Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Renewable Power Generation Costs in 2025

    Renewable Power Generation Costs in 2025

    La evolución reciente de los costos de generación eléctrica confirma que las energías renovables han alcanzado un nivel de madurez tecnológica y competitividad económica que transforma la estructura del sistema energético mundial. Durante 2025, la capacidad renovable instalada registró un nuevo máximo histórico al superar los 690 GW de nuevas incorporaciones, impulsadas principalmente por la energía solar fotovoltaica y la energía eólica, responsables de aproximadamente el 97 % de las adiciones globales. Asia, con China como principal protagonista, concentró la mayor parte de este crecimiento y consolidó su posición como el centro mundial de fabricación, despliegue y reducción de costos. Este proceso permitió que las fuentes renovables superaran por primera vez al carbón en capacidad instalada global y fortalecieran su participación dentro de la generación eléctrica. Aunque la velocidad de reducción de costos observada durante la última década comenzó a moderarse, las tecnologías renovables mantuvieron una ventaja económica significativa frente a las nuevas centrales basadas en combustibles fósiles. Más del 90 % de los proyectos renovables puestos en operación durante 2025 produjeron electricidad a un costo inferior al de la alternativa fósil más económica, situación favorecida por décadas de innovación tecnológica, economías de escala, expansión manufacturera y mejoras continuas en la eficiencia de los equipos. De esta manera, la transición energética continúa sustentándose no solo en objetivos ambientales, sino también en condiciones económicas cada vez más favorables para inversionistas, operadores eléctricos y consumidores.

    Además, la evolución de los costos presenta diferencias importantes entre tecnologías y regiones. La energía solar fotovoltaica estabilizó su costo nivelado de electricidad en aproximadamente 44 USD/MWh, reflejando un equilibrio entre la disminución de los costos de equipos y el incremento del costo del capital. Simultáneamente, la energía eólica terrestre continuó reduciendo sus costos hasta alcanzar alrededor de 33 USD/MWh, mientras la eólica marina descendió a 78 USD/MWh gracias a mejoras tecnológicas y al aumento del tamaño de los aerogeneradores. En contraste, tecnologías renovables gestionables como la hidroelectricidad, la geotermia y la energía solar de concentración registraron incrementos en sus costos nivelados debido principalmente a menores factores de capacidad y reducciones en la producción, más que a aumentos en los costos de construcción. La bioenergía constituyó una excepción al disminuir sus costos mediante una mayor utilización de sus instalaciones. No obstante, estas cifras globales esconden diferencias sustanciales entre países. China mantiene los menores costos de generación tanto para la energía solar como para la eólica gracias a su capacidad manufacturera, menores costos de instalación y cadenas de suministro altamente desarrolladas. Por el contrario, economías como Estados Unidos y varios países europeos presentan costos considerablemente superiores debido a mayores gastos asociados con permisos, conexión a la red, ingeniería, construcción y financiamiento. Estas diferencias evidencian que el entorno económico y regulatorio influye cada vez más sobre la competitividad de las tecnologías renovables, incluso cuando los equipos presentan niveles similares de desarrollo tecnológico.

    Entretanto, la rápida reducción de los costos de almacenamiento energético modifica de manera significativa la viabilidad económica de los sistemas eléctricos basados en fuentes renovables variables. Durante 2025, los sistemas de almacenamiento mediante baterías registraron una reducción cercana al 30 % en sus costos de instalación, alcanzando aproximadamente 140 USD/kWh para sistemas de cuatro horas de duración, mientras que en China estos valores descendieron por debajo de 70 USD/kWh. Esta evolución favorece el desarrollo de proyectos híbridos que integran generación solar o eólica con almacenamiento, incrementando la capacidad para suministrar energía durante periodos de mayor demanda y reduciendo la exposición a la volatilidad de los precios eléctricos. Paralelamente, tecnologías emergentes como las baterías de sodio, las baterías de flujo, el almacenamiento de larga duración, las celdas solares de perovskita y diversas alternativas para almacenamiento gravitacional o mediante aire comprimido avanzan progresivamente hacia una mayor madurez comercial. Sin embargo, el comportamiento futuro de los costos dependerá también de factores externos relacionados con la disponibilidad de materias primas, las decisiones de política industrial, las inversiones manufactureras, la reorganización de las cadenas globales de suministro y la evolución de las tensiones geopolíticas, circunstancias que podrían modificar las trayectorias de reducción previstas para la próxima década.

    Aunque las perspectivas indican que los costos continuarán disminuyendo hasta 2035, la velocidad de ese descenso será considerablemente menor que la experimentada desde 2010 debido al mayor grado de madurez alcanzado por las tecnologías renovables. Al mismo tiempo, el costo del capital adquiere una influencia creciente sobre el costo final de la electricidad generada, superando incluso la importancia relativa de los avances tecnológicos en numerosos mercados. Variables macroeconómicas como el riesgo país, las tasas de interés, la inflación y la estabilidad regulatoria explican una proporción significativa de las diferencias observadas entre proyectos similares desarrollados en distintas regiones. Por ello, la disponibilidad de mecanismos financieros adecuados y políticas que reduzcan el riesgo de inversión se convierte en un factor determinante para acelerar el despliegue renovable, especialmente en economías emergentes donde se concentrará gran parte del crecimiento futuro de la demanda eléctrica. Al mismo tiempo, la expansión de las energías renovables permitió evitar aproximadamente 8,4 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono y ahorrar cerca de 480 mil millones de dólares en costos asociados al consumo de combustibles fósiles durante 2025, fortaleciendo la seguridad energética y reduciendo la exposición de numerosos países frente a las fluctuaciones internacionales de los mercados energéticos.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.irena.org/Publications/2026/Jul/Renewable-Power-Generation-Costs-in-2025

    https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2026/Jul/IRENA_TEC_RPGC_in_2025_2026.pdf

  • Powering Participation: How Intervenor Compensation Can Strengthen Utility Commission Decision-Making

    Powering Participation: How Intervenor Compensation Can Strengthen Utility Commission Decision-Making

    Los procesos regulatorios que orientan las decisiones de las comisiones de servicios públicos requieren equilibrar rigurosidad técnica, transparencia institucional y representación de los diversos intereses presentes en la sociedad. Sin embargo, la complejidad jurídica, económica y técnica que caracteriza estos procedimientos limita la participación efectiva de organizaciones comunitarias, asociaciones de consumidores, grupos ambientales y otros actores con recursos financieros restringidos. La preparación de estudios especializados, la contratación de asesores legales y la elaboración de evidencia técnica representan costos elevados que muchas organizaciones no pueden asumir, circunstancia que genera una participación desigual frente a las empresas reguladas, las cuales normalmente cuentan con equipos multidisciplinarios y recursos suficientes para defender sus posiciones. Frente a esta situación, los programas de compensación para intervinientes constituyen un mecanismo orientado a reducir las barreras económicas de acceso, facilitando que sectores tradicionalmente subrepresentados puedan aportar información, análisis y perspectivas adicionales dentro de los procedimientos regulatorios. De esta manera, la participación deja de depender exclusivamente de la capacidad financiera de los interesados y comienza a sustentarse en el valor potencial de sus aportes al proceso de toma de decisiones. Al mismo tiempo, la incorporación de múltiples perspectivas favorece una discusión más amplia sobre los impactos económicos, sociales, ambientales y territoriales de las decisiones regulatorias, fortaleciendo la legitimidad institucional y ampliando la calidad del análisis disponible para los organismos encargados de resolver los casos.

    Además, el funcionamiento de estos programas demuestra que la disponibilidad de recursos financieros, aunque necesaria, no garantiza por sí sola una participación efectiva. La estructura cuasi judicial de las comisiones impone reglas probatorias, requisitos procesales y estándares técnicos que exigen conocimientos especializados para intervenir adecuadamente. En este escenario, los participantes con experiencia previa suelen desenvolverse con mayor facilidad, mientras que las organizaciones nuevas enfrentan dificultades para comprender los procedimientos, elaborar pruebas técnicas o identificar asesoría jurídica adecuada. Incluso cuando existe compensación económica, los procesos administrativos asociados con las solicitudes, la documentación exigida y la evaluación de los aportes pueden convertirse en obstáculos adicionales. Asimismo, los criterios utilizados para determinar conceptos como «contribución sustancial», «costos razonables» o «dificultad financiera» presentan márgenes de interpretación que generan incertidumbre respecto al reconocimiento de los recursos solicitados. Estas condiciones evidencian la necesidad de establecer lineamientos claros, procedimientos homogéneos y mecanismos de administración transparentes que reduzcan la discrecionalidad y otorguen mayor previsibilidad tanto a los participantes como a las propias comisiones. Paralelamente, diversos programas han incorporado estrategias complementarias orientadas a fortalecer las capacidades de los intervinientes mediante actividades de capacitación, asistencia técnica, talleres especializados y difusión de información sobre el funcionamiento de los procesos regulatorios, ampliando progresivamente las posibilidades de participación de nuevos actores sociales.

    Entretanto, uno de los factores que mayor incidencia tiene sobre la participación corresponde al momento en que se realiza la compensación económica. Los modelos basados exclusivamente en reembolsos posteriores obligan a las organizaciones a financiar previamente honorarios legales, consultorías, estudios técnicos y demás gastos asociados con procedimientos que pueden extenderse durante varios años. Esta situación incrementa significativamente el riesgo financiero, especialmente para organizaciones pequeñas, comunidades vulnerables o grupos con limitadas fuentes de financiación. Como resultado, numerosos programas terminan concentrando la participación en organizaciones experimentadas que cuentan con suficiente liquidez para asumir los costos iniciales, mientras otros sectores permanecen excluidos pese a existir mecanismos formales de compensación. Frente a estas limitaciones, algunos estados comenzaron a implementar esquemas de financiación anticipada o desembolsos parciales durante el desarrollo de los procesos regulatorios, reduciendo considerablemente las barreras de entrada y facilitando una representación más diversa. Estas modalidades también permiten contratar expertos desde etapas tempranas, mejorar la calidad de las intervenciones y evitar retrasos ocasionados por restricciones presupuestales. Sin embargo, la simplificación administrativa debe equilibrarse con mecanismos sólidos de control, seguimiento y rendición de cuentas que garanticen el uso adecuado de los recursos provenientes de los consumidores o de las empresas reguladas.

    Las experiencias desarrolladas en diferentes estados evidencian que los programas de compensación pueden generar beneficios ampliamente superiores a los recursos invertidos cuando logran incorporar análisis técnicos rigurosos y perspectivas que anteriormente no estaban presentes en los procesos regulatorios. Casos como el de Michigan muestran que intervenciones financiadas mediante fondos relativamente modestos contribuyeron a reducir incrementos tarifarios solicitados por empresas distribuidoras, mejorar la evaluación de proyectos de transmisión, fortalecer la incorporación de criterios ambientales y generar ahorros significativos para los usuarios finales. No obstante, estos resultados dependen de diseños institucionales que combinen independencia administrativa, criterios transparentes de asignación, mecanismos permanentes de evaluación y estrategias de divulgación dirigidas a organizaciones que históricamente han tenido menor representación. Del mismo modo, ampliar la participación requiere complementar la financiación con acciones de alcance comunitario, educación regulatoria, asistencia técnica y espacios de diálogo que permitan construir capacidades de largo plazo. Bajo estas condiciones, los programas de compensación trascienden su función financiera y se convierten en instrumentos orientados a fortalecer la calidad de las decisiones regulatorias, incrementar la confianza pública en las instituciones, mejorar la representatividad de los procesos y promover una gobernanza energética más abierta, equilibrada e inclusiva.

