Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Solar PV Supply Chain Cost Tool: Methodology, results and analysis

    Solar PV Supply Chain Cost Tool: Methodology, results and analysis

    La transición hacia un sistema energético sostenible demanda una comprensión exhaustiva de los costos asociados a la producción de energía solar fotovoltaica (PV). En este contexto, evaluar detalladamente cada componente de la cadena de suministro se torna indispensable para identificar oportunidades de reducción de costos y promover políticas industriales efectivas. La metodología presentada se enfoca en cuantificar estos costos a lo largo de la cadena, desde el polisilicio hasta el ensamblaje final del módulo, integrando consideraciones tecnológicas, geográficas y de mercado que impactan directamente en la competitividad de esta industria. Se ha diseñado una herramienta informática que estima los costos totales específicos para cada país y tecnología fotovoltaica, incorporando variables como electricidad, salarios, materiales, y costos de construcción, entre otros. Esta herramienta permite explorar diferentes escenarios, ya sea con componentes producidos localmente o importados, y ajustar parámetros según las particularidades de cada mercado. La inclusión de análisis proyectivos hasta el año 2030 provee una visión prospectiva, considerando mejoras tecnológicas, economías de escala y tendencias históricas, que juntas ofrecen una aproximación dinámica a la evolución de los costos.

    Distinguir la influencia de las distintas etapas del proceso —polisilicio, obleas, células y módulos— ofrece una visión granular sobre cómo cada segmento contribuye al costo final. Los análisis demuestran, por ejemplo, que la importación estratégica de ciertos componentes puede reducir significativamente los costos de fabricación de módulos en algunos países, mientras que la producción doméstica puede resultar más onerosa debido a factores como altos precios de energía y salarios. En particular, economías asiáticas muestran ventajas competitivas atribuibles a menores costos operativos, en contraste con regiones como Europa y Australia donde la energía y mano de obra representan un mayor peso. Otro aspecto relevante es la consideración de tecnologías predominantes como las células monocristralinas y TOPCon; esta última presenta un aumento notable en participación de mercado debido a su mayor rendimiento. Dichas tecnologías condicionan inputs específicos en materia de consumo energético y materiales, afectando directamente el costo unitario de producción. Además, la inclusión de costos asociados a aspectos ambientales y sociales permite evaluar escenarios que integran responsabilidades de gobernanza corporativa, ampliando el análisis más allá del simple costo económico.

    Resulta también evidente que las políticas gubernamentales impactan decisivamente en la competitividad del sector, especialmente cuando aplican incentivos que reducen costos energéticos o financiamientos accesibles para productores locales. Esta intervención puede facilitar la instauración de estándares de calidad y fomentar la innovación tecnológica y productiva. En esta línea, estrategias híbridas que combinan la importación de componentes upstream con un ensamblaje final local pueden equilibrar la búsqueda de competitividad y la generación de empleo. El equilibrio entre mantener precios accesibles para impulsar la adopción solar y garantizar la sustentabilidad económica del sector manufacturero local y global se perfila como un desafío. La desviación entre precios de mercado y costos productivos puede generar tensiones financieras que amenazan la estabilidad del suministro. Por ello, resulta necesario encontrar fórmulas que permitan sostener un desarrollo equilibrado, partiendo del diagnóstico pormenorizado que la herramienta facilita.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.irena.org/Publications/2026/Feb/Solar-PV-Supply-Chain-Cost-Tool-Methodology-results-and-analysis

    https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2026/Feb/IRENA_TEC_Solar_PV_Supply_Cost_Tool_2026.pdf

  • The State of Energy Innovation 2026

    The State of Energy Innovation 2026

    El panorama de la innovación en tecnología energética atraviesa una transformación profunda, donde la seguridad y la competitividad económica han pasado a ocupar un lugar preponderante en las agendas internacionales. Durante el último año, se ha observado que la gran mayoría de los especialistas sitúan la seguridad energética como el motor principal de los nuevos desarrollos, superando incluso preocupaciones tradicionales como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o la asequibilidad de los servicios. Esta tendencia se refleja en políticas recientes que buscan fortalecer la soberanía tecnológica y proteger las cadenas de suministro de recursos indispensables para la transición, alejándose de una dependencia excesiva de mercados externos volátiles.

    En términos de inversión, el financiamiento público ha demostrado ser un factor determinante para el éxito de tecnologías que hoy alcanzan escalas comerciales. Ejemplos históricos, como la investigación inicial en baterías de iones de litio o el desarrollo de gas natural licuado flotante, evidencian que el apoyo estatal temprano permite mitigar riesgos que el sector privado no suele asumir de forma independiente. No obstante, el flujo de capital global muestra señales de transición; tras años de expansión sostenida, el gasto público en investigación y desarrollo se ha estabilizado en torno a los 55 mil millones de dólares. Simultáneamente, el capital de riesgo ha experimentado una contracción por tercer año consecutivo, lo cual responde a la fuerte competencia por recursos financieros frente al auge de la inteligencia artificial, que ha captado gran parte del interés de los inversores.

