En los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) del Caribe, los cortos de electricidad son frecuentes tras los grandes fenómenos meteorológicos. Mientras que las interrupciones locales del servicio a menudo duran unos pocos días después de estos eventos, las fallas de la red eléctrica a nivel nacional que duran varias semanas o meses han dado lugar a enormes impactos sociales y económicos. En 2017, el huracán María dejó al 90% de la población de Dominica sin acceso a la electricidad durante más de cuatro meses y provocó un colapso en todo el sistema de la red eléctrica de Puerto Rico que tardó 11 meses en restablecerse por completo. En 2022, Puerto Rico volvió a quedarse a oscuras durante varias semanas tras la llegada a tierra del huracán Fiona. Estos sucesos ponen de relieve las vulnerabilidades del sector energético de la subregión y demuestran los impactos duraderos, agravados y cada vez más frecuentes de los desastres climáticos extremos en los PEID del Caribe. Mejorar el mantenimiento rutinario de las infraestructuras es una medida rentable para reducir las vulnerabilidades del sector eléctrico al cambio climático. Sin embargo, las crecientes amenazas que plantean los peligros climáticos requieren enfoques más sistemáticos que integren la resiliencia en las prácticas tradicionales de planificación del sector eléctrico. La resiliencia del sector eléctrico consiste en la «capacidad de anticiparse, prepararse y adaptarse a las condiciones cambiantes y resistir, responder y recuperarse rápidamente de las interrupciones del sector eléctrico mediante una planificación adaptable y holística y soluciones técnicas». Las características actuales del sector energético en los PEID del Caribe exponen y aumentan su vulnerabilidad a los desastres. Algunas de ellas son: sectores energéticos nacionales operados por una única empresa, generación centralizada, alta dependencia de los combustibles fósiles, baja eficiencia de transmisión y distribución, y altas tarifas eléctricas. Tres factores principales están impulsando esa transición: la dependencia de los combustibles fósiles importados de alto coste; la disminución de los costes de las tecnologías de energías renovables; y los compromisos internacionales dirigidos a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
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