    Para leer más ingrese a:

    https://gridworks.org/wp-content/uploads/2026/07/Powering-Participation-How-Intervenor-Compensation-Can-Strengthen-Utility-Commission-Decision-Making.pdf

  • PV Plant Decommissioning and Repowering Case Study: Robert O. Schulz Solar Farm, South San Joaquin Irrigation District

    PV Plant Decommissioning and Repowering Case Study: Robert O. Schulz Solar Farm, South San Joaquin Irrigation District

    La gestión de activos solares de gran escala ha entrado en una fase de transformación profunda debido al envejecimiento de las instalaciones pioneras desplegadas a finales de la década de 2000. El proyecto Robert O. Schulz, establecido originalmente entre 2008 y 2009 con una capacidad de 1,594 MWDC, ejemplifica los desafíos operativos que surgen tras una década de funcionamiento ininterrumpido. A pesar de haber sido un referente tecnológico al integrar sistemas de seguimiento con módulos de silicio cristalino y teluro de cadmio, la planta comenzó a experimentar una degradación acelerada en su rendimiento hacia el año 2017. Esta pérdida de productividad, que alcanzó una reducción del 43% en la generación neta para el 2020, se debió principalmente a la falla recurrente de los inversores centrales y al deterioro físico de los paneles. Puesto que los fabricantes originales desaparecieron del mercado o redujeron sus niveles de soporte, la entidad propietaria se vio obligada a evaluar estrategias de mantenimiento mejorado frente a la opción de un desmantelamiento total. De este modo, la transición hacia un modelo de «repotenciación» permitió no solo restaurar la operatividad, sino expandir significativamente la capacidad instalada aprovechando los avances en la eficiencia de los materiales semiconductores modernos.


    Para abordar esta modernización de manera costo-efectiva, se implementó una estrategia de adquisición de equipos a precio descontado, logrando obtener 8.912 módulos de 375 W y 40 inversores de cadena que originalmente estaban destinados a otro proyecto municipal. Este enfoque financiero permitió que la inversión total de 4.128.426 dólares se tradujera en un incremento del 46% en la capacidad bruta de corriente continua dentro del mismo espacio físico previamente utilizado. Por otro lado, la planificación técnica se centró en la reutilización máxima de la infraestructura existente, incluyendo los cimientos de hormigón y las estructuras de soporte de acero galvanizado que habían sido premiadas anteriormente por su durabilidad. No obstante, el proceso de desmantelamiento parcial reveló complicaciones imprevistas, tales como pernos soldados por puntos que dificultaron la remoción de los módulos antiguos y aumentaron los costos de mano de obra. Bajo esta premisa, la adopción de un modelo de contratación de riesgo compartido resultó determinante para ajustar el diseño de ingeniería en tiempo real según las condiciones encontradas en el campo, evitando así retrasos prolongados en la ejecución de las fases de obra.


    En cuanto a la ejecución operativa, el proyecto se dividió en etapas para minimizar las pérdidas de producción durante los meses de mayor radiación solar, priorizando la actualización de la sección de capa fina que presentaba el peor desempeño. La sustitución de 5.760 módulos de teluro de cadmio por 2.160 paneles de silicio cristalino de alta potencia permitió casi duplicar la capacidad de esa sección específica, alcanzando los 0,81 MWDC. De manera simultánea, la integración de nuevos inversores de cadena, operados a una capacidad reducida para alinearse con los transformadores existentes, proporcionó una flexibilidad técnica superior frente a la arquitectura de inversores centrales original. Por añadidura, la gestión responsable de los residuos se gestionó mediante programas de reciclaje especializados, donde el fabricante original recuperó más del 90% del vidrio y los materiales semiconductores de los paneles retirados. Este ciclo de renovación no solo garantizó la estabilidad financiera del activo mediante un ahorro anual de 1,65 millones de dólares en costos eléctricos para la planta de tratamiento de agua vecina, sino que también estableció un precedente sobre cómo extender la vida útil de las plantas solares legadas más allá del año 2040.


    Los resultados económicos del proyecto demuestran que la repotenciación es una alternativa sumamente atractiva frente al abandono de los activos, proyectándose un retorno de inversión en menos de 2 años gracias a los incentivos federales y al aumento de la generación. El éxito de esta intervención dependió de una evaluación de campo rigurosa que permitió validar la compatibilidad de los sistemas antiguos con las nuevas arquitecturas de planta de 1.000 V. Por consiguiente, la experiencia documentada sirve como una guía para otros propietarios de plantas bajo rendimiento, subrayando la importancia de contar con registros de construcción precisos y una supervisión profesional continua. Puesto que el entorno regulatorio y las tarifas de servicios públicos están en constante evolución, la capacidad de adaptar la infraestructura existente para incorporar tecnologías de almacenamiento de energía en el futuro representa la siguiente frontera en la optimización de estos recursos. En tal virtud, la transformación de la granja solar Robert O. Schulz confirma que la infraestructura de energía limpia puede evolucionar de manera sostenible, equilibrando la responsabilidad ambiental con la viabilidad económica a largo plazo en un mercado energético cada vez más exigente.

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    https://www.epri.com/research/products/000000003002034859

  • The Orchestra Needs a Conductor: Why DSOs Are Key to Grid Harmony

    The Orchestra Needs a Conductor: Why DSOs Are Key to Grid Harmony

    La evolución del sector eléctrico hacia un modelo de descarbonización y descentralización exige una redefinición del papel tradicional de las empresas de distribución de energía. Bajo el paradigma convencional, estas entidades operaban de manera pasiva, limitándose a la entrega unidireccional de electricidad a través de redes estáticas. Sin embargo, el crecimiento acelerado de la demanda y la adopción masiva de recursos energéticos distribuidos (DER), como paneles solares residenciales y vehículos eléctricos, han transformado la red en un ecosistema dinámico y bidireccional. Por consiguiente, surge la necesidad de adoptar el modelo de Operador de Sistemas de Distribución (DSO), el cual actúa como un «director de orquesta» capaz de coordinar la complejidad de los flujos de energía locales. Este cambio de enfoque permite mejorar la utilización de la infraestructura existente, que en muchos casos supera los 25 años de antigüedad, postergando inversiones masivas en capital físico mediante el uso inteligente de la flexibilidad de la demanda.


