La transformación acelerada de los sistemas eléctricos europeos, marcada por la incorporación masiva de renovables, la electrificación del transporte y la calefacción, y la creciente digitalización de la operación de red, está redefiniendo tanto las causas como las consecuencias de los incidentes en las redes de distribución. Mientras que las investigaciones tradicionales de interrupciones se concentraban en fallas de equipos o en daños asociados al clima, los incidentes actuales suelen combinar activos físicos, sistemas de control operativo, infraestructura de comunicaciones, plataformas de flexibilidad, recursos energéticos distribuidos y eventos de ciberseguridad. Bajo esa constatación, E.DSO organizó una sesión de intercambio de conocimiento en junio de 2026, apoyada en una encuesta entre sus miembros y en estudios de caso de Fluvius, Enedis y Stedin, cuyo propósito fue examinar si los esquemas de gobernanza actuales siguen siendo adecuados y sentar las bases para recomendaciones al directorio de la asociación.
El documento parte de una constatación de contexto que resulta reveladora: tras el incidente de la península ibérica de abril de 2025, los debates dentro del comité de tecnología de E.DSO evidenciaron esfuerzos en curso, tanto de sus miembros como de la entidad europea de operadores de distribución, para formalizar la participación de estos operadores en investigaciones de incidentes a gran escala. Este antecedente conecta con una tendencia regulatoria más amplia en Europa, donde la integración de recursos distribuidos, mercados de flexibilidad y procesos operativos interconectados va difuminando la frontera tradicional entre las responsabilidades de transmisión y distribución, al tiempo que las iniciativas regulatorias sobre resiliencia y ciberseguridad empiezan a exigir un manejo de incidentes más coordinado.
Entre los hallazgos más relevantes, el estudio destaca que la congestión de red está dejando de ser un asunto exclusivamente de planeación operativa para convertirse en un factor que puede generar condiciones asimilables a un incidente, con una frontera cada vez más difusa entre la gestión programada de la congestión y los procedimientos de protección y restauración de emergencia. También documenta cómo la digitalización, si bien mejora la visibilidad de la red, la velocidad de restauración y el aprovechamiento de la capacidad instalada, incrementa a la vez la dependencia de sistemas SCADA, plataformas en la nube y proveedores externos, ampliando la superficie de exposición a riesgos cibernéticos. Este último punto adquiere particular relevancia porque los incidentes de ciberseguridad, aunque menos frecuentes que los eventos climáticos, pueden afectar de manera simultánea sistemas de control, monitoreo, comunicaciones y plataformas de mercado, involucrando a un ecosistema cada vez más amplio de actores como agregadores, operadores de estaciones de carga y fabricantes de inversores.
Frente a este panorama, el informe recopila prácticas concretas ya aplicadas por operadores europeos: la creación de unidades especializadas en análisis de incidentes con revisión diaria de casos, como en Fluvius; la preparación ante crisis basada en pronósticos meteorológicos y planificación de personal, como en Enedis; la evaluación continua de inversiones en resiliencia comparando el desempeño ante eventos climáticos similares a lo largo del tiempo; y el fortalecimiento de capacidades de monitoreo de tecnología operativa junto con planes de contingencia cibernética, incluso en ausencia de incidentes significativos reportados. A partir de estas experiencias, el documento propone cinco líneas de acción dirigidas a los operadores de distribución: integrar los análisis eléctricos, operativos y cibernéticos en un marco único; fortalecer la cooperación con los operadores de transmisión en la investigación conjunta de eventos; clarificar la gobernanza aplicable a emergencias derivadas de la congestión; extender el enfoque de ciberseguridad hacia toda la cadena de suministro y el ecosistema digital; y consolidar mecanismos sistemáticos de intercambio de lecciones aprendidas entre operadores. El mensaje que atraviesa todo el documento es que la resiliencia de las redes eléctricas ya no depende únicamente de la inversión en infraestructura física, sino de una gobernanza integrada capaz de anticipar, gestionar e investigar incidentes cada vez más complejos.
Para leer más ingrese a: