Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Coalición busca exprimir red sin prometer microrredes

    Coalición busca exprimir red sin prometer microrredes

    La creación de la Utilize Coalition refleja un cambio de enfoque en la discusión sobre infraestructura eléctrica: antes de construir más activos, varios actores quieren medir y aprovechar mejor la capacidad ociosa de la red. La nueva coalición reúne nombres como Tesla, Google, Carrier, Renew Home, Verrus, GridLab y Sparkfund, con el objetivo de impulsar cambios regulatorios estatales que permitan elevar la utilización del sistema y conectar más demanda con menores costos. Según su director ejecutivo, la red podría contar con entre 75 y 250 gigavatios de capacidad adicional subutilizada. El mensaje central es que parte del crecimiento de la demanda, especialmente de centros de datos, podría acomodarse mejor si la planeación incorpora métricas claras de utilización y premia cargas flexibles o capaces de autoabastecerse en horas críticas.

     

    El respaldo técnico de la coalición proviene del informe The Untapped Grid, elaborado por Brattle. Ese trabajo estima que aumentar la utilización en 10 % podría reducir las tarifas eléctricas alrededor de 3,4 %, al tiempo que permitiría desarrollar la infraestructura complementaria con mayor eficiencia. La lógica es sencilla: si la red se usa más horas y con un perfil de carga mejor gestionado, la inversión existente rinde más y se libera espacio para nuevas conexiones. En Virginia, la iniciativa apoya la ley SB 621, que obligaría a las empresas distribuidoras a medir y reportar la utilización real de la red e incorporarla en la planeación. Entre los indicadores se incluyen la relación entre carga máxima y capacidad total del sistema de distribución, la carga existente frente a la carga potencialmente entregable y las pérdidas de energía.

     

    Sin embargo, el artículo subraya que este enfoque no equivale a una agenda de independencia energética. Voceros del sector de microrredes advierten que la coalición privilegia la optimización del sistema centralizado y no el valor de resiliencia asociado al funcionamiento en isla.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.microgridknowledge.com/design-engineering/article/55366342/utilize-coalition-boasts-big-tech-names-aiming-to-make-better-use-of-grid-power-whats-in-it-for-microgrids

  • Dificultades en proceso de conexión frena proyectos de energía para IA en Estados Unidos

    Dificultades en proceso de conexión frena proyectos de energía para IA en Estados Unidos

    RMI advierte que la carrera por abastecer la revolución de la inteligencia artificial ya chocó con un límite físico y regulatorio: la interconexión. A medida que los centros de datos y otras grandes cargas buscan conexión rápida a la red, el sistema estadounidense enfrenta un desajuste entre la velocidad con que aparece la nueva demanda y la lentitud con que logra incorporarse la nueva oferta. El artículo distingue dos procesos que suelen confundirse: la interconexión de carga, que conecta instalaciones consumidoras como centros de datos, y la interconexión de generación, que habilita nuevas plantas y almacenamiento. Aunque el Departamento de Energía pidió a la FERC una regla para acelerar la conexión de grandes cargas, RMI sostiene que ese paso, por sí solo, no resuelve el problema central si la generación continúa atrapada en trámites largos, inciertos y costosos.

     

    Las cifras muestran la magnitud del atasco. Más de 2,2 teravatios de proyectos de generación y almacenamiento esperan en las colas de interconexión, casi el doble de la capacidad ya instalada en la red y suficiente para cubrir el crecimiento previsto de la demanda. Sin embargo, solo una fracción logra entrar en operación. En 2024, el tiempo promedio entre la solicitud inicial y la operación comercial rozó cinco años, frente a menos de dos años en 2008. Además, apenas 19 % de los proyectos que pidieron interconexión entre 2000 y 2019 había llegado a operación comercial al cierre de 2024. Los costos de interconexión también crecieron y pueden expulsar proyectos cuando las mejoras de red superan cerca de 10 % del gasto de capital total.

     

    RMI propone una agenda de reforma más ambiciosa. Destaca software avanzado para automatizar estudios, tecnologías que aumentan la capacidad de la red existente, mayor transparencia en cronogramas y costos de obras, y esquemas más integrados para planear carga, generación y transmisión.

