La disrupción climática ya golpea las cuentas de las empresas. Según Sustainability in Action 2026, el 94 % de los altos directivos consultados afirma que estos eventos han generado pérdidas financieras en los últimos dos años, y el 30 % reporta impactos superiores a un millón de dólares. Apenas uno de cada cinco declara efectos mínimos, por debajo de los 100.000 dólares. El panorama se agrava por un entorno geopolítico complejo que presiona cadenas de suministro, costos y decisiones de inversión con mayor rapidez que los sistemas de datos diseñados para gestionarlos. La base empírica proviene de una encuesta de Censuswide a 1.000 líderes, entre ellos responsables de sostenibilidad, presidentes ejecutivos, directores financieros, de tecnología, de datos, de inteligencia artificial y de compras, en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, la región DACH y los países nórdicos, con trabajo de campo entre el 22 de mayo y el 1 de junio de 2026 y representación de los sectores de energía, ciencias de la vida, manufactura, comercio minorista y transporte.
Frente a ese costo, la calidad de la información disponible se deteriora. En 2024, el 53 % de los encuestados señalaba que sus datos carecían de la confiabilidad necesaria para orientar la estrategia; hoy esa proporción asciende al 79 %, en buena medida porque la información sigue aislada en los sistemas de negocio, incompleta o sin estandarización, y no se ha integrado en toda la organización. Esta brecha resulta llamativa porque las empresas utilizan cada vez más los datos de sostenibilidad para decidir sobre costos, mitigación de riesgos, cadenas de suministro, compras e inversión. Sin embargo, el compromiso no cede: el 85 % considera que su negocio debe transformarse para la economía baja en carbono y el 86 % interpreta esa transición como una oportunidad de crecimiento y no como un freno. Dicho de otro modo, la sostenibilidad sigue en la agenda corporativa, pero la capacidad de gestionar la información que la respalda no avanza al mismo ritmo.
En ese contexto, la inteligencia artificial aparece como un habilitador para que los datos sean más confiables, accionables y valiosos desde el punto de vista estratégico. El 79 % de los consultados afirma que su adopción ha aumentado la inversión en sostenibilidad, con beneficios como mayor acceso a inversión, mejor precisión de los datos, preparación para auditorías y menos tiempo dedicado a recopilar y procesar información. Desde la perspectiva de Capgemini, la resiliencia ya no se limita a gestionar riesgos, sino que consiste en anticipar disrupciones y actuar con confianza, y para ello los datos confiables y conectados a lo largo de la cadena de valor son la base que permite a la inteligencia artificial mejorar el desempeño de la cadena de suministro y generar ventajas competitivas sostenidas. Por su parte, Sweep subraya que estos datos permiten identificar dónde golpean los riesgos al negocio, cuánto cuestan y dónde conviene actuar primero.
La conclusión del estudio apunta a que las organizaciones capaces de combinar una infraestructura de datos integrada estarán mejor posicionadas para gestionar la disrupción climática, cumplir los requisitos de divulgación y convertir la sostenibilidad de una obligación de reporte en una fuente de resiliencia empresarial. Para los profesionales del sector energético colombiano, esta lectura resulta pertinente porque la energía figura entre los cinco sectores analizados, lo que facilita contrastar la situación propia con la de otros mercados. Además, ofrece cifras comparables para dimensionar el impacto financiero de la disrupción climática, elementos para priorizar la integración y la estandarización de la información y una referencia sobre el papel de la inteligencia artificial en la confiabilidad de los datos. Su revisión completa permite detectar por dónde empezar para que la sostenibilidad aporte resultados verificables al negocio.
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