El mundo tiene un objetivo común de alcanzar emisiones netas cero y, sin embargo, no hay dos países que tengan la misma estrategia de transición energética.
Suecia, Dinamarca y Noruega han ocupado los tres primeros puestos de la clasificación durante este tiempo, beneficiándose de estructuras de sistemas energéticos diversos, marcos reguladores estables, una elevada inversión en investigación y desarrollo, y sistemas de tarificación del carbono que incentivan soluciones más ecológicas.
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