La computación está dejando de ser un producto para convertirse en una infraestructura nacional comparable a las redes eléctricas o de transporte. En 2022 la inversión mundial en infraestructura de computación alcanzó 97 mil millones de dólares; en 2025 llegó a 448-459 mil millones y se estima que para 2027 superará los 1,5 billones, un crecimiento de casi quince veces en un lustro. Este salto se produce en un momento en que las arquitecturas tradicionales alcanzan límites de rendimiento y eficiencia energética, mientras maduran o emergen nuevas modalidades: inteligencia artificial a gran escala, computación de alto rendimiento, sistemas cuánticos, neuromórficos, computación de borde y computación orbital. Estas tecnologías no sustituyen por completo a las actuales, sino que las expanden y coexisten, generando demandas simultáneas sobre redes eléctricas, cadenas de suministro, talento, capital y marcos regulatorios.
El marco de aceleración propuesto se organiza en siete dimensiones interrelacionadas: computación y conectividad, infraestructura física, gobernanza de datos, talento y habilidades, asociaciones, ciberseguridad y capacidad de despliegue. Estas dimensiones se analizan a través de tres pilares estratégicos. El primero es la soberanía e interdependencia: la capacidad de un país u organización de mantener agencia sobre dónde se aloja el cómputo, quién lo controla, cómo se actualiza y bajo qué condiciones se puede salir o reconfigurar, reconociendo al mismo tiempo las interdependencias globales en hardware, datos, materiales y talento. El segundo pilar es la ciberseguridad y la resiliencia, que debe anticipar amenazas emergentes a lo largo de toda la cadena de suministro y del ciclo de vida de los sistemas. El tercero es la sostenibilidad, que incorpora desde el diseño las limitaciones de energía, agua, materiales y emplazamiento, en lugar de tratarlas como consideraciones posteriores.
El informe proporciona una tablero de autodiagnóstico que permite a gobiernos y organizaciones evaluar su posición relativa, identificar prioritarios y gestionar los trade-offs entre necesidades inmediatas (por ejemplo, el despliegue masivo de GPU para inteligencia artificial) y la preparación para tecnologías emergentes con horizontes temporales distintos. No se trata de un ranking, sino de una herramienta de reflexión y diálogo interministerial y público-privado. Para profesionales del sector energético y de políticas públicas, el documento aporta una visión clara de cómo la expansión del cómputo de próxima generación condiciona la demanda eléctrica, la planificación de infraestructura crítica y las estrategias de soberanía tecnológica, ofreciendo criterios concretos para alinear inversiones, regulación y desarrollo de capacidades en un entorno de alta interdependencia y rápida evolución tecnológica.
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https://www.weforum.org/publications/the-next-generation-computing-framework/
https://reports.weforum.org/docs/WEF_The_Next_Generation_Computing_Framework_2026.pdf