    A pesar de estas fluctuaciones financieras, la actividad de patentamiento revela un dinamismo sin precedentes, especialmente en el ámbito del almacenamiento de energía. Las baterías representan actualmente el 40% de todas las patentes energéticas mundiales, lo que subraya su relevancia para la infraestructura eléctrica moderna y la movilidad eléctrica. En este contexto, China se ha consolidado como el actor líder, explicando la mayor parte del crecimiento global en investigación corporativa y duplicando las solicitudes de patentes internacionales en comparación con otras regiones. Por otro lado, áreas emergentes como la energía solar de perovskita están ganando terreno rápidamente, alcanzando hitos de eficiencia que prometen expandir las aplicaciones fotovoltaicas más allá de las tecnologías de silicio convencionales, integrándose incluso en superficies arquitectónicas y dispositivos móviles.

    Simultáneamente, el sector está presenciando avances en campos de alta complejidad técnica como la fusión nuclear y la resiliencia de las redes eléctricas. En 2025, se alcanzaron hitos experimentales en instalaciones de diversos países, lo que acerca la posibilidad de demostrar la viabilidad de la fusión como una fuente de energía a gran escala. Sin embargo, persisten desafíos técnicos considerables relacionados con el ciclo del combustible y los materiales necesarios para plantas comerciales. En cuanto a las redes, la integración de inversores que forman red y transformadores de estado sólido se presenta como una respuesta necesaria ante la creciente intermitencia de las fuentes renovables y la necesidad de proteger los sistemas frente a amenazas físicas o cibernéticas.

    Adicionalmente, la descarbonización de la industria pesada y el transporte de larga distancia ha impulsado investigaciones en combustibles sintéticos y captura directa de aire. Estos desarrollos buscan mitigar el impacto ambiental en sectores donde la electrificación directa resulta técnicamente difícil o económicamente inviable. La maduración de estas tecnologías depende de la creación de infraestructuras compartidas y de marcos regulatorios que incentiven su adopción temprana. El éxito futuro de estas innovaciones dependerá de la capacidad de los gobiernos para armonizar sus estrategias industriales con el apoyo continuo a la investigación básica. Se requiere un enfoque que fomente las asociaciones internacionales y fortalezca los ecosistemas de colaboración, asegurando que los nuevos productos superen las barreras de mercado. La estabilidad en el financiamiento y la creación de señales de demanda claras serán determinantes para mantener el ritmo de progreso y alcanzar los objetivos de sostenibilidad y seguridad planteados para las próximas décadas, consolidando un sistema energético más robusto y diversificado.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.iea.org/reports/the-state-of-energy-innovation-2026

    https://iea.blob.core.windows.net/assets/23af92ae-0cd4-4e6c-a06b-957b0688f0ed/TheStateofEnergyInnovation2026.pdf

  • Giving LIFE to Europe’s clean energy transition

    Giving LIFE to Europe’s clean energy transition

    La transición energética europea avanza mediante una estrategia que articula financiamiento, fortalecimiento institucional, desarrollo de mercado y participación ciudadana. En ese marco, el programa LIFE Clean Energy Transition (LIFE CET) se orienta a convertir los objetivos climáticos en transformaciones tangibles, acelerando la adopción de eficiencia energética y energías renovables en distintos niveles territoriales y sectoriales. De esta manera, no solo se promueve la reducción del consumo de energía primaria y el aumento de la producción renovable, sino también la consolidación de capacidades técnicas, financieras y regulatorias que sostienen el proceso a largo plazo. A partir de una dotación presupuestal significativa para el periodo 2021-2027, la iniciativa ha impulsado cientos de proyectos que involucran actores del sector público, privado, financiero y social. Como resultado, se estiman reducciones sustanciales en el consumo energético anual y un incremento relevante en la generación de energía renovable. Sin embargo, más allá de las cifras agregadas, el enfoque se distingue por su capacidad para transformar mercados específicos, especialmente el de la edificación, donde se concentran amplias oportunidades de descarbonización.

    En este sentido, la renovación energética de edificios ocupa un lugar destacado. Se promueven soluciones industrializadas de rehabilitación profunda que permiten escalar intervenciones, reducir tiempos y optimizar costos. Asimismo, se fortalecen instrumentos regulatorios como los certificados de desempeño energético y los estándares mínimos de eficiencia, asegurando coherencia entre planificación nacional y metas europeas. Paralelamente, se consolidan modelos de “ventanillas únicas” que acompañan a propietarios y municipios durante todo el proceso de renovación, integrando asesoría técnica, acceso a financiamiento y supervisión de obras. De forma complementaria, el programa impulsa la movilización de inversiones privadas. La asistencia para el desarrollo de proyectos facilita la estructuración de carteras de inversión en rehabilitación, calefacción distrital e infraestructura pública. Además, se fomenta la innovación financiera mediante esquemas como hipotecas verdes, contratos de rendimiento energético y modelos de energía como servicio. Estas herramientas permiten superar barreras iniciales de capital y generar confianza en el sector financiero, lo cual amplifica el efecto de los recursos públicos invertidos.