    El modelo de Operador de Sistemas de Distribución (DSO) constituye la evolución estratégica necesaria para que las empresas eléctricas pasen de una gestión pasiva de «postes y cables» a una orquestación activa de la red local. Ante el aumento de la demanda y la proliferación de recursos energéticos distribuidos, el DSO permite integrar la flexibilidad de la demanda en la planificación operativa, optimizando el uso de infraestructuras envejecidas y reduciendo la necesidad de nuevas inversiones de capital. Este sistema se apoya en tecnologías como la medición avanzada (AMI) y los sistemas de gestión de recursos distribuidos (DERMS), que permiten coordinar dispositivos del cliente para equilibrar la red en tiempo real. Debido a que la eficiencia del sistema es prioritaria para mantener la asequibilidad de las tarifas, el modelo fomenta el apilamiento de valores, permitiendo que un mismo activo genere beneficios tanto para el usuario como para el sistema eléctrico general. Por lo tanto, el éxito de esta transformación depende de marcos regulatorios que incentiven la innovación y protejan la confianza del consumidor mediante incentivos claros. La transición hacia un DSO no solo mejora la fiabilidad del suministro frente a desafíos climáticos, sino que posiciona a las empresas de servicios públicos como habilitadores centrales de una economía descarbonizada. Bajo este enfoque integral, la red eléctrica se transforma en una plataforma dinámica que maximiza el valor de cada electrón que circula por el sistema.


    En este sentido, la funcionalidad de un DSO se sustenta en tres pilares tecnológicos fundamentales que proporcionan la visibilidad y el control necesarios para la gestión moderna de la red. En primer lugar, la infraestructura de medición avanzada (AMI) suministra datos granulares sobre el consumo y la producción en el borde de la red, permitiendo un monitoreo preciso de la calidad de la energía y el voltaje. Puesto que esta información alimenta a los sistemas avanzados de gestión de la distribución (ADMS), los operadores pueden anticipar restricciones en los circuitos y optimizar el flujo de potencia en tiempo real. Por otro lado, los sistemas de gestión de recursos energéticos distribuidos (DERMS) permiten agrupar miles de pequeños activos, como termostatos inteligentes o baterías domésticas, transformándolos en plantas virtuales de energía que responden a las necesidades del sistema. De esta manera, la integración fluida entre la tecnología operativa y la de la información permite que los recursos del lado del cliente se convierten en activos estratégicos para la estabilidad global del servicio.


    Del mismo modo, la transición hacia un modelo DSO exitoso depende de la creación de marcos regulatorios que incentiven la eficiencia sobre la construcción desmedida de activos físicos. Históricamente, las empresas de servicios públicos han obtenido beneficios mediante el gasto de capital en infraestructura, lo que puede generar sesgos en contra de soluciones operativas más económicas. Por lo tanto, la implementación de regulaciones basadas en el desempeño y mecanismos de «apilamiento de valores» resulta esencial para que un mismo recurso pueda ofrecer servicios simultáneos a la red de distribución y al mercado mayorista. Por añadidura, el fomento de la competencia mediante la participación de agregadores terceros puede diversificar el riesgo y acelerar la innovación en los programas de flexibilidad. Bajo este contexto, el éxito de la orquestación de la red requiere que los incentivos económicos para los clientes sean transparentes y fáciles de comprender, garantizando así una participación activa y voluntaria que sustente la operatividad del sistema.


    Para concluir, el modelo DSO representa una vía pragmática para abordar el desafío de la asequibilidad eléctrica en un entorno de costos crecientes y eventos climáticos extremos. Al maximizar la eficiencia de los activos existentes y desplazar las cargas hacia periodos de baja utilización, las empresas pueden reducir la presión sobre las tarifas y mejorar la resiliencia del suministro. No obstante, la implementación de este esquema requiere una colaboración profunda entre reguladores, empresas tecnológicas y consumidores para establecer protocolos de comunicación y protección de datos robustos. Puesto que la transformación de la red eléctrica es un proceso global, la incorporación de lecciones aprendidas en mercados internacionales, como el del Reino Unido o Australia, proporcionará una hoja de ruta valiosa para las jurisdicciones en América del Norte. En tal virtud, la evolución de las empresas de servicios públicos hacia operadores de sistemas activos permitirá que la transición energética sea no solo limpia, sino también asequible y confiable para la totalidad de los usuarios.

    Para leer más ingrese a:

    https://sepapower.org/resource/the-orchestra-needs-a-conductor-why-dsos-are-key-to-grid-harmony/

    https://sepapower.org/wp-content/uploads/2026/04/SEPA320-DSOs-Are-Key-Report_pressready.pdf

  • Business Models for Scaling Demand Flexibility: Volume IV – Program Life Cycle Challenges, and lessons learned from U.S. Programs

    Business Models for Scaling Demand Flexibility: Volume IV – Program Life Cycle Challenges, and lessons learned from U.S. Programs

    La implementación efectiva de la flexibilidad de la demanda requiere una gestión estructurada a través de las diversas fases de su ciclo de vida, abarcando desde la planificación inicial hasta las actividades de escalado y replicación. Este proceso es impulsado por el crecimiento de la carga en el borde de la red, derivado de la adopción de vehículos eléctricos, sistemas de climatización de alto rendimiento y centros de datos para inteligencia artificial. En la fase de planificación y diseño, los implementadores definen la visión, los objetivos y las propuestas de valor, seleccionando paquetes tecnológicos y canales de adquisición que resulten rentables. Resulta fundamental comprender las dimensiones de creación, entrega y captura de valor, puesto que estas decisiones determinan cómo los beneficios de la flexibilidad se traducen en mejoras en la asequibilidad y la fiabilidad para los clientes y la red eléctrica.

