esto se repita con la inteligencia artificial exige decisiones de política pública deliberadas desde ahora, no una confianza pasiva en que la tecnología por sí sola cerrará las brechas de desarrollo existentes.

    Para leer más ingrese a:

    https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/8d048ad2-5cc3-4fc0-ba22-2e1f82f5d7de

  • Top 10 Emerging Technologies of 2026

    Top 10 Emerging Technologies of 2026

    Cada año, el Foro Económico Mundial identifica un puñado de avances científicos que se acercan al punto en que las decisiones de gobiernos, industria e instituciones de investigación determinarán cómo llegan al mundo. Este informe, ahora en su decimocuarta edición y elaborado en colaboración con la editorial Frontiers, cumple esa función mediante un proceso de selección que este año incorporó, por primera vez, una herramienta de descubrimiento basada en inteligencia artificial capaz de examinar más de 1.200 tecnologías candidatas provenientes de fuentes académicas e industriales, complementada con la revisión de un consejo asesor de expertos que evaluó cada tecnología por su novedad, madurez de desarrollo e impacto potencial.

    El hallazgo más significativo de la edición 2026 es un cambio de dirección claro: ocho de las diez tecnologías seleccionadas actúan directamente sobre sistemas físicos, lo que representa un desplazamiento desde la inteligencia artificial centrada en software hacia la capacidad de controlar infraestructura, materiales, procesos biológicos y datos industriales. Tres de las diez tecnologías se agrupan específicamente alrededor del sector energético: la energía
    everything-to-grid, que convierte edificios, vehículos eléctricos, fábricas y centros de datos en proveedores activos de electricidad hacia la red, ampliando la definición misma de energía renovable; la extracción directa de litio, que emplea materiales especializados para obtener litio de calidad para baterías en cuestión de horas a partir de salmueras, reduciendo drásticamente el uso de agua frente a las piscinas de evaporación tradicionales; y los materiales de enfriamiento radiativo pasivo, que reflejan la radiación solar de vuelta al espacio para enfriar edificaciones sin consumo eléctrico adicional.

    Más allá del bloque energético, el informe documenta avances en salud personalizada, como vacunas contra el cáncer sintetizadas a partir del propio tumor del paciente para entrenar al sistema inmunológico, sistemas de entrega de fármacos mediante exosomas y simulación cuántica aplicada al descubrimiento de nuevos medicamentos, además de la criptografía basada en retículos, una técnica de cifrado que oculta información dentro de estructuras matemáticas complejas para resistir tanto ataques computacionales clásicos como cuánticos, y que ya protege servicios de mensajería como iMessage de Apple. El informe identifica tres tendencias transversales que atraviesan buena parte de estas diez tecnologías: se vuelven más personalizadas, diseñadas en torno a un paciente o contexto específico en lugar de una solución estandarizada; más distribuidas, acercando la producción de alimentos, energía y materiales críticos al punto donde se necesitan; y más eficientes en el uso de recursos, logrando resultados equivalentes con menor huella ambiental.


    Para cada tecnología, el informe ofrece dos componentes complementarios: una descripción del estado actual de la ciencia y los avances que la acercan a la aplicación real, y una prospectiva estratégica desarrollada junto con la Fundación Dubái para el Futuro, que examina las condiciones de infraestructura, inversión y regulación necesarias para llevarla a escala de manera responsable. Para profesionales del sector energético colombiano, el informe resulta particularmente relevante por su tratamiento de la energía
    everything-to-grid y la extracción directa de litio, dos tecnologías con implicaciones directas sobre la resiliencia de las redes eléctricas, la gestión de recursos energéticos distribuidos y la cadena de suministro de materiales críticos para la transición energética del país.

    Para leer más ingrese a:

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Top_10_Emerging_Technologies_Report_2026.pdf

     

  • The Security Autonomy Matrix: Deciding AI Authority

    The Security Autonomy Matrix: Deciding AI Authority

    La adopción acelerada de inteligencia artificial dentro de los equipos de ciberseguridad plantea una pregunta que muchas organizaciones todavía no han resuelto de forma sistemática: ¿cuánta autoridad debe otorgarse a un agente de IA para que actúe por su cuenta, y en qué momento debe intervenir una persona? Este artículo, escrito por Lenny Zeltser, propone una respuesta estructurada a través de la Security Autonomy Matrix, una tabla de decisión pensada para registrar, de forma explícita y auditable, el nivel de autonomía que cada organización otorga a sus agentes de seguridad automatizados.

    El punto de partida es una distinción poco intuitiva pero central en el argumento: no toda acción de un agente de IA conlleva el mismo riesgo. Por eso el modelo separa cinco clases de acción (lectura, escritura, envío, gasto y eliminación) y asigna a cada una un nivel de autonomía independiente, que va desde L0 (una persona realiza todo el trabajo) hasta L4 (el agente actúa por su cuenta y solo se audita después). Un mismo agente puede, por ejemplo, leer registros de manera completamente autónoma mientras que cualquier eliminación de datos requiere aprobación previa de una persona. Esta separación por tipo de acción, sostiene el autor, resulta más operativa que asignar un único nivel de confianza al agente en su conjunto, ya que refleja con mayor precisión el costo real de un error y la posibilidad de deshacerlo.


