Autor: DIFUSIÓN COLOMBIA INTELIGENTE

  • Grid Forming Roadmaps: Considerations for DSOs’ Risk-Assessment Input to National Roadmaps for adapting Distribution Systems to high penetrations of Grid Forming Power Park Modules

    Grid Forming Roadmaps: Considerations for DSOs’ Risk-Assessment Input to National Roadmaps for adapting Distribution Systems to high penetrations of Grid Forming Power Park Modules

    La transición hacia sistemas eléctricos con alta penetración de generación renovable basada en electrónica de potencia está modificando de manera profunda la dinámica de las redes de distribución. A medida que disminuye la presencia de generación síncrona convencional, emergen nuevos retos asociados a la estabilidad, el control de frecuencia y tensión, así como a la resiliencia frente a perturbaciones. En este contexto, las tecnologías de tipo grid-forming se presentan como una alternativa para dotar a las redes de capacidades que antes eran inherentes a las máquinas síncronas, permitiendo una operación más robusta en escenarios con elevada proporción de recursos distribuidos. En contraste con los convertidores tradicionales que dependen de una referencia externa de red, los dispositivos grid-forming son capaces de establecer y regular tensión y frecuencia de forma autónoma. Gracias a esta característica, pueden contribuir a la estabilidad del sistema incluso en condiciones de baja inercia o durante eventos de isla eléctrica. Además, estas tecnologías facilitan una mayor flexibilidad operativa, aspecto especialmente relevante en redes de distribución donde convergen generación distribuida, almacenamiento y nuevas cargas eléctricas.

    Por otra parte, la adopción progresiva de soluciones grid-forming exige una planificación estructurada por parte de los operadores de sistemas de distribución. No se trata únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de redefinir criterios de conexión, esquemas de protección y metodologías de planificación. En este sentido, se propone una hoja de ruta gradual que permita integrar estas soluciones de manera coherente con la evolución del sistema, evitando impactos negativos en la seguridad y la calidad del suministro. Asimismo, la coordinación entre operadores de transmisión y distribución adquiere mayor relevancia conforme aumentan las interacciones entre ambos niveles de red. Los recursos grid-forming conectados en distribución pueden influir en el comportamiento del sistema a nivel superior, por lo que resulta necesario establecer marcos de intercambio de información y responsabilidades claramente definidos. De este modo, se favorece una operación coordinada que aprovecha las capacidades técnicas de estos recursos sin generar conflictos operativos.

    En el ámbito normativo y regulatorio, la introducción de tecnologías grid-forming plantea la necesidad de revisar estándares técnicos y códigos de red. Las especificaciones existentes, diseñadas para un sistema dominado por generación síncrona, no siempre reflejan las capacidades ni los requisitos de los convertidores avanzados. Por consiguiente, se identifica la conveniencia de actualizar estos marcos para habilitar su despliegue, garantizando al mismo tiempo condiciones de seguridad, interoperabilidad y neutralidad tecnológica. Desde una perspectiva operativa, el uso de convertidores grid-forming abre nuevas posibilidades para la gestión de eventos extremos y la restauración del sistema tras fallas generalizadas. Al poder formar islas eléctricas estables y facilitar procesos de black start, estos recursos contribuyen a mejorar la resiliencia de las redes. Sin embargo, su implementación requiere un conocimiento detallado del comportamiento dinámico del sistema, así como herramientas de simulación adecuadas que permitan anticipar interacciones complejas entre múltiples dispositivos.

    Además, la capacitación del personal técnico y la adaptación de los procesos internos se presentan como elementos necesarios para una integración efectiva. La transición hacia modelos de control más descentralizados implica cambios en la forma de operar y supervisar la red, lo que demanda nuevas competencias y enfoques organizativos. Paralelamente, los proyectos piloto y las pruebas en entornos reales aportan aprendizajes valiosos para ajustar estrategias y reducir incertidumbres técnicas. Por tanto, la incorporación de tecnologías grid-forming en las redes de distribución se configura como un proceso progresivo que combina innovación tecnológica, adaptación regulatoria y coordinación institucional. A través de una planificación ordenada y de la alineación entre actores del sistema eléctrico, estas soluciones pueden contribuir a sostener la estabilidad y la resiliencia de redes cada vez más complejas, acompañando la transformación del sistema energético europeo.

