España alcanzó 124,5 MW de potencia de baterías conectada a mediados de febrero, consolidando el despegue operativo del almacenamiento electroquímico en el sistema y complementando los 3.331 MW de bombeo hidráulico existentes. Más relevante aún, la cartera de proyectos se sitúa en 9.074 MW repartidos en 560 iniciativas con una duración media de 3,3 horas, lo que revela una ola inversora orientada a cubrir rampas netas y gestionar curtailment fotovoltaico/eólico conforme avanza la electrificación. En solo 30 días, se registró un avance aproximado de 1 GW en tramitación y 27 nuevas solicitudes por 415 MW, indicador de dinamismo empresarial y expectativa de monetización por capacidad, arbitraje y servicios de ajuste.
La distribución geográfica favorece nodos con alta penetración renovable (Cáceres, Asturias, Cuenca, Barcelona), mientras que el mix de desarrollos se divide entre sistemas “stand alone” (52%) y baterías hibridadas con plantas existentes (48%), estrategia que reduce CAPEX balance‑of‑plant, aprovecha infraestructuras compartidas y mejora factores de utilización de inversores de planta. En términos regulatorios, la articulación de señales sobre mercados de capacidad y la eliminación de cuellos de transmisión son determinantes para materializar la cartera. Para el operador del sistema y los distribuidores, la expansión del almacenamiento aporta resiliencia operativa, amortigua congestiones regionales, facilita el cumplimiento de perfiles de vertido, y permite desplazar energía a horas de precio alto, moderando costes para consumidores. En paralelo, el crecimiento de tramitaciones confirma la necesidad de procedimientos más ágiles, certezas en retribución por servicios de red y coordinación planificación‑operación para que el almacenamiento contribuya efectivamente a reducir vertidos renovables, mejorar la seguridad del suministro estacional y acelerar la senda de descarbonización.
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