CIGRE Electra analiza cómo los recursos energéticos distribuidos están transformando la arquitectura eléctrica y los sistemas de información que la soportan. La red histórica operaba desde pocas centrales grandes hacia consumidores previsibles, con centros de control que supervisaban miles de activos y mediciones en escalas manejables. Esa premisa dejó de ser suficiente. Australia supera 4,2 millones de sistemas solares en techo y 450.000 baterías residenciales; Estados Unidos superó 4,7 millones de instalaciones solares residenciales en 2023; y la capacidad mundial de almacenamiento distribuido podría cuadruplicarse hacia 2030 frente a la línea base de 2018, impulsada por vehículos eléctricos.
El grupo de trabajo de CIGRE identifica tres dominios inseparables: sistemas de información, telecomunicaciones y ciberseguridad. Los operadores necesitan visibilidad tanto de recursos distribuidos conectados a alimentadores como de activos en el borde del consumidor, incluyendo paneles solares, baterías y vehículos eléctricos. En la capa eléctrica predominan estándares como IEC 61850, DNP3 e IEC 60870-5-104; en el borde del usuario aparecen IEEE 2030.5, SunSpec Modbus, OpenADR y OCPP, junto con interfaces propietarias de fabricantes. La coexistencia de lenguajes, nubes de proveedores y agregadores reduce visibilidad, aumenta costos de integración y amplía la superficie de ataque. Incluso cuando existe un protocolo común, no siempre se pactan niveles de servicio para latencia, precisión, disponibilidad y completitud de datos.
La implicación para empresas de distribución es directa: sin contratos de calidad de información y arquitectura de comunicaciones robusta, gigavatios de generación pueden quedar fuera del monitoreo en tiempo real, agravando errores de pronóstico, violaciones de tensión y flujos reversos. La resiliencia en el borde demanda interoperabilidad, segmentación de redes, autenticación, supervisión continua y modelos claros de responsabilidad entre operador, agregador, fabricante y usuario. Para Colombia, la entrada masiva de autogeneración, baterías y movilidad eléctrica debería acompañarse de requisitos técnicos verificables antes de que el volumen distribuido supere la capacidad de observabilidad operativa.
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