    Para leer más ingrese a:

    https://eudsoentity.eu/wp-content/uploads/2025/10/Grid-Forming-Roadmaps-Advice-for-DSOs-EU-DSO-Entity.pdf

  • Fostering the Cleantech Innovation and Entrepreneurship Ecosystem in ASEAN: Key Policy Analysis

    Fostering the Cleantech Innovation and Entrepreneurship Ecosystem in ASEAN: Key Policy Analysis

    La consolidación de un ecosistema de innovación en tecnologías limpias en el sudeste asiático se perfila como una estrategia orientada tanto al desarrollo económico como a la sostenibilidad ambiental. En una región caracterizada por un crecimiento acelerado de la demanda energética, la promoción del emprendimiento tecnológico se concibe como una vía para reducir emisiones, diversificar la matriz productiva y fortalecer la competitividad internacional. En este marco, la innovación deja de ser un proceso aislado y se interpreta como el resultado de interacciones constantes entre actores públicos, privados y académicos.

    El entorno institucional se presenta como un determinante de la dinámica emprendedora. Los gobiernos desempeñan una función estructurante al establecer políticas que incentivan la investigación aplicada, la creación de empresas y la transferencia de conocimiento. A través de marcos regulatorios favorables, esquemas de financiamiento público y programas de incubación, se busca disminuir las barreras de entrada que enfrentan las startups en sectores intensivos en capital y riesgo tecnológico. De esta manera, el Estado no actúa únicamente como regulador, sino también como catalizador de nuevas oportunidades de mercado. De forma paralela, el acceso al financiamiento emerge como una condición necesaria para escalar soluciones tecnológicas. Aunque la región cuenta con una base creciente de emprendedores, persisten limitaciones asociadas a la escasez de capital de riesgo especializado en tecnologías limpias. Frente a esta situación, se promueve una combinación de instrumentos, como fondos públicos de coinversión, incentivos fiscales para inversionistas privados y mecanismos de financiamiento mixto. Así, se intenta cerrar la brecha entre las etapas tempranas de desarrollo y la fase de comercialización, donde se concentran los mayores requerimientos de recursos.

    Asimismo, la construcción de capacidades humanas adquiere relevancia dentro del ecosistema. La formación técnica, la educación en emprendimiento y el fortalecimiento de competencias digitales se plantean como pilares para sostener procesos de innovación de largo plazo. Universidades, centros de investigación y plataformas de formación juegan un rol articulador al facilitar la creación de redes de conocimiento, el intercambio de experiencias y la generación de soluciones adaptadas a los contextos locales. En consecuencia, la innovación se configura como un fenómeno colectivo más que como una suma de iniciativas individuales. Por otra parte, la colaboración entre sectores se entiende como un mecanismo para reducir la fragmentación y potenciar sinergias. Las alianzas público-privadas permiten integrar capacidades complementarias, mientras que los vínculos entre startups y grandes empresas facilitan la validación tecnológica en entornos reales. A través de estos esquemas, se acelera la adopción de soluciones en áreas como eficiencia energética, energías renovables, gestión de residuos y movilidad sostenible. De igual modo, las plataformas regionales de cooperación fomentan el aprendizaje entre países con distintos niveles de desarrollo institucional.

