Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Empowering SMEs in the age of AI: The 2026 OECD D4SME Survey

    Empowering SMEs in the age of AI: The 2026 OECD D4SME Survey

    La transformación digital de las pequeñas y medianas empresas está avanzando con rapidez, impulsada por la adopción de herramientas de inteligencia artificial que van desde aplicaciones básicas hasta sistemas más sofisticados. Sin embargo, la integración estratégica y segura de estas tecnologías sigue siendo desigual. Muchas empresas recurren a soluciones disponibles en el mercado para tareas específicas, mientras que solo una minoría explora aplicaciones personalizadas o despliegues organizacionales más amplios. Este panorama refleja tanto el entusiasmo por la eficiencia y el crecimiento como las limitaciones derivadas de costos de mantenimiento, falta de tiempo para capacitación y brechas de habilidades. Además, la exposición a riesgos de seguridad digital aumenta conforme se intensifica el uso de herramientas avanzadas, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la resiliencia y la confianza en el entorno digital.

    Al analizar los niveles de madurez digital, se observa una marcada heterogeneidad: una parte significativa de las empresas se encuentra en etapas básicas o intermedias, mientras que otras han alcanzado niveles competentes, avanzados o incluso transformadores. Esta diversidad se traduce en diferencias en la capacidad de aprovechar plenamente las oportunidades de la digitalización. La brecha entre pequeñas y grandes empresas se amplía, especialmente en el uso de inteligencia artificial, lo que genera un riesgo de desigualdad tecnológica persistente. A pesar de que la aparición de modelos de lenguaje y aplicaciones accesibles ha reducido barreras de entrada, las grandes empresas continúan avanzando más rápido, consolidando ventajas competitivas. En este sentido, la integración más profunda de la inteligencia artificial en múltiples funciones empresariales se asocia con impactos más visibles y transformadores, como lo muestran los casos de microempresas y emprendedores que reportan beneficios significativos cuando la adopción es amplia.

    La seguridad digital emerge como un desafío central. Cerca de la mitad de las empresas encuestadas carece de medidas robustas de protección, y una proporción considerable ha experimentado incidentes de ciberseguridad. Esta vulnerabilidad limita la confianza en las herramientas digitales y puede frenar la expansión de la inteligencia artificial. La falta de prácticas como auditorías externas, revisiones de acceso o programas de capacitación en ciberseguridad revela un terreno en el que las políticas públicas y las estrategias empresariales deben intervenir con urgencia. Paralelamente, el acceso a servicios financieros digitales muestra un avance moderado, aunque persisten obstáculos relacionados con la falta de conocimiento y comprensión de su funcionamiento. Estos vacíos en alfabetización digital y financiera restringen la capacidad de las empresas para aprovechar plenamente las oportunidades de inclusión y eficiencia que ofrecen las tecnologías financieras.

    El papel de los programas gubernamentales resulta decisivo, aunque su impacto se ve limitado por la escasa visibilidad y la complejidad administrativa. Una proporción reducida de empresas ha accedido a apoyos públicos, mientras que la mayoría desconoce su existencia o considera que no se ajustan a sus necesidades. La demanda de asistencia financiera y de programas de capacitación accesibles y flexibles es evidente, lo que sugiere que una mejor articulación de instrumentos podría potenciar la transformación digital de las pymes. Por lo cual, el reto no se limita a promover la adopción de herramientas digitales, sino a garantizar que esta adopción sea efectiva, segura y capaz de generar beneficios sostenibles. La experiencia muestra que la digitalización de las pymes avanza, pero lo hace con asimetrías que requieren políticas más inclusivas y estrategias empresariales más estructuradas para que la inteligencia artificial y otras tecnologías digitales se conviertan en motores de competitividad y resiliencia en un entorno económico cada vez más exigente.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/empowering-smes-in-the-age-of-ai_bf5a9816-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/04/empowering-smes-in-the-age-of-ai_7f58652c/bf5a9816-en.pdf

  • Piloting the Quantum Economy Blueprint: Lessons from Saudi Arabia

    Piloting the Quantum Economy Blueprint: Lessons from Saudi Arabia

    El desarrollo de las tecnologías cuánticas está transformando la manera en que los países conciben la competitividad industrial, la seguridad nacional y la resiliencia tecnológica. La transición de la investigación en laboratorio hacia aplicaciones económicas concretas plantea un dilema estratégico: actuar de manera descoordinada fragmenta los ecosistemas, mientras que retrasar la acción compromete la capacidad de liderazgo. En este contexto, la experiencia de Arabia Saudita al implementar un marco estructurado para la preparación cuántica muestra cómo la coordinación institucional y el compromiso sostenido pueden convertir la incertidumbre en una oportunidad de construcción de capacidades. La metodología aplicada incluyó fases de mapeo de ecosistemas, participación de actores, priorización estratégica, verificación de viabilidad y formulación de una hoja de ruta nacional. Este proceso permitió vincular la ambición cuántica con prioridades de desarrollo, como la diversificación económica y la creación de empleos intensivos en conocimiento, además de atender riesgos inmediatos como la necesidad de avanzar en criptografía poscuántica para proteger infraestructuras críticas.

