El Southeast Asia Energy Outlook 2026, séptima edición de este informe especial de la Agencia Internacional de Energía (AIE) elaborado en el marco de su asociación con los once países de la ASEAN, examina la trayectoria energética de la región a la luz de un choque geopolítico concreto: el conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre los mercados globales de combustibles. El documento parte de una constatación estructural: el sudeste asiático concentra apenas el 9% de la población mundial y el 4% del PIB global, pero representa cerca del 20% del crecimiento de la demanda energética mundial proyectada hasta 2035, lo que convierte a la región en un actor decisivo para la trayectoria energética global.
Metodológicamente, el informe combina escenarios prospectivos, uno basado en las políticas vigentes antes de la crisis y otro construido sobre las metas climáticas anunciadas por los países de la región, con un análisis detallado de la exposición energética previa al conflicto. Antes de la crisis, cerca del 60% de las importaciones de crudo del sudeste asiático y un tercio de sus importaciones de gas provenían de Medio Oriente, mientras el 45% del suministro de productos derivados del petróleo dependía de crudo de esa región. Esta concentración generó un choque de precios que ya se traduce en mayores facturas energéticas, presión inflacionaria y riesgo económico creciente para los hogares y las industrias de la región.
Entre los hallazgos principales, el estudio documenta impactos inmediatos sobre refinación, petroquímica, generación eléctrica y combustibles de cocción, con escasez de nafta y de gas licuado de petróleo, este último utilizado por tres cuartas partes de la población regional. El endurecimiento del mercado global de gas natural licuado ha elevado el costo de la generación a gas y empujado hacia el carbón como combustible sustituto, incluso cuando el uso de gas en el sector eléctrico se proyecta crecer más de 60% bajo políticas actuales pese a la caída de un tercio en el suministro doméstico. Sin cambios estructurales, la factura energética de importaciones de la región podría escalar de más de 80.000 millones de dólares en 2024 a cerca de 245.000 millones en 2035, cifra que se reduciría a la mitad si se cumplen las metas climáticas anunciadas.
El documento identifica la diversificación energética como prioridad central, con energías renovables, electrificación y eficiencia como palancas principales para reducir la exposición a importaciones. La capacidad renovable, de 120 gigavatios en 2024, se proyecta casi triplicar hacia 2035 bajo políticas actuales o quintuplicarse si se cumplen las metas anunciadas. La energía nuclear se mantiene como opción de diversificación de largo plazo, con Indonesia, Vietnam y Filipinas explorando rutas de despliegue, mientras el carbón conserva un rol relevante en la matriz, con cerca de la mitad de la generación eléctrica regional, pese a sus costos ambientales y en salud pública.
Un componente central del informe para el sector de redes inteligentes es su tratamiento de la infraestructura habilitante. El estudio señala que las redes de transmisión y distribución deben más que duplicar su longitud hacia 2050 para acompañar el crecimiento de la demanda y la mayor variabilidad de oferta y demanda asociada a renovables, mientras el almacenamiento en baterías, la respuesta de la demanda y otras fuentes de flexibilidad resultan esenciales para mantener la confiabilidad del sistema. La inversión en redes y almacenamiento debe escalar de 13.000 millones de dólares actuales a 50.000 millones anuales hacia 2050 para cumplir las metas anunciadas, incluidos 27.000 millones requeridos para materializar las interconexiones transfronterizas planeadas bajo el ASEAN Power Grid.
Para el sector eléctrico colombiano y la alianza de redes inteligentes, este informe ofrece un caso de referencia particularmente relevante sobre cómo un choque de seguridad energética puede acelerar decisiones de electrificación, diversificación de matriz y modernización de infraestructura de red, temas centrales también para la discusión energética nacional. El énfasis del documento en la necesidad de escalar inversión en redes, almacenamiento y flexibilidad del sistema, junto con su llamado a fortalecer la cooperación regional en interconexión eléctrica, aporta lecciones aplicables al diseño de estrategias de resiliencia energética y expansión de infraestructura eléctrica inteligente en contextos de alta dependencia de importaciones o volatilidad de mercados globales de combustibles.
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