Microgrid Knowledge describe cómo las microrredes comunitarias están llenando un espacio intermedio entre los grandes proyectos de generación y las soluciones individuales. En Estados Unidos, el aumento de tarifas residenciales, las interrupciones más frecuentes y la presión de nuevas cargas están llevando a comunidades, gobiernos locales, negocios pequeños y organizaciones sin ánimo de lucro a buscar activos energéticos propios. La publicación señala que las tarifas residenciales han subido cerca de 50% desde 2016 y que podrían aumentar entre 15% y 40% hacia 2030.
El caso de Cascadia Renewables y Sulis Energy muestra un modelo de desarrollo centrado en resiliencia local y valor para la red. Estas empresas, ubicadas en Washington, han realizado cerca de 80 estudios de factibilidad de microredes y mantienen 16 proyectos en distintas etapas. Su experiencia indica que la demanda no está limitada a uno o dos proyectos aislados, sino a una cartera amplia de soluciones comunitarias con almacenamiento, energía solar, coordinación multiactor y capacidades de respaldo ante eventos extremos.
Para directivos de tecnología de empresas energéticas, el aprendizaje está en la necesidad de crear capacidades para integrar microrredes como recursos operativos, no solo como proyectos sociales o de autogeneración. La planificación deberá incorporar plataformas de monitoreo, medición, control, ciberseguridad e interoperabilidad con sistemas de distribución. También se abre una oportunidad para que las empresas reguladas desarrollen modelos de acompañamiento técnico, operación coordinada y servicios digitales para comunidades que buscan mayor autonomía sin desconectarse del sistema. Esto facilita resiliencia local y gestión verificable de recursos distribuidos eléctricos.
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