    A medida que se profundiza la reflexión sobre la preparación cuántica, emergen lecciones operativas y estratégicas que trascienden el caso saudí. Por un lado, la alineación nacional resulta indispensable para evitar inversiones prematuras y mantener credibilidad, lo cual se logra mediante un enfoque por etapas que combina aprendizaje, coordinación y compromiso. Asimismo, la gestión de expectativas se convierte en un mecanismo para sostener el impulso, comunicando con transparencia las incertidumbres inherentes. Por otro lado, la construcción de un ecosistema cuántico requiere definir necesidades específicas de talento y articular programas educativos, asociaciones con la industria y mecanismos de incentivos profesionales. Además, la identificación temprana de dependencias en hardware y el diseño de estrategias diversificadas de acceso —que combinan plataformas en la nube, alianzas internacionales e inversiones selectivas— permiten reducir vulnerabilidades y ampliar oportunidades de innovación.

    La innovación y la comercialización representan otro eje decisivo, pues la brecha entre investigación y mercado solo puede cerrarse mediante agendas orientadas a misiones, infraestructura habilitante y apoyo gubernamental a spin-outs. Igualmente, la sensibilización de los responsables de políticas públicas asegura que las tecnologías cuánticas se vinculen con prioridades nacionales, evitando que se perciban como iniciativas aisladas. La gobernanza y la seguridad, por su parte, requieren establecer estándares y marcos regulatorios desde etapas tempranas, integrando la responsabilidad en los instrumentos de política y priorizando la planificación de criptografía poscuántica. De esta manera, se fortalece la confianza en un entorno donde las aplicaciones cuánticas tienen potencial de uso dual, tanto civil como militar, y donde las restricciones internacionales en talento y colaboración científica pueden profundizar la brecha tecnológica.

    La experiencia saudí demuestra que la preparación cuántica no depende únicamente del progreso tecnológico, sino también de la capacidad de articular actores diversos, anticipar riesgos y construir un marco de acción flexible. La convergencia de la computación cuántica, las comunicaciones cuánticas y la sensórica cuántica genera un ecosistema interdependiente que exige coordinación para evitar inversiones desalineadas y aprovechar sinergias. Al mismo tiempo, la adopción de valores como transparencia, inclusividad, equidad y responsabilidad orienta las decisiones hacia un beneficio colectivo. Así, la preparación cuántica se convierte en un proceso de aprendizaje compartido entre países, donde cada experiencia nacional aporta a un diálogo global que busca equilibrar innovación con responsabilidad, velocidad con realismo y seguridad con apertura. Este enfoque modular y adaptable ofrece a las naciones la posibilidad de avanzar en su propio contexto, mientras contribuyen a reducir el riesgo de una división cuántica que podría consolidar desigualdades permanentes en la economía mundial.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/piloting-the-quantum-economy-blueprint-lessons-from-saudi-arabia/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Piloting_the_Quantum_Economy_Blueprint_Lessons_from_Saudi_Arabia_2026.pdf

  • Quantum for Energy and Utilities: Key Opportunities for Energy Transition

    Quantum for Energy and Utilities: Key Opportunities for Energy Transition

    La transición energética contemporánea se desenvuelve en un contexto marcado por tensiones entre sostenibilidad, seguridad y asequibilidad, al tiempo que la creciente electrificación y digitalización incrementan la complejidad operativa de los sistemas energéticos. En este escenario, las limitaciones de la computación tradicional se vuelven más evidentes frente a problemas altamente no lineales, como la integración de energías renovables variables, la simulación de materiales avanzados o la optimización de redes interconectadas. Por consiguiente, las tecnologías cuánticas emergen como una extensión de las herramientas existentes, capaces de ampliar el rango de problemas abordables mediante enfoques híbridos que combinan computación cuántica, inteligencia artificial y computación de alto rendimiento. Así, lejos de sustituir las soluciones actuales, estas tecnologías se posicionan como complementos que permiten explorar configuraciones más complejas, mejorar la precisión de simulaciones y reforzar la seguridad de infraestructuras críticas.

    A medida que estas capacidades evolucionan, su aplicación comienza a materializarse en distintos segmentos de la cadena de valor energética, abarcando desde la generación hasta la distribución y los servicios públicos. En particular, la optimización operativa aparece como una de las áreas más prometedoras, dado que numerosos problemas —como el flujo óptimo de potencia, la programación de activos o la logística de combustibles— presentan una naturaleza combinatoria difícil de resolver con métodos clásicos. De manera similar, el descubrimiento de materiales se beneficia de la simulación cuántica al permitir un análisis más detallado de interacciones moleculares, lo que acelera el desarrollo de baterías, catalizadores o tecnologías de captura de carbono. Al mismo tiempo, los avances en sensórica cuántica mejoran la capacidad de medición en contextos complejos, como la detección de fugas o el monitoreo subsuperficial, mientras que la comunicación cuántica introduce nuevas capas de protección frente a riesgos cibernéticos emergentes.

