Masculinity and Gender Equality: Insights from Côte d’Ivoire and Senegal

El estudio de las masculinidades se ha vuelto un elemento primordial para comprender y desmantelar las desigualdades estructurales que impiden el progreso hacia la equidad de género en África Occidental. Las normas sociales tradicionales definen expectativas rígidas sobre el comportamiento de los hombres, influyendo directamente en la autonomía económica de las mujeres y en la prevalencia de la violencia de género. En sociedades como las de Costa de Marfil y Senegal, estas normas dictan que el valor de un hombre reside en su capacidad de proveer y controlar los recursos financieros del hogar. Este modelo de «hombre proveedor» crea una presión constante que no solo limita las oportunidades de las mujeres, sino que también afecta el bienestar emocional de los varones cuando no pueden cumplir con tales estándares económicos. Por lo tanto, abordar las masculinidades restrictivas permite identificar las raíces de la segregación laboral y de la distribución desigual del trabajo doméstico no remunerado. La transformación hacia modelos de masculinidad más positivos y equitativos es necesaria para fomentar sociedades más justas donde el liderazgo y el cuidado sean responsabilidades compartidas sin distinción de género.

Siguiendo esta línea de pensamiento, el análisis de datos recolectados en Costa de Marfil y Senegal muestra que las normas de dominancia financiera y toma de decisiones final por parte del hombre siguen profundamente arraigadas. Los índices de masculinidad restrictiva revelan puntajes elevados en aspectos como la creencia de que ciertos trabajos son exclusivamente «masculinos», lo que confina a las mujeres a sectores de menor remuneración o a la informalidad. En Senegal, por ejemplo, los hombres dominan sectores como la construcción, el transporte y la minería, mientras que las mujeres se concentran mayoritariamente en servicios de alojamiento, alimentación y comercio minorista. De igual forma, la noción del «trabajador ideal» como alguien sin responsabilidades domésticas penaliza a las mujeres, puesto que sobre ellas recae la carga desproporcionada de las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Este desequilibrio se refuerza por la norma de «reproducción dominante», donde el hombre suele tener la última palabra sobre el tamaño de la familia y el uso de anticonceptivos, limitando la capacidad de las mujeres para planificar su desarrollo profesional y personal.

Bajo este contexto de desigualdad, la educación se perfila como la herramienta más determinante para fomentar masculinidades positivas y normas igualitarias. Los hallazgos del reporte indican que los niveles más altos de escolaridad están correlacionados de manera significativa con una disminución en la aceptación de normas restrictivas y un aumento en el apoyo a la autonomía femenina. No obstante, los cambios en las actitudes no siempre se traducen de forma inmediata en cambios de comportamiento en el hogar, lo que sugiere la persistencia de barreras culturales que requieren intervenciones más allá de la educación formal. Por consiguiente, resulta vital implementar políticas públicas que promuevan la participación activa de los hombres en el cuidado infantil y en las tareas domésticas desde una edad temprana. Las iniciativas que involucran a líderes comunitarios y religiosos en el diálogo sobre la igualdad de género han demostrado ser efectivas para cambiar la percepción social de la masculinidad, moviendo el enfoque desde el control hacia la cooperación y el respeto mutuo.

Dicho lo anterior, el camino hacia la igualdad requiere un compromiso político firme que integre la perspectiva de las masculinidades en las estrategias nacionales de desarrollo y combate a la violencia. La implementación de programas de sensibilización dirigidos específicamente a hombres y niños puede ayudar a reducir la normalización de la violencia de género y el estigma asociado a las víctimas. Asimismo, la creación de incentivos para que las empresas adopten entornos laborales más inclusivos y flexibles permitiría que los hombres se involucren más en la vida familiar sin temor a ser penalizados profesionalmente. El fortalecimiento de los marcos legales contra la discriminación y la promoción del acceso igualitario a la propiedad de activos son pasos necesarios para desmantelar la dominancia financiera masculina. En conclusión, solo mediante una redefinición colectiva de lo que significa «ser hombre» se podrá liberar el potencial económico total de las mujeres y construir una paz duradera basada en la equidad y el reconocimiento de los derechos humanos para todos los miembros de la sociedad.

Para leer más ingrese a:

https://www.oecd.org/en/publications/masculinity-and-gender-equality_3973b760-en.html

https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/06/masculinity-and-gender-equality_d0d34556/3973b760-en.pdf

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 0 Promedio: 0)

Compartir artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Busca los documentos, noticias y tendencias más relevantes del sector eléctrico

Buscador de documentos
Buscador de noticias y tendencias

Banco de Información

Descripción del semáforo tecnológico

Los documentos se clasifican en varios colores tipo semáforo tecnológico que indican el nivel de implementación de la tecnología en el país

Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

Para acceder a todos los documentos publicados y descargarlos ingresa aquí