    Al mismo tiempo, se promueve la transición hacia sistemas de calefacción y refrigeración limpios. Diversos proyectos apoyan la modernización de redes de calefacción distrital y la adopción de bombas de calor tanto en edificios residenciales como en sectores industriales, incluida la industria alimentaria. Esta transformación tecnológica se articula con el fortalecimiento de capacidades profesionales, considerando que la disponibilidad de mano de obra cualificada resulta determinante para sostener el ritmo de renovación requerido por los objetivos climáticos. Por otra parte, el desarrollo de comunidades energéticas constituye un eje de democratización del sistema energético. Más de quinientas iniciativas han recibido apoyo para implementar modelos colectivos de generación renovable, autoconsumo compartido y servicios energéticos locales. A través de marcos habilitantes y asistencia técnica, se facilita la cooperación entre autoridades locales y cooperativas ciudadanas, ampliando la participación social en la transición.

    Asimismo, la dimensión social ocupa un espacio central. La lucha contra la pobreza energética se aborda mediante intervenciones en distritos vulnerables, programas de asesoría y mecanismos de apoyo financiero que mejoran las condiciones habitacionales y reducen las facturas energéticas. De igual modo, el acompañamiento a más de mil municipios fortalece la implementación de planes climáticos locales, integrando gobernanza, planificación e inversión. El programa cumple una función de apoyo directo a la implementación normativa europea, promoviendo acciones concertadas entre Estados miembros para aplicar directivas sobre eficiencia energética, energías renovables y desempeño energético de edificios. La vigilancia de mercado en materia de etiquetado energético y ecodiseño refuerza la confianza del consumidor y la competitividad industrial. En consecuencia, la transición energética se configura como un proceso integral que combina regulación, financiamiento, innovación y participación social, consolidando un modelo orientado a la resiliencia, la competitividad y la neutralidad climática.

    Para leer más ingrese a:

    https://cinea.ec.europa.eu/publications/digital-publications/giving-life-europes-clean-energy-transition_en

    https://cinea.ec.europa.eu/document/download/f899a0bf-5d74-45af-9720-4acb30c48d3a_en?filename=LO%20-%20Publication%20CET-V24-WEB-page_final_0.pdf

  • Guide to Battery Energy Storage System Safety

    Guide to Battery Energy Storage System Safety

    La evolución hacia sistemas energéticos descarbonizados ha impulsado la adopción masiva de tecnologías de almacenamiento, entre las cuales las baterías de ion-litio destacan por su densidad energética y viabilidad comercial. Estas infraestructuras aportan capacidades de resiliencia, flexibilidad y fiabilidad a la red eléctrica, permitiendo gestionar la intermitencia de fuentes renovables y asegurar el suministro durante eventos extremos. No obstante, la integración de tales dispositivos conlleva una gestión técnica rigurosa para mitigar riesgos inherentes a su naturaleza electroquímica. En cuanto a la configuración física, estas instalaciones se organizan en celdas agrupadas en módulos y bastidores, protegidos por gabinetes metálicos que incluyen sistemas de gestión de baterías (BMS). Tales controles monitorean variables térmicas y eléctricas de forma continua para detectar desviaciones operativas. A pesar de los estrictos estándares de fabricación, existe la posibilidad de enfrentar condiciones anormales como el descontrol térmico, fenómeno donde una celda se sobrecalienta de forma irreversible, liberando gases inflamables y calor que pueden propagarse a componentes adyacentes.

    Buscando neutralizar estas amenazas, la arquitectura de seguridad se basa en un enfoque de capas que abarca desde la selección química del material hasta el diseño del sitio. Por ejemplo, el uso de fosfato de hierro y litio ofrece mayor estabilidad térmica en comparación con otras químicas, si bien requiere estrategias específicas para la gestión de gases en caso de fallo. Sumado a lo anterior, la implementación de barreras físicas, sistemas de ventilación contra deflagraciones y detección temprana de humo permite contener incidentes antes de que escalen a eventos de mayor magnitud. Bajo esta misma lógica de prevención, el ciclo de vida de un proyecto demanda atención constante, iniciando con una planeación que involucre a las autoridades y cuerpos de respuesta desde las etapas tempranas. Durante la fase de adquisición, resulta indispensable verificar que los equipos cumplan con las normativas vigentes y que los sistemas de supresión de incendios estén correctamente coordinados. Posteriormente, en la etapa operativa, los procedimientos de mantenimiento y el entrenamiento del personal se vuelven el pilar para identificar anomalías mediante analítica predictiva.

    Asociado a las medidas preventivas, la respuesta ante incidentes ha evolucionado hacia la estrategia de «monitorear y contener», la cual prioriza la seguridad de los rescatistas al permitir que una unidad afectada se consuma de forma controlada mientras se protege el resto de la instalación. Este método reduce el riesgo de reigniciones asociadas a la energía residual y minimiza la generación de escorrentías contaminadas que suelen producirse con el uso masivo de agua. Simultáneamente, el modelado de plumas de humo y el monitoreo de la calidad del aire se emplean para proteger a las comunidades aledañas y al entorno natural. Adicionalmente, las lecciones aprendidas de fallos históricos han permitido perfeccionar los códigos y estándares internacionales, logrando que la tasa de incidentes disminuya drásticamente a pesar del crecimiento exponencial del sector. La experiencia en eventos pasados subraya la necesidad de una comunicación transparente con los interesados y un diseño orientado a evitar la propagación entre unidades. Finalmente, la investigación actual se centra en caracterizar con mayor precisión las emisiones y desarrollar materiales que impidan la transferencia de calor entre celdas, consolidando así la viabilidad de estas tecnologías en el futuro energético.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.epri.com/research/products/000000003002033944

  • INFLACIÓN ENERGÉTICA DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (IE-LAC)

    INFLACIÓN ENERGÉTICA DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (IE-LAC)

    El escenario económico de América Latina y el Caribe durante noviembre de 2025 revela una divergencia significativa entre los costos generales de vida y los precios específicos del sector energético. Mientras que la inflación total regional experimentó un incremento del 0,32%, la inflación energética se situó en terreno negativo con un valor de –0,04%. Esta disparidad sugiere que las presiones alcistas en la economía no provienen de los suministros básicos de energía, sino de otros rubros con alta ponderación, tales como los alimentos, bienes y servicios diversos. 

