Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Pathways to Zero-Emission Freight: Infrastructure Needs for Regional and Long-Haul Trucking

    Pathways to Zero-Emission Freight: Infrastructure Needs for Regional and Long-Haul Trucking

    La transformación del transporte pesado hacia las cero emisiones requiere un entendimiento estratégico de las divergencias tecnológicas entre los vehículos de batería eléctrica y las celdas de combustible de hidrógeno. Los vehículos de carga mediana y pesada contribuyen con una cantidad desproporcionada de óxidos de nitrógeno y partículas finas, a pesar de su escasa presencia numérica en la flota total. En este contexto, los camiones eléctricos demuestran una eficiencia energética desde la producción hasta las ruedas significativamente superior, alcanzando aproximadamente un 77% frente al 33% que ofrece el hidrógeno. De igual manera, el costo total de propiedad favorece a los sistemas eléctricos debido a los menores gastos de mantenimiento y la disponibilidad de una fuente de energía más económica. Por consiguiente, el mercado actual muestra un dominio claro de los modelos eléctricos, con miles de unidades ya desplegadas frente a una cifra muy limitada de alternativas de hidrógeno. A pesar de ello, la integración de estas tecnologías en operaciones regionales y de larga distancia depende del despliegue efectivo de una red de carga y repostaje que soporte viajes diarios superiores a las 200 millas.

    Asimismo, las implicaciones financieras de desarrollar esta infraestructura varían drásticamente según la ruta tecnológica seleccionada. El análisis de múltiples escenarios indica que un sistema basado exclusivamente en la carga eléctrica demanda una inversión de capital mucho menor en comparación con aquel que incluye estaciones de hidrógeno. En este sentido, los costos de construcción de una red de hidrógeno suficiente se estiman en más de 22 mil millones de dólares, lo cual supera en más de tres veces la inversión necesaria para una columna vertebral eléctrica. Puesto que la tecnología de repostaje de hidrógeno se encuentra aún en una etapa temprana, sus costos por estación resultan seis veces más elevados que los de los centros de carga. No obstante, el riesgo de crear activos subutilizados o varados es mucho mayor para el hidrógeno debido a la complejidad de su cadena de suministro y la incertidumbre de la demanda futura. Por lo cual, priorizar la carga eléctrica como el fundamento inicial de los corredores de carga representa un camino de menor riesgo financiero y mayor madurez técnica.

    Por otro lado, el éxito de esta transición reside en un esfuerzo de planificación coordinada que trascienda las fronteras estatales para evitar una red fragmentada e ineficiente. De esta forma, el desarrollo de asociaciones mediante memorandos de entendimiento permite identificar sitios prioritarios y asegurar la continuidad de la infraestructura a lo largo de los principales corredores de transporte. Debido a que la preparación de la red eléctrica es la restricción primaria para el despliegue de centros de carga de multimegavatios, resulta imperativo que las empresas de servicios públicos alineen sus inversiones de capital con la demanda futura de carga. De igual forma, la implementación de centros de carga compartidos sirve para maximizar el uso de fondos públicos y atraer capital privado. En última instancia, estas decisiones de ubicación deben priorizar la protección de las comunidades más expuestas a la contaminación por diésel para mejorar la salud pública mientras se reducen las emisiones. La combinación de una planificación de red proactiva, sistemas de carga estandarizados y un enfoque en la justicia ambiental garantizará un futuro energético resiliente y equitativo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.aceee.org/research-report/t2601 

    https://www.aceee.org/sites/default/files/pdfs/t2601.pdf

  • EV Load Forecasting Guide

    EV Load Forecasting Guide

    La electrificación del transporte representa un cambio de paradigma en la planeación de los sistemas eléctricos modernos, exigiendo métodos de pronóstico que superen los modelos econométricos tradicionales. Mientras la participación de mercado de los vehículos ligeros aumentó del dos por ciento a más del diez por ciento en años recientes, la demanda resultante puede materializarse con mayor velocidad y menor aviso respecto a las cargas históricas. A diferencia de los activos fijos, estas cargas son móviles y dependen de comportamientos humanos complejos, lo cual genera incertidumbre sobre el momento y la ubicación exacta del consumo energético. Debido a esto, resulta imperativo establecer procesos de adopción que segmenten claramente entre el uso personal y las flotas comerciales, considerando que estas últimas priorizan el costo total de propiedad frente a factores de preferencia del consumidor. Al integrar datos de agencias de transporte y fabricantes, los operadores logran determinar la composición inicial de la flota y su tasa de rotación esperada mediante modelos de difusión que representan el ciclo de vida de la adopción. De este modo, la estimación del parque vehicular futuro se convierte en el cimiento técnico para cualquier análisis de impacto en la red.