    Sin embargo, el despliegue de este ecosistema enfrenta tensiones estructurales. La heterogeneidad económica y política de los países de la región genera asimetrías en la disponibilidad de recursos, en la calidad de la infraestructura y en la estabilidad normativa. Además, la falta de estándares comunes dificulta la expansión transfronteriza de las empresas, limitando su acceso a mercados más amplios. Ante este panorama, se propone avanzar hacia marcos de armonización regulatoria y mecanismos de coordinación regional que faciliten la movilidad de capital, talento y tecnología. En este contexto, la innovación en tecnologías limpias no se reduce a la creación de productos, sino que implica la transformación de modelos productivos y patrones de consumo. La incorporación de criterios ambientales en las estrategias empresariales impulsa una transición hacia economías más resilientes, menos dependientes de combustibles fósiles y con mayor capacidad de adaptación al cambio climático. Por consiguiente, el ecosistema de emprendimiento se convierte en un instrumento para alinear crecimiento económico con sostenibilidad.

    El fortalecimiento del ecosistema de innovación cleantech en el sudeste asiático responde a una lógica sistémica que integra políticas públicas, financiamiento, formación de capacidades y cooperación intersectorial. A través de esta articulación, se busca no solo estimular la creación de empresas, sino también consolidar un entorno propicio para la difusión de tecnologías limpias a gran escala. De este modo, la innovación se posiciona como un vector de transformación estructural, capaz de incidir simultáneamente en la competitividad económica y en la agenda ambiental de la región.

    Para leer más ingrese a:

    https://storage.googleapis.com/aceweb-bucket-261225/pdf/publication/[Digital%20Version]%20Fostering%20the%20Cleantech%20Innovation%20and%20Entrepreneurship%20Ecosystem%20in%20ASEAN%20Key%20Policy%20Analysis%20(1)_4wjTpAlvt5OQW4cQkia51Izdx8KnTpVoXqwtnom7.pdf

  • Diagnostic Toolkit for Reducing Regulatory Barriers to Solar, Wind and Pumped Hydro Storage in the European Union

    Diagnostic Toolkit for Reducing Regulatory Barriers to Solar, Wind and Pumped Hydro Storage in the European Union

    La transición energética europea se desarrolla en un contexto donde la expansión acelerada de fuentes renovables enfrenta marcos regulatorios diseñados para un sistema eléctrico muy distinto al actual. En lugar de estructuras orientadas a la descentralización, la flexibilidad y la participación de múltiples actores, persisten esquemas normativos pensados para mercados centralizados y tecnologías convencionales. Por ello, se propone un enfoque de diagnóstico que permita evaluar de forma sistemática la capacidad real de los marcos legales para facilitar la integración de energía solar, eólica y almacenamiento hidroeléctrico por bombeo. En este sentido, el despliegue de renovables no depende únicamente de la disponibilidad de recursos naturales, sino también de la coherencia institucional entre normas, procedimientos administrativos y estructuras de gobernanza. Aunque la Unión Europea ha fijado objetivos ambiciosos, la materialización de estos planes se ve limitada por barreras regulatorias que ralentizan proyectos, incrementan la incertidumbre para los inversores y fragmentan los mercados. Así, se identifican obstáculos asociados a la planificación territorial, los procesos de permisos y la expansión de las redes eléctricas, los cuales operan de manera transversal sobre todas las tecnologías.

    Por un lado, la planificación espacial define dónde puede desarrollarse la infraestructura energética y bajo qué condiciones. Cuando los planes territoriales incluyen zonas claramente habilitadas para renovables, se reduce el riesgo jurídico y se acortan los tiempos de aprobación. En cambio, instrumentos obsoletos o ambiguos generan conflictos con otros usos del suelo, multiplican recursos legales y debilitan la capacidad de las autoridades locales para gestionar solicitudes de manera eficiente. Además, la diversidad de modelos de gobernanza (centralizados, descentralizados o cooperativos) explica por qué las experiencias varían tanto entre países y regiones. Por otro lado, los procesos de permisos representan una de las fuentes más persistentes de retrasos. En numerosos casos, los proyectos deben atravesar múltiples instancias administrativas, con competencias superpuestas y ausencia de ventanillas únicas. Como resultado, los plazos de aprobación pueden extenderse durante varios años, incluso antes de que se conozcan con certeza las condiciones de acceso a red o los precios de mercado. Esta secuencia obliga a los promotores a asumir costos elevados en fases tempranas, lo cual incrementa el riesgo financiero y desalienta nuevas inversiones.

