Se reseña un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts que muestra que la sostenibilidad sigue siendo una prioridad corporativa en las cadenas de suministro, incluso en un entorno de alta volatilidad regulatoria. Según el reporte, 73% de las empresas no modificó sus compromisos de sostenibilidad durante 2025, mientras 12% los incrementó y 15% los redujo. La lectura del MIT es que la acción empresarial está siendo impulsada por fuerzas más amplias que la política federal de corto plazo. La encuesta, elaborada junto con el Council of Supply Chain Management Professionals, recogió respuestas de 1.203 profesionales de abastecimiento y logística en 97 países y seis continentes, ofreciendo un panorama amplio sobre cómo se están gestionando metas ambientales y de emisiones en redes globales de suministro.
El informe también revela una brecha entre compromiso declarado y ejecución operativa. Solo 39% de las compañías que mantuvieron o aumentaron sus metas integró realmente la sostenibilidad en la toma cotidiana de decisiones. El MIT subraya que las empresas con objetivos públicos son 74% más propensas a traducir esas metas en decisiones diarias e inversiones de mayor impacto. Entre los mayores obstáculos sobresale la medición de emisiones de alcance tres: alrededor de 70% de los encuestados señaló la disponibilidad de datos de proveedores como la principal barrera. A esto se suman la falta de metodologías estandarizadas y la complejidad inherente de los cálculos. El análisis resalta diferencias regionales: en Europa pesa más la regulación, mientras en Norteamérica influyen sobre todo las prioridades de junta directiva, mercado financiero e imagen reputacional.
El resultado más interesante para agendas de convergencia es que la sostenibilidad en cadenas de suministro dejó de depender exclusivamente del impulso regulatorio y pasó a responder también a expectativas de inversionistas, gestión reputacional y estrategia corporativa. No obstante, la madurez analítica sigue siendo desigual.
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