    Una vez definida la trayectoria de adopción, la proyección de la infraestructura de carga se vuelve el siguiente eslabón necesario para satisfacer la demanda energética de los vehículos proyectados. Este componente requiere diferenciar rigurosamente entre diversos niveles de potencia, desde cargadores residenciales lentos hasta sistemas de carga ultra rápida para vehículos pesados que demandan megavatios de potencia. De igual manera, la ubicación de estos puntos debe responder a patrones de tráfico y tiempos de permanencia observados mediante datos de telemetría o encuestas de movilidad para evitar cuellos de botella en el sistema. Asimismo, la conversión de estos datos en perfiles de carga detallados permite cuantificar tanto el consumo de energía total como la demanda máxima en nodos específicos del sistema de distribución. Mediante la calibración de estos perfiles contra mediciones reales de infraestructura de medición avanzada, se asegura que las simulaciones reflejen fielmente el impacto técnico en transformadores y alimentadores locales. En tal sentido, la precisión del perfil de carga determina la efectividad de las inversiones planeadas para reforzar el suministro eléctrico.

    La validez de estos ejercicios analíticos reside en un proceso de definición de alcance colaborativo que involucre a reguladores, empresas eléctricas y actores externos desde las etapas iniciales de la planeación. Al acordar parámetros como el horizonte temporal, el área geográfica y el nivel de granularidad espacial, se garantiza que los resultados sean adecuados para su propósito final, sea este la planeación de recursos a gran escala o actualizaciones de distribución local. Por consiguiente, el uso de múltiples escenarios surge como la técnica idónea para investigar una gama de futuros plausibles bajo distintas condiciones tecnológicas, económicas y de comportamiento del consumidor. Sin embargo, debe existir una vigilancia constante para evitar el error técnico de la doble contabilidad, asegurando que el crecimiento de la carga eléctrica por vehículos se integre correctamente sin duplicarse en los pronósticos de carga base del sistema. En efecto, la transparencia en la documentación de metodologías y fuentes de datos fortalece la confianza de los interesados en la solidez técnica de las proyecciones presentadas ante las comisiones regulatorias.

    En última instancia, el pronóstico de carga se transforma en un instrumento estratégico para evaluar soluciones de gestión proactivas en lugar de limitarse a predecir la saturación de la infraestructura. Al incorporar medidas de mitigación como la carga gestionada y la respuesta a la demanda directamente en los escenarios de modelado, los planificadores pueden identificar riesgos de inversión y diseñar una red más flexible. De igual forma, la integración de tecnologías emergentes como la carga bidireccional y el vehículo a la red permite que la flota eléctrica actúe como una fuente de almacenamiento distribuido capaz de brindar servicios al sistema durante periodos de alta demanda. Puesto que la precisión absoluta es inalcanzable ante cambios tecnológicos acelerados, el valor del pronóstico reside en desarrollar modelos útiles que faciliten una transición energética segura y asequible para todos los usuarios. Por lo tanto, la coordinación continua entre todos los niveles de planeación asegura que la infraestructura eléctrica evolucione al ritmo de la adopción vehicular, protegiendo la confiabilidad operativa del sistema global en el largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.esig.energy/reports-briefs/ev-load-forecasting/

    https://www.esig.energy/wp-content/uploads/2026/03/esig-rpt-EV-Forecasting-3.26-11.pdf

  • Condiciones estructurales para las políticas de transformación productiva en la industria del hidrógeno de bajas emisiones en América Latina y el Caribe

    Condiciones estructurales para las políticas de transformación productiva en la industria del hidrógeno de bajas emisiones en América Latina y el Caribe

    El hidrógeno de bajas emisiones se ha convertido en un vector energético con gran potencial para transformar sectores industriales intensivos en carbono en América Latina y el Caribe. La región dispone de condiciones estructurales que favorecen este desarrollo: una matriz eléctrica con alta participación de energías renovables, abundantes recursos solares y eólicos, reservas de hidrocarburos y una infraestructura industrial consolidada. Además, la presencia de empresas públicas y polos petroquímicos ha permitido acumular capacidades que pueden ser aprovechadas en la transición hacia una economía más limpia. Sin embargo, la producción de hidrógeno verde y azul enfrenta todavía costos elevados y depende de la construcción de nuevas infraestructuras, lo que obliga a pensar en estrategias diferenciadas que integren tanto la demanda interna como las oportunidades de exportación.