    Para leer más ingrese a:

    https://rmi.org/interconnection-reform-ai-data-centers-generator-queues/

  • Extreme Temperatures and the Grid: Bridging the Gap Between Weather and System Impacts

    Extreme Temperatures and the Grid: Bridging the Gap Between Weather and System Impacts

    Los eventos de temperaturas extremas han comenzado a tensionar de manera creciente el funcionamiento de los sistemas eléctricos, evidenciando vulnerabilidades que antes permanecían ocultas bajo condiciones climáticas más estables. Episodios recientes de frío intenso y olas de calor han mostrado que las interrupciones no responden únicamente a umbrales térmicos predefinidos, sino a interacciones complejas entre condiciones ambientales, características técnicas de los equipos y dinámicas operativas del sistema. En este contexto, aunque se han desarrollado estándares regulatorios orientados a fortalecer la resiliencia, persiste una brecha importante entre la caracterización meteorológica de los eventos y los impactos reales que estos generan en la red. De hecho, la relación entre temperatura y fallas no sigue un patrón lineal, lo que dificulta anticipar con precisión el comportamiento del sistema frente a condiciones extremas.

    A medida que se profundiza en este fenómeno, emerge una limitación estructural relacionada con la disponibilidad y calidad de los datos. La falta de información detallada sobre fallas de componentes, condiciones operativas específicas y respuestas del sistema ante eventos extremos impide construir modelos robustos que reflejen adecuadamente la realidad. Además, la escasa experiencia histórica frente a eventos poco frecuentes incrementa la incertidumbre en la planificación, puesto que los operadores carecen de referencias suficientes para anticipar escenarios de alta complejidad. Por lo tanto, incluso cuando se establecen parámetros regulatorios basados en registros históricos recientes, estos pueden no capturar la variabilidad completa de las condiciones climáticas posibles, lo que limita su capacidad predictiva y puede inducir interpretaciones incompletas sobre el nivel real de exposición del sistema.

    En relación con los marcos regulatorios existentes, se observa que, si bien introducen métricas específicas para fortalecer la preparación ante temperaturas extremas, también presentan restricciones que afectan su efectividad. Por ejemplo, el uso de ventanas temporales acotadas para definir temperaturas críticas reduce la representatividad estadística de los eventos más severos, excluyendo episodios históricos relevantes que podrían modificar significativamente los resultados. A esto se suma la ausencia de variables adicionales que influyen en el desempeño del sistema, como la rapidez de los cambios de temperatura, que ha sido identificada como un factor determinante en fallas recientes. Asimismo, los enfoques centrados en valores históricos tienden a subestimar la evolución futura del clima, especialmente en un contexto donde se proyecta un incremento en la intensidad de eventos extremos, lo que introduce un desfase entre las condiciones consideradas en la planificación y las que efectivamente podrían materializarse en las próximas décadas.

    De manera complementaria, la complejidad del sistema eléctrico se amplifica por la interacción de múltiples factores que van más allá de la temperatura. La penetración de nuevas tecnologías, como bombas de calor o generación distribuida, modifica los patrones de consumo y añade incertidumbre sobre la respuesta de la demanda en condiciones extremas. Al mismo tiempo, la fragilidad de los componentes no siempre está adecuadamente caracterizada, debido a que los modelos disponibles suelen basarse en evidencia limitada o eventos aislados. En paralelo, los fenómenos climáticos suelen presentarse de forma combinada, incluyendo viento, hielo u otras condiciones que afectan simultáneamente la infraestructura, lo que dificulta aislar el efecto específico de la temperatura. En este sentido, avanzar hacia una planificación más robusta implica no solo ampliar las bases de datos y mejorar su granularidad, sino también incorporar enfoques que integren múltiples variables y consideren tanto la evolución del clima como la transformación del propio sistema energético.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.epri.com/research/products/000000003002034151

  • Powering Intelligence 2026: Updated Scenarios of U.S. Data Center Electricity Use and Power Strategies

    Powering Intelligence 2026: Updated Scenarios of U.S. Data Center Electricity Use and Power Strategies

    El crecimiento acelerado de la demanda eléctrica de los data centers en Estados Unidos está transformando fuertemente la dinámica regional de las redes eléctricas y presenta complejidades significativas para la planificación y operación del sistema eléctrico. El papel creciente de la inteligencia artificial (IA) como consumidor energético es particularmente notable, representando aproximadamente entre 15 % y 25 % del consumo eléctrico total de data centers actualmente, porcentaje que continúa en aumento. Aunque otras aplicaciones continúan creciendo de manera constante, la adopción masiva y el desarrollo de IA, con sus altos requerimientos energéticos, impulsan que la demanda eléctrica total proveniente de los data centers alcance entre el 9 % y el 17 % del consumo eléctrico nacional hacia 2030. Esta cifra representa un cambio significativo desde el 4 % al 5 % actual y refleja la existencia de una gran informalidad y dificultad para proyectar esta demanda debido a la limitada información pública y la incertidumbre sobre la escala y rapidez de despliegue de nuevas tecnologías.

    Asimismo, los estados muestran disparidades marcadas en cuanto a la concentración y el crecimiento esperado de la demanda de data centers. Por ejemplo, Virginia destaca como una entidad donde esta demanda podría llegar a representar entre el 39 % y el 57 % del consumo eléctrico total para 2030, señalando la concentración de desarrollos avanzados y en construcción. Otras regiones emergentes acumulan crecimientos importantes, aunque su participación general en la demanda total es menor por ahora. El informe subraya que medir únicamente la capacidad nominal instalada no es suficiente para comprender la presión real sobre la infraestructura eléctrica; es necesario considerar factores como la eficiencia energética (PUE), la tasa gradual de operación del equipamiento y el nivel de utilización real. Estos factores alteran la diferencia entre capacidad nominal y consumo efectivo, incidiendo en la necesidad de estrategias de flexibilidad y mejor aprovechamiento del sistema eléctrico existente.

    Por otro lado, las estrategias de abastecimiento energético determinarán los tipos de inversiones en infraestructura eléctrica. Las proyecciones bajo políticas vigentes apuntan a un predominio de la generación a gas natural, con tasas de construcción superiores al promedio reciente, mientras que metas de energía libre de carbono incentivarían inversiones adicionales en energía renovable, almacenamiento y energía nuclear donde sea factible. Frente a estos escenarios, el ajuste en las políticas, los retrasos en permisos, así como cuellos de botella en la cadena de suministro pueden limitar el ritmo de expansión tanto de generación como de transmisión. Igual importancia tiene la colaboración entre desarrolladores, operadores eléctricos, legisladores y comunidades, junto con iniciativas tecnológicas como DCFlex y GET SET que promueven la flexibilidad, confiabilidad y eficiencia del sistema, promoviendo una integración más adaptable de los data centers como componentes activos de la red.

    Finalmente, la rápida expansión de data centers, que puede equivaler en carga eléctrica a comunidades residenciales enteras, complica la sincronización entre el desarrollo de infraestructura y la conexión a la red. Esto, junto con limitaciones de mano de obra y equipamiento, exige la implementación de mejores herramientas para pronósticos de carga y una planificación ágil que evite sobrecostos y problemas de confiabilidad. La información actualizada y la modelación avanzada, que incluyen la consideración de características específicas del uso de IA y la gestión del consumo, son esenciales para anticipar impactos y diseñar respuestas efectivas en el sistema eléctrico. Se plantea además la necesidad de repetir y ajustar estas estimaciones conforme se disponga de nuevos datos, así como fomentar escenarios variados que incluyan la flexibilidad en demanda y energías alternativas para lograr un desarrollo sostenible y equilibrado de la infraestructura energética vinculada a los data centers.

    La evolución acelerada de los data centers y su creciente impacto en la demanda eléctrica nacional y estatal requieren un análisis detallado que incorpore no solo la capacidad nominal sino también el comportamiento real del consumo energético. La interacción entre el crecimiento de la inteligencia artificial y las demás actividades tecnológicas eleva la complejidad del pronóstico, mientras que las disparidades regionales y las políticas energéticas condicionan fuertemente las necesidades de generación y transmisión. La coordinación entre diversos actores y la adopción de tecnologías para flexibilizar la demanda pueden facilitar la integración de esta nueva carga en el sistema eléctrico. De este modo, se allana el camino para un desarrollo energético que apoye el avance tecnológico manteniendo la confiabilidad y la sustentabilidad del sistema.

    Para leer más ingrese a:

    https://powering-intelligence.epri.com/

  • Demonstrating the Full Value of Managed Electric Vehicle Charging: BASED ON A REAL-WORLD TRIAL OF ENERGYHUB’S EV SOLUTION

    Demonstrating the Full Value of Managed Electric Vehicle Charging: BASED ON A REAL-WORLD TRIAL OF ENERGYHUB’S EV SOLUTION

    La electrificación del transporte está transformando profundamente los sistemas eléctricos, introduciendo nuevas presiones sobre la infraestructura y generando desafíos asociados con el aumento de la demanda y la concentración de cargas en determinados momentos. En este contexto, la forma en que se gestiona la recarga de vehículos eléctricos adquiere una relevancia creciente, puesto que los patrones de consumo pueden amplificar o mitigar dichos impactos. Mientras la recarga no gestionada responde únicamente a las necesidades inmediatas de los usuarios, concentrándose frecuentemente en horas de alta demanda, los enfoques basados en señales tarifarias desplazan parcialmente el consumo hacia períodos de menor costo. No obstante, estos mecanismos tienden a generar efectos de sincronización, donde múltiples vehículos comienzan a cargarse al mismo tiempo, creando nuevos picos de demanda que pueden superar incluso los niveles observados sin intervención.