    La deflación energética mensual, que pasó de un 0,19% en octubre a la cifra negativa de noviembre, responde a una combinación de factores internos y externos. En el ámbito local, más de la mitad de los países analizados implementaron normativas y medidas regulatorias diseñadas específicamente para estabilizar las tarifas eléctricas. Estos mecanismos de control permitieron amortiguar el impacto de los costos de generación sobre el consumidor final. Simultáneamente, el mercado internacional aportó condiciones favorables mediante la caída del precio del petróleo, producto de una expansión en la oferta global durante la segunda mitad del año. Esta reducción en el valor del crudo disminuyó los costos de importación de combustibles, beneficiando tanto al transporte como a la generación eléctrica térmica en la región. No obstante, el panorama no estuvo exento de variables de resistencia. El gas natural en Norteamérica presentó un repunte de precios vinculado al aumento de la demanda por factores estacionales y climáticos. A pesar de que este incremento ejerció una presión al alza en los sistemas eléctricos que dependen fuertemente de este recurso, su efecto fue meramente parcial. La influencia de la bajada del petróleo y la solidez de las intervenciones tarifarias estatales prevalecieron, manteniendo la tendencia regional a la baja.

    En una perspectiva más amplia, el carbón mineral también mantuvo una trayectoria descendente con periodos de estabilización, contribuyendo a la contención de costos en matrices energéticas con participación térmica. Al observar la evolución histórica, se hace evidente que el índice de inflación energética en la región tiende a desacoplarse de la volatilidad extrema que muestran materias primas como el petróleo o el gas, aunque mantiene una correlación con la tendencia bajista del crudo observada en el cierre de 2025. En definitiva, la estabilidad energética actual se fundamenta en un equilibrio entre la gestión regulatoria interna y el aprovechamiento de un mercado internacional de hidrocarburos con excedentes de oferta.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.olade.org/publicaciones/enero-2026reporte-n-21-inflacion-energetica-de-america-latina-y-el-caribe-ie-lac/

    https://www.olade.org/wp-content/uploads/2026/02/Reporte_inflacionenergetica10-02-2026.pdf

  • Concepts of flexibility provision by local resources

    Concepts of flexibility provision by local resources

    La electrificación creciente de la demanda energética, especialmente en sectores de calefacción y movilidad, junto con la expansión rápida de la generación distribuida, principalmente paneles solares en residencias, está ocasionando desafíos para los operadores de redes de distribución eléctrica. Las redes, tradicionalmente diseñadas para flujos unidireccionales y previsibles, enfrentan ahora flujos bidireccionales y mayor variabilidad, lo que exige nuevas estrategias que involucren activamente a los usuarios finales. Esta situación impulsa la adopción de enfoques innovadores que aprovechan la flexibilidad de los recursos a nivel local, permitiendo gestionar la carga y mantener la viabilidad operativa mediante técnicas como la regulación de voltaje. Diversos países han implementado mecanismos para promover esta flexibilidad. En Bélgica, por ejemplo, se han introducido tarifas variables y basadas en capacidad en niveles inferiores de la red, buscando que los costos reflejen el uso real en tiempo y espacio. De forma paralela, en Austria y Suiza se desarrollan esquemas tarifarios que incentivan a los consumidores a reducir o desplazar sus picos de consumo o inyección. Además, existen iniciativas en comercio directo de energía entre pares y comunidades energéticas que permiten generar, consumir y compartir electricidad de manera más autónoma.

    Por otro lado, programas de respuesta a la demanda y esquemas de ajuste de renovables se han consolidado en países como Reino Unido, Corea del Sur y Canadá, donde se otorgan incentivos para modificar patrones de consumo según las necesidades de la red. Las iniciativas europeas impulsan mecanismos de mercado abiertos y transparentes que facilitan la participación de diversos agentes, ya sea mediante mercados locales gestionados por operadores de distribución o plataformas que integran actores locales y nacionales. No obstante, la implementación enfrenta retos relacionados con la granularidad temporal y espacial de los incentivos, la coordinación entre niveles de red y la liquidez de los mercados. Aunque las tarifas dinámicas pueden incentivar comportamientos eficientes, su diseño debe evitar sincronizaciones que generen nuevos picos. En los mercados, las ofertas de flexibilidad explícita, con productos definidos en cantidad y precio, se complementan con incentivos implícitos inducidos mediante señales tarifarias o comunitarias.