    Sin embargo, la adopción de estas tecnologías no sigue un ritmo uniforme, sino que se despliega en fases diferenciadas que reflejan tanto el grado de madurez tecnológica como las necesidades del sector. En el corto plazo, predominan los casos de uso basados en optimización híbrida y en la transición hacia criptografía resistente a ataques cuánticos, impulsados por la urgencia de proteger infraestructuras críticas frente a amenazas futuras. Posteriormente, en horizontes de mediano plazo, se espera una integración más profunda en la planificación y operación de sistemas eléctricos cada vez más descentralizados, donde la gestión de recursos distribuidos y la carga de vehículos eléctricos demandan soluciones más sofisticadas. Finalmente, en el largo plazo, el avance hacia computadoras cuánticas más robustas permitirá aplicaciones más ambiciosas en investigación y desarrollo, especialmente en simulaciones de alta fidelidad que hoy resultan inaccesibles.

    No obstante, la materialización de este potencial enfrenta múltiples desafíos que trascienden lo tecnológico e incluyen barreras estratégicas, regulatorias y organizacionales. Por un lado, la incertidumbre en torno al retorno de inversión y la falta de casos de negocio consolidados dificultan la asignación de recursos, mientras que las limitaciones actuales del hardware obligan a depender de enfoques híbridos y validaciones rigurosas. Por otro lado, la integración con sistemas existentes, la calidad de los datos y la escasez de talento especializado añaden complejidad al proceso de adopción. Frente a ello, se propone una hoja de ruta progresiva que inicia con proyectos piloto enfocados en problemas específicos, continúa con la incorporación estructurada en las estrategias digitales y culmina con la consolidación de estas tecnologías como parte integral de la infraestructura operativa. De este modo, el avance dependerá de una combinación de experimentación controlada, fortalecimiento de capacidades internas y colaboración entre actores del ecosistema, permitiendo transformar el potencial teórico en aplicaciones prácticas que contribuyan a sistemas energéticos más eficientes, resilientes y sostenibles.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/quantum-for-energy-and-utilities-key-opportunities-for-energy-transition/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Quantum_for_Energy_and_Utilities_2026.pdf

  • Lessons from the Dedicated Grant Mechanism for Indigenous People and Local Communities: For Practitioners

    Lessons from the Dedicated Grant Mechanism for Indigenous People and Local Communities: For Practitioners

    El mecanismo de financiamiento orientado a pueblos indígenas y comunidades locales ha demostrado que la gestión sostenible de bosques y territorios adquiere mayor efectividad cuando quienes habitan esos espacios participan directamente en las decisiones y en el acceso a recursos. A partir de esta premisa, se ha consolidado un modelo que no solo facilita financiamiento, sino que también promueve confianza entre comunidades e instituciones, refuerza capacidades organizativas y reconoce el valor del conocimiento tradicional en la acción climática. De este modo, la gobernanza se estructura en múltiples niveles donde comités representativos y agencias ejecutoras permiten articular prioridades locales con marcos globales, asegurando coherencia institucional. Al mismo tiempo, la interacción entre actores internacionales, gobiernos y organizaciones comunitarias favorece la alineación de objetivos y amplifica el impacto de las intervenciones en distintos territorios.

    En este contexto, la participación activa de las comunidades en el diseño e implementación de proyectos permite que las iniciativas respondan a necesidades concretas y culturalmente pertinentes. Esto implica comprender dinámicas sociales, derechos ancestrales y prácticas tradicionales, lo cual fortalece la apropiación de los procesos y prolonga sus efectos más allá de los ciclos de financiamiento. Asimismo, la priorización de acciones específicas, como la regularización de tierras o el manejo sostenible de recursos, tiende a generar resultados más duraderos frente a enfoques dispersos. Por consiguiente, el acompañamiento técnico y financiero se vuelve indispensable para transformar ideas comunitarias en propuestas viables, especialmente en etapas iniciales donde se requiere estructurar planes operativos, ambientales y sociales. De forma paralela, la inclusión de actores locales en tareas técnicas no solo reduce costos, sino que también fortalece capacidades y abre oportunidades de empleo, en particular para jóvenes.

    A medida que los proyectos avanzan, la solidez de la gobernanza adquiere relevancia al requerir reglas claras, transparencia y mecanismos de rendición de cuentas que eviten conflictos o capturas de poder. Siendo así, la definición precisa de roles entre comités, agencias ejecutoras y entidades multilaterales permite mejorar la coordinación y prevenir ambigüedades. Además, la integración de gobiernos, aun sin funciones decisorias, contribuye a vincular estas iniciativas con políticas nacionales y a potenciar sinergias con otros programas. Por otra parte, la inclusión de mujeres y grupos marginados exige estrategias específicas que superen barreras estructurales como normas sociales, acceso limitado a información o restricciones lingüísticas. En respuesta, se han desarrollado mecanismos adaptados a contextos locales que facilitan su participación, incrementando así la equidad y la calidad de los resultados.

    En términos operativos, la experiencia evidencia que los proyectos funcionan mejor cuando mantienen diseños simples, flexibles y ajustados a las condiciones locales. Esto permite adaptarse a situaciones imprevistas, como crisis sanitarias o cambios políticos, mediante ajustes en presupuestos, cronogramas y metodologías. A su vez, la gestión de riesgos desde etapas tempranas contribuye a mitigar obstáculos asociados a inestabilidad, discriminación o limitaciones institucionales. De manera complementaria, los procesos de selección y supervisión de subproyectos requieren criterios transparentes, control de conflictos de interés y verificación en campo para garantizar la coherencia entre propuestas y realidades territoriales. Igualmente, la comunicación y la difusión desempeñan un papel relevante al asegurar que la información llegue a comunidades diversas y que los beneficios sean comprendidos tanto por actores locales como por instancias gubernamentales.