    Bajo este contexto, los programas se enfrentan a retos significativos durante las etapas de planificación y diseño, especialmente en lo relativo a los largos plazos de ejecución en proyectos de nueva construcción. Puesto que puede transcurrir un periodo de hasta cinco años entre el diseño del programa y la instalación de las tecnologías, existe el riesgo de que los equipos seleccionados queden obsoletos o que las prioridades de los socios cambien. De igual forma, la falta de visibilidad sobre el impacto operativo de ciertas decisiones tecnológicas, como la elección entre comunicaciones por WI-FI o redes celulares, puede generar problemas de rendimiento durante la fase activa. Otro desafío sustancial es la interoperabilidad entre los múltiples dispositivos del lado del cliente y los sistemas de gestión de la utilidad (DERMS), lo cual exige esfuerzos continuos para desarrollar estándares de comunicación técnica.

    Por otro lado, la fase operativa introduce complejidades relacionadas con la conectividad de los dispositivos, la precisión en la recolección de datos y la continuidad de la participación de los usuarios. Los problemas técnicos en los edificios de los clientes pueden requerir la coordinación de técnicos y contratistas, afectando la experiencia del usuario y la fiabilidad del recurso disponible para la red. Además, el cansancio de los participantes ante eventos de flexibilidad frecuentes y los cambios en las estructuras de las tarifas eléctricas pueden erosionar el valor percibido del programa, provocando el abandono de los usuarios. Por su parte, la incertidumbre sobre el rendimiento real de los paquetes tecnológicos en campo, comparado con las previsiones de los modelos, subraya la importancia de realizar evaluaciones constantes y ajustes basados en mediciones empíricas.

    De modo complementario, las estrategias de escalado exitosas dependen de la capacidad de los implementadores para aprovechar las lecciones aprendidas y establecer alianzas con socios estratégicos. El uso de contratistas generales capaces de dar servicio a múltiples edificios de manera eficiente y el desarrollo de materiales de captación personalizados para diferentes clases de clientes son prácticas recomendadas para expandir el alcance de los programas. Asimismo, la alineación de los programas con las prioridades regulatorias estatales y los planes de planificación del sistema de distribución puede impulsar la adopción de la flexibilidad como una alternativa viable a las inversiones tradicionales en red. A modo de cierre, la transición hacia una red eléctrica moderna y resiliente exige que la gestión de los recursos de flexibilidad sea tan prioritaria como el despliegue de nuevas capacidades de generación, asegurando una transición energética sostenible y equitativa.

    Para leer más ingrese a:

    https://bies.lbl.gov/publications/business-models-scaling-demand-2

  • Operational and Market Design Lessons from a High-IBR: Grid What They Mean for U.S. Utilities

    Operational and Market Design Lessons from a High-IBR: Grid What They Mean for U.S. Utilities

    La transformación acelerada del sistema energético en Portugal constituye un referente internacional de descarbonización, logrando que la cuota de energías renovables pasara del 30% en el año 2000 a un extraordinario 85% de la demanda total en el 2.024. Este progreso se sustenta en el Plan Nacional de Energía y Clima (NECP), actualizado en diciembre de 2024, el cual establece una meta ambiciosa del 93% de electricidad renovable para el año 2030 y una reducción del 55% en las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a los niveles de 2005. No obstante, la integración profunda de recursos basados en inversores (IBR) ha modificado radicalmente la dinámica de la red, desplazando la generación síncrona tradicional por fuentes variables como la eólica y la solar fotovoltaica, las cuales aportaron el 29% y el 7% de la demanda respectivamente en el primer trimestre de 2.025. Puesto que las herramientas de gestión heredadas no fueron diseñadas para operar en entornos dominados por transitorios rápidos y baja inercia, la capacidad de los operadores para mantener la estabilidad del sistema se enfrenta a desafíos técnicos sin precedentes que requieren una evolución en los modelos operativos.

    Por su parte, el análisis detallado del apagón ibérico ocurrido el 28 de abril de 2025 proporciona evidencias determinantes sobre las vulnerabilidades de un sistema eléctrico con alta penetración de renovables y escasa interconexión continental. El evento, que afectó a más de 55.000.000 de personas en España, Portugal y partes de Francia, se originó tras un periodo de oscilaciones de potencia y frecuencia que precedieron a una secuencia de disparos de generación provocados por sobretensiones. Durante el incidente, la tensión alcanzó niveles de 440 kV, activando las protecciones automáticas de las plantas y derivando en una pérdida de sincronización que hizo el colapso virtualmente inevitable. Los informes técnicos posteriores coinciden en que el sistema operaba con un compromiso síncrono históricamente bajo, contando con solo 11 unidades convencionales en línea, lo cual limitó la capacidad de control de tensión y la respuesta de inercia necesaria para amortiguar las fluctuaciones de la red. De igual forma, la condición de «isla energética» de la Península Ibérica, debido a su limitada capacidad de interconexión con el resto de Europa, redujo la posibilidad de recibir apoyo externo durante la fase crítica del disturbio.

    Adicionalmente, las lecciones extraídas de esta experiencia subrayan que la suficiencia de capacidad no garantiza por sí misma la estabilidad operativa en redes con predominio de inversores. La flexibilidad ha dejado de ser una opción para convertirse en un requisito de fiabilidad central, apoyada en Portugal por una base de 8.000 MW de capacidad hidroeléctrica de bombeo que proporciona almacenamiento de larga duración e inercia síncrona. Por otro lado, el diseño de los mercados eléctricos debe evolucionar para valorar y adquirir de forma explícita atributos de estabilidad como el control de tensión, la potencia reactiva y la inercia, los cuales no siempre se obtienen mediante los procesos de despacho de menor costo. La implementación de estándares para inversores que forman la red (grid-forming) y la mejora de las herramientas de monitorización en tiempo real son medidas necesarias para gestionar un sistema donde las oscilaciones y las dinámicas rápidas definen la seguridad del suministro.

