End-of-life Management for a Circular Economy: Solar PV Panels

La expansión acelerada de la energía solar fotovoltaica representa uno de los pilares de la transición energética mundial debido a su capacidad para suministrar electricidad con menores costos, fortalecer la seguridad energética y reducir las emisiones asociadas con la generación convencional. Durante la última década, esta tecnología experimentó un crecimiento sin precedentes, alcanzando cerca de la mitad de la capacidad renovable instalada en el mundo y concentrando la mayor parte de las nuevas incorporaciones de generación limpia. Las proyecciones hacia 2050 muestran que esta tendencia continuará con una expansión aún más pronunciada para cumplir los objetivos climáticos internacionales. Sin embargo, el incremento sostenido de instalaciones también implica un aumento significativo en la demanda de materias primas, entre ellas vidrio, aluminio, silicio, cobre, plata y diversos materiales poliméricos utilizados en la fabricación de módulos. Aunque los avances tecnológicos han permitido reducir la cantidad de materiales necesarios por unidad de capacidad instalada gracias a mejoras en la eficiencia de conversión y al diseño de los paneles, el volumen total de recursos requeridos seguirá aumentando debido al crecimiento del mercado. Esta situación genera nuevas presiones sobre las cadenas de suministro, incrementa la importancia estratégica de determinados minerales y plantea desafíos relacionados con la extracción de recursos, la estabilidad comercial y la sostenibilidad ambiental de toda la cadena de valor.

 

La expansión acelerada de la energía solar fotovoltaica representa uno de los pilares de la transición energética mundial debido a su capacidad para suministrar electricidad con menores costos, fortalecer la seguridad energética y reducir las emisiones asociadas con la generación convencional. Durante la última década, esta tecnología experimentó un crecimiento sin precedentes, alcanzando cerca de la mitad de la capacidad renovable instalada en el mundo y concentrando la mayor parte de las nuevas incorporaciones de generación limpia. Las proyecciones hacia 2050 muestran que esta tendencia continuará con una expansión aún más pronunciada para cumplir los objetivos climáticos internacionales. Sin embargo, el incremento sostenido de instalaciones también implica un aumento significativo en la demanda de materias primas, entre ellas vidrio, aluminio, silicio, cobre, plata y diversos materiales poliméricos utilizados en la fabricación de módulos. Aunque los avances tecnológicos han permitido reducir la cantidad de materiales necesarios por unidad de capacidad instalada gracias a mejoras en la eficiencia de conversión y al diseño de los paneles, el volumen total de recursos requeridos seguirá aumentando debido al crecimiento del mercado. Esta situación genera nuevas presiones sobre las cadenas de suministro, incrementa la importancia estratégica de determinados minerales y plantea desafíos relacionados con la extracción de recursos, la estabilidad comercial y la sostenibilidad ambiental de toda la cadena de valor.

Asimismo, el incremento de la demanda de materiales amplía los impactos asociados con las actividades mineras necesarias para abastecer la industria fotovoltaica. La extracción de minerales puede ocasionar degradación del suelo, pérdida de biodiversidad, contaminación del agua y del aire, generación de residuos tóxicos y conflictos por el uso del territorio con comunidades locales. Estos efectos adquieren mayor relevancia en regiones donde las actividades extractivas coinciden con zonas de alta escasez hídrica, circunstancia que incrementa la competencia por el recurso y amplía los riesgos ambientales y sociales. Aunque las proyecciones indican que no existirán déficits globales de materiales en el corto y mediano plazo, las tensiones geopolíticas, las restricciones comerciales y la concentración de la producción en determinados países pueden afectar la estabilidad de las cadenas de suministro y elevar los costos de las tecnologías renovables. Frente a este panorama, resulta necesario fortalecer la resiliencia del abastecimiento mediante políticas que promuevan la diversificación de proveedores, mejores prácticas ambientales durante la explotación minera y mecanismos internacionales de cooperación orientados a garantizar un acceso más seguro y sostenible a los recursos estratégicos requeridos para la transición energética.

Entretanto, otro desafío emerge conforme los sistemas fotovoltaicos instalados alcanzan el final de su vida útil. Las proyecciones muestran que el volumen acumulado de paneles retirados superará los 200 millones de toneladas hacia 2050, mientras que los residuos generados anualmente excederán los 25 millones de toneladas. Además, estos residuos pasarán de representar una fracción marginal de los desechos electrónicos actuales a constituir más de una quinta parte del peso total del flujo mundial de residuos electrónicos a mediados de siglo. La mayor concentración de este fenómeno se presentará en mercados con elevada capacidad instalada, como China, la Unión Europea, Estados Unidos e India, aunque numerosos países en desarrollo también enfrentarán incrementos importantes durante las próximas décadas. Este crecimiento exigirá ampliar significativamente la infraestructura destinada a la recolección, el transporte, el almacenamiento y el tratamiento especializado de paneles retirados, además de fortalecer los marcos regulatorios para evitar que estos residuos terminen en rellenos sanitarios o sean procesados mediante prácticas informales con efectos negativos sobre el ambiente y la salud pública. A ello se suma la necesidad de gestionar adecuadamente componentes que contienen sustancias potencialmente peligrosas, cuya disposición inadecuada puede generar contaminación persistente y riesgos para las comunidades cercanas.

Frente a estas perspectivas, la economía circular surge como una estrategia integral para reducir los impactos ambientales, optimizar el uso de los recursos y aprovechar el valor económico contenido en los materiales recuperados. Este enfoque incorpora acciones orientadas a reducir el consumo de materias primas desde el diseño de los productos, extender la vida útil mediante reparación, reacondicionamiento y reutilización, así como recuperar materiales mediante procesos avanzados de reciclaje capaces de reincorporarlos a nuevas cadenas productivas. Los materiales recuperados podrían alcanzar un valor de mercado superior a veinte mil millones de dólares hacia 2050, disminuyendo simultáneamente la necesidad de extraer recursos vírgenes. Sin embargo, la consolidación de este modelo enfrenta obstáculos relacionados con la limitada infraestructura disponible, la ausencia de estándares técnicos, los altos costos de algunas tecnologías de reciclaje, la escasa información sobre la composición de los módulos y la insuficiente preparación institucional en numerosos países. Por ello, resulta indispensable establecer políticas públicas integrales que incluyan esquemas de responsabilidad extendida del productor, incentivos económicos para la investigación y la innovación, sistemas de certificación para la reutilización, plataformas digitales de seguimiento del ciclo de vida de los equipos y mecanismos de cooperación internacional que favorezcan una transición energética compatible con los principios de sostenibilidad ambiental, eficiencia en el uso de recursos e inclusión social.

Para leer más ingrese a:

https://www.irena.org/Publications/2026/Jul/End-of-life-management-for-a-circular-economy-Solar-PV-panels

https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2026/Jul/IRENA_POL_End-of-life_solar_PV_2026.pdf

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