    A partir de este panorama, la gestión activa de la recarga emerge como una alternativa más sofisticada, al incorporar algoritmos que optimizan el proceso en función de múltiples variables, incluyendo costos del sistema, restricciones de la red y necesidades de los usuarios. Esta modalidad no solo desplaza la carga hacia momentos más favorables, sino que también distribuye el consumo de manera más equilibrada, evitando concentraciones abruptas. En efecto, los resultados muestran reducciones significativas en los picos de demanda, con disminuciones que pueden alcanzar entre 33% y 55% en comparación con estrategias tradicionales, lo que contribuye a aliviar la congestión en distintos niveles de la red. Además, la capacidad de ajustar dinámicamente los patrones de carga en función de señales horarias permite aprovechar mejor las variaciones en los precios de la electricidad, trasladando el consumo hacia las horas más económicas y reduciendo así los costos asociados al suministro energético.

    En términos de infraestructura, estos cambios en la forma de consumir electricidad se traducen en mejoras sustanciales en la utilización de los activos existentes. La optimización de la carga permite incrementar de manera considerable la cantidad de vehículos eléctricos que puede ser atendida por la red sin necesidad de inversiones inmediatas, alcanzando aumentos de hasta 3,2 veces en la capacidad de ciertos componentes como transformadores de distribución. Esta expansión de la capacidad operativa conlleva la posibilidad de posponer ampliaciones costosas durante varios años, lo que reduce la presión financiera sobre las empresas eléctricas y, en última instancia, sobre los usuarios. Al mismo tiempo, la reducción de inversiones tempranas facilita una asignación más eficiente del capital disponible, orientándolo hacia otras necesidades del sistema energético que también demandan atención en un contexto de transición.

    De forma complementaria, la gestión activa genera beneficios económicos que abarcan múltiples componentes del sistema eléctrico. Por un lado, la disminución de los picos de demanda reduce los requerimientos de capacidad de generación y transmisión, lo que implica menores costos estructurales a largo plazo. Por otro, el desplazamiento del consumo hacia períodos de menor precio permite reducir los costos energéticos directos. Estos efectos pueden traducirse en ahorros anuales significativos por vehículo, que en ciertos contextos alcanzan hasta 400 dólares, dependiendo de las condiciones regionales y del nivel de saturación de la red. Asimismo, la experiencia de los usuarios se mantiene satisfactoria, debido a que los sistemas garantizan el nivel de carga requerido antes del uso del vehículo y ofrecen la posibilidad de intervención cuando resulta necesario, lo que facilita su adopción sin comprometer la comodidad.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.brattle.com/insights-events/publications/new-report-shows-active-managed-ev-charging-can-double-the-distribution-grids-ev-hosting-capacity/

    https://www.brattle.com/wp-content/uploads/2026/01/Demonstrating-the-Full-Value-of-Managed-Electric-Vehicle-Charging-1.pdf

  • A study on the relevance of consumer rights and protections in the context of innovative energy-related services

    A study on the relevance of consumer rights and protections in the context of innovative energy-related services

    La transformación del sector energético ha dado lugar a un entorno caracterizado por la digitalización, la diversificación de actores y la proliferación de servicios que exceden el suministro tradicional de electricidad y gas. En este contexto, los consumidores dejan de ser agentes pasivos para convertirse en participantes activos que interactúan con múltiples proveedores, tecnologías y esquemas contractuales. Sin embargo, esta ampliación de opciones también incrementa la complejidad del mercado, lo que introduce asimetrías de información y riesgos asociados a prácticas comerciales poco transparentes. A medida que emergen modelos como el suministro energético integrado con servicios, el intercambio de energía o la gestión automatizada del consumo, las relaciones contractuales se vuelven más sofisticadas y difíciles de interpretar para el usuario promedio. Por consiguiente, la protección del consumidor enfrenta tensiones entre fomentar la innovación y garantizar condiciones equitativas de participación. En este sentido, el análisis se centra en evaluar hasta qué punto los marcos regulatorios existentes logran adaptarse a estas nuevas dinámicas sin generar vacíos que puedan afectar la confianza y el funcionamiento eficiente del mercado.