    La sostenibilidad de estas iniciativas depende de la continuidad del apoyo institucional, la consolidación de capacidades locales y la integración de aprendizajes en programas más amplios. Aunque muchos subproyectos operan con recursos limitados y horizontes temporales reducidos, aquellos vinculados a derechos territoriales tienden a generar impactos más persistentes. En este sentido, el fortalecimiento de habilidades en gestión, negociación y monitoreo permite a las comunidades interactuar con otros actores en condiciones más equitativas. De igual forma, la incorporación de sistemas participativos de seguimiento y el uso de herramientas digitales favorecen la transparencia y el aprendizaje continuo. Así, la combinación de financiamiento directo, gobernanza inclusiva y conocimiento compartido configura un enfoque que no solo impulsa la acción climática, sino que también refuerza la autonomía y resiliencia de los pueblos indígenas y comunidades locales.

    Para leer más ingrese a:

    https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/57ab5d5c-5c34-4553-8b4d-f487d5556822

    https://openknowledge.worldbank.org/bitstreams/14f47b5e-e4d5-44c7-9046-d307d896c44d/download

  • The Climate and Health Risk Index: Tracking Climate Change Risk to Health across National and Subnational Levels to Prioritize Adaptation Investment

    The Climate and Health Risk Index: Tracking Climate Change Risk to Health across National and Subnational Levels to Prioritize Adaptation Investment

    El análisis del riesgo climático en la salud humana ha evolucionado hacia enfoques más integrales que buscan conectar la evidencia científica con la toma de decisiones en inversión pública y privada. En este marco, surge la necesidad de herramientas que permitan comprender cómo los riesgos asociados al cambio climático se distribuyen en el territorio y cómo evolucionan a lo largo del tiempo. A partir de esta lógica, se plantea un enfoque que no solo mide la exposición a amenazas climáticas, sino que también incorpora la capacidad adaptativa de los sistemas de salud y de las comunidades. De este modo, se construye una visión más completa que permite identificar no solo dónde ocurren los impactos, sino también dónde existen mayores brechas para enfrentarlos, lo que amplía las posibilidades de intervención estratégica en contextos de creciente incertidumbre climática.

    En relación con esta perspectiva, el monitoreo continuo del riesgo se convierte en un elemento esencial para captar las transformaciones que surgen tanto por la intensificación de amenazas como por la mejora en la disponibilidad de datos. A medida que se profundiza el conocimiento sobre eventos extremos y factores climáticos que afectan la salud, también se hace posible ajustar las evaluaciones de riesgo con mayor precisión. Además, la incorporación de inversiones en adaptación y resiliencia permite observar cambios en la capacidad de respuesta de los territorios, lo que introduce una dimensión dinámica en el análisis. Así, el riesgo deja de entenderse como una condición estática y pasa a concebirse como un proceso en constante evolución, influenciado tanto por factores ambientales como por decisiones de política y asignación de recursos.

    A su vez, la identificación espacial del riesgo antes de realizar evaluaciones detalladas facilita una asignación más eficiente de los recursos disponibles. Este enfoque permite priorizar territorios donde la vulnerabilidad es más alta o donde los impactos potenciales pueden ser más severos, orientando diagnósticos más profundos hacia áreas específicas. Además, esta capacidad de segmentación contribuye a fortalecer procesos de incidencia y planificación, al proporcionar evidencia clara para justificar inversiones en adaptación dentro del sector salud. De manera complementaria, la herramienta también permite visualizar patrones de riesgo que, de otro modo, podrían pasar desapercibidos, lo que resulta útil para anticipar necesidades futuras y evitar respuestas tardías frente a eventos extremos o cambios graduales en las condiciones climáticas.

    Finalmente, la construcción de una visión amplia del riesgo para la salud humana implica integrar múltiples factores, incluyendo estresores climáticos, eventos extremos y condiciones socioeconómicas que amplifican la vulnerabilidad. Este enfoque no busca reemplazar otros índices especializados, sino complementarlos al ofrecer una perspectiva transversal que conecta diferentes dimensiones del riesgo. Por lo tanto, se facilita una comprensión más articulada de cómo interactúan distintos determinantes en la generación de impactos sobre la salud. A partir de esta integración, se abren oportunidades para diseñar estrategias más coherentes y alineadas con las necesidades reales de los territorios, promoviendo una asignación de recursos más informada y orientada a resultados sostenibles en el tiempo.