    A partir de estas ventajas, varios países de la región han diseñado estrategias nacionales de hidrógeno, en su mayoría entre 2020 y 2025, con una marcada orientación exportadora. Chile, por ejemplo, se propuso alcanzar costos de producción muy bajos y expandir masivamente su capacidad renovable para convertirse en líder mundial. No obstante, el contexto internacional ha cambiado: la incertidumbre sobre subsidios y regulaciones en países industrializados, junto con las dificultades logísticas y tecnológicas, han moderado el entusiasmo inicial. Este giro abre la posibilidad de repensar el desarrollo del sector en función de las necesidades locales, como la descarbonización de la minería en Chile y Perú, la producción de fertilizantes en Brasil y Argentina, o la modernización de refinerías en México y Colombia. De este modo, las trayectorias nacionales pueden orientarse hacia la integración del hidrógeno en los tejidos productivos existentes, sin perder de vista las oportunidades de exportación.

    Además, el análisis de las condiciones estructurales permite clasificar a los países en grupos con perfiles similares, lo que evidencia que no existe un único camino para la industria del hidrógeno en la región. Mientras algunos pueden apostar por la exportación a gran escala, otros tienen más posibilidades de vincular el hidrógeno a sectores industriales internos. En este sentido, la cooperación regional se vuelve indispensable para aprovechar complementariedades y construir cadenas de valor más resilientes. Asimismo, las políticas públicas deben diseñarse a medida, considerando recursos naturales, capacidades estatales y demandas productivas, evitando enfoques uniformes que ignoren las diferencias estructurales. La experiencia internacional ofrece aprendizajes, pero las recomendaciones deben adaptarse a las realidades específicas de cada país.

    El hidrógeno de bajas emisiones en América Latina y el Caribe no debe concebirse únicamente como un producto de exportación, sino como un motor de transformación productiva que articule sostenibilidad, innovación y empleo. La región tiene la oportunidad de diversificar sus trayectorias, fortalecer capacidades estatales y fomentar la cooperación regional, lo que permitiría construir una industria inclusiva y sostenible. Conectando las ventajas estructurales con políticas de desarrollo productivo verde, se abre un horizonte en el que el hidrógeno puede contribuir tanto a la descarbonización interna como a la inserción internacional, siempre bajo un enfoque pragmático y adaptado a las condiciones de cada país.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.cepal.org/es/publicaciones/84442-condiciones-estructurales-politicas-transformacion-productiva-la-industria 

    https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/bf28203d-5caa-4b06-ae62-158000d75854/content

  • La industria del hidrógeno de bajas emisiones para la transición energética: Oportunidades y desafíos en América Latina y el Caribe

    La industria del hidrógeno de bajas emisiones para la transición energética: Oportunidades y desafíos en América Latina y el Caribe

    El hidrógeno de bajas emisiones se ha posicionado como una alternativa estratégica dentro de la transición energética global, especialmente en sectores difíciles de electrificar o desfosilizar. Su versatilidad como vector energético y materia prima lo convierte en una opción capaz de contribuir a la descarbonización, al tiempo que ofrece oportunidades de diversificación productiva y de seguridad energética. La caída de los costos de tecnologías renovables y de componentes como electrolizadores y sistemas de captura de carbono ha impulsado el interés mundial en esta industria emergente. De este modo, numerosos países han incorporado el hidrógeno en sus agendas energéticas, multiplicando proyectos y explorando su potencial tanto para consumo interno como para exportación. América Latina y el Caribe, con su abundancia de recursos naturales y matrices eléctricas con alta participación renovable, se encuentra en una posición favorable para aprovechar esta tendencia.