    Asimismo, los cuellos de botella en las redes eléctricas constituyen otra dimensión crítica. Las reglas vigentes tienden a priorizar inversiones tradicionales en infraestructura física, mientras relegan opciones como la digitalización, la gestión inteligente de la demanda o las conexiones compartidas. De esta forma, se desaprovechan soluciones más flexibles que podrían optimizar el uso de la capacidad existente y acelerar la integración de proyectos híbridos, como plantas solares con almacenamiento. Del mismo modo, se analizan barreras específicas para distintos segmentos del mercado. En la energía solar, por ejemplo, los sistemas a gran escala enfrentan restricciones de uso del suelo y procedimientos de evaluación ambiental extensos. Las soluciones innovadoras, como la agrovoltaica o la solar flotante, se ven afectadas por vacíos legales sobre su admisibilidad y por incertidumbres en torno a esquemas de remuneración. En el ámbito eólico, tanto en tierra como en mar, aparecen limitaciones vinculadas a distancias mínimas, autorizaciones aeronáuticas y asignación de espacios marítimos. En cuanto al almacenamiento hidroeléctrico por bombeo, el principal desafío reside en la obtención de licencias ambientales y en la integración de estos proyectos dentro de los mercados eléctricos.

    A partir de este diagnóstico, se plantea la necesidad de herramientas que permitan a las autoridades evaluar su propio desempeño regulatorio. Mediante cuestionarios estructurados y sistemas de puntuación, se facilita la identificación de debilidades, la comparación entre territorios y el seguimiento de avances en el tiempo. Más allá de la medición, este enfoque busca promover una cultura de reforma continua, donde la regulación se adapte de manera progresiva a las exigencias de la transición energética. La transformación del sistema energético europeo requiere no solo inversiones en tecnología, sino también una reconfiguración profunda de los marcos institucionales. La planificación territorial coherente, los procedimientos administrativos ágiles y las reglas de mercado transparentes constituyen pilares para lograr una integración efectiva de las renovables. A través de un diagnóstico riguroso y comparativo, se abre la posibilidad de construir entornos regulatorios más compatibles con un sistema eléctrico descentralizado, flexible y orientado a la sostenibilidad.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2025/10/diagnostic-toolkit-for-reducing-regulatory-barriers-to-solar-wind-and-pumped-hydro-storage-in-the-european-union_acd0b286/15f4aed4-en.pdf

  • Flexibility Report 2025

    Flexibility Report 2025

    La flexibilidad energética se ha consolidado como un eje articulador de los sistemas eléctricos europeos en un contexto marcado por la rápida expansión de recursos energéticos distribuidos, como paneles solares residenciales, baterías, vehículos eléctricos y bombas de calor. Este cambio no solo transforma la forma en que se produce y consume la electricidad, sino que también redefine las relaciones entre usuarios, proveedores y operadores de red. En lugar de un modelo pasivo basado en la compra de energía, emerge una lógica de participación activa, donde los hogares se convierten en actores capaces de ajustar su demanda, almacenar excedentes y responder a señales del sistema.

    En este escenario, los sistemas de gestión energética en el hogar (HEMS) adquieren una relevancia estratégica, puesto que permiten integrar múltiples dispositivos en una plataforma común de control. A través de esta infraestructura digital, la energía deja de fluir de manera rígida y se gestiona de forma dinámica, optimizando tanto el consumo como la inyección a la red. De esta manera, se habilita una transición gradual desde la optimización de activos individuales hacia esquemas de coordinación a nivel de vivienda, y posteriormente hacia estrategias orientadas a mercados mayoristas. Por un lado, la flexibilidad implícita se apoya en señales de precio, como tarifas horarias o cargos de red variables, que incentivan a desplazar el consumo hacia momentos de menor presión sobre el sistema. En consecuencia, los usuarios pueden reducir costos sin alterar de forma significativa su nivel de confort, mientras que la red se beneficia de una distribución más equilibrada de la demanda. Por otro lado, la flexibilidad explícita convierte esos mismos activos controlables en recursos comercializables, capaces de ofrecer servicios de balance, reserva o gestión de congestión. Así, la energía doméstica se integra en circuitos de valor que antes estaban reservados a grandes instalaciones.

