The Future of Electricity: From Building Capacity to Shaping Flexibility 

Los sistemas eléctricos del mundo atraviesan una transformación profunda impulsada por la electrificación acelerada, el despliegue creciente de energías renovables variables y la digitalización de las economías. Esta combinación desplaza el reto central del sector: ya no se trata solo de contar con suficiente energía en términos anuales, sino de garantizar que la potencia llegue de forma confiable al lugar y momento en que se necesita. La demanda eléctrica mundial crecería entre 40% y 55% hacia 2035 respecto a 2024, con posibilidad de duplicarse hacia mitad de siglo, y los mercados emergentes concentrarían la mayor parte de ese crecimiento incremental. Al mismo tiempo, la energía solar y eólica pasarían de representar cerca de 15% del suministro global en 2024 a cerca de 38% en 2035, mientras los combustibles fósiles retroceden aunque siguen siendo relevantes en el corto plazo. 
 
Este escenario intensifica tres tipos de desbalance en la red. El desbalance temporal surge cuando la generación variable y los picos de demanda no coinciden, generando rampas más pronunciadas, excedentes de generación solar al mediodía y picos residuales en la noche; las necesidades de flexibilidad de corto plazo podrían multiplicarse entre dos y siete veces hacia 2035. El desbalance espacial responde a la distancia creciente entre los centros de generación renovable y los polos de demanda, agravado por el rezago en la inversión en transmisión, que hoy solo representa 0,40 dólares por cada dólar invertido en generación frente a 0,60 hace una década, y por colas de conexión que en Estados Unidos superan los 2.300 GW en proyectos pendientes. El desbalance de estabilidad, por su parte, responde a la pérdida de inercia sincrónica en sistemas con alta penetración renovable, un fenómeno vinculado al apagón que afectó a España y Portugal en abril de 2025. Para ordenar la heterogeneidad entre mercados, el informe propone cinco arquetipos (VRE-Frontier, Grid-Bottleneck, Transition-Scaling, Adequacy-Stressed y Resource-Rich), cada uno con prioridades de intervención distintas según su nivel de electrificación, madurez regulatoria y severidad de los desbalances. 
 
Frente a estos retos, se plantea una secuencia de soluciones organizada en cuatro fases: ajustes rápidos y de bajo costo como tecnologías de mejora de red y respuesta de demanda residencial; reformas institucionales que habiliten mercados acoplados, plantas virtuales de energía y vehículo a red; inversiones de capital en almacenamiento a escala y capacidad firme; y transformaciones estructurales como la expansión regional de red y la integración sectorial. El monto de inversión requerido crecería con fuerza: Estados Unidos necesitaría superar el billón de dólares hacia 2030 y Europa cerca de 3,5 billones de euros hacia 2035, cifras que casi duplican los niveles invertidos en la década anterior. Más allá de 2035, el informe anticipa que la coordinación digital, el balance estacional y plurianual, la capacidad firme baja en carbono y la resolución de restricciones espaciales se convertirán en los ejes definitorios del sistema, y plantea cuatro escenarios posibles hacia 2050 (Managed Scarcity, Stranded Build, Security First y Electro-Abundance), de los cuales los dos primeros resultan, según la tendencia actual, los más probables. 
 
El documento cierra con seis recomendaciones estratégicas dirigidas a gobiernos, reguladores, operadores de sistema y empresas de energía: construir la red pensando en 2050 y reformar los esquemas de inversión; incorporar la flexibilidad como objetivo central de la infraestructura; institucionalizar soluciones digitales y resiliencia cibernética; desarrollar capacidad institucional para la entrega de infraestructura digital; incorporar seguros estratégicos frente a incertidumbres clave; y adoptar una gobernanza más adaptativa que responda a señales de estrés del sistema en tiempo real. El mensaje de fondo es que, si la capacidad de red, la flexibilidad, la digitalización y la capacidad institucional logran escalar en paralelo, el sistema eléctrico puede evolucionar hacia la abundancia y la estabilidad; si no lo hacen, la escasez y la fragilidad se vuelven más probables, con consecuencias significativas para la economía y la sociedad. 
 

Para leer más ingrese a:

https://www.adlittle.com/sites/default/files/2026-05/2026_04_18_BLUE_SHIFT_Future_of_electricity.pdf

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