La seguridad energética vuelve a ordenar las decisiones del sector en un escenario de ruptura del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, publicada en noviembre de 2025 bajo el nombre National Security Strategy 2025, reivindica la dominancia energética sobre petróleo, gas, carbón y nuclear, deja por fuera a las renovables y rechaza de forma explícita el discurso del cambio climático. Este giro coincide con una COP 30 que no logró consensuar una hoja de ruta para el abandono de los combustibles fósiles y que reconoció implícitamente la dificultad de contener el calentamiento en 1,5 ºC. Con ese telón de fondo, el trilema entre competitividad, seguridad y sostenibilidad se reordena a favor de la seguridad, y las políticas industriales y tecnológicas vuelven al centro del debate, con el respaldo incluso del Fondo Monetario Internacional.
Las cifras del escenario de políticas vigentes de la Agencia Internacional de la Energía ilustran el desafío. Estados Unidos, China e India concentran el 53 % de las emisiones mundiales y mantienen una fuerte dependencia fósil por razones de seguridad: China construye 200 GW de generación a carbón, aunque su peso en la matriz eléctrica bajaría del 58 % en 2024 al 36 % en 2035. A escala global, la demanda de petróleo pasaría de 100 mb/d a 113 mb/d en 2050, la de gas crecería un 30 % y las emisiones apenas caerían un 1 %, con un aumento de temperatura de 2,9 ºC a final de siglo. A esto se añade el riesgo de oferta por el declino natural de los pozos, estimado en 8 % anual para el petróleo y 9 % para el gas, frente a un mercado de GNL con una expansión prevista de cerca del 50 % entre 2025 y 2030. Europa, pobre en recursos primarios, ensaya una vía distinta con instrumentos como el Clean Industrial Deal, donde descarbonizar es también una decisión de seguridad.
Los capítulos temáticos profundizan en los frentes que condicionarán la transformación del sistema energético. El análisis del gas natural muestra cómo un mercado concebido bajo lógica liberal pasó a funcionar como instrumento de poder tras la invasión rusa de Ucrania, con fragmentación de cadenas de valor y realineamientos entre grandes potencias. En materia de minerales críticos, la vulnerabilidad de las tecnologías limpias no proviene de la escasez geológica, sino de la concentración de la producción y, sobre todo, del refinado en China, lo que exige combinar nuevas explotaciones con reciclaje, sustitución de materiales y financiación pública. La energía de fusión se presenta en fase preindustrial, con más de 50 empresas privadas y cerca de 10.000 millones de dólares invertidos desde 2021, como una opción descarbonizada y firme para la operación del sistema eléctrico. La inteligencia artificial, por su parte, se aborda como herramienta para redes, mercados y gestión de la demanda, sin soslayar su huella ambiental, sus riesgos de ciberseguridad y el choque de demanda eléctrica de los centros de datos.
Dos miradas más específicas completan el análisis. Los puertos energéticos, como Ras Tanura, Sabine Pass, Róterdam, Singapur y Ningbo-Zhoushan, se analizan como nodos de menor sustituibilidad que las rutas marítimas, expuestos a amenazas físicas, cibernéticas y geopolíticas, y se incluye el caso de ocho puertos españoles. Canadá, por su parte, se estudia como aspirante a superpotencia energética que busca diversificar sus exportaciones hacia Europa, el Indopacífico y el Ártico, siendo la región asiática la alternativa más viable a mediano plazo. La entrevista con Landon Derentz, del Atlantic Council, aporta una lectura sobre la renegociación del vínculo transatlántico y un enfoque más pragmático de la sostenibilidad. Para profesionales del sector energético colombiano, el análisis ofrece elementos para entender cómo la seguridad de suministro, el acceso a minerales y la demanda eléctrica asociada a la digitalización reconfiguran los precios, las inversiones y las decisiones de política en un mercado global más fragmentado.
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