Pese a tasas de electrificación cercanas al 98% en Latinoamérica, persisten brechas de acceso en zonas remotas de la cuenca amazónica y el altiplano andino. Un artículo de IRENA de agosto de 2026 destaca que la energía renovable descentralizada —especialmente sistemas solares con almacenamiento y microhidroeléctricas— no solo aporta electricidad, sino que habilita usos productivos capaces de generar ingresos y fortalecer economías locales.
En el marco de la Global Initiative on Transitioning Remote Communities to Renewable Energy, IRENA, Global Energy Alliance y Practical Action organizaron un taller en Perú con representantes de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, donde se compartieron experiencias en agricultura, agroprocesamiento, riego, almacenamiento en frío, carpintería y transformación de productos.
Los casos incluyen una planta solar de procesamiento de plátano en la comunidad indígena de Soledad (Perú) y botes solares en la costa amazónica ecuatoriana. El intercambio confirmó que la infraestructura energética por sí sola no garantiza transformación económica inmediata: las soluciones deben responder a cadenas de valor locales y acompañarse de asistencia técnica y políticas públicas de apoyo.
Se observó limitada atención a microhidroeléctricas y escasa participación del sector privado en el escalamiento de soluciones rurales.
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