    De modo complementario, las empresas de servicios públicos en Estados Unidos pueden aplicar estos conocimientos para fortalecer su preparación operativa ante el aumento de la penetración de IBR en sus respectivos territorios. Resulta indispensable modernizar las filosofías de protección y los modelos de simulación para contemplar condiciones de baja inercia, además de integrar la adquisición de flexibilidad directamente en la planificación de recursos. La coordinación regional entre los operadores de red y los organismos de planificación adquiere una dimensión mayor, puesto que las decisiones locales pueden tener impactos sistémicos profundos en la fiabilidad de las interconexiones. A modo de cierre, el éxito de la transición energética dependerá de la alineación de las políticas públicas y las estructuras de mercado con las realidades físicas que gobiernan el rendimiento de la red, asegurando que la expansión de las energías limpias no comprometa la resiliencia del sistema eléctrico.

    Para leer más ingrese a:

    https://sepapower.org/resource/scaling-renewables-reliably-what-u-s-utilities-can-learn-from-the-2025-iberian-peninsula-blackout-one-year-later/

    https://s3.us-east-1.amazonaws.com/fonteva-customer-media/00Do0000000Yi66EAC/KwrMegkv_Operational_and_Market_Design_Lessons_from_a_High_IBR_Grid_What_They_Mean_for_U_S_Utilities_pdf

  • Business Models for Scaling Demand Flexibility: Volume III – Stakeholder ecosystem management challenges, and lessons learned from U.S. programs

    Business Models for Scaling Demand Flexibility: Volume III – Stakeholder ecosystem management challenges, and lessons learned from U.S. programs

    La gestión eficaz del ecosistema de partes interesadas constituye un pilar estratégico para el desarrollo de modelos de negocio que permitan escalar la flexibilidad de la demanda en el borde de la red. Este enfoque se centra en la capacidad de reducir, desplazar, generar o modular las cargas eléctricas en respuesta a las necesidades de los edificios y de la red, optimizando así las inversiones en infraestructura y fortaleciendo la fiabilidad del sistema. La cadena de valor de la flexibilidad involucra una red compleja de actores, desde desarrolladores de software y hardware hasta gestores de propiedades y reguladores, quienes deben colaborar estrechamente para entregar beneficios tangibles a los clientes finales. Por consiguiente, la orquestación de estas alianzas estratégicas permite aprovechar las capacidades complementarias de organizaciones tradicionales, como las empresas de servicios públicos, y de nuevos participantes tecnológicos que ofrecen soluciones innovadoras para la gestión energética.

    Bajo este contexto, los implementadores de programas se enfrentan a desafíos significativos relacionados con la comunicación y la alineación de objetivos entre los socios. Los cambios en las prioridades estratégicas a corto plazo de los participantes pueden alterar la implementación de los programas y comprometer la propuesta de valor ofrecida a los usuarios. De igual forma, la falta de una visión compartida a largo plazo aumenta el riesgo para la escalabilidad futura, especialmente cuando las empresas de servicios públicos modifican sus planes de inversión o prioridades operativas. Otro obstáculo relevante es la dificultad de garantizar una entrega de información de alta calidad cuando múltiples socios se comunican directamente con los clientes, lo cual puede generar confusión y reducir la efectividad de las labores de educación y captación.

    Por otro lado, la preparación de los proveedores y la colaboración técnica presentan retos adicionales que deben ser gestionados mediante estrategias de mitigación proactivas. Existe a menudo una brecha entre las capacidades actuales de los productos comerciales y los requisitos específicos de los programas de flexibilidad, lo que obliga a los implementadores a dedicar recursos considerables para ajustar los diseños tecnológicos. Asimismo, la falta de experiencia previa en la integración de múltiples recursos energéticos distribuidos (DER) por parte de contratistas y administradores de programas puede afectar el éxito operativo inicial. Por su parte, la posibilidad de un bajo rendimiento de los socios en actividades críticas, como la previsión del potencial de flexibilidad o la gestión de eventos, requiere el establecimiento de planes de contingencia claros para proteger la integridad de los servicios prestados a la red.

    De modo complementario, las lecciones aprendidas en los programas estadounidenses sugieren que la definición precisa de roles y responsabilidades a lo largo del ciclo de vida del programa es esencial para la eficiencia operativa. La estandarización de los procesos de entrega y la creación de estructuras de gobernanza compatibles con los objetivos de todos los socios facilitan la replicabilidad y reducen los costos de administración. Además, el fomento de relaciones sinérgicas donde cada actor perciba beneficios claros por su participación asegura el compromiso a largo plazo y la sostenibilidad del modelo de negocio. A modo de cierre, la implementación de estándares de industria para la comunicación y la recopilación de datos, junto con medidas robustas de ciberseguridad, permitirá que las plantas virtuales de energía y otras soluciones de flexibilidad sean percibidas como recursos tan fiables y predecibles como los activos de generación tradicionales.

    Para leer más ingrese a:

    https://bies.lbl.gov/publications/business-models-scaling-demand-1

  • BCG’s Intelligent Cities Index 2026 How AI Shapes Urban Living

    BCG’s Intelligent Cities Index 2026 How AI Shapes Urban Living

    El índice de ciudades inteligentes de BCG evalúa a 61,0 de las metrópolis más importantes del mundo mediante un marco multidimensional que analiza la madurez tecnológica a través de cinco dominios fundamentales: resultados, estrategia, adopción, formas de trabajar y facilitadores. Ciudades líderes como Londres, Dubái y Nueva York han logrado posicionarse en la cima del ranking al integrar la inteligencia artificial directamente en los servicios públicos, mejorando sustancialmente la calidad de vida de sus residentes. Existe una correlación directa entre el número de casos de uso de inteligencia artificial implementados y la satisfacción de los ciudadanos, lo que sugiere que la tecnología actúa como un multiplicador de bienestar urbano. No obstante, el progreso no es lineal, debido a que incluso ciudades con una base tecnológica menos avanzada pueden impulsar resultados positivos si expanden el despliegue de soluciones digitales en áreas específicas de alto impacto para la población.