    Ahora bien, la utilidad de estos mecanismos se intensifica a medida que crece la volatilidad de los precios eléctricos. En sistemas con alta penetración de renovables, los periodos de excedentes y déficits se vuelven más frecuentes, lo cual genera tanto horas con precios negativos como picos elevados en momentos de escasez. Frente a esta realidad, la gestión inteligente de la carga y el almacenamiento permite transformar la inestabilidad en una oportunidad económica. De hecho, los hogares equipados con generación fotovoltaica, baterías y HEMS pueden capturar valor adicional al cargar cuando los precios son bajos y descargar cuando aumentan. Adicionalmente, los marcos regulatorios recientes refuerzan esta dinámica al introducir esquemas que premian el comportamiento compatible con la red. Normativas como las relacionadas con dispositivos controlables o límites de exportación no solo buscan evitar sobrecargas, sino que también abren espacios para nuevas formas de remuneración. En lugar de concebir estas reglas como restricciones, se plantea una reinterpretación orientada a convertirlas en palancas de ahorro y generación de ingresos, siempre que existan herramientas digitales que automaticen el cumplimiento.

    Desde una perspectiva de mercado, la agregación de pequeños activos resulta determinante. A través de plataformas digitales, miles de hogares pueden actuar de forma coordinada, ofreciendo potencia flexible equivalente a la de una central eléctrica convencional. Este enfoque, conocido como planta virtual, reduce barreras de entrada y permite que incluso dispositivos individuales, como cargadores de vehículos eléctricos, participen en esquemas de optimización intradía o servicios de balance. Por consiguiente, la escala deja de depender exclusivamente del tamaño físico de las instalaciones y pasa a sustentarse en la conectividad y la capacidad de orquestación. Sin embargo, el despliegue de estas soluciones no está exento de tensiones. La fragmentación tecnológica, la diversidad de interfaces entre fabricantes y la constante evolución regulatoria introducen complejidades que dificultan una implementación homogénea. Aun así, los estudios de percepción muestran que los usuarios priorizan el ahorro, la confianza en el proveedor y la conservación del control sobre sus dispositivos. Por tanto, el éxito de la flexibilidad no radica únicamente en la sofisticación técnica, sino también en la simplicidad de uso y en la transparencia de los beneficios.

    La flexibilidad energética se perfila como un componente estructural de los sistemas eléctricos del futuro. Lejos de limitarse a un ajuste operativo, representa una reconfiguración del papel del consumidor, que pasa de ser un receptor pasivo a convertirse en un agente activo dentro del sistema. A través de la digitalización, la agregación y la integración regulatoria, se consolida una arquitectura donde la eficiencia económica, la estabilidad de la red y la sostenibilidad ambiental convergen en un mismo marco de acción.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.gridx.ai/resources/flexibility-report-2025

    https://gridx-public.s3.eu-central-1.amazonaws.com/Flex+Report+2025.pdf

  • Propuesta de uso del control formador de red (Grid-Forming) para recursos basados en inversores con énfasis en sistemas de almacenamiento de energía con baterías

    Propuesta de uso del control formador de red (Grid-Forming) para recursos basados en inversores con énfasis en sistemas de almacenamiento de energía con baterías

