La adopción de inteligencia artificial por parte de las pequeñas y medianas empresas se ha convertido en un tema central dentro de las economías avanzadas. Aunque la tecnología ha avanzado rápidamente y su uso se ha expandido en grandes corporaciones, las pymes muestran un rezago considerable frente a otras herramientas digitales como la computación en la nube. Esta brecha refleja tanto limitaciones estructurales como la necesidad de políticas públicas que faciliten la integración de soluciones basadas en inteligencia artificial en sus procesos productivos. El panorama actual evidencia que, entre 2020 y 2024, el porcentaje de empresas que utilizan inteligencia artificial pasó de 5.6% a 14% en los países de la OCDE. Sin embargo, al desagregar por tamaño, las diferencias son notorias: mientras cerca del 40% de las grandes compañías emplean estas tecnologías, apenas un 11,9% de las pequeñas lo hace. Esta disparidad se observa en todos los países del G7 y se amplía cuando se analizan aplicaciones específicas como el reconocimiento de imágenes, la automatización de flujos de trabajo o el uso de robots autónomos.
Además, la distribución sectorial muestra contrastes importantes. Las empresas de tecnologías de la información y comunicación, junto con los servicios profesionales, concentran los mayores niveles de adopción, superando el 25% en algunos casos. En cambio, sectores como construcción, transporte o alojamiento apenas alcanzan cifras cercanas al 7%. Esta heterogeneidad refleja tanto la naturaleza de las actividades como la capacidad de cada sector para invertir en innovación. El impacto potencial de la inteligencia artificial sobre la productividad es significativo. Estudios recientes estiman que los beneficios podrían traducirse en incrementos de entre 0,2 y 1,3 puntos porcentuales en el crecimiento anual de la productividad laboral en las economías del G7 durante la próxima década. La inteligencia artificial generativa, en particular, se perfila como una tecnología de propósito general con capacidad de transformar procesos en múltiples áreas, aunque su aprovechamiento pleno aún está en construcción.
Para comprender mejor las trayectorias de adopción, se ha propuesto una taxonomía que distingue cuatro perfiles de empresas: las novatas, que utilizan herramientas básicas en tareas periféricas; las exploradoras, que desarrollan soluciones a medida; las optimizadoras, que integran múltiples aplicaciones en distintas funciones; y las campeonas, que incorporan la inteligencia artificial en su estrategia y operaciones de manera transversal. Esta clasificación permite diseñar políticas diferenciadas que respondan a las necesidades específicas de cada grupo.
Los estudios de caso en países del G7 muestran que, pese a las ventajas, las pymes enfrentan obstáculos recurrentes. Entre ellos destacan la falta de conectividad de calidad, la escasez de insumos habilitadores como datos y capacidad de cómputo, las carencias en habilidades digitales y las restricciones financieras. Estos factores limitan la posibilidad de que las empresas exploren usos más avanzados y conviertan la inteligencia artificial en un motor de innovación.
Los gobiernos han comenzado a implementar estrategias para atender estas limitaciones. Se observan programas de inversión en infraestructura digital, iniciativas para mejorar el acceso a datos, esquemas de financiamiento adaptados a las pymes y planes de formación de competencias. Aunque cada país adapta las medidas a sus prioridades nacionales, existe un objetivo común: lograr una difusión inclusiva y productiva de la inteligencia artificial.
La cooperación internacional también se presenta como un elemento decisivo. La armonización de estándares técnicos, la reducción de fricciones transfronterizas y el intercambio de conocimientos pueden acelerar la adopción y generar certidumbre para las empresas. En este sentido, las recomendaciones de la OCDE y los compromisos del G7 buscan orientar a los gobiernos hacia políticas que promuevan un uso responsable y beneficioso de la inteligencia artificial en las pymes.
En síntesis, la adopción de inteligencia artificial por parte de las pequeñas y medianas empresas representa tanto un reto como una oportunidad. El rezago frente a las grandes compañías y a otras tecnologías digitales exige intervenciones específicas que fortalezcan la conectividad, los insumos tecnológicos, las competencias laborales y el acceso a financiamiento. Al mismo tiempo, la diversidad de perfiles empresariales demandas políticas diferenciadas que acompañen a las empresas en su tránsito desde usos básicos hasta aplicaciones estratégicas. Solo mediante este enfoque integral será posible que la inteligencia artificial contribuya a una transformación productiva más amplia y equitativa en las economías del G7.
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