Renewables 2024: Analysis and forecast to 2030

La transición energética global está en una etapa de crecimiento acelerado, impulsada por políticas que buscan reducir la dependencia de los combustibles fósiles y mitigar el cambio climático mediante la adopción masiva de tecnologías renovables. La capacidad global de energía renovable está proyectada a crecer significativamente hacia 2030, con China a la vanguardia, en un movimiento transformador que involucra no solo grandes economías, sino también países en desarrollo. En términos de políticas energéticas, cerca de 140 países han implementado regulaciones y objetivos específicos que fomentan el desarrollo de energías renovables, haciendo que su competitividad aumente con respecto a las fuentes convencionales. Este crecimiento es esencial para satisfacer la demanda energética de manera sostenible, pero sigue siendo insuficiente para cumplir con el ambicioso objetivo de triplicar la capacidad renovable a nivel mundial en la próxima década, una meta planteada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP28). A pesar de estos esfuerzos, el sector energético aún enfrenta retos cruciales en términos de infraestructura y políticas que necesitan atención para alcanzar una mayor integración y sostenibilidad.


El panorama de la expansión de las energías renovables está liderado por la energía solar fotovoltaica, que se prevé que contribuya con el 80% de la nueva capacidad instalada de generación de electricidad renovable hacia 2030. La reducción de costos de producción y una mayor facilidad en los procesos de permisos han permitido una rápida adopción de esta tecnología, tanto a nivel industrial como en aplicaciones distribuidas en residencias y empresas. Esta tendencia también está presente en la energía eólica, especialmente en los sectores onshore y offshore, donde las políticas de subastas competitivas y los acuerdos de compra de energía corporativa están impulsando el desarrollo en regiones como la Unión Europea y Estados Unidos. En India, el crecimiento de las subastas de energía, la introducción de un esquema de apoyo para paneles solares en tejados y el fortalecimiento de las finanzas de las empresas de servicios públicos están acelerando la transición. Este movimiento hacia tecnologías renovables refleja el interés creciente de los sectores residencial y comercial en reducir costos de electricidad, un fenómeno impulsado en gran medida por la creciente competitividad de la energía renovable. Sin embargo, el despliegue masivo de estas fuentes de energía plantea desafíos significativos para la integración en las redes eléctricas. La dependencia de fuentes variables, como la solar y la eólica, incrementa la necesidad de flexibilidad en el sistema y la capacidad de almacenamiento. En países como Chile, Irlanda y el Reino Unido, el fenómeno de la limitación de producción de estas energías ha llegado a ser significativo, alcanzando entre el 5% y el 15% debido a la falta de inversiones adecuadas en redes y medidas de integración. Se observa una creciente inversión en almacenamiento de baterías, aunque no es suficiente; en paralelo, se requieren otras soluciones de flexibilidad a largo plazo, como sistemas de respuesta a la demanda y almacenamiento a gran escala. Para 2030, se proyecta que la penetración de energía solar y eólica alcance cerca del 70% en países como Chile, Alemania, Países Bajos y Portugal, lo que hará aún más evidente la urgencia de contar con una infraestructura que permita una mayor capacidad de almacenamiento y gestión de la demanda.