    Para leer más ingrese a:

    https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/70e9088c-3183-4651-a559-3782a12b8352

    https://openknowledge.worldbank.org/server/api/core/bitstreams/0a08058a-cc78-4663-9fe0-4ca6f05cfdcd/content

  • Production Transformation Policy Review: Spotlight on Bioeconomy for Sustainable Development in the Amazon Region (Brazil)

    Production Transformation Policy Review: Spotlight on Bioeconomy for Sustainable Development in the Amazon Region (Brazil)

    La bioeconomía emerge como un paradigma innovador que propone una transformación profunda en la forma en que las economías aprovechan sus recursos naturales, especialmente en regiones de alta biodiversidad como la Amazonia brasileña. Este enfoque busca integrar la conservación ambiental con el desarrollo económico, promoviendo actividades que valorizan la diversidad biológica y los conocimientos tradicionales, al mismo tiempo que fomentan la generación de valor económico sostenible. En este sentido, la Amazonia, albergando aproximadamente el 60% de su superficie en Brasil y un vasto patrimonio de especies y culturas indígenas, ofrece un terreno fértil para aplicar estrategias que impulsen una economía basada en la sostenibilidad y equidad social. La bioeconomía plantea, por lo tanto, un cambio del modelo productivo predominante, caracterizado por la extracción intensiva y exportación de productos con bajo valor agregado, hacia esquemas que promuevan la diversificación productiva y la incorporación de tecnologías científicas y biotecnológicas.

    Para lograr este cambio, resulta indispensable abordar las brechas en infraestructura, financiamiento y gobernanza que afectan la región amazónica. La falta de acceso adecuado a servicios básicos como energía, telecomunicaciones y transporte afecta la competitividad de pequeños productores y dificulta la integración regional. También, la canalización de recursos financieros orientados a proyectos con impacto social y ambiental representa un reto para garantizar el impulso de emprendimientos y la conservación de bosques. En este contexto, iniciativas como la Estrategia Nacional de Bioeconomía de Brasil y las políticas estatales específicas, como las de Pará y Amazonas, demuestran una voluntad política por implementar planes que involucren investigación, innovación y desarrollo sustentable en concordancia con conocimientos ancestrales. Aunado a ello, la cooperación internacional y transfronteriza amplía las posibilidades de intercambio de experiencias, aumento de mercados y movilización conjunta de recursos, fortaleciendo así el alcance y la eficacia de las acciones.

    El fomento de alianzas estratégicas entre el sector público, privado y comunidades locales representa una vía para potenciar el aprovechamiento sostenible de los recursos y mejorar la equidad en la distribución de beneficios. El establecimiento de mecanismos claros para el acceso y la compensación en el uso de recursos genéticos y conocimientos tradicionales contribuye a un marco de gobernanza basado en principios de equidad y respeto cultural. Además, el involucramiento activo de empresas ancla en cadenas de valor bioeconómicas, apoyadas por incentivos y plataformas de cooperación, permite conectar la innovación científica con las oportunidades económicas emergentes. Para consolidar estos esfuerzos es necesario diseñar esquemas de financiamiento innovadores que combinen fondos públicos y privados, así como instrumentos financieros verdes adaptados a las características del territorio, garantizando la continuidad y escalabilidad de los proyectos dedicados a la bioeconomía.

    La posibilidad de transformar la Amazonia a través de la bioeconomía no solo contribuye a la preservación de uno de los ecosistemas más ricos del planeta, sino que también puede generar desarrollo económico inclusivo para sus pobladores, en especial los pueblos indígenas y comunidades locales. El equilibrio entre conservación y progreso implica una revisión del modelo económico actual y la implementación de políticas integradas que promuevan la sostenibilidad ambiental, social y económica. Las sinergias entre la ciencia, la innovación tecnológica y los saberes tradicionales configuran una visión prometedora para imaginar un futuro donde la biodiversidad y el bienestar humano coexistan en armonía, promoviendo no solo el crecimiento económico sino también la justicia social y ambiental en la Amazonia brasileña.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/en/publications/production-transformation-policy-review_5965206f-en.html

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2026/04/production-transformation-policy-review_2bb4a1d9/5965206f-en.pdf

  • Turning the Tide: A Financier’s Guide to Investing in Blue Carbon Ecosystems

    Turning the Tide: A Financier’s Guide to Investing in Blue Carbon Ecosystems

    Los ecosistemas de carbono azul, como manglares, praderas marinas y humedales costeros, representan una de las soluciones más efectivas para enfrentar simultáneamente el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la vulnerabilidad de las comunidades costeras. Estos sistemas naturales no solo almacenan grandes cantidades de carbono, sino que también sostienen economías locales, reducen el impacto de fenómenos extremos y generan servicios valorados en miles de millones de dólares anualmente. Sin embargo, pese a su relevancia ambiental y económica, continúan enfrentando una notable falta de financiamiento, lo que ha contribuido a su degradación progresiva en diversas regiones del mundo. En este contexto, surge una creciente movilización de actores públicos y privados que buscan revertir esta tendencia mediante el desarrollo de mecanismos financieros innovadores capaces de canalizar capital hacia su conservación y restauración.