    Del mismo modo, es importante distinguir la flexibilidad según la voluntariedad de participación, el grado de autonomía en la oferta y el ámbito geográfico, sea local o nacional. En mercados de distribución, los participantes pueden fijar precios o responder a tarifas establecidas, mientras que en esquemas tarifarios predominan precios definidos por el operador. Dispositivos como acuerdos de conexión flexibles permiten limitar temporalmente capacidad en zonas congestionadas, facilitando el acceso a la red y evitando inversiones costosas. Experiencias concretas evidencian la efectividad de estos modelos. El operador británico UK Power Networks ha desarrollado desde 2017 un mercado de flexibilidad que moviliza capacidad contratada y genera ahorros económicos, integrando activos como vehículos eléctricos y bombas de calor. En Noruega y Flandes, plataformas locales permiten a pequeños proveedores ingresar con bajas barreras. En Corea y Canadá, los programas recompensan ajustes de consumo para optimizar la infraestructura existente.

    La evolución hacia sistemas más dinámicos incluye plataformas de comercio entre pares y comunidades energéticas que promueven gobernanza colaborativa y uso optimizado de recursos distribuidos. Aunque la adopción es heterogénea y enfrenta desafíos, las nuevas normativas y tecnologías apuntan a mecanismos interoperables y escalables. En suma, la transformación del sistema eléctrico hacia modelos más flexibles y participativos es un proceso global que combina mercado y regulación para mejorar la eficiencia y sostenibilidad del suministro eléctrico.

    Para leer más ingrese a:

    https://iea-isgan.org/concepts-of-flexibility-provision-by-local-resources/

    https://iea-isgan.org/wp-content/uploads/2026/02/Concepts-of-flexibility-provision-by-local-resources-Review.pdf

  • Progress in Implementing the European Union Coordinated Plan on Artificial Intelligence (Volume 2)

    Progress in Implementing the European Union Coordinated Plan on Artificial Intelligence (Volume 2)

    La implementación del Plan Coordinado de la Unión Europea en materia de inteligencia artificial refleja un esfuerzo estructurado por integrar esta tecnología en sectores de alto impacto, con el propósito de fortalecer la competitividad, la sostenibilidad y la resiliencia económica. En este contexto, la inteligencia artificial se concibe como una herramienta transversal que no solo optimiza procesos existentes, sino que también redefine modelos operativos en agricultura, salud, manufactura y movilidad. Así, su despliegue no responde únicamente a una agenda tecnológica, sino a una estrategia de transformación productiva alineada con valores europeos como la confianza, la seguridad y la orientación humana.

    En el sector agrícola, la inteligencia artificial se proyecta como motor de modernización frente a desafíos estructurales como el envejecimiento de la fuerza laboral, la reducción del número de explotaciones y las presiones ambientales. Mediante el análisis de datos provenientes de sensores, satélites y dispositivos conectados, se habilita la agricultura de precisión, lo que permite optimizar insumos, anticipar riesgos climáticos y mejorar rendimientos. Además, la robótica agrícola automatiza tareas intensivas en mano de obra, mientras que la analítica predictiva facilita decisiones sobre fertilización, riego y control de enfermedades. No obstante, la adopción sigue siendo desigual debido a limitaciones de conectividad rural, fragmentación de datos y barreras financieras, lo que exige políticas de infraestructura digital y marcos de datos interoperables.

    En el ámbito sanitario, la inteligencia artificial se inserta en un sistema sometido a presiones demográficas y restricciones de personal. Su aplicación en diagnóstico por imagen ha avanzado de manera significativa, particularmente en radiología, donde algoritmos de aprendizaje automático apoyan la detección temprana de patologías. Paralelamente, herramientas de procesamiento de lenguaje natural automatizan tareas administrativas, reduciendo cargas operativas en hospitales. Asimismo, la investigación farmacéutica incorpora modelos predictivos para acelerar el descubrimiento y desarrollo de medicamentos. Sin embargo, la fragmentación de datos clínicos, la complejidad regulatoria y la falta de interoperabilidad tecnológica limitan la escalabilidad de estas soluciones. Por consiguiente, la consolidación de espacios europeos de datos sanitarios y la armonización normativa resultan determinantes para ampliar su impacto.

    Por otra parte, en manufactura, la inteligencia artificial se vincula estrechamente con la digitalización industrial. Su capacidad para analizar datos operativos en tiempo real permite implementar mantenimiento predictivo, detectar fallos antes de que se materialicen y optimizar cadenas de suministro. Además, los sistemas de visión artificial fortalecen el control de calidad y reducen desperdicios. A pesar de estas ventajas, la adopción se concentra en empresas de mayor tamaño, mientras que las pequeñas y medianas empresas enfrentan obstáculos relacionados con costos iniciales, escasez de talento especializado e integración con sistemas heredados. En consecuencia, se requiere fortalecer ecosistemas abiertos, fomentar estándares comunes y facilitar acceso a financiamiento adaptado.

    En el sector de la movilidad, la inteligencia artificial impulsa avances hacia sistemas de transporte más seguros y eficientes. Desde la conducción automatizada hasta la gestión inteligente del transporte público y la logística de flotas, los algoritmos permiten optimizar rutas, reducir emisiones y mejorar la seguridad vial. De igual manera, la integración multimodal y el análisis en tiempo real contribuyen a una movilidad más sostenible. Sin embargo, la necesidad de grandes volúmenes de datos confiables, la coordinación transfronteriza y la claridad regulatoria representan retos persistentes.