China emerge como un actor clave en esta transformación, aportando aproximadamente el 60% de la expansión de capacidad renovable global hacia 2030. Desde el fin de las tarifas de alimentación en 2020, la capacidad solar fotovoltaica en el país casi se ha cuadruplicado y la eólica se ha duplicado, lo cual ha sido posible gracias a su competitividad en costos y al respaldo continuo de políticas gubernamentales. Este impulso es reflejo de un enfoque integral que abarca tanto proyectos a gran escala como instalaciones distribuidas en todo el espectro de tecnologías renovables. En contraste, la Unión Europea y Estados Unidos también están avanzando en la expansión de su capacidad renovable, impulsados por políticas de incentivo como los créditos fiscales en Estados Unidos bajo la Ley de Reducción de la Inflación y las subastas competitivas en Europa, que han puesto al alcance los objetivos de 600 GW de energía solar para 2030. Sin embargo, ambos bloques necesitan implementar políticas adicionales para garantizar el crecimiento sostenido de la energía eólica, donde aún hay un camino por recorrer para alcanzar las metas de capacidad instaladas. El hidrógeno verde, a pesar de la atención y el apoyo político, aún representa una pequeña fracción del crecimiento total de capacidad renovable. Para 2030, se espera que solo el 4% de la producción global de hidrógeno provenga de fuentes renovables, ya que la demanda de este tipo de hidrógeno sigue siendo limitada. Aunque la capacidad global de electrolizadores podría aumentar cincuenta veces hacia el final de la década, solo una parte de esta demanda será cubierta por nuevas plantas de energía renovable, ya que se estima que la mitad de los electrolizadores utilizarán generación renovable de bajo costo proveniente de plantas ya existentes. Esto sugiere que, aunque la infraestructura y la capacidad para producir hidrógeno verde están en expansión, el crecimiento sigue limitado debido a la falta de creación de demanda significativa en sectores donde el hidrógeno podría tener un impacto transformador, como la industria pesada y el transporte.


El sector del transporte es otro área crítica para la transición energética, con una demanda creciente de electricidad renovable en lugar de combustibles fósiles. Los vehículos eléctricos, junto con el aumento en el uso de biocombustibles, están impulsando una transformación que desafía las estructuras tradicionales de consumo de energía. Se espera que la electricidad renovable cubra cerca del 50% del crecimiento en la demanda de energía en el sector transporte, liderada por la adopción de vehículos eléctricos y apoyada por políticas específicas en Estados Unidos, Europa y China. A pesar de este avance, el transporte aún depende en gran medida de combustibles fósiles y, por tanto, enfrenta dificultades para alcanzar los niveles de reducción de emisiones necesarios para cumplir con los objetivos climáticos. La inclusión de biocombustibles en sectores como la aviación y el transporte marítimo está en auge, aunque se requieren más políticas e incentivos para que estos sectores reduzcan significativamente su dependencia de los combustibles tradicionales. El uso de energía renovable para calefacción también está experimentando un crecimiento notable, particularmente en sectores residenciales e industriales. Las bombas de calor y los sistemas solares térmicos están ganando popularidad, impulsados en gran medida por los precios competitivos y las políticas de apoyo en Europa, China y Estados Unidos. En el sector industrial, el uso de calor renovable está en aumento, especialmente en aplicaciones que requieren temperaturas moderadas. Sin embargo, la demanda de calor en la industria supera la capacidad de expansión de la energía renovable, lo que significa que los combustibles fósiles seguirán siendo una parte importante de la matriz energética industrial en el corto plazo. A pesar de la expansión de tecnologías limpias, el desafío de desplazar los combustibles fósiles sigue siendo significativo, especialmente en aplicaciones de alta temperatura donde las opciones renovables aún no son económicamente viables.


Los avances en renovables no solo están impulsados por la necesidad de una matriz energética más limpia, sino también por el desarrollo de tecnologías y el impulso de políticas de modernización de redes eléctricas. La falta de inversión en infraestructura de redes es uno de los mayores obstáculos para la expansión renovable, especialmente en economías emergentes donde las barreras financieras limitan las oportunidades de crecimiento. La ampliación de la capacidad de transmisión y la modernización de las redes son fundamentales para evitar cuellos de botella que pueden frenar el avance de las renovables. A nivel global, alrededor de 1.650 GW de capacidad renovable están en fases avanzadas de desarrollo y pendientes de conexión a la red, un claro indicador de que la infraestructura de transmisión debe evolucionar para sostener el crecimiento esperado.

Para leer más ingrese a:

https://www.iea.org/reports/renewables-2024

https://iea.blob.core.windows.net/assets/45704c88-a7b0-4001-b319-c5fc45298e07/Renewables2024.pdf

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