    De igual manera, la percepción de los residentes hacia la inteligencia artificial juega un rol determinante en la evolución del ecosistema urbano, generándose un círculo virtuoso cuando los ciudadanos confían en el valor de las herramientas digitales. Los datos indican que los usuarios más jóvenes son los más entusiastas, especialmente en regiones de África, Asia y Oriente Medio, donde la adopción de herramientas de IA generativa ha alcanzado niveles de optimismo sin precedentes. Esta aceptación social facilita que los líderes gubernamentales inviertan en infraestructuras más complejas, impulsando una mayor participación y participación empresarial. Por otra parte, la satisfacción con las aplicaciones de ciudad inteligente tiende a ser mayor en aquellas urbes donde la frecuencia de uso es elevada, lo que refuerza la necesidad de diseñar interfaces intuitivas que resuelvan problemas cotidianos de manera efectiva. Por lo tanto, mejorar el rendimiento de estas plataformas digitales es una vía directa para elevar la confianza pública y asegurar el éxito de las estrategias de digitalización a largo plazo.

    Bajo esta perspectiva, el equilibrio entre los facilitadores «duros» (infraestructura y tecnología) y los facilitadores «blandos» (talento y financiación) resulta ser la característica distintiva de las ciudades con mayor madurez. Mientras que algunas metrópolis pueden construir cimientos de infraestructura sólidos de forma aislada, ninguna ciudad logra alcanzar el nivel de liderazgo sin una oferta robusta de capital humano capacitado y flujos constantes de inversión. Las ciudades con ecosistemas de emprendimiento vibrantes logran convertir la fuerza tecnológica en oportunidades económicas tangibles, atrayendo capital de riesgo y fomentando la creación de empresas emergentes. En este sentido, la existencia de laboratorios vivientes y entornos de prueba controlados permite una co-creación constante de soluciones innovadoras entre el sector público y privado. Por consiguiente, la inversión en educación y en el fortalecimiento de los mercados financieros locales es tan necesaria como el despliegue de sensores de IoT o redes de alta velocidad.

    Para finalizar, cada urbe cuenta con un punto de partida diferente y puede seguir distintas rutas hacia el éxito, ya sea mediante una construcción equilibrada de capacidades en todos los dominios o a través de una especialización específica en áreas prioritarias. Las ciudades que han logrado romper las barreras de madurez suelen poseer una gobernanza centralizada para la inteligencia artificial y una estrategia clara que prioriza los casos de uso con mayor impacto social. Resulta vital que los responsables políticos clarifiquen sus prioridades a largo plazo para evitar inversiones fragmentadas que no generen valor acumulativo. La colaboración continua entre el gobierno, la academia y el sector empresarial es el motor que sostiene el progreso y permite adaptar la infraestructura física a las demandas cambiantes de la economía digital. Por ende, el camino hacia una ciudad verdaderamente inteligente requiere una visión holística que sitúe al ser humano en el centro del diseño tecnológico, asegurando que la innovación tecnológica se traduzca en una prosperidad urbana inclusiva y sostenible.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.bcg.com/publications/2026/how-ai-is-shaping-intelligent-cities

    https://web-assets.bcg.com/c8/3c/5460153642acb623fcc1fc69d05c/intelligent-cities-index-2026-web-july-2026-n.pdf

  • TELCO AI MARKET PULSE REPORT

    TELCO AI MARKET PULSE REPORT

    La industria de las telecomunicaciones atraviesa una transformación estructural en la que el modelo de negocio tradicional, basado en la venta de conectividad por bytes, está siendo reemplazado por la entrega de inteligencia medida en tokens. Esta migración hacia una red nativa de inteligencia artificial promete orquestar la comunicación y el cómputo como un sistema unificado, capaz de servir a cientos de miles de millones de agentes digitales en la próxima década. El éxito de este cambio depende de cerrar la brecha entre los modelos de lenguaje genéricos y las especificaciones técnicas del sector, puesto que los sistemas de propósito general suelen fallar en tareas críticas de red y cumplimiento de estándares 3GPP. Por consiguiente, la estrategia probada para los operadores consiste en realizar un ajuste fino de modelos de código abierto, evaluándolos frente a puntos de referencia específicos de telecomunicaciones y colaborando en problemas compartidos mediante gemelos digitales y datos sintéticos en lugar de exponer datos de red crudos.

    En este sentido, la madurez de los datos, más que su volumen masivo, constituye el factor determinante para escalar las capacidades de la red, dado que las empresas suelen gestionar información fragmentada y carente de contexto semántico. Resulta imperativo consolidar y correlacionar estos flujos de datos mediante ontologías compartidas que permitan a los sistemas comprender el significado de la información sin intervención humana constante. Para ello, los operadores deben priorizar casos de uso específicos de alto valor que demuestren resultados medibles ante la dirección financiera, evitando la implementación tecnológica por simple inercia. Bajo este contexto, la autonomía de la red debe ganarse por etapas, siguiendo una ruta que progresa desde la asistencia y recomendación hasta la acción y la orquestación total. Este enfoque graduado protege las operaciones críticas al mantener la inteligencia probabilística alejada de las acciones de carga pesada, reservando la ejecución directa para libros de jugadas deterministas bajo aprobación humana.

