Asia convierte resiliencia en ventaja ante disrupciones simultáneas

La imagen panorámica muestra una vista nocturna de Asia Oriental desde el espacio, destacando la intensa iluminación urbana de China, la Península de Corea y Japón.

McKinsey analiza cómo organizaciones de Asia están pasando de una gestión de riesgos defensiva a una capacidad de resiliencia incorporada en operaciones, cadenas de suministro, talento y tecnología. La región enfrenta riesgos simultáneos: incertidumbre geopolítica, fricciones comerciales, presiones de deuda, costos elevados y amenaza creciente del cambio climático. Aunque muchos líderes asiáticos han convivido históricamente con desastres naturales, volatilidad regulatoria y tensiones comerciales, la acumulación de choques está obligando a rediseñar controles y modelos de decisión. La resiliencia ya no se entiende como continuidad básica, sino como capacidad de adaptarse rápido y proteger valor mientras se capturan oportunidades.

 

 

El artículo resalta que las respuestas efectivas no provienen de copiar manuales globales, sino de aprovechar fortalezas locales en cultura, economía y gobernanza. Un ejemplo citado es la Bolsa Nacional de India, que emprendió una transformación de resiliencia tecnológica para corregir vulnerabilidades críticas y mejorar estabilidad operativa. El diagnóstico identificó cerca de 80 proyectos de alto impacto en arquitectura tecnológica, procesos de ingeniería, modelo operativo, talento y gestión de proveedores. Posteriormente se incorporaron capacidades como observabilidad de extremo a extremo, plataforma horizontal de desarrollo y operación, y centros de excelencia de pruebas. La fase más reciente utilizó inteligencia artificial generativa para revisar diez millones de líneas de código e identificar 12 correcciones críticas.

 

 

Para empresas de energía, el enfoque es aplicable porque las redes eléctricas están expuestas a eventos climáticos, dependencia de proveedores digitales, restricciones logísticas, volatilidad de demanda y cambios regulatorios. La resiliencia debe medirse en indicadores de continuidad, recuperación, redundancia, flexibilidad contractual y aprendizaje organizacional. También requiere cultura: si las áreas de operación, tecnología, abastecimiento, finanzas y regulación actúan por separado, los controles pueden fallar en eventos compuestos. La experiencia asiática muestra que invertir en capacidades internas, ejercicios de estrés, datos confiables y toma de decisiones descentralizada puede convertir la gestión de riesgos en una ventaja competitiva, especialmente para infraestructuras críticas que deben sostener servicio aún bajo presión externa.

Para leer más ingrese a:

https://www.mckinsey.com/capabilities/risk-and-resilience/our-insights/from-risk-to-resilience-new-approaches-to-navigating-disruption-in-asia

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