    En este sentido, el desarrollo de mercados de carbono ha permitido traducir los beneficios ambientales en activos financieros comercializables, facilitando la generación de ingresos a partir de créditos de carbono asociados a estos ecosistemas. Aun así, persisten limitaciones relacionadas con altos costos iniciales, incertidumbre en los precios y largos periodos antes de la obtención de retornos, lo que restringe la participación de inversionistas tradicionales. Paralelamente, las cadenas de suministro emergen como otra vía relevante, al integrar prácticas sostenibles dentro de sectores como la acuicultura y la pesca. Esta integración no solo mejora la resiliencia productiva, sino que también abre oportunidades en mercados premium; sin embargo, la fragmentación de pequeños productores, las barreras de certificación y las limitaciones de infraestructura continúan dificultando la escalabilidad de estas iniciativas.

    A medida que se amplía la perspectiva, la incorporación de soluciones basadas en la naturaleza dentro del desarrollo de infraestructura costera ofrece una alternativa viable frente a modelos tradicionales. Los ecosistemas de carbono azul pueden actuar como infraestructura natural que reduce costos a largo plazo y mejora la resiliencia frente a riesgos climáticos. No obstante, la adopción de estos enfoques enfrenta obstáculos derivados de la preferencia institucional por infraestructuras convencionales, la falta de estándares técnicos consolidados y la escasez de datos que respalden su desempeño en distintos contextos. De forma complementaria, los instrumentos de seguros comienzan a posicionarse como herramientas capaces de movilizar financiamiento y reducir riesgos, mediante productos como seguros paramétricos o mecanismos de transferencia de riesgos, aunque su desarrollo aún es incipiente debido a desafíos en la medición de beneficios y en la estructuración de modelos actuariales adecuados.

    La expansión del financiamiento hacia estos ecosistemas depende de la articulación entre múltiples actores y del uso estratégico de distintos tipos de capital. Mientras el financiamiento concesional y filantrópico permite cubrir etapas tempranas y reducir riesgos, el capital privado resulta necesario para escalar las inversiones y consolidar estos proyectos como oportunidades atractivas a nivel institucional. De este modo, la combinación de instrumentos financieros tradicionales con enfoques innovadores, junto con marcos regulatorios adecuados y una mayor disponibilidad de datos, puede facilitar la integración de estos ecosistemas dentro de estrategias de inversión más amplias. De este modo, la conservación y restauración del carbono azul se proyecta no solo como una respuesta ambiental, sino también como una oportunidad económica que fortalece la resiliencia de comunidades, mercados y sistemas productivos a largo plazo.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/turning-the-tide-a-financier-s-guide-to-investing-in-blue-carbon-ecosystems/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Turning_the_Tide_A_Financier’s_Guide_to_Investing_in_Blue_Carbon_Ecosystems_2026.pdf

  • Tracking financial support across 100 clean cooking access-deficit countries

    Tracking financial support across 100 clean cooking access-deficit countries

    El financiamiento para el acceso a cocinas limpias enfrenta múltiples retos dados los diversos actores involucrados y las definiciones poco claras sobre qué constituye exactamente una inversión en este ámbito. La falta de delimitaciones concretas complica la identificación de proyectos y recursos enfocados en tecnologías limpias, particularmente cuando se trata de infraestructuras energéticas como el gas licuado de petróleo (LPG) y la electricidad para cocinas eléctricas. Si bien estas inversiones pueden contribuir indirectamente, hay dificultades para discernir cuáles apoyan directamente el acceso a cocinas limpias. Asimismo, sectores adyacentes, como las instituciones de microfinanzas, contribuyen de manera importante al facilitar la adquisición de tecnologías limpias, pero su apoyo resulta complejo de cuantificar con precisión. Frente a esta realidad, una metodología adaptada que incluye encuestas directas a gobiernos del Sur Global y análisis detallados de bases de datos internacionales ha permitido generar estimaciones más confiables sobre la magnitud del financiamiento actual.

    Las cifras revelan una escala financiera que oscila entre montos posibles de hasta 2,8 mil millones de dólares y una cifra confirmada, aunque más conservadora, de 0,4 mil millones en inversiones públicas directas entre 2022 y 2024 en 100 países con déficit de acceso. Estas estimaciones refuerzan que la mayoría del financiamiento comprobado proviene de presupuestos nacionales, enfocándose mayoritariamente en infraestructura para LPG y, en menor medida, en estufas mejoradas de biomasa. A pesar de ello, muchas naciones reconocen la importancia de contar con marcos normativos estables y progresivos para atraer flujos externos de inversión, especialmente financiamiento concesional que reduce riesgos y permite movilizar capital privado adicional. La financiación basada en deuda ha cobrado protagonismo en años recientes, favoreciendo proyectos vinculados a los mercados voluntarios de carbono, con tendencias que sugieren un aumento de esta modalidad en el futuro cercano.

    Resulta evidente que los esfuerzos de política, apoyados por subsidios y esquemas de descarbonización, deberán orientarse a mejorar la coordinación entre actores, a estandarizar definiciones y a fortalecer los mecanismos de recopilación de datos. La complejidad institucional y la dispersión de responsabilidades internas dificultan la recopilación de información detallada, lo que ha limitado el conocimiento exhaustivo sobre inversiones reales. Por lo tanto, la adopción de encuestas simplificadas, acompañadas de análisis complementarios de documentos oficiales, emerge como una vía prometedora para mejorar el monitoreo financiero. Además, enfatizar la importancia de políticas nacionales claras puede generar mayor confianza en inversores y facilitar la integración de tecnologías limpias. La transición hacia el acceso universal a cocinas limpias dependerá de la alineación efectiva entre políticas nacionales, financiamiento público y mecanismos de capital privado, incluyendo roles cada vez más relevantes de la financiación concesional y los incentivos derivados de los mercados de carbono.