    Bajo esta perspectiva, se identifican múltiples problemáticas a lo largo de todo el ciclo de interacción del consumidor con los servicios energéticos. Antes de la contratación, destacan dificultades relacionadas con la claridad de la información, la comprensión de estructuras tarifarias complejas y la incidencia de estrategias comerciales agresivas, especialmente a través de telemarketing. Durante la ejecución del contrato, emergen desafíos vinculados a la transparencia en la facturación, la asignación de responsabilidades técnicas, el mantenimiento de equipos y la correcta interpretación de precios variables o dinámicos. Posteriormente, al finalizar la relación contractual, aparecen barreras como costos de salida, limitaciones en la reutilización de activos tecnológicos y dificultades para acceder a mecanismos efectivos de reclamación. De forma transversal, se evidencia una brecha significativa en el nivel de conocimiento de los consumidores respecto al funcionamiento del mercado energético, lo que limita su capacidad para tomar decisiones racionales incluso cuando existen opciones más favorables. Esta situación se agrava debido a la incorporación de herramientas digitales y sistemas automatizados que, aunque optimizan el consumo, también introducen nuevas incertidumbres sobre el uso de datos y la toma de decisiones algorítmicas.

    De este modo, se plantea la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección mediante enfoques regulatorios más integrales y adaptativos. Esto implica no solo mejorar la transparencia de la información y simplificar la presentación de precios, sino también establecer obligaciones más estrictas sobre las prácticas comerciales y el diseño contractual. Asimismo, se propone reforzar la educación del consumidor mediante campañas informativas y herramientas que faciliten la comprensión del mercado. Paralelamente, resulta necesario garantizar la interoperabilidad de tecnologías para evitar efectos de dependencia con un único proveedor, así como promover una mayor coordinación entre autoridades regulatorias y organismos de protección al consumidor. De este modo, se busca equilibrar la promoción de servicios innovadores con la protección efectiva de los usuarios, asegurando que la transición energética no solo sea eficiente desde el punto de vista técnico, sino también justa y accesible para todos los participantes. En última instancia, la consolidación de este equilibrio determinará la sostenibilidad del nuevo paradigma energético y la capacidad de los consumidores para integrarse plenamente en él.

    Para leer más ingrese a:

    https://op.europa.eu/en/publication-detail/-/publication/3b711333-1c30-11f1-8c3a-01aa75ed71a1/language-en

  • Faster and Cheaper: Demand-Side Solutions for Rapid Load Growth

    Faster and Cheaper: Demand-Side Solutions for Rapid Load Growth

    El crecimiento acelerado de la demanda eléctrica está redefiniendo el funcionamiento del sistema energético, impulsado por la expansión de centros de datos, la electrificación industrial, el transporte eléctrico y los cambios en los edificios. Este aumento, proyectado entre 20% y 50% en consumo durante la próxima década, introduce una presión considerable sobre la infraestructura existente, al tiempo que incrementa la demanda máxima en distintos momentos del año. Además, la incertidumbre sobre la magnitud y el momento en que estos nuevos consumos se materializarán complica la planificación, puesto que históricamente las proyecciones han tendido a sobreestimar la demanda real. De este modo, la respuesta tradicional basada en ampliar la oferta mediante nuevas plantas, frecuentemente de gas, puede generar inversiones innecesarias, activos subutilizados y mayores costos para los usuarios.

    Frente a este escenario, las soluciones del lado de la demanda ofrecen una alternativa más adaptable y eficiente. Por un lado, la eficiencia energética permite reducir el consumo total mediante mejoras tecnológicas y cambios en el uso de la energía en sectores residenciales, comerciales e industriales. Por otro, la flexibilidad de carga posibilita desplazar el consumo hacia horas de menor demanda, optimizando el uso de la infraestructura existente. En este sentido, existe un potencial significativo aún no aprovechado: la eficiencia podría disminuir el consumo eléctrico nacional en torno a un 8% para 2040, mientras que la flexibilidad podría aportar entre 60 y 200 GW de reducción de demanda en la próxima década. Así, ambas estrategias no solo atenúan el crecimiento del consumo, sino que también reducen la necesidad de nuevas inversiones en generación, transmisión y distribución.

    A esto se suma que estas medidas presentan ventajas económicas y operativas claras. Los costos asociados a la eficiencia energética son considerablemente inferiores a los de las alternativas de generación, lo que contribuye a mitigar el aumento de las tarifas eléctricas en un contexto de creciente preocupación por la asequibilidad. Asimismo, su implementación es más rápida, evitando los largos plazos requeridos para desarrollar nueva infraestructura energética. De hecho, programas de gestión de la demanda pueden desplegarse en cuestión de meses, mientras que proyectos de generación o transmisión pueden tardar años. Además, estas soluciones permiten actuar de manera localizada, atendiendo regiones específicas donde la presión sobre la red es mayor, lo que incrementa la resiliencia del sistema y facilita la integración de tecnologías como vehículos eléctricos o bombas de calor.