    La región dispone de ventajas comparativas para producir hidrógeno verde gracias a sus recursos solares, eólicos e hídricos, mientras que algunos países cuentan con reservas fósiles que podrían facilitar la producción de hidrógeno azul. Sin embargo, estas condiciones naturales no bastan por sí solas para consolidar cadenas de valor alrededor del hidrógeno. Se requieren políticas coordinadas, marcos normativos claros y una infraestructura adecuada que permita transformar el potencial en proyectos concretos. Además, la industria enfrenta una brecha de costos que limita su competitividad frente a otras opciones energéticas más maduras, lo que exige incentivos y subsidios que estimulen tanto la oferta como la demanda. En este sentido, la región debe avanzar en la creación de clústeres o hubs que concentren producción, distribución y consumo, generando economías de escala y atrayendo inversiones.

    El desarrollo de esta industria también depende de la capacidad institucional para gestionar transformaciones complejas. Las denominadas capacidades técnicas, operativas, políticas y prospectivas (TOPP) son esenciales para sostener la implementación de proyectos y garantizar que los esfuerzos gubernamentales se articulen con los del sector privado y la sociedad civil. La ausencia de estas capacidades puede derivar en iniciativas fragmentadas, sin continuidad ni impacto significativo. Asimismo, la falta de infraestructura adecuada para transporte, almacenamiento y distribución limita la posibilidad de consolidar un mercado competitivo. Por ello, resulta indispensable que los países de la región fortalezcan sus instituciones, promuevan la cooperación regional y desarrollen mecanismos de certificación que aseguren trazabilidad y sostenibilidad en la producción de hidrógeno.

    El hidrógeno de bajas emisiones ofrece a América Latina y el Caribe la oportunidad de avanzar hacia una transición energética más inclusiva y sostenible, pero también plantea desafíos que deben ser atendidos con visión estratégica. El potencial de producir hidrógeno verde a costos competitivos puede convertirse en un motor de transformación productiva y en una vía para diversificar exportaciones, siempre que se logre superar las barreras regulatorias, financieras y tecnológicas. La industria del hidrógeno no debe ser vista únicamente como un sector emergente, sino como parte de una estrategia integral que articule políticas públicas, inversiones y cooperación internacional. De esta manera, la región podrá aprovechar sus ventajas naturales, cerrar brechas de capacidades y posicionarse como un actor relevante en la economía del hidrógeno, contribuyendo tanto a la lucha contra el cambio climático como al fortalecimiento de su desarrollo económico y social.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.cepal.org/es/publicaciones/84466-la-industria-hidrogeno-bajas-emisiones-la-transicion-energetica-oportunidades

    https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/497a5565-e41d-46af-b2cb-f14667889eb7/content

  • Desafíos y oportunidades de la incorporación de la prospectiva en la función pública en América Latina y el Caribe

    Desafíos y oportunidades de la incorporación de la prospectiva en la función pública en América Latina y el Caribe

    La prospectiva se ha convertido en una herramienta estratégica para América Latina y el Caribe, en un contexto marcado por la aceleración del cambio y la complejidad de los desafíos sociales, económicos, tecnológicos y ambientales. Su propósito no se limita a la elaboración de escenarios, sino que busca repensar la relación de las sociedades con el futuro, promoviendo procesos colectivos de reflexión sobre trayectorias posibles, probables y deseables. De esta manera, la prospectiva se configura como un espacio de construcción social que fortalece instituciones, teje redes y amplía márgenes de decisión. Además, su institucionalización implica que la anticipación deje de ser un ejercicio aislado y se convierta en una función permanente del Estado, capaz de orientar políticas públicas resilientes e inclusivas.

    Ahora bien, la institucionalización enfrenta retos significativos. Aunque varios países han avanzado con comisiones parlamentarias de futuro, visiones de largo plazo y programas de alfabetización, la consulta regional de 2025 muestra que la prospectiva se concentra en niveles centrales de gobierno y en círculos académicos, dejando de lado a los gobiernos locales y a las comunidades. Esta concentración limita su potencial democratizador y genera el riesgo de que se convierta en una práctica tecnocrática desconectada de las realidades territoriales. Además, la participación juvenil es mínima, lo que plantea un problema de sostenibilidad y relevo generacional. Por ello, resulta necesario construir capacidades más allá de oficinas y decretos, fortaleciendo las denominadas capacidades técnicas, operativas, políticas y prospectivas (TOPP), y fomentando ecosistemas de aprendizaje que integren actores diversos y garanticen continuidad en el tiempo.

    En este escenario, la prospectiva también enfrenta el peligro de ser capturada por élites técnicas o por narrativas exógenas que no dialogan con las trayectorias locales. El futuro puede ser colonizado por marcos normativos ajenos o monopolizado por expertos que definen horizontes sin procesos amplios de deliberación social. Para evitarlo, se requiere ampliar la base social e institucional de la prospectiva, incorporando actores subnacionales, territoriales y comunitarios, y garantizando un relevo generacional que permita renovar capacidades en contextos de cambio acelerado. De esta manera, la prospectiva puede consolidarse como una función legitimada del quehacer público, orientada a la construcción compartida de futuros que respondan a las aspiraciones de las sociedades latinoamericanas y caribeñas.

    La consulta internacional organizada por el ILPES en 2025 ofrece evidencia empírica sobre tendencias y obstáculos en la región. Cerca de siete de cada diez participantes señalaron que sus instituciones utilizan enfoques prospectivos, lo que refleja un proceso de incorporación progresiva. Sin embargo, persisten barreras relacionadas con la falta de capacitación, la escasa articulación territorial y la débil institucionalización en gobiernos locales. Superar estas limitaciones exige avanzar hacia una gobernanza anticipatoria más inclusiva, capaz de integrar la prospectiva en los ciclos de política pública y de vincularla con la planificación estratégica. Así, la prospectiva se convierte en un instrumento para enfrentar trampas estructurales como el bajo crecimiento económico, las desigualdades sociales y la limitada capacidad institucional, contribuyendo a construir políticas más sostenibles y resilientes. Siendo así, la región tiene ante sí la oportunidad de transformar la prospectiva en una práctica colectiva y permanente, que no solo anticipe el futuro, sino que lo construya de manera participativa y situada, fortaleciendo la confianza ciudadana y ampliando las posibilidades de desarrollo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.cepal.org/es/publicaciones/85977-desafios-oportunidades-la-incorporacion-la-prospectiva-la-funcion-publica

    https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/1f881a77-e43a-4b7d-aef6-fa2dd77b4e43/content

  • Índice de pobreza multidimensional para América Latina

    Índice de pobreza multidimensional para América Latina

    La medición del bienestar en América Latina ha evolucionado hacia enfoques que trascienden la perspectiva exclusivamente monetaria, incorporando dimensiones que reflejan de manera más completa las condiciones de vida de la población. En este marco, la pobreza se entiende como un fenómeno multidimensional en el que intervienen limitaciones simultáneas en ámbitos como la educación, la salud, el empleo, la vivienda y el acceso a servicios básicos. Esta concepción se sustenta en el enfoque de capacidades, que plantea que el bienestar no depende únicamente de los recursos disponibles, sino de las posibilidades reales que tienen las personas para desarrollar su vida. Así, dos individuos con ingresos similares pueden experimentar niveles de bienestar distintos debido a diferencias en sus contextos, oportunidades o condiciones estructurales. De forma complementaria, la perspectiva de derechos enfatiza que disponer de ingresos no garantiza el acceso efectivo a servicios esenciales ni el ejercicio pleno de derechos fundamentales, lo que obliga a ampliar el análisis más allá de los indicadores tradicionales.

    En coherencia con lo anterior, se ha consolidado una metodología que permite identificar y agregar múltiples privaciones mediante la utilización de indicadores específicos y ponderaciones definidas. Este enfoque facilita no solo la identificación de quiénes se encuentran en situación de pobreza, sino también la intensidad y la combinación de carencias que experimentan. Además, permite desagregar resultados por grupos poblacionales y territorios, lo que aporta información más detallada para el diseño de políticas públicas. A su vez, la incorporación de dimensiones como el empleo y la calidad laboral evidencia transformaciones recientes en la medición, en las que se reconoce que las condiciones de inserción en el mercado de trabajo influyen directamente en el bienestar. De esta manera, se supera la visión limitada que consideraba únicamente la disponibilidad de ingresos, integrando aspectos como la estabilidad laboral, la protección social y la suficiencia de las remuneraciones.

    Por otra parte, el análisis empírico revela que la pobreza multidimensional presenta dinámicas distintas a las de la pobreza monetaria, lo que pone en evidencia la necesidad de utilizar ambas mediciones de manera complementaria. Mientras algunas personas pueden no ser clasificadas como pobres según sus ingresos, sí enfrentan privaciones significativas en otras dimensiones, lo que modifica la comprensión del fenómeno. En este sentido, se observan variaciones en la incidencia y evolución de la pobreza en la región, así como diferencias marcadas entre países y grupos poblacionales. Factores como la ruralidad, la pertenencia étnica o la edad influyen en la probabilidad de experimentar mayores niveles de privación. Asimismo, eventos externos como la pandemia generaron impactos diferenciados, afectando particularmente la educación, el empleo y el acceso a servicios de salud, lo que se tradujo en incrementos temporales en varios indicadores de carencia.