    La necesidad de millones de personas que aún carecen de acceso a soluciones de cocina limpias impone una presión creciente para movilizar recursos financieros significativos y duraderos. La evidencia disponible sugiere que, aunque existen avances en la movilización de fondos y en el diseño de marcos regulatorios, las inversiones actuales siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del desafío. Por ello, la identificación de las brechas de financiamiento, la consolidación de datos exhaustivos y la promoción de políticas integradoras orientadas al sector energético y de desarrollo serán imprescindibles para acelerar la transición hacia un acceso universal a tecnologías de cocción limpias, contribuyendo así a la reducción de impactos en la salud, el medio ambiente y la pobreza energética.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.irena.org/Publications/2026/Mar/Tracking-financial-support-across-100-clean-cooking-access-deficit-countries

    https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2026/Mar/IRENA_POL_Tracking_clean_cooking_100_countries_2026.pdf

  • Financing clean cooking in Tanzania

    Financing clean cooking in Tanzania

    La expansión del acceso a tecnologías limpias para cocinar en Tanzania enfrenta múltiples retos financieros que limitan su desarrollo y adopción masiva. A pesar del notable avance político y estratégico del país, con la elaboración de una Estrategia Nacional de Cocina Limpia en 2024 y el compromiso de sus autoridades, el sector aún no logra consolidarse. Las pequeñas empresas dominan el mercado; muchas de ellas operan con escasa formalidad y carecen de la capacidad administrativa necesaria para acceder a financiamiento amplio y sostenible. La mayoría de estas empresas dependen de recursos propios o financiamiento familiar, lo que restringe su capacidad para crecer y adoptar tecnologías más eficientes y certificadas. Además, las fuentes de financiamiento existentes privilegian a compañías establecidas y con historial crediticio, dejando de lado a los pequeños y nuevos emprendedores que conforman la mayor parte del sector. Esta circunstancia genera una paradoja donde la oferta de capital disponible no se alinea con la demanda real de las pymes del sector debido a limitaciones en la preparación y documentación financiera.

    Asimismo, las tarifas de interés elevadas, la exigencia de garantías y la falta de instrumentos flexibles consolidan barreras considerables para la expansión del sector. Paralelamente, la carencia de tecnología local certificada y el débil desarrollo de servicios especializados de mantenimiento restringen la competitividad y confiabilidad en el mercado. Esto dificulta que los productos locales puedan competir con las importaciones y afecta la percepción de calidad, limitando la confianza tanto de inversionistas como de consumidores. Frente a esta realidad, la inversión en capacitación técnica y empresarial emerge como un requisito indispensable para mejorar la oferta de productos y servicios, así como para fortalecer la estructura organizacional y financiera de las compañías. La incorporación de programas de formación en gestión empresarial, desarrollo tecnológico y mantenimiento permitiría elevar la preparación y la inversión, ampliando las posibilidades de financiamiento a través de distintos canales.

    En cuanto a las fuentes de financiamiento, existen iniciativas internacionales y nacionales que buscan estimular el desarrollo del sector, tales como fondos apoyados por organismos multilaterales, programas financiados por la Unión Europea, y esquemas de financiamiento ligados al mercado de carbono, aunque estos últimos enfrentan retos en cuanto a la estabilidad y seguimiento de los créditos generados. La estructura financiera actual muestra una predominancia de subvenciones, complementadas por préstamos comerciales con costos elevados. En respuesta a estos obstáculos, la exploración de modelos híbridos que combinen fondos públicos y privados con condiciones adaptadas a las realidades locales se presenta como una estrategia prometedora. Aumentar el acceso a esquemas flexibles, tales como garantías y condiciones preferenciales, podría reducir los riesgos para prestamistas y facilitar la entrada de pequeños y medianos actores al circuito financiero. Además, la diversificación de instrumentos financieros y la incorporación de mecanismos de pago adaptados para hogares con ingresos limitados, como los sistemas de pago por uso, podrían contribuir a estimular la demanda y sostenibilidad del sector.

    A nivel estructural, también se destaca la necesidad de fortalecer la manufactura local para reducir la dependencia de importaciones y fomentar la creación de empleos en cadena productiva. El desarrollo de infraestructura industrial, investigación aplicada e innovación tecnológica debe acompañarse de políticas que impulsen la formalización y profesionalización de las empresas. En dicho contexto, es indispensable diferenciar claramente entre empresas con vocación comercial y aquellas con enfoque no lucrativo, dado que requieren enfoques de apoyo distintos. Mientras las primeras demandan soluciones financieras e instrumentales orientadas al crecimiento y rentabilidad, las segundas pueden beneficiarse de mecanismos más flexibles de formación y asistencia técnica. El diseño de intervenciones sectoriales integrales que atiendan esta diversidad resulta fundamental para canalizar recursos de manera eficiente y aprovechar el potencial de los diferentes actores. Finalmente, la colaboración entre gobierno, entidades financieras, asociaciones sectoriales y organizaciones internacionales representa un pilar para potenciar sinergias encaminadas a la expansión y consolidación del acceso a tecnologías limpias en el ámbito doméstico.