    Sin embargo, pese a su potencial, las políticas actuales no han logrado desplegar estas herramientas a la escala necesaria. Por ello, se requiere una transformación en los marcos regulatorios, los modelos de negocio de las empresas eléctricas y los incentivos para grandes consumidores. En particular, es necesario fortalecer estándares de eficiencia, establecer metas de flexibilidad, promover mecanismos de incentivos y mejorar el acceso a datos energéticos. Al mismo tiempo, la coordinación entre legisladores, reguladores, empresas y grandes usuarios resulta esencial para acelerar la adopción de estas soluciones. En definitiva, priorizar la gestión de la demanda no solo permite enfrentar el crecimiento del consumo de manera más económica y rápida, sino que también reduce riesgos financieros y ambientales, ofreciendo una vía más sostenible para la evolución del sistema eléctrico.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.aceee.org/research-report/u2601

    https://www.aceee.org/sites/default/files/pdfs/faster_and_cheaper_-_demand-side_solutions_for_rapid_load_growth.pdf

  • A Smarter Approach to Cost Trackers to Support Affordability: Regulatory actions to reinforce utility cost control

    A Smarter Approach to Cost Trackers to Support Affordability: Regulatory actions to reinforce utility cost control

    El aumento continuo de los gastos en servicios públicos responde a múltiples factores, como el crecimiento acelerado de la demanda, la necesidad de reemplazar infraestructuras obsoletas y el esfuerzo por modernizar y hacer más resiliente la red eléctrica. Sin embargo, este incremento en la inversión coincide con una crisis de asequibilidad, donde un número creciente de hogares enfrenta dificultades para cubrir sus facturas energéticas, generando una presión considerable sobre las compañías de servicios y los organismos reguladores para limitar costos y evitar aumentos tarifarios innecesarios. En este contexto, los mecanismos conocidos como «cost trackers» o rastreadores de costos, diseñados para recuperar ciertos gastos específicos fuera del proceso tarifario general y de manera acelerada, han adquirido mayor protagonismo. Aunque estos mecanismos pueden reducir riesgos financieros para las empresas al facilitar la recuperación rápida de gastos impredecibles o fuera de su control, también pueden trasladar esas cargas a los consumidores sin un escrutinio regulatorio exhaustivo, lo que puede incentivar gastos excesivos y desalinear los intereses entre usuarios y proveedores.

     

     

    La aplicación de los rastreadores de costos ha evolucionado considerablemente desde sus inicios en los años setenta con cláusulas de ajuste de combustible, extendiéndose a diversas categorías de gasto. Su diseño y revisión varían notablemente, desde ajustes automáticos preaprobados hasta revisiones exhaustivas que evalúan la prudencia de los costos incurridos. Esta diversidad implica que, en muchos casos, el control regulatorio es menos riguroso comparado con el aplicado en las revisiones tarifarias generales, lo que puede exacerbar tendencias hacia el aumento de gastos y tarifas. Por ello, resulta pertinente reconsiderar y limitar el uso indiscriminado de estos mecanismos, integrando más categorías de gasto a las tarifas base cuando sea posible e incorporando procesos que fomenten un control más rígido y transparente del gasto, dado que la proliferación de rastreadores ha fragmentado y complejizado las revisiones regulatorias, aumentando la carga administrativa para entes reguladores y dificultando la participación de las partes interesadas.

     

     

    Diversas estrategias regulatorias pueden contribuir a mejorar el control y la equidad en la recuperación de costos. En primer término, se recomienda realizar un análisis detallado del impacto agregado de los rastreadores de costos en las facturas de los clientes, estableciendo requisitos de reporte que permitan monitorear su uso y evaluar su efectividad permanentemente. Este análisis posibilita identificar rastreadores redundantes o innecesarios para eliminarlos o incorporarlos nuevamente a las tarifas base, de modo que se restablezca el incentivo a la eficiencia y el control del gasto por parte de las empresas. Asimismo, implementar mecanismos de incentivos compartidos, donde las empresas puedan beneficiarse parcialmente de los ahorros obtenidos al reducir los costos recuperados vía rastreadores, puede motivar un uso más prudente y eficiente de los recursos. Además, procedimientos regulatorios más rigurosos, que incluyan la reintroducción del rezago regulatorio y la extensión de los plazos de revisión, elevan el nivel de escrutinio sobre los gastos y aumentan el riesgo de desaprobación de costos improcedentes.