    Asimismo, la integración de modelos de inteligencia artificial en la red de acceso por radio (RAN) representa un cambio de paradigma que permite alcanzar mejoras de eficiencia de entre el 15,0% y el 20,0% en la capacidad de las celdas y hasta un 15,0% de ahorro energético adicional. Estos modelos embebidos deben superar algoritmos que la industria ha perfeccionado durante tres décadas, realizando inferencias en ventanas de tiempo de submilisegundos y operando sobre el hardware ya instalado sin incrementar el consumo energético. No obstante, la industria debe someter cada función a una prueba de valía que pondere las ganancias de rendimiento frente a la complejidad añadida, manteniendo siempre un respaldo de funciones basadas en reglas en caso de que el modelo presente desviaciones. Paralelamente, la llegada de la arquitectura 6G nativa de inteligencia artificial permitirá que el aire mismo sea impulsado por datos, integrando protocolos y algoritmos en un marco holístico que aprende de las mediciones reales en tiempo real.

    A modo de cierre, la transición hacia servicios inteligentes permite a los operadores monetizar fortalezas estructurales como la infraestructura soberana y la capacidad de cómputo en el borde de la red, transformando el gasto de capital en una máquina de generación de ingresos. Los casos de éxito, como el procesamiento de 30.000.000.000 de tokens diarios por parte de empresas líderes, demuestran que es posible alcanzar un retorno de inversión de hasta cinco veces el capital aportado. Sin embargo, el reto fundamental no es técnico, sino organizacional, exigiendo una cultura de experimentación donde el costo del fracaso se minimice mediante pruebas rápidas de concepto. La infraestructura de red se convertirá progresivamente en una red de inteligencia que no solo transporta datos, sino que decide dónde ejecutar cada carga de trabajo basándose en criterios de latencia y costo. Por ende, la colaboración profunda entre proveedores y operadores es el único camino para industrializar estas capacidades y asegurar que la conectividad digital siga siendo el habilitador principal de la economía global.

    Para leer más ingrese a:

    https://pages.rcrtech.com/telco-ai-market-pulse-report-2026

    https://8928696.fs1.hubspotusercontent-na1.net/hubfs/8928696/ARD336%20-%20Telco%20AI%20Market%20Pulse%20Report%20V4.pdf

  • THE DIGITAL EVIDENCE DILEMMA: How law enforcement can use AI to manage the surge in multimedia evidence, gain actionable insights and speed investigations

    THE DIGITAL EVIDENCE DILEMMA: How law enforcement can use AI to manage the surge in multimedia evidence, gain actionable insights and speed investigations

    En la última década, la proliferación de dispositivos digitales como cámaras corporales, cámaras de tráfico, teléfonos inteligentes y otros sistemas de vigilancia ha generado un aumento masivo en la cantidad de evidencias multimedia disponibles para las fuerzas del orden. Esta sobreabundancia de datos presenta desafíos significativos relacionados con el almacenamiento, el manejo y la capacidad para extraer información útil en un tiempo razonable. De este modo, la gran diversidad y volumen de datos obliga a los departamentos policiales a enfrentar dificultades tanto técnicas como operativas para gestionar archivos en múltiples formatos y de variadas fuentes, que requieren ingentes recursos humanos para su revisión efectiva. Frente a una escasez de personal calificado, el análisis manual de miles de archivos se torna impracticable, factor que impulsa a buscar soluciones tecnológicas que automaticen y optimicen la búsqueda de evidencias relevantes.

    En este contexto, la inteligencia artificial (IA) emerge como una herramienta capaz de transformar el manejo de la evidencia digital, proporcionando capacidad de procesamiento y análisis a gran escala que sobrepasa las limitaciones humanas. A través de sistemas inteligentes de gestión, es posible centralizar, clasificar y cruzar información proveniente de distintas fuentes en una plataforma accesible y optimizada para la investigación. En particular, al aplicar modelos avanzados de reconocimiento facial, detección de objetos, transcripción y clasificación de escenas, se facilita la identificación de patrones o personas de interés, acelera la reconstrucción de hechos y reduce el tiempo para lograr resultados sustantivos. Así, la IA no solo multiplica la eficiencia en la administración de contenidos digitales, sino que promueve la colaboración segura y organizada entre agencias, permitiendo el intercambio fluido de evidencia con la garantía de preservación de la cadena de custodia.

    Adicionalmente, incorporar técnicas ya probadas en la industria del entretenimiento y deportes para el manejo de grandes volúmenes de video ha aportado innovaciones aplicables al ámbito policial. Por ejemplo, la creación de proxies de baja resolución para realizar búsquedas rápidas sin comprometer la integridad de los archivos originales optimiza el acceso y la revisión dinámica de los videos. Todo ello refleja un diseño que contempla la personalización de interfaces para adaptarse a la identidad visual y procesos internos de las agencias, lo que contribuye a una integración sin complicaciones en las infraestructuras existentes. Finalmente, el uso combinado de diferentes módulos de análisis, que incluyen no solo la búsqueda y la redacción automática para proteger datos sensibles, sino también sistemas de seguimiento visual y reconocimiento biométrico, ofrece un paquete integral capaz de resolver casos complejos en tiempo récord, incluso bajo condiciones de presión y recursos limitados. De este modo, la tecnología orientada a la evidencia digital no solo mejora la capacidad investigativa sino que también fortalece la transparencia y la rendición de cuentas frente a la comunidad.

    La creciente cantidad de elementos digitales presenta un reto mayúsculo que la tecnología inteligente puede superar al transformar la evidencia digital en un activo investigativo potente y manejable. Las soluciones basadas en inteligencia artificial permiten un análisis profundo, organización eficiente y comunicación segura entre diversas entidades de seguridad. Al aprovechar modelos avanzados y adaptar metodologías utilizadas en otros sectores para optimizar procesos, es posible reducir la carga operativa sobre los cuerpos policiales y acelerar la resolución de casos complejos. Este progreso tecnológico contribuye a que los agentes puedan enfocar sus esfuerzos en tareas estratégicas y humanas, liberándolos de procesos tediosos y facilitando la justicia oportuna, eficaz y transparente.

    Para leer más ingrese a:

    https://unlock.veritone.com/police1-idems-ebook

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Descripción del semáforo tecnológico

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Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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