Es indiscutible pensar que el mundo está entrando en un proceso de transición a energías más limpias para cuidar el planeta. El ser humano a lo largo de su existencia ha adecuado su entorno para sobrevivir haciendo uso de diferentes materiales que le ayuden a generar energía, pasando de la leña al carbón, en el siglo XIX, y del carbón al petróleo en el siglo XX. Para los 2000, el camino ha sido otro, no solo se busca la calidad de vida, sino tener consciencia del mundo que se le dejará a las futuras generaciones. Es así como la sociedad se proyecta hacia la transición a energías alternativas como el hidrógeno, la energía solar térmica y fotovoltaica, la energía eólica, la hidroenergía, la energía de los océanos y la energía geotérmica.
Colombia no se queda atrás en esta materia. Bajo el compromiso de lograr la neutralidad del carbono para el 2050, el Congreso de la República en 2021 expidió la Ley de Transición Energética para fomentar el uso de fuentes no convencionales de energía en organizaciones públicas y privadas. Una tendencia, que ya muestra sus frutos, dado que, de acuerdo con el Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial, Colombia es el tercer país en la región que ha realizado más esfuerzos para alcanzar este objetivo con un 65,93%. Hoy, el Estado cuenta con una capacidad energética de 1.365 MW generados por centrales solares y eólicas y tiene previsto desarrollar más de 4.500 MW en los próximos años.
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