    De manera transversal, emergen obstáculos comunes: escasez de profesionales con competencias en inteligencia artificial, carencias en infraestructura de datos y elevados costos de implementación. Frente a ello, se promueve una estrategia que combine inversión en investigación, desarrollo de capacidades, cooperación público-privada y espacios de experimentación regulatoria. En síntesis, la integración de la inteligencia artificial en sectores estratégicos europeos configura un proceso gradual que, aunque enfrenta limitaciones estructurales, abre oportunidades significativas para fortalecer la competitividad económica y el bienestar social mediante una adopción responsable y orientada a necesidades concretas.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/progress-in-implementing-the-european-union-coordinated-plan-on-artificial-intelligence-volume-2_3ac96d41-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2025/11/progress-in-implementing-the-european-union-coordinated-plan-on-artificial-intelligence-volume-2_92ec8756/3ac96d41-en.pdf

  • The OECD.AI Index

    The OECD.AI Index

    La inteligencia artificial se ha convertido en un eje prioritario de las agendas públicas, lo que ha intensificado la necesidad de contar con métricas comparables que permitan evaluar cómo los países desarrollan y gobiernan sus ecosistemas de IA. En este contexto, surge un marco de medición compuesto que traduce principios internacionales sobre IA confiable en indicadores concretos, con el fin de monitorear avances, identificar brechas y fortalecer la formulación de políticas basadas en evidencia. De este modo, se busca no solo observar resultados tecnológicos, sino también comprender cómo las decisiones gubernamentales inciden en la innovación, la adopción y la cooperación internacional en materia de IA. El enfoque se estructura en torno a cinco dimensiones interrelacionadas: Investigación y desarrollo, infraestructura habilitante, entorno de política pública, empleo y habilidades, y cooperación internacional. A través de 28 indicadores específicos, se integran estadísticas oficiales, registros administrativos, encuestas y fuentes de datos innovadoras. Esta combinación permite capturar tanto acciones institucionales como resultados observables, lo que ofrece una visión amplia del desempeño nacional. Asimismo, la metodología contempla procesos rigurosos de armonización, normalización, imputación de datos faltantes y análisis de robustez, lo que fortalece la confiabilidad de los resultados y permite comparaciones consistentes entre países.

    En cuanto a la dimensión de investigación y desarrollo, se evalúan publicaciones científicas de alta calidad, patentes vinculadas con IA y desarrollo de modelos, incluidos los de gran escala. Así, se reflejan tanto la capacidad científica como la dinámica de innovación empresarial. A continuación, la infraestructura habilitante examina conectividad digital, disponibilidad de datos abiertos y acceso a recursos de cómputo de alto rendimiento. Sin embargo, esta dimensión también evidencia limitaciones derivadas de la escasez de datos comparables sobre ciertos activos estratégicos, lo que subraya la necesidad de ampliar la disponibilidad estadística en el futuro. Por su parte, el entorno de política pública analiza la adopción gubernamental de IA, la existencia de estrategias nacionales, la presencia de mecanismos como sandboxes regulatorios y los flujos de inversión, especialmente capital de riesgo. De esta manera, se observa cómo el marco institucional puede incentivar o dificultar el despliegue tecnológico. En paralelo, la dimensión de empleo y habilidades considera la atracción y concentración de talento especializado, el desarrollo de software de alto impacto y el nivel de conocimiento público sobre IA. No obstante, persisten desafíos para medir de forma específica políticas de reconversión laboral o protección social vinculadas con la automatización, lo que limita la cobertura integral de esta área.

    En otra instancia, la cooperación internacional reconoce que la IA trasciende fronteras. Por consiguiente, se incluyen indicadores sobre participación en iniciativas multilaterales, colaboración científica transnacional y contribución a estándares internacionales. Esta dimensión destaca que el progreso nacional también depende de la articulación global y del compromiso con marcos comunes que promuevan interoperabilidad y confianza. Los resultados muestran variaciones significativas entre países y componentes, con valores agregados que reflejan diferentes niveles de avance. Aunque los cambios interanuales deben interpretarse con cautela debido a restricciones metodológicas y disponibilidad de datos, se observan ajustes en las posiciones relativas cuando los países adoptan nuevas políticas o fortalecen determinadas capacidades. En consecuencia, el índice funciona como una fotografía anual que facilita la identificación de fortalezas comparativas y áreas susceptibles de mejora.

