La eólica se consolidó en 2025 como la primera tecnología del sistema eléctrico español por generación, con 59.378 GWh y una cobertura del 21,8 % de la demanda. La potencia instalada alcanzó 32.910 MW, el 24 % del mix, repartidos en 1.454 parques y 22.433 aerogeneradores en 860 municipios y 45 provincias. Castilla y León lidera con 7.640 MW, seguida de Aragón (6.106 MW), Castilla-La Mancha (4.928 MW), Galicia (3.874 MW) y Andalucía (3.680 MW). La nueva potencia del año, 1.420,88 MW, se concentró en un 87 % en tres comunidades, con Aragón y Castilla y León a la cabeza.
El impacto económico y ambiental es relevante. El sector aporta 3.274 millones de euros al PIB (0,25 %), genera 37.070 empleos (20.643 directos) y evitó 30,8 millones de toneladas de dióxido de carbono. El efecto reductor sobre el precio del mercado se estima en 14 euros por megavatio hora, con un ahorro bruto para los consumidores de 3.904 millones de euros. España cuenta con 274 centros de fabricación en 16 comunidades autónomas y se sitúa como el cuarto exportador mundial de aerogeneradores, con exportaciones por 1.953 millones de euros. La inversión en investigación e innovación alcanza 85,4 millones de euros.
En el contexto europeo, España es la tercera potencia por capacidad acumulada (11,04 %), detrás de Alemania y cerca del Reino Unido. En el mundo ocupa el séptimo lugar, con China concentrando casi la mitad de la capacidad global (640 GW de un total de 1.291 GW). A pesar del liderazgo relativo, el ritmo de instalación en España sigue siendo insuficiente: cumplir los 62 GW del plan nacional a 2030 exigiría incorporar unos 5,8 GW anuales, frente a los 1,4 GW de 2025. Los grandes retos identificados incluyen la agilización del permitting, la judicialización de proyectos, la aceptación social, la repotenciación y la economía circular, el almacenamiento, la integración en red, la electrificación de la demanda y el desarrollo de la eólica marina.
Para el sector eléctrico colombiano, el anuario ofrece una radiografía útil de un mercado maduro que combina escala industrial, impacto en precios y empleo, y tensión entre metas ambiciosas y ritmo real de despliegue. La lección central es que superar umbrales de potencia instalada no garantiza por sí solo el cumplimiento de los objetivos: sin acelerar tramitación, reforzar la red, avanzar en almacenamiento y resolver la aceptación territorial, la eólica corre el riesgo de quedar por debajo de su potencial de contribución a un sistema más seguro, competitivo y de bajas emisiones.
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