El informe The Energy Sprint of the AI Race, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en mayo de 2026 en colaboración con el Technology and Industrialisation for Development Centre (TIDE) de la Universidad de Oxford, examina la convergencia entre dos transiciones globales que hasta ahora se han abordado de forma separada: la expansión acelerada de la inteligencia artificial y la transformación hacia sistemas energéticos limpios. Su tesis central sostiene que la competitividad de los ecosistemas nacionales de IA dependerá, en el largo plazo, del acceso a electricidad abundante, confiable, barata y baja en carbono, más que de la disponibilidad de datos o de talento algorítmico.
El consumo eléctrico de los centros de datos, que en 2023 rondaba los 416 teravatios hora, podría duplicarse hacia 2030 y alcanzar cerca de 945 teravatios hora, una cifra comparable al consumo energético total de Japón. Metodológicamente, el estudio combina una revisión de literatura sobre tecnologías de propósito general, geopolítica energética y ventanas de oportunidad verde -concepto desarrollado por Lema y otros autores en 2020-, con un mapeo original de 88 empresas emergentes de «IA verde» en siete economías en desarrollo: Brasil, Chile, India, Malasia, México, Nigeria y Sudáfrica. Estas empresas se concentran en nueve categorías de actividad, entre ellas optimización de redes eléctricas, plantas de energía virtuales, medición inteligente, pronóstico de demanda e infraestructura de cómputo alimentada con renovables.
El informe constata que, pese a la actividad emprendedora, la tracción comercial sigue concentrada en pocas empresas, limitada por brechas de talento, acceso a clientes tempranos, capital de riesgo y marcos regulatorios inciertos. Para organizar sus hallazgos, el documento propone un marco de tres pilares -personas, planeta y prosperidad- que vincula el desarrollo de la IA con la inclusión social, los límites ambientales y la transformación productiva. Bajo el pilar de planeta, el informe detalla cómo el consumo de agua para enfriamiento de centros de datos podría duplicarse hacia 2030, superando los 1.200 miles de millones de litros anuales a nivel global, y advierte sobre la concentración geográfica de minerales críticos como el cobalto, cuya extracción en la República Democrática del Congo genera escaso valor agregado local. Bajo el pilar de prosperidad, examina cómo la instalación de un centro de datos típico genera empleo temporal en construcción pero una planta operativa reducida, por lo que su verdadero impacto depende de si los países logran construir capacidades locales en servicios de IA, ingeniería especializada y desarrollo de plataformas. El informe cierra con cinco recomendaciones estratégicas: fortalecer la resiliencia económica mediante ecosistemas locales de innovación en IA y energía; adoptar la «IA verde» como enfoque por defecto en infraestructura, compras públicas e inversión; escalar posiciones en la cadena de valor de minerales críticos, energía y cómputo; alinear las estrategias de IA, energía e industria mediante planeación nacional integrada; y apoyar a las startups de IA verde con instrumentos de financiamiento y creación de mercado.
El valor de este informe para una alianza dedicada a la inserción de redes inteligentes radica en que sitúa la modernización de la red eléctrica como condición habilitante -y no solo como beneficiaria- de la revolución de la inteligencia artificial. Sus hallazgos sobre optimización de despacho de renovables mediante IA, gestión de la demanda con medición inteligente y reducción de pérdidas técnicas -con ganancias de eficiencia energética estimadas entre 10% y 30%- ofrecen argumentos concretos para justificar inversión en digitalización de la red ante reguladores y financiadores. Asimismo, sus casos de política pública, como la estrategia Morocco Digital 2030 de centros de datos alimentados con energía renovable, entregan referencias replicables para diseñar marcos regulatorios que condicionen la instalación de infraestructura digital intensiva en energía al uso de fuentes limpias y a la modernización de la red asociada.
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