    El análisis de dimensiones específicas permite identificar áreas persistentes de rezago que requieren intervenciones focalizadas. Entre ellas, destacan las condiciones de vivienda y el acceso a energías limpias, donde la incidencia de privaciones sigue siendo elevada en comparación con otros componentes. Este tipo de resultados evidencia la necesidad de promover políticas orientadas a la transición energética y a la mejora de la infraestructura básica, no solo por sus implicaciones en el bienestar inmediato, sino también por su relación con desafíos ambientales más amplios. De igual forma, la heterogeneidad entre países y la estabilidad metodológica de los resultados sugieren que el enfoque multidimensional constituye una herramienta robusta para el análisis del desarrollo social. Por tanto, la integración de estas mediciones en la formulación de políticas permite abordar la pobreza desde una perspectiva más integral, considerando tanto la diversidad de carencias como las particularidades de cada contexto.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.cepal.org/es/publicaciones/81425-indice-pobreza-multidimensional-america-latina

    https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/8fdf94bd-f794-4ca1-ad6a-939b7149e882/content

  • Fire Safety Considerations for Electric Vehicles and Charging Stations for Fleet Managers

    Fire Safety Considerations for Electric Vehicles and Charging Stations for Fleet Managers

    La creciente adopción de vehículos eléctricos transforma sustancialmente las consideraciones relativas a la seguridad contra incendios en flotas y estaciones de carga. Aunque la incidencia de incendios en vehículos eléctricos es menor en comparación con los automóviles de combustión interna, las características propias de sus sistemas de baterías plantean retos originales para la prevención y mitigación de incendios. Esto se debe principalmente a la presencia de sistemas de baterías de alta tensión que, en caso de falla, pueden desencadenar eventos de “fuga térmica”, un proceso químico auto-sostenido que genera calor y gases inflamables en el interior del paquete de baterías. La naturaleza sellada de estas baterías reduce la efectividad de métodos de enfriamiento externos y puede prolongar el incendio por horas o incluso días, aumentando el riesgo de reignición. Además, los vehículos eléctricos permanecen conectados a la red eléctrica durante largos periodos mientras cargan, a diferencia del reabastecimiento breve de combustible líquido de los vehículos convencionales, por lo que las estructuras de carga requieren consideraciones especiales para evitar riesgos eléctricos y facilitar la desconexión rápida en caso de emergencia.

    La comprensión de estos riesgos conduce a la necesidad de aplicar prácticas específicas al instalar y gestionar estaciones de carga, así como al operar y almacenar los vehículos. Se recomienda utilizar únicamente equipamiento certificado conforme a normas reconocidas y que la instalación sea realizada por personal con formación específica en infraestructura para vehículos eléctricos. Asimismo, la distancia entre vehículos en áreas de estacionamiento es un factor de gran relevancia para reducir la propagación del fuego, dado que espacios más amplios entre los automóviles aumentan el tiempo disponible para la intervención de los servicios de emergencia. Este aspecto cobra especial atención en estructuras de estacionamiento multiespacios, que debido a su configuración pueden dificultar la acción de los bomberos y aumentar la concentración de calor y humo en caso de incendio. Por ello, la colaboración con los cuerpos locales de emergencia para la planificación y el desarrollo de estrategias de respuesta constituye una medida eficaz para mejorar la seguridad y minimizar el impacto de eventuales incidentes.

    Ante la posibilidad de que un vehículo eléctrico pueda tardar en extinguirse horas y requerir gran volumen de agua, así como la posibilidad de que se reactive una vez apagado, se enfatiza la importancia de contar con planes de emergencia actualizados que incluyan procedimientos específicos para manejar incendios de vehículos eléctricos. La capacitación continua del personal que manipula y opera estos vehículos es igualmente relevante para la identificación temprana de señales de alerta y la reacción adecuada en caso de incidentes. En cuanto al almacenamiento, se sugiere seguir las indicaciones del fabricante para cada modelo, evitar almacenar vehículos dañados o expuestos a condiciones como inundaciones cerca de otros vehículos o materiales inflamables, y mantener espacios adecuados para permitir una rápida respuesta en caso de emergencia. Sumado a esto, la implementación de monitoreo y detección temprana mediante sistemas automáticos puede contribuir significativamente en la prevención y contención de incendios.