    Además, el instrumento se distingue por su alineación directa con principios internacionales ampliamente adoptados, así como por su énfasis en indicadores específicamente vinculados con IA, en contraste con métricas digitales más generales. Igualmente, su desarrollo ha involucrado expertos, oficinas estadísticas y múltiples actores, lo que aporta legitimidad técnica y diversidad de perspectivas. A futuro, se prevé la actualización periódica de datos y la incorporación de nuevos indicadores conforme evoluciona el ecosistema tecnológico. Este marco compuesto no solo permite evaluar el estado actual de la IA a nivel nacional, sino que también orienta decisiones estratégicas hacia una adopción responsable, sostenible y alineada con valores democráticos. Por lo tanto, constituye una herramienta analítica que combina rigor metodológico, comparabilidad internacional y utilidad práctica para el diseño de políticas públicas.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/oecd-ai-observatory-index_32c01014-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/02/oecd-ai-observatory-index_8f5fa0f2/32c01014-en.pdf

  • AI to Support Neurodivergent Learners in Vocational Education and Training

    AI to Support Neurodivergent Learners in Vocational Education and Training

    La educación técnica y profesional se enfrenta al reto de integrar a estudiantes neurodivergentes en entornos que suelen ser poco flexibles y con apoyos limitados. Jóvenes con autismo, TDAH, dislexia, disgrafía o discalculia encuentran mayores obstáculos para completar la educación obligatoria y para acceder a empleos estables, lo que genera pérdidas sociales y económicas. En este escenario, la inteligencia artificial se plantea como un recurso transformador capaz de modificar la manera en que se enseña, se aprende y se transita hacia el mundo laboral.

    En primer lugar, la inteligencia artificial ofrece adaptabilidad. Los sistemas pueden ajustar materiales y retroalimentación según las necesidades de cada estudiante, lo que permite que quienes requieren apoyos específicos reciban contenidos diseñados para su estilo de aprendizaje. De esta manera, se reducen las brechas de participación y se favorece el rendimiento académico. Además, la posibilidad de generar múltiples versiones de ejercicios o actividades facilita que los docentes atiendan la diversidad sin sobrecarga de trabajo. En segundo lugar, la combinación de inteligencia artificial con tecnologías de realidad virtual y aumentada abre espacios de práctica segura. Los estudiantes pueden ensayar entrevistas, simular tareas laborales o repetir secuencias complejas en entornos controlados, lo que disminuye la ansiedad y fortalece la confianza antes de enfrentarse a situaciones reales. Estas experiencias inmersivas permiten que la formación técnica se acerque más a las necesidades de quienes requieren mayor preparación previa para desenvolverse en contextos laborales.

    Asimismo, la inteligencia artificial potencia herramientas de accesibilidad como el texto a voz y el reconocimiento de voz. Gracias a los avances recientes en modelos de lenguaje y computación en la nube, estas aplicaciones se han vuelto más fluidas y precisas, facilitando que cada persona interactúe con los contenidos de acuerdo con sus fortalezas. A esto se suman aplicaciones sencillas, como recordatorios digitales o listas de tareas, que se enriquecen con algoritmos capaces de identificar patrones de comportamiento o respuestas al estrés, ofreciendo apoyos personalizados para la planificación y la memoria. En la transición hacia el empleo, la inteligencia artificial desempeña un papel decisivo. Los sistemas generativos ayudan a elaborar currículos, preparar entrevistas y desarrollar habilidades de independencia. Además, el uso generalizado de asistentes digitales en los lugares de trabajo contribuye a normalizar estas herramientas, reduciendo el estigma que a menudo acompaña a su utilización por parte de personas neurodivergentes. Así, la tecnología no solo facilita el acceso al empleo, sino que también promueve ambientes más inclusivos.

    Sin embargo, el despliegue de estas soluciones enfrenta barreras. La gran cantidad de herramientas disponibles puede resultar abrumadora, mientras que muchos docentes carecen de la formación necesaria para integrarlas en sus prácticas. La diversidad de entornos de aprendizaje y trabajo dificulta la implementación, y los costos limitan el acceso, generando desigualdades. Incluso cuando las tecnologías llegan al mercado, a menudo no se ajustan a las necesidades reales de las instituciones y carecen de integración con otros sistemas. A estas dificultades se suman riesgos éticos y pedagógicos. La recopilación de datos sensibles plantea preocupaciones sobre privacidad, mientras que los sesgos en los algoritmos pueden reproducir discriminaciones y afectar directamente las oportunidades de los estudiantes. Además, existe el peligro de que una dependencia excesiva de estas herramientas limite el desarrollo de competencias esenciales como el pensamiento crítico o la comunicación. Las dudas sobre el uso legítimo de tecnologías de asistencia en evaluaciones y los posibles impactos emocionales de la interacción con chatbots refuerzan la necesidad de cautela.

    Ante este panorama, se proponen políticas que incluyan la aplicación de marcos normativos existentes en materia de accesibilidad y protección de datos, la capacitación de docentes, el apoyo financiero a tecnologías de asistencia, la orientación a instituciones y empleadores para navegar entre las múltiples opciones disponibles, y el incentivo a desarrolladores para mejorar la accesibilidad y adecuación de sus productos. De esta manera, la inteligencia artificial puede convertirse en un motor de inclusión y en una herramienta que impulse sistemas de formación más adaptativos e innovadores.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/ai-to-support-neurodivergent-learners-in-vocational-education-and-training_718d7522-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/02/ai-to-support-neurodivergent-learners-in-vocational-education-and-training_27965176/718d7522-en.pdf