     

     

    Procesos administrativos mejorados, como la consolidación de casos relacionados con rastreadores de costos en «dockets» únicos y la definición clara de criterios de elegibilidad para la recuperación a través de estos mecanismos, facilitan la supervisión y promueven una mayor transparencia. La revisión cuidadosa del nivel de riesgo que asumen las empresas al usar rastreadores puede influir en la determinación de sus tasas de retorno, estableciendo incentivos adecuados para equilibrar la necesidad de inversión con la protección del consumidor. Estas reformas, acompañadas por análisis costo-beneficio para justificar nuevas solicitudes de rastreadores y por la evaluación constante de su desempeño, promueven un equilibrio sostenible entre la recuperación de costos legítimos y la contención de la carga financiera que recae sobre los usuarios, contribuyendo a paliar la crisis de asequibilidad y a fortalecer la eficiencia en la gestión de los servicios públicos.

    Para leer más ingrese a:

    A Smarter Approach to Cost Trackers to Support Affordability

  • Horizons Top Trends 2026: AI growth and geoeconomic shifts in cleantech markets confirm that energy expansion and sustainability are linked imperatives

    Horizons Top Trends 2026: AI growth and geoeconomic shifts in cleantech markets confirm that energy expansion and sustainability are linked imperatives

    La evolución del sistema energético hacia 2026 se configura a partir de la interacción entre crecimiento tecnológico, tensiones geopolíticas y exigencias de sostenibilidad, lo que redefine simultáneamente la oferta, la demanda y la infraestructura. En este contexto, la expansión acelerada de la inteligencia artificial introduce una presión sin precedentes sobre el consumo eléctrico, particularmente a través de centros de datos cuya demanda crece a tasas de dos dígitos. Esta dinámica no solo condiciona la planificación energética, sino que también tensiona los compromisos ambientales, generando fricciones entre velocidad de despliegue y metas de descarbonización. Al mismo tiempo, las decisiones empresariales y regulatorias comienzan a priorizar la disponibilidad y el costo de la energía sobre consideraciones ambientales estrictas, lo que sugiere una posible reconfiguración de las estrategias de sostenibilidad en función de restricciones materiales más inmediatas.

    En continuidad con estas presiones, la infraestructura eléctrica emerge como un factor limitante estructural que condiciona la viabilidad de la transición energética. La modernización de redes se vuelve imperativa frente al crecimiento de la electrificación, la integración de renovables y la digitalización del sistema, aunque enfrenta barreras regulatorias, financieras y de ejecución. Paralelamente, el mercado de energías renovables muestra señales de madurez, evidenciadas en una desaceleración en la expansión solar tras años de crecimiento sostenido, influenciada por cambios regulatorios y dinámicas de mercado, especialmente en China. Aun así, la capacidad instalada continúa en aumento, lo que implica una transición hacia un entorno donde la expansión persiste, pero con mayor volatilidad y presión sobre márgenes. En este escenario, los mecanismos contractuales también evolucionan, dando paso a acuerdos más complejos y flexibles que incorporan almacenamiento y múltiples tecnologías para gestionar riesgos asociados a precios negativos y variabilidad de generación.

    A medida que estos cambios se consolidan, la dimensión geopolítica adquiere mayor relevancia en la configuración del sistema energético global. China fortalece su posición dominante en cadenas de suministro de tecnologías limpias, extendiendo su influencia mediante exportaciones de equipos, vehículos eléctricos e incluso moléculas energéticas como el hidrógeno verde. En contraste, otras economías enfrentan tensiones entre políticas industriales, seguridad energética y objetivos climáticos, lo que fragmenta los mercados y genera asimetrías en la adopción tecnológica. Además, la electrificación del transporte avanza de forma desigual entre regiones, con una consolidación significativa en China impulsada por competitividad en costos, mientras otros mercados dependen más de incentivos regulatorios y enfrentan incertidumbres políticas.

    La transición energética atraviesa una serie de desafíos regulatorios y riesgos físicos asociados al cambio climático, lo que introduce nuevas capas de complejidad en la toma de decisiones. La falta de estandarización en la contabilidad de emisiones dificulta la comparación entre actores y afecta la transparencia en mercados globales, mientras que iniciativas como mecanismos de ajuste en frontera intensifican las tensiones comerciales. A su vez, el incremento de eventos climáticos extremos eleva los costos económicos y operativos, impulsando la adaptación como una necesidad ineludible más que una opción estratégica. Así, la convergencia entre expansión energética y sostenibilidad no responde a trayectorias paralelas, sino a una interdependencia creciente donde la resiliencia, la infraestructura y la coordinación internacional determinan la velocidad y dirección del cambio.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.spglobal.com/content/dam/spglobal/ci/en/images/news-research/special-reports/cleantech-trends-2026/Horizons%20Top%20Trends%202026.pdf

