Inside Climate News revisa el avance de las llamadas ciudades esponja, una estrategia urbana que combina infraestructura de drenaje con parques, jardines de lluvia, techos verdes, humedales construidos y superficies permeables para absorber agua durante tormentas. El punto de partida es claro: muchas ciudades crecieron sobre concreto y asfalto, sellando el suelo natural y enviando rápidamente el agua hacia calles o alcantarillados. Esa configuración era manejable bajo patrones históricos de lluvia, pero el calentamiento global intensifica eventos extremos y aumenta la presión sobre sistemas de drenaje diseñados para condiciones pasadas.
El artículo recuerda que una lluvia intensa en Copenhague durante 2011 dejó más de cinco pulgadas de precipitación en un día y causó daños superiores a 1.000 millones de dólares. Ese evento impulsó una transformación con espacios verdes e infraestructura técnica para manejar futuras inundaciones. Otras ciudades, desde Hong Kong hasta Nueva York, han adoptado enfoques similares. En Nueva York, cerca del 60 por ciento de las alcantarillas hacen parte de un sistema combinado antiguo, donde aguas lluvias y aguas residuales viajan por las mismas tuberías hacia plantas de tratamiento. Cuando ocurren lluvias extremas, se producen desbordamientos de aguas residuales hacia cuerpos de agua. En Los Ángeles, áreas verdes y cuencas poco profundas con suelos porosos ayudaron a absorber 8.600 millones de galones durante un río atmosférico en 2024.
La convergencia con el sector energético aparece en la resiliencia urbana. Inundaciones afectan subestaciones, cámaras eléctricas, vías de acceso, telecomunicaciones, movilidad eléctrica y continuidad de usuarios críticos. La infraestructura verde puede reducir caudales pico, mejorar recarga hídrica y disminuir carga térmica urbana, pero no sustituye por completo obras hidráulicas, mantenimiento ni planeación del suelo. Para ciudades latinoamericanas, el mensaje es combinar soluciones basadas en naturaleza con criterios de ingeniería, mapas de riesgo actualizados y coordinación entre servicios públicos. Las tormentas más intensas obligan a diseñar sistemas redundantes, no intervenciones parciales que solo funcionan bajo eventos moderados.
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