    Las estrategias de manejo de emergencias para vehículos eléctricos deben adaptarse a las particularidades de estos sistemas. Los bomberos pueden emplear métodos ofensivos, utilizando grandes cantidades de agua para enfriar las baterías y controlar las llamas, aunque esto puede afectar el entorno y consumir muchos recursos. Alternativamente, la táctica defensiva busca contener y monitorear el incendio mientras la batería se consume, opción que requiere evaluar riesgos relacionados con la propagación y toxicidad de gases. La interacción permanente con los servicios de emergencia y la capacitación en el uso de guías de respuesta específicas para vehículos eléctricos mejoran la capacidad de afrontar estos incidentes. Por lo tanto, tanto la disposición física de los vehículos como la planificación, formación y cooperación con las autoridades resultan componentes indispensables para una gestión segura de flotas electrificadas.

    La transición hacia vehículos eléctricos demanda un enfoque diferenciado para la gestión de riesgos de incendio que considere las propiedades únicas de sus sistemas de baterías y la interacción con la infraestructura eléctrica. La adecuada selección, instalación y mantenimiento de estaciones de carga, junto con estrategias de almacenamiento que faciliten el acceso y minimicen la propagación de incendios, son esenciales. Además, la cooperación entre operadores de flotas, fabricantes, instaladores y servicios de emergencia permite anticipar y responder eficazmente a incidentes, garantizando la continuidad operativa y la seguridad. Así, la integración de medidas preventivas, el desarrollo de capacidades técnicas y la implementación de planes de emergencia adaptados aseguran que el crecimiento de la movilidad eléctrica se gestione con responsabilidad y atención a sus particularidades.

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    https://www.epri.com/research/products/000000003002033406

  • Dos ciudades convierten el calor extremo en política pública

    Dos ciudades convierten el calor extremo en política pública

    Smart Cities Dive muestra cómo dos gobiernos locales estadounidenses están tratando el calor extremo como un riesgo urbano permanente y no como una contingencia estacional. Miami-Dade y Filadelfia aparecen como ejemplos de una gestión que combina datos, salud pública, planeación urbana y coordinación interinstitucional. El texto parte de un contexto preocupante: una cúpula de calor récord avanzaba sobre Estados Unidos y se preveían temperaturas por encima de lo normal durante la primavera. En ese escenario, la discusión deja de ser únicamente climática y pasa a ser de gestión pública. Jane Gilbert, exoficial de calor de Miami-Dade, resume el enfoque con una observación simple: las ciudades son más calientes no solo por los gases de efecto invernadero, sino por cómo se diseñan, con más asfalto y concreto, menos vegetación y mayor calor residual de edificios y vehículos.

     

    En Miami-Dade, la temperatura media anual aumentó 2,2 grados Fahrenheit en los últimos cuarenta años, con un incremento notable de días peligrosamente calurosos. El condado lanzó su plan de acción en 2022 a partir de un diagnóstico de tendencias térmicas, zonas con mayor riesgo de enfermedad y muerte y riesgos compuestos como huracanes con cortes prolongados de energía. El hallazgo más relevante fue territorial: residentes de códigos postales con mayor pobreza y altas temperaturas superficiales presentaban entre tres y cuatro veces más visitas a urgencias y hospitalizaciones relacionadas con calor. Ese cruce de datos permitió priorizar barrios vulnerables, enfocar inversiones y conectar la política climática con la agenda de equidad y salud.