  • OECD Due Diligence Guidance for Responsible AI

    OECD Due Diligence Guidance for Responsible AI

    La expansión acelerada de los sistemas de inteligencia artificial ha transformado profundamente la manera en que las empresas desarrollan productos, gestionan datos y toman decisiones con impacto social. En este escenario, la debida diligencia aplicada a la inteligencia artificial se configura como un proceso sistemático que permite identificar, prevenir, mitigar y rendir cuentas frente a posibles impactos adversos. Más allá de un ejercicio meramente técnico, se trata de integrar la gestión del riesgo en el núcleo mismo de la toma de decisiones empresariales, extendiendo su alcance tanto a las operaciones propias como a las relaciones comerciales. Desde esta perspectiva, la orientación propuesta articula la debida diligencia con los Principios de IA de la OCDE y las Directrices para Empresas Multinacionales, promoviendo un enfoque coherente con estándares internacionales de conducta empresarial responsable. En consecuencia, la gestión del riesgo en IA no se limita a la seguridad informática o al cumplimiento normativo, sino que incorpora dimensiones como derechos humanos, transparencia, equidad, robustez técnica y responsabilidad. Así, el desarrollo y uso de sistemas de IA deben alinearse con valores centrados en las personas y con prácticas que aseguren explicabilidad y supervisión humana adecuada.

    A partir de esta base conceptual, el marco se estructura en una secuencia de pasos interrelacionados. Inicialmente, se plantea la necesidad de integrar la conducta empresarial responsable en políticas internas y sistemas de gestión. Esto implica asignar responsabilidades claras a la alta dirección y a los órganos de supervisión, así como establecer líneas de comunicación que permitan gestionar riesgos de manera transversal en la organización. De este modo, la gobernanza de la IA se convierte en un componente institucionalizado, incorporado a procesos habituales y no tratado como una función aislada. Posteriormente, la identificación y evaluación de riesgos adquiere centralidad. La noción de “definir” abarca acciones como mapear, delimitar y contextualizar el uso de sistemas de IA, con el fin de comprender sus posibles efectos adversos. En paralelo, se reconocen similitudes con otros marcos de gestión de riesgos, aunque se subraya una diferencia relevante: la debida diligencia incluye impactos vinculados a relaciones comerciales y cadenas de valor, ampliando así el ámbito de responsabilidad empresarial. Esta ampliación obliga a considerar no solo lo que la empresa controla directamente, sino también aquello a lo que está vinculada por sus actividades.

    Además, la participación de las partes interesadas se presenta como un elemento transversal del proceso. Trabajadores, representantes sindicales, usuarios y otros grupos potencialmente afectados pueden intervenir en diversas etapas, desde la definición de objetivos del producto hasta la validación de conjuntos de datos y la evaluación posterior al despliegue. Sin embargo, la participación no siempre resulta sencilla; factores como la complejidad técnica o la velocidad de innovación pueden limitar la interacción. Por ello, se propone planificar modalidades de involucramiento adaptadas al contexto y priorizar a los grupos más expuestos a riesgos. A medida que avanza el proceso, se enfatiza la necesidad de adoptar medidas para prevenir o mitigar impactos identificados. Esto incluye establecer umbrales de tolerancia al riesgo, actualizar políticas internas y, cuando corresponda, cesar actividades que generen consecuencias negativas significativas. Al mismo tiempo, la implementación requiere sistemas de registro y seguimiento que documenten decisiones y resultados. La “monitorización” o “seguimiento” se concibe como una actividad continua, orientada a verificar la efectividad de las acciones adoptadas y a introducir mejoras cuando sea necesario.

    Asimismo, la comunicación transparente constituye otra dimensión esencial. Publicar políticas de gestión de riesgos y explicar cómo se abordan los impactos fortalece la rendición de cuentas y contribuye a generar confianza. En determinados casos, también puede ser pertinente recurrir a auditorías independientes o a mecanismos de evaluación externos que refuercen la credibilidad del proceso. De forma complementaria, se contempla la provisión o cooperación en mecanismos de reparación cuando se hayan producido efectos adversos. La orientación reconoce la diversidad de marcos regulatorios nacionales y sectoriales, lo que implica que las empresas deben adaptar sus acciones a los contextos específicos en los que operan. Esta flexibilidad no diluye la responsabilidad; por el contrario, exige una comprensión profunda de los riesgos particulares asociados a cada aplicación de IA. En definitiva, la debida diligencia en inteligencia artificial se configura como un proceso dinámico e integrado que busca equilibrar innovación tecnológica y respeto por derechos e intereses sociales, consolidando prácticas empresariales alineadas con estándares internacionales.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/oecd-due-diligence-guidance-for-responsible-ai_41671712-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/02/oecd-due-diligence-guidance-for-responsible-ai_7831bb49/41671712-en.pdf

Busca los documentos, noticias y tendencias más relevantes del sector eléctrico

Buscador de documentos
Buscador de noticias y tendencias

Banco de Información

Descripción del semáforo tecnológico

Los documentos se clasifican en varios colores tipo semáforo tecnológico que indican el nivel de implementación de la tecnología en el país

Tecnología en investigación que no ha sido estudiado o reglamentado por entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera focal y se encuentra en estudio por parte de las entidades del sector.

La tecnología se aplica de manera escalable y se encuentran políticas y regulaciones focales establecidas.

La tecnología se aplica a través de servicios  y se encuentran políticas y regulaciones transversales establecidas.

La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

Para acceder a todos los documentos publicados y descargarlos ingresa aquí