En la década de los 90, las autoridades surcoreanas, en colaboración con desarrolladores internacionales, concibieron Songdo como un proyecto para aliviar la congestión de Seúl y atraer inversión extranjera. La visión era ambiciosa: una ciudad verde y tecnológica que ofrecería una calidad de vida sin precedentes. Hoy, Songdo es un testimonio tangible de esa visión, con infraestructuras que parecen sacadas de una película de ciencia ficción.
Cuando en 2003 empezó a levantarse la isla artificial en la que se asienta la ciudad, las compañías implicadas habían previsto un coste de US$40.000 millones. Esta monumental inversión estaba destinada a convertir una extensión de terreno recuperado del mar en una metrópolis de vanguardia. El plan maestro fue diseñado por el famoso estudio de arquitectura Kohn Pedersen Fox (KPF), conocido por sus innovadores enfoques en el diseño urbano.
La implementación de esta visión recayó en la estadounidense Gale International, la coreana POSCO E&C y la entidad pública de la ciudad metropolitana de Incheon, a la que Songdo pertenece. Estas entidades se encargaron de la construcción de infraestructuras avanzadas y del desarrollo urbano en sus diversas fases. A pesar de que la construcción de Songdo se completó oficialmente en 2015, los primeros residentes empezaron a llegar en 2009, cuando los elementos fundamentales de la ciudad ya estaban en funcionamiento.