    La transformación del sistema eléctrico colombiano ha intensificado la incorporación de recursos basados en inversores, en especial sistemas de almacenamiento con baterías, plantas solares y eólicas. Este proceso modifica de manera profunda la estructura tradicional del sistema, puesto que desplaza progresivamente a la generación síncrona que, durante décadas, aportó de forma natural inercia, corriente de cortocircuito y estabilidad dinámica. En este nuevo escenario, emerge el control Grid-Forming (GFM) como una alternativa orientada a sostener la operación del sistema en contextos con alta penetración de tecnologías electrónicas de potencia. A diferencia del enfoque Grid-Following (GFL), que depende de una referencia externa de frecuencia y tensión, el GFM se concibe como una fuente de tensión capaz de generar su propia referencia y regular activamente las variables eléctricas. De este modo, el inversor deja de limitarse a seguir la red y pasa a participar en su conformación. Esta distinción resulta determinante, sobre todo cuando se analizan condiciones de red débil, donde los controles seguidores suelen presentar dificultades de sincronización y comportamientos oscilatorios. En contraste, el GFM mantiene una operación más estable al prescindir del lazo seguidor de fase para la sincronización.

    Asimismo, el GFM permite reproducir, mediante algoritmos de control, ciertos comportamientos característicos de las máquinas síncronas. Entre ellos se destacan la inercia sintética, la inyección rápida de potencia activa ante perturbaciones de frecuencia y la provisión de corriente reactiva para soporte de tensión. En consecuencia, estos dispositivos pueden contribuir a mitigar los efectos de contingencias severas, como la pérdida de generación o eventos de baja tensión, incluso en sistemas que han perdido su última máquina rotativa. Sin embargo, este potencial técnico se encuentra condicionado por limitaciones inherentes a la electrónica de potencia. En primer lugar, la capacidad de corriente de los inversores es restringida y, por tanto, cada servicio de soporte ocupa una fracción de ese margen disponible. De ahí se deriva la necesidad de definir prioridades entre funciones, pues la inyección de potencia activa compite directamente con la de potencia reactiva. Por consiguiente, la operación integrada de múltiples servicios exige esquemas de control que distribuyan la capacidad de forma coherente con las necesidades del sistema.

    Por otra parte, la tecnología GFM no se asocia a un hardware específico, sino a un modo de control. En teoría, cualquier planta basada en inversores podría adoptar este esquema; no obstante, la regulación efectiva de frecuencia demanda la disponibilidad de energía firme. En ese sentido, los sistemas de almacenamiento se posicionan como los candidatos más adecuados, dado que garantizan reservas suficientes para entregar potencia activa en intervalos cortos. En cambio, las fuentes renovables variables, como la solar o la eólica, presentan restricciones para asumir este rol sin apoyo de almacenamiento. Además, la integración masiva de GFM plantea retos de modelado y validación. Los procesos de simulación deben considerar tanto análisis RMS como EMT, con el fin de capturar dinámicas lentas y transitorios rápidos. A ello se suma la necesidad de bancos de pruebas que permitan evaluar el desempeño real de los equipos, incluyendo escenarios de fallas, cambios abruptos de carga, rampas de frecuencia y eventos de arranque autónomo. De esta manera, se busca reducir la incertidumbre asociada a una tecnología que aún se encuentra en proceso de maduración.

    Desde una perspectiva comparativa, el GFM no reemplaza por completo a las máquinas síncronas. Aunque puede ofrecer respuestas más rápidas en frecuencia y mantener su inyección de corriente durante más tiempo, su aporte de cortocircuito es inferior y depende de estrategias de control que deben ser cuidadosamente diseñadas. En consecuencia, se propone un uso complementario entre compensadores síncronos y GFM, donde los primeros refuercen la fortaleza eléctrica del sistema y los segundos aporten flexibilidad y rapidez de respuesta. La adopción del GFM en Colombia se concibe como una estrategia gradual, sustentada en criterios de neutralidad tecnológica y validación rigurosa. El objetivo no es imponer soluciones específicas, sino establecer requisitos funcionales que aseguren estabilidad, soportabilidad y coordinación entre múltiples dispositivos. De este modo, el sistema eléctrico podría avanzar hacia una configuración más resiliente, capaz de sostener altos niveles de generación basada en inversores sin comprometer la seguridad operativa.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.xm.com.co/noticias/8660-publicacion-propuesta-de-uso-del-control-formador-de-red-grid-forming-para-recursos?

    https://www.xm.com.co/sites/default/files/documents/XM%20Propuesta%20de%20Requisitos%20Grid%20Foming%20en%20el%20SIN%20-%20Colombia.pdf

  • Win-Win Watts: When Can Data Centers, Efficient Electrification, and New Loads Lower Electricity Prices?