  • 2026 M.CAST TRENDS REPORT

    2026 M.CAST TRENDS REPORT

    El entorno proyectado hacia 2026 se configura a partir de una transformación progresiva en la que la inteligencia artificial deja de percibirse como una herramienta visible para convertirse en una infraestructura integrada en las operaciones organizacionales. En este escenario, su valor ya no reside únicamente en la automatización de tareas, sino en su capacidad para anticipar dinámicas, integrarse en múltiples procesos y facilitar decisiones dentro de sistemas empresariales complejos. Sin embargo, esta misma integración genera nuevas exigencias, debido a que la expansión de contenido automatizado y la facilidad para replicar información incrementan la incertidumbre sobre su autenticidad. Por tanto, las organizaciones enfrentan la necesidad de fortalecer esquemas de gobernanza, gestión de riesgos y cumplimiento normativo, mientras desarrollan capacidades internas que permitan interactuar de manera efectiva con estas tecnologías. A su vez, la brecha en habilidades relacionadas con el uso de inteligencia artificial y en capacidades humanas avanzadas introduce tensiones en la preparación de la fuerza laboral, lo que obliga a replantear los enfoques de formación y adaptación organizacional.

    En relación con lo anterior, el valor diferencial comienza a desplazarse hacia habilidades que no pueden ser fácilmente automatizadas, como el pensamiento crítico, la creatividad y la comunicación estratégica. Estas capacidades adquieren mayor relevancia a medida que la tecnología democratiza el acceso a competencias técnicas, generando un cambio en las prioridades de las organizaciones. Al mismo tiempo, la interacción entre personas y sistemas inteligentes redefine la dinámica del trabajo, en la que la colaboración con herramientas automatizadas se convierte en una condición necesaria para el desempeño. Esta evolución no ocurre de manera aislada, sino que se conecta con un entorno en el que la confianza se posiciona como una preocupación creciente. La posibilidad de generar contenido falso o manipulado obliga a establecer mecanismos verificables que respalden la autenticidad de la información, trasladando la credibilidad desde la percepción hacia la evidencia demostrable. De esta forma, la confianza deja de ser un atributo intangible para convertirse en un sistema que requiere validación constante.

    De manera paralela, los cambios en el comportamiento de las personas reflejan una saturación frente al volumen de información disponible, lo que impulsa una transición hacia formas de consumo más selectivas e intencionales. La exposición constante a mensajes, notificaciones y contenidos genera una reacción de filtrado activo, en la que se prioriza la relevancia sobre la cantidad. En este contexto, las organizaciones deben replantear sus estrategias de comunicación, orientándose hacia la entrega de contenido significativo y oportuno, en lugar de incrementar la frecuencia de interacción. No obstante, la misma tecnología que permite personalizar mensajes a gran escala también puede intensificar la saturación si no se gestiona adecuadamente, lo que introduce una tensión entre automatización y pertinencia. A medida que esta dinámica se profundiza, la capacidad de reducir la carga cognitiva y aportar valor concreto se convierte en un factor determinante para mantener la atención y la confianza.

    En continuidad con estas transformaciones, emergen nuevas formas de relación entre organizaciones y audiencias, donde las comunidades adquieren un rol más activo en la construcción de valor. Estas dejan de ser receptores pasivos para convertirse en espacios de interacción, co-creación e influencia, en los que las decisiones y percepciones se construyen de manera colectiva. A esto se suma una creciente expectativa por experiencias personalizadas, impulsada por la disponibilidad de datos y herramientas analíticas avanzadas. Sin embargo, esta personalización efectiva depende de la integración de información a lo largo de toda la organización, lo que implica superar fragmentaciones internas y alinear objetivos entre diferentes áreas. En este escenario, la capacidad de articular tecnología, datos, habilidades humanas y estrategias de confianza define la manera en que se genera valor. Así, el panorama hacia 2026 no responde a una única tendencia dominante, sino a la convergencia de múltiples dinámicas que reconfiguran de manera integral la operación, la interacción y la toma de decisiones en entornos cada vez más complejos.

    Para leer más ingrese a:

    https://mcasttrends.com/wp-content/uploads/2025/10/2026-M.Cast-Trends-Report_Final.pdf

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Descripción del semáforo tecnológico

Los documentos se clasifican en varios colores tipo semáforo tecnológico que indican el nivel de implementación de la tecnología en el país

Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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