La transformación digital en Zambia se ha convertido en un eje central para el desarrollo económico y social, especialmente en un país con una población joven y en rápido crecimiento. La incorporación de competencias digitales en el sistema de educación técnica y vocacional (TEVET) es fundamental para preparar a los futuros trabajadores y docentes frente a las demandas de un mercado laboral cada vez más digitalizado. En este contexto, se realizó una evaluación basada en tareas prácticas que permitió medir el nivel de habilidades digitales de estudiantes y profesores, ofreciendo una visión clara de las brechas existentes y de las áreas prioritarias de intervención. Los resultados muestran que los docentes poseen un nivel inicial de competencia digital. Aunque logran realizar tareas básicas como conectarse a internet o utilizar herramientas elementales, enfrentan dificultades en aplicaciones más prácticas, como reconocer archivos adjuntos en correos electrónicos, realizar búsquedas efectivas o gestionar datos al instalar programas. Su promedio de desempeño se ubica en un nivel que refleja la necesidad de avanzar hacia competencias intermedias, lo cual es indispensable para que puedan guiar a los estudiantes en el desarrollo de sus propias habilidades.
Por su parte, los estudiantes presentan un nivel aún más bajo. La mayoría solo logra completar tareas simples con apoyo, y su conocimiento se limita a prácticas cotidianas vinculadas al uso de teléfonos inteligentes. Aunque están familiarizados con actividades digitales básicas, muestran escasa conciencia sobre seguridad en línea, riesgos de phishing o malware, y dificultades para manejar documentos y contraseñas. Esta situación evidencia que, pese a ser nativos digitales en términos de uso cotidiano, carecen de las competencias necesarias para desenvolverse en entornos académicos y laborales que requieren un manejo más avanzado de la tecnología. Las diferencias de género son mínimas entre los docentes, aunque los hombres obtuvieron puntajes ligeramente superiores. En cambio, entre los estudiantes las brechas son más marcadas, con resultados significativamente mejores en los varones. Esta disparidad sugiere la necesidad de diseñar estrategias específicas para promover la participación y el aprendizaje digital de las mujeres, garantizando equidad en el acceso y en las oportunidades de formación.
El acceso a infraestructura tecnológica constituye otro reto. Aunque la mayoría de los docentes posee algún dispositivo digital, solo una parte cuenta con computadoras y menos aún con electricidad confiable. Entre los estudiantes, el acceso es todavía más limitado, lo que restringe la posibilidad de practicar y consolidar competencias digitales. Esta carencia de recursos básicos refuerza la urgencia de invertir en infraestructura y garantizar condiciones mínimas para el aprendizaje digital. Las recomendaciones apuntan a integrar de manera sistemática las competencias digitales en los programas de formación. Para quienes se encuentran en niveles muy básicos, se propone un enfoque práctico y presencial que permita adquirir habilidades operativas elementales, como navegar dispositivos, enviar correos o realizar búsquedas simples. Los docentes con niveles iniciales deberían participar en programas combinados que incluyan instrucción guiada y aprendizaje autónomo en línea, con el fin de avanzar hacia niveles intermedios. Aquellos con mayor dominio requieren formación especializada en pedagogía digital, orientada a aplicar herramientas tecnológicas en la enseñanza y en la creación de contenidos educativos.
En el caso de los estudiantes, se recomienda integrar la alfabetización digital y la educación en informática dentro del currículo, con énfasis en competencias prácticas y en áreas como programación, ciberseguridad y ética digital. Incorporar tareas digitales en las evaluaciones regulares permitirá que los alumnos apliquen sus conocimientos en contextos reales, fortaleciendo su preparación para el mundo laboral. El desarrollo de habilidades digitales en Zambia demanda una estrategia integral que combine formación docente, apoyo a estudiantes, inversión en infraestructura y políticas inclusivas. Solo así se podrá aprovechar el potencial de la juventud para impulsar la transformación digital del país y garantizar que la educación técnica y vocacional responda a las exigencias de una economía cada vez más digitalizada.
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