    El artículo dedica una parte considerable a resolver casos ambiguos de clasificación, como diferenciar entre aislar un equipo de la red (una acción reversible, clasificada como escritura) y eliminar un proceso o poner en cuarentena un archivo (acciones que se consideran eliminación porque solo pueden revertirse mediante una copia previamente guardada). También aborda cómo tratar acciones combinadas que abarcan varias clases a la vez, y advierte sobre el riesgo particular que representa la inyección de instrucciones maliciosas ocultas en contenido no confiable, como correos electrónicos o páginas web, que un agente podría procesar sin la debida supervisión.


    Más allá del marco conceptual, el documento ofrece una guía práctica de implementación en cinco etapas, desde registrar las autorizaciones actuales hasta ir promoviendo o revocando niveles de autonomía a medida que se acumula evidencia del desempeño del agente, siguiendo una lógica similar a la de la responsabilidad gradual que se otorga a un médico residente conforme adquiere experiencia. El artículo insiste en que toda autorización debe tener fecha de vencimiento y en que cada fila de la matriz necesita reforzarse mediante controles técnicos reales, no solo mediante políticas escritas que no se traducen en configuraciones efectivas dentro de las herramientas utilizadas. Para profesionales del sector energético colombiano que evalúan la incorporación de agentes de inteligencia artificial en la protección de infraestructura crítica y redes eléctricas inteligentes, este marco ofrece un método replicable para tomar y documentar decisiones de gobernanza sobre la autonomía de la IA en operaciones sensibles, un aspecto cada vez más relevante a medida que estas tecnologías se integran en la operación de sistemas eléctricos y de telecomunicaciones.

    Para leer más ingrese a:

    https://zeltser.com/media/docs/security-autonomy-matrix.pdf

    https://zeltser.com/security-autonomy-matrix

  • The Hidden Economic Power of Healthy Soils

    The Hidden Economic Power of Healthy Soils

    Rara vez se piensa en el suelo que se pisa a diario como parte integral de la economía global, y sin embargo buena parte de las cadenas de valor que sostienen la vida moderna, desde los alimentos hasta las fibras textiles, dependen directamente de su condición. Ese es el punto de partida de este informe del Foro Económico Mundial, desarrollado con el Consejo Global del Futuro sobre Suelos y Tierras Saludables y en colaboración con la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que busca posicionar la salud del suelo como un activo económico estratégico y no como una preocupación exclusivamente ambiental o agrícola.

    El diagnóstico de partida resulta contundente en su magnitud: hasta 40% de la superficie terrestre mundial está degradada, una condición que ya afecta a más de 3.200 millones de personas y que representa un costo anual estimado en 878.000 millones de dólares para la economía global. El documento atribuye este deterioro a una combinación de patrones de uso del suelo insostenibles y de incentivos económicos que privilegian sistemáticamente la producción inmediata sobre la salud del suelo en el largo plazo, una dinámica que el cambio climático intensifica al añadir presión adicional sobre ecosistemas ya debilitados. Los suelos saludables, recuerda el informe, cumplen funciones que van mucho más allá de la producción agrícola: almacenan y filtran agua, regulan el ciclo del carbono y los nutrientes, sostienen la biodiversidad y constituyen la base física de los paisajes productivos de los que dependen empresas, economías y sociedades enteras.


    El argumento central que atraviesa el documento es que esta dependencia estructural no se refleja todavía en la manera como gobiernos, empresas e inversionistas evalúan el valor y gestionan el riesgo. El suelo permanece prácticamente invisible en los marcos convencionales de análisis financiero y de riesgo corporativo, a pesar de que su degradación progresiva genera exposiciones concretas para sectores tan diversos como la agroindustria, las cadenas de suministro de alimentos, la manufactura textil y los servicios financieros que dependen de activos vinculados a la tierra. El informe plantea, en consecuencia, que reconocer e invertir en la salud del suelo no es solo una urgencia ambiental, sino una decisión de gestión de riesgo empresarial con un caso de negocio claro y cuantificable.


    Aunque el enfoque central del documento se dirige a los sectores agrícola, alimentario y de gestión de recursos naturales, sus planteamientos sobre la necesidad de incorporar activos naturales invisibles dentro de las decisiones de inversión y riesgo corporativo resultan pertinentes para cualquier sector que dependa de cadenas de suministro basadas en recursos de la tierra, incluida la generación de energía a partir de biomasa, la expansión de infraestructura energética sobre terrenos rurales y los proyectos de compensación ambiental asociados a la transición energética. Para profesionales del sector energético colombiano, el informe ofrece un marco conceptual útil sobre cómo cuantificar y comunicar externalidades ambientales invisibles, un ejercicio con paralelos directos frente a los desafíos de valoración de activos naturales que enfrenta el sector eléctrico en materia de compensaciones forestales, uso del suelo para proyectos renovables y gestión de riesgos climáticos de largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_The_business_case_for_investing_in_soil_health_2026.pdf

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