Global Methane Tracker 2026

La lucha contra el cambio climático ha identificado en el metano a un enemigo de corto plazo de extrema relevancia, dado que su capacidad para absorber energía es sustancialmente superior a la del dióxido de carbono a pesar de permanecer menos tiempo en la atmósfera. El sector energético, que integra las operaciones de petróleo, gas natural, carbón y bioenergía, es responsable de aproximadamente el 40% de las emisiones globales derivadas de la actividad humana, habiendo liberado cerca de 150 millones de toneladas en 2025. Dentro de esta cifra, las actividades de extracción y procesamiento de petróleo y gas representaron 78 Mt, mientras que el sector del carbón aportó 39 Mt, evidenciando una estabilidad preocupante en los niveles de emisión a pesar de los crecientes compromisos internacionales. No obstante, la mitigación del metano ofrece una oportunidad excepcional no solo para el clima, sino para la seguridad energética, puesto que la captura de las fugas, el venteo y la quema en antorcha podría devolver al mercado cerca de 200 mil millones de metros cúbicos de gas natural anualmente. Esta recuperación de recursos desperdiciados resulta especialmente valiosa en un contexto de inestabilidad geopolítica donde los flujos comerciales de energía sufren interrupciones constantes y precios volátiles.

Visto de este modo, la distribución geográfica de estas emisiones muestra una alta concentración, debido a que apenas diez países generan el 70% del metano vinculado a los combustibles fósiles, con China, Estados Unidos y Rusia encabezando la lista. China destaca como el mayor emisor global debido principalmente a sus masivas operaciones mineras de carbón, aunque se observa una desaceleración en el crecimiento de sus emisiones gracias al aumento en la utilización del metano capturado en minas subterráneas. Por el contrario, Turkmenistán y Venezuela presentan intensidades de emisión extremadamente elevadas en sus sectores de petróleo y gas, reflejando deficiencias en el mantenimiento de la infraestructura y una falta de políticas de control efectivas. Una problemática persistente reside en los pozos marginales, los cuales, a pesar de producir volúmenes mínimos de hidrocarburos, pueden ser responsables de hasta un tercio de las emisiones totales en países como Estados Unidos debido al abandono de equipos antiguos y la falta de supervisión por parte de pequeños operadores. Identificar y clausurar adecuadamente estas fuentes, junto con las minas abandonadas que continúan filtrando gas durante décadas, representa una medida de mitigación de bajo coste y alto impacto inmediato.

En este sentido, los avances en la tecnología de detección han transformado la capacidad de respuesta global mediante el uso de constelaciones de satélites como MethaneSAT, Tanager-1 y el sistema TROPOMI, que permiten localizar «superemisores» en tiempo real. El Sistema de Alerta y Respuesta al Metano (MARS) de la ONU actúa como un mecanismo de coordinación que notifica a gobiernos y operadores sobre eventos de emisión masiva, aunque la tasa de respuesta efectiva todavía se sitúa en un modesto 12% global. Puesto que cerca del 70% de las emisiones de combustibles fósiles pueden mitigarse con tecnologías existentes como la detección y reparación de fugas (LDAR) o la instalación de unidades de recuperación de vapor, el principal obstáculo no es técnico, sino institucional y financiero. Resulta determinante señalar que aproximadamente un tercio de estas reducciones se podrían lograr sin costes netos, dado que el valor del gas recuperado supera la inversión necesaria para la infraestructura de captura, especialmente bajo los precios energéticos actuales. Por ello, el fomento de mercados diferenciados para combustibles con intensidad de metano cercana a cero, impulsado por estándares de importación en la Unión Europea y Japón, podría generar los incentivos económicos necesarios para que los productores inviertan en descarbonización.

A tenor de lo expuesto, la brecha entre los compromisos de alto nivel, como el Compromiso Global del Metano firmado por más de 150 países, y la implementación de políticas vinculantes sigue siendo considerable. Las políticas actuales solo lograrían reducir las emisiones del sector energético en un 25% para 2035, una cifra muy alejada de la reducción del 75% necesaria para alinearse con los escenarios de emisiones netas nulas. Países como Noruega han demostrado que es posible alcanzar intensidades de emisión mínimas mediante la prohibición de la quema en antorcha no urgente y la aplicación de impuestos al venteo de gas, sirviendo como modelo para otras naciones productoras. El financiamiento necesario para una reducción global del 75% se estima en 28,000 millones de dólares anuales, una suma que representa menos del 2% de los ingresos netos de la industria de hidrocarburos, pero que requiere mayor transparencia en la divulgación de gastos por parte de las empresas estatales y privadas. En conclusión, la integración de la transparencia de datos, marcos regulatorios robustos y la cooperación internacional para apoyar a las economías en desarrollo es indispensable para transformar la mitigación del metano en una herramienta eficaz contra el calentamiento global y a favor de la eficiencia económica del sistema energético mundial.

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