El documento sostiene que la siguiente etapa de transformación del sector público no depende solo de automatizar flujos informacionales, sino de intervenir también el trabajo físico mediante robots y sistemas de physical AI. El argumento parte de una medición cuantitativa precisa: 24% de las horas de tarea del gobierno federal de Estados Unidos corresponde a trabajo físico, según un análisis construido sobre más de 19.000 tareas recopiladas por el Departamento de Trabajo. Esa proporción marca un límite operativo para la automatización basada solo en modelos conversacionales, asistentes digitales o herramientas de procesamiento documental. La oportunidad identificada no está en reemplazar de forma masiva al personal, sino en ampliar la capacidad institucional sobre tareas que consumen tiempo y requieren presencia física, como manipular materiales, transportar insumos, preparar espacios o asistir operaciones rutinarias. El planteamiento central es que una parte relevante del esfuerzo público sigue ocurriendo fuera del plano digital, por lo que una estrategia de productividad basada solo en IA informacional deja sin intervenir una fracción sustancial del trabajo gubernamental.
El texto aterriza esta oportunidad en un caso de gran escala dentro del sector salud. El Department of Veterans Affairs (VA) opera 170 hospitales, 1.193 clínicas ambulatorias y atiende a 9,1 millones de afiliados. Dentro de esa red, los trabajadores destinan más de 4 millones de horas anuales a atención básica de salud y otros 2 millones a preparar equipos médicos o áreas de trabajo. Esa carga operativa permite visualizar con claridad dónde la robótica podría generar alivios medibles. El documento menciona ejemplos ya explorados por el VA, como asistencia robótica en cirugías ortopédicas, camas robóticas para mejorar la movilidad de pacientes y carros autónomos para transportar suministros médicos. La lógica de estos casos no se concentra únicamente en velocidad o ahorro de costos, sino en redistribuir tiempo humano hacia actividades centradas en pacientes, donde la interacción y el criterio profesional mantienen un valor diferenciador. El enfoque, por tanto, no es automatizar por automatizar, sino usar robots allí donde mejoren la prestación del servicio y reduzcan carga física o repetitiva sobre el personal.
El análisis también introduce una lectura más cauta sobre el potencial real de automatización. No todas las tareas físicas son igualmente aptas para ser asumidas por robots. De acuerdo con la evaluación presentada, solo cerca de 5% de estas tareas puede considerarse fácilmente automatizable. La gran mayoría, alrededor de 84%, se ubica en una categoría de automatización moderada, mientras aproximadamente 12% presenta bajo potencial. Esta distribución sugiere que la principal oportunidad del sector público no está en sustituciones inmediatas y generalizadas, sino en despliegues selectivos, con priorización por viabilidad técnica, volumen de horas comprometidas y conveniencia operativa. También deja ver que muchas de las tareas que más tiempo consumen son, precisamente, las más complejas de automatizar, bien sea por variabilidad del entorno, por exigencias de seguridad o por la necesidad de conservar interacción humana directa. La robótica aparece entonces como una herramienta de apoyo y ampliación de capacidad, más que como un sustituto universal del trabajo estatal.
El análisis explica que esta conversación gana tracción ahora por la convergencia de tres factores: mejor tecnología, menores costos y necesidad estructural. En el frente tecnológico, se destaca el avance de modelos especializados vision-language-action, capaces de integrar visión computacional, lenguaje natural y control motor para interpretar entornos y seleccionar acciones. En el frente económico, se cita una proyección del Bank of America Institute según la cual el costo material de un robot humanoide podría bajar desde alrededor de 35.000 dólares en 2025 hasta un rango de 13.000 a 17.000 dólares por unidad en la próxima década, mientras Goldman Sachs reporta una reducción de 40% en los costos de manufactura de humanoides entre 2022 y 2023. El análisis agrega que la industria global de la robótica podría duplicar tanto robots enviados como ingresos entre 2024 y 2030, alcanzando hacia 2030 hasta 1 millón de robots embarcados y más de 21.000 millones de dólares en ingresos. Esa combinación de madurez técnica, descenso de costos y escasez persistente de mano de obra es la que convierte a la physical AI en una opción operativamente más plausible para el sector público.
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