     

    Filadelfia aporta la otra mitad del aprendizaje: la respuesta al calor exige coordinación transversal y no solo acciones aisladas. El artículo sugiere que las ciudades ya reconocen que el calor afecta infraestructura, servicios, productividad y mortalidad, y que una buena planificación puede prevenir buena parte de esos impactos.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.smartcitiesdive.com/news/extreme-heat-cities-philadelphia-miami-dade-county/815850/

  • Nueve acciones para una transición centrada en ciudadanos

    Nueve acciones para una transición centrada en ciudadanos

    El Florence School of Regulation analiza el nuevo Citizens Energy Package como un intento de la Comisión Europea por asegurar que la transición energética beneficie a toda la ciudadanía y no solo a quienes ya tienen capacidad económica o tecnológica para participar. El texto recuerda que casi uno de cada diez europeos no puede calentar adecuadamente su vivienda y que más de 30 millones reportan dificultades para pagar sus facturas de servicios públicos a tiempo. A partir de ese diagnóstico, la Comisión organiza nueve acciones bajo tres pilares: reducir facturas de los hogares, proteger y empoderar consumidores, y enfrentar pobreza energética y vulnerabilidad. La ambición es construir un sistema más verde y seguro, pero también más equitativo, capaz de traducir electrificación, renovables y digitalización en beneficios tangibles para usuarios residenciales.

     

    La primera serie de medidas se orienta a bajar la porción de impuestos y cargos en la factura eléctrica, pues esos conceptos representan cerca de 25 % del precio pagado por hogares y 15 % del pagado por empresas. El análisis del FSR destaca que los Estados miembros tienen margen para retirar costos que no guardan relación directa con la energía y revisar gravámenes nacionales. El paquete también busca facilitar participación activa en mercados energéticos, fortalecer información y derechos del consumidor, y mejorar mecanismos de protección frente a servicios cada vez más complejos. En ese punto, el texto enlaza con el estudio publicado simultáneamente por FSR sobre derechos y protecciones en servicios energéticos innovadores, que sirve como soporte técnico para varias de las acciones propuestas por la Comisión.

     

    La lectura crítica del FSR reconoce avances, pero advierte un límite importante: aunque existía expectativa de que el paquete abordara explícitamente desigualdades de género en la transición, las medidas publicadas se concentran más en la protección general de consumidores promedio y vulnerables. Su éxito dependerá de implementación nacional, supervisión y financiamiento consistente.

    Para leer más ingrese a:

    https://fsr.eui.eu/nine-actions-for-a-citizen-centric-energy-transition/

  • Seis modelos asiáticos reescriben el crecimiento global

    Seis modelos asiáticos reescriben el crecimiento global

    McKinsey sostiene que la siguiente etapa del crecimiento global podría venir menos de la innovación incremental en productos y más de nuevas arquitecturas de negocio ensayadas con intensidad en Asia. El artículo describe seis modelos transferibles que han prosperado en la región durante los últimos tres a cinco años y que comparten tres rasgos: uso intensivo de datos, personalización y confianza como motor de adopción, con la inteligencia artificial como acelerador. La consultora parte de un contexto favorable: gran escala de usuarios, alta adopción digital, colaboración público-privada e infraestructura digital compartida. Sin embargo, enfatiza que esos elementos no bastan por sí solos. Lo diferencial es la forma en que empresas de distintos sectores convierten esas condiciones en mecanismos repetibles de creación de valor que luego pueden adaptarse en otras geografías.

     

    Los seis arquetipos cubren productos centrados en emoción, comercio impulsado por redes y creadores, microsegmentos y microproducción, economía del conocimiento como canal de adquisición, conglomerados 3.0 integrados por infraestructura digital común y plataformas nativas de inteligencia artificial. McKinsey apoya la tesis con ejemplos de alto crecimiento. Cita a Pop Mart y el ecosistema del K-pop para mostrar cómo afinidad y comunidad pueden monetizarse a gran escala; a Douyin y TikTok Shop para evidenciar que la confianza distribuida por creadores ya funciona como sistema de comercio; y a Shein y ONDC para ilustrar personalización industrializada y acceso nacional para pequeños productores. En servicios financieros, educación y salud, el artículo muestra cómo el conocimiento gratuito y las plataformas nativas de IA reducen costos de adquisición y escalan atención casi sin límites de mano de obra.

     

    La relevancia para temas de convergencia y sostenibilidad está en que estos modelos no separan negocio, tecnología e infraestructura social. Varios descansan en identidad digital, pagos interoperables, logística, plataformas de datos y regulación habilitante, lo que exige coordinación entre empresas, Estado y ecosistemas de innovación.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.mckinsey.com/capabilities/strategy-and-corporate-finance/our-insights/six-breakthrough-business-models-reshaping-global-growth

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Descripción del semáforo tecnológico

Los documentos se clasifican en varios colores tipo semáforo tecnológico que indican el nivel de implementación de la tecnología en el país

Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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