La evolución hacia AMI 2.0 transforma la red de comunicaciones en un activo crítico para la operación eléctrica. A diferencia de AMI 1.0, donde el objetivo principal era la lectura periódica de medidores, AMI 2.0 convierte cada medidor en un nodo inteligente capaz de intercambiar telemetría frecuente, eventos operativos y actualizaciones de software en tiempo casi real. Esto habilita automatización de distribución, monitoreo avanzado de activos y coordinación con recursos energéticos distribuidos, pero exige mayores tasas de datos, baja latencia y alta disponibilidad. La nota de Wi‑SUN subraya que la elección de la malla inalámbrica condiciona el desempeño del sistema durante quince o veinte años, por lo que no puede tratarse como un componente secundario.
Uno de los criterios centrales es la resiliencia. Las mallas para AMI 2.0 deben ser autoformantes y autorreparables, capaces de reenrutar tráfico ante interferencias, cambios físicos del entorno o eventos climáticos. Esta capacidad reduce pérdidas de datos y mantiene el control operativo durante contingencias, evitando visitas de campo costosas y mejorando tiempos de respuesta. El artículo también destaca la importancia de un ecosistema amplio y certificado, que garantice interoperabilidad entre fabricantes y evite dependencias tecnológicas. Un programa formal de certificación reduce riesgos de integración y facilita la incorporación de nuevos dispositivos a lo largo del ciclo de vida del sistema.
Desde la perspectiva TI/OT, la malla debe integrar ciberseguridad desde el diseño: autenticación robusta, cifrado de extremo a extremo, gestión de llaves y actualizaciones remotas seguras. La recomendación práctica es validar estas capacidades en pilotos que reproduzcan densidades reales y mensajería local entre transformadores, donde la baja latencia es clave para proteger activos, coordinar DER y gestionar recargas de vehículos eléctricos. En síntesis, una malla inalámbrica adecuada para AMI 2.0 no solo soporta la operación actual, sino que habilita casos futuros de flexibilidad, calidad de energía y detección temprana de fallas con mayor confiabilidad y menor costo total.
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