La discusión de Energy Systems Catapult sobre resiliencia energética se apoya en una idea central: alcanzar un sistema con cero emisiones netas no garantiza resiliencia por defecto, por lo que esta debe incorporarse deliberadamente desde el diseño. La entidad ya venía desarrollando esa tesis en trabajos previos sobre resiliencia en el sistema energético de cero emisiones, donde señaló que la transición requerirá un enfoque distinto al tradicional, basado en reconocer interdependencias crecientes entre componentes antes tratados por separado. El contexto más visible de esa preocupación fue el gran apagón ibérico de abril de 2025, que el propio centro analizó como una alerta sobre cómo redes con alta participación de generación basada en inversores necesitan evolucionar en servicios de operabilidad, control de tensión e inercia para sostener estabilidad cuando crece la cuota renovable.
El argumento es que la resiliencia no es solo una cuestión técnica de respaldo o infraestructura dura. También implica gobernanza, métricas, capacidades institucionales y decisiones conscientes sobre compensaciones entre costo, participación social, diseño del sistema y exposición climática. El informe sectorial de diciembre de 2024, desarrollado con apoyo del Catapult, pidió definir roles y responsabilidades con mayor claridad, empezando por entidades sistémicas, además de construir nuevas métricas y capacidades para integrar pensamiento de resiliencia en todo el sector energético. Esa visión conecta con trabajos recientes del organismo sobre flexibilidad y sistema limpio a 2030, donde se insiste en que la descarbonización y la confiabilidad deben avanzar juntas, no en carriles separados.
La relevancia para agendas de convergencia es que la resiliencia deja de ser un asunto exclusivo del operador de red y se convierte en una propiedad del sistema completo: mercado, activos distribuidos, almacenamiento, comunicaciones, protección digital, redes y consumidores. Cuando el Catapult afirma que la resiliencia no puede esperar, está sugiriendo que los retrasos en diseñar operabilidad, flexibilidad y coordinación pueden encarecer la transición y volver más vulnerables los beneficios de la electrificación limpia.
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Why energy resilience can’t wait