    El avance hacia la universalización de la cocina limpia en Tanzania depende de superar las restricciones financieras que limitan la formalización y crecimiento del sector, mejorar la calidad y certificación tecnológica, así como impulsar modelos de financiamiento innovadores y adaptados a la estructura productiva y administrativa de las empresas locales. Este desafío requiere fortalecer capacidades empresariales, promover la manufactura local, implementar mecanismos financieros flexibles y diferenciar estrategias para actores comerciales y no lucrativos, todo ello coordinado bajo un marco estratégico que favorezca la sostenibilidad ambiental y social. La experiencia tanzana constituye un caso ilustrativo de cómo las políticas públicas, apoyos financieros diversificados y el desarrollo institucional pueden converger para generar un entorno propicio en la transición hacia soluciones energéticas domésticas más limpias y accesibles.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.irena.org/Publications/2026/Mar/Financing-clean-cooking-in-Tanzania

    https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2026/Mar/IRENA_POL_Financing_clean_cooking_Tanzania_2026.pdf

  • Charcoal in the modern cooking transition

    Charcoal in the modern cooking transition

    El carbón vegetal continúa siendo una fuente energética predominante para la mayoría de los hogares urbanos en África Subsahariana, con proyecciones que indican su uso sostenido y creciente hasta 2050 y más allá. A pesar de la expansión de combustibles de cocina limpios como el gas licuado de petróleo (GLP) y la electricidad, la transición hacia estas alternativas resulta inaccesible para grandes segmentos de la población, lo que mantiene al carbón como opción principal o complementaria. Este fenómeno se vincula estrechamente con factores como el crecimiento demográfico, la urbanización acelerada y la asequibilidad limitada de los combustibles modernos, aspectos que indudablemente moldean la dinámica energética en la región. La dependencia del carbón viene acompañada de una serie de preocupaciones ambientales y sociales; sin embargo, la percepción predominante de tratar al carbón como un combustible que debe ser eliminado gradualmente no ha resultado efectiva para gestionar su uso ni para impulsar verdaderas transformaciones en los patrones de consumo energético.

    Al contemplar la sostenibilidad desde una óptica más amplia, surge la necesidad de reconsiderar el futuro del carbón vegetal en el contexto de una transición hacia energías modernas. Emplear una perspectiva que reconozca su continuidad permite poner en marcha estrategias orientadas a modernizar su producción y uso, lo que puede moderar sus impactos ambientales y mejorar la seguridad energética para millones. La mejora tecnológica abarca desde métodos más eficientes para la carbonización, con la adopción de hornos mejorados que incrementan la conversión de madera en energía útil, hasta la implementación de estufas optimizadas que reducen el consumo. Además, la gestión sostenible de los recursos forestales mediante prácticas como la reforestación con especies de rápido crecimiento y la recolección responsable puede aminorar significativamente la pérdida de cobertura arbórea asociada con su producción. Todas estas intervenciones no solo atenuarían las tensiones ambientales, sino que también podrían contribuir a preservar los medios de vida en las comunidades involucradas en la cadena de valor del carbón.

    Por otro lado, las discusiones en torno al carbón han estado dominadas por sus impactos negativos, particularmente respecto a la deforestación, la degradación del suelo, los efectos climáticos y las consecuencias para la salud pública. Sin embargo, existe la necesidad de desagregar y contextualizar estas problemáticas, diferenciando los impactos del carbón de los de otros combustibles sólidos, y profundizando en la investigación para validar o cuestionar algunas de las afirmaciones que han llevado a posiciones políticas restrictivas o prohibicionistas. A medida que se avanza hacia una imagen más matizada, se abre la posibilidad de adoptar medidas políticas que, lejos de penalizar o desincentivar la producción y el consumo del carbón, promuevan prácticas sostenibles respaldadas por incentivos financieros, regulaciones adecuadas y mecanismos innovadores de financiamiento, como los mercados de carbono y los sistemas de financiamiento basado en resultados.

    Este enfoque también implica considerar la transición energética desde un prisma justo y equitativo. Dado que millones dependen del carbón para su sustento, cualquier política que busque desplazarlo debe integrar estrategias que salvaguarden esos medios de vida y atiendan las barreras económicas y sociales que enfrentan los usuarios. La modernización del sector a través de inversiones en tecnologías mejoradas y la formalización del mercado del carbón pueden no solo garantizar mayor eficiencia y sostenibilidad en la provisión energética, sino también fortalecer la economía local y promover la seguridad energética. En síntesis, una transición que integre al carbón como un elemento modernizado en lugar de descartado podría contribuir a alcanzar metas de acceso universal a la energía de cocina limpia, preservar los recursos naturales y aportar al crecimiento económico inclusivo en la región.
     

    Para leer más ingrese a:

    https://www.irena.org/Publications/2026/Mar/Charcoal-in-the-modern-cooking-transition 

    https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2026/Mar/IRENA_POL_Charcoal_energy_transition_2026.pdf

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