    Win-Win Watts: When Can Data Centers, Efficient Electrification, and New Loads Lower Electricity Prices?

    El crecimiento de la demanda eléctrica proveniente de centros de datos, la electrificación de sectores como transporte y edificios, y nuevas actividades industriales plantea un dilema sobre sus efectos en los precios de la electricidad. En algunos contextos, esta expansión puede contribuir a reducir tarifas promedio, mientras que en otros puede generar presiones al alza. La diferencia depende de la relación entre los costos incrementales de atender nuevas cargas y los costos promedio del sistema. Cuando el sistema dispone de capacidad sobrante o cuando la nueva generación se incorpora a costos inferiores al promedio existente, la demanda adicional permite distribuir gastos fijos sobre un mayor número de kilovatios-hora. De esta manera, se logra una disminución en los precios medios y se optimiza el uso de infraestructura ya instalada. Sin embargo, cuando la atención de nuevas cargas exige inversiones significativas en generación, transmisión o distribución, los costos marginales superan los promedios y los precios tienden a aumentar. Además, si los proyectos no alcanzan la utilización prevista o se retiran antes de lo esperado, se generan activos subutilizados cuyos costos recaen en los demás usuarios.

    La evidencia empírica reciente muestra que los estados con mayor crecimiento de la demanda entre 2019 y 2024 experimentaron incrementos más moderados en los precios, e incluso reducciones, mientras que aquellos con ventas estancadas registraron alzas más pronunciadas. Este patrón refleja la importancia de los efectos de reparto de costos fijos. No obstante, también se observa que la expansión de recursos distribuidos como la solar en techos puede elevar precios promedio, al reducir los kilovatios-hora facturados sin disminuir proporcionalmente los costos de las empresas eléctricas. La forma de las cargas nuevas es otro factor decisivo. Los centros de datos suelen operar con perfiles relativamente planos y altos factores de carga, lo que favorece la utilización continua de la capacidad del sistema. En contraste, la electrificación de calefacción o refrigeración introduce variaciones estacionales, mientras que la carga de vehículos eléctricos ofrece flexibilidad para desplazar consumo hacia horas de menor costo. La planificación debe considerar estas diferencias, pues un sistema con mayor proporción de energías renovables valora especialmente la coincidencia de la demanda con periodos de generación barata.

    La flexibilidad de la demanda se convierte en un instrumento para integrar nuevas cargas sin elevar excesivamente los costos. Experimentos muestran que los usuarios de vehículos eléctricos responden a incentivos económicos y trasladan su consumo hacia horarios convenientes. De manera similar, los centros de datos pueden reducir su utilización en momentos de tensión del sistema, evitando inversiones adicionales. Estas prácticas permiten que el crecimiento de la demanda se acompañe de una expansión más eficiente de recursos limpios como solar, eólica, nuclear o almacenamiento. El diseño tarifario es determinante para que los beneficios potenciales se materialicen. Si las tarifas para grandes consumidores cubren los costos incrementales y los riesgos asociados, los demás usuarios pueden compartir las ventajas de menores precios promedio. En cambio, si se ofrecen condiciones demasiado favorables sin salvaguardas, los costos de infraestructura no utilizada recaen en la base de clientes existente. Por ello, se han desarrollado mecanismos como contratos de largo plazo, mínimos de facturación, garantías financieras y cláusulas de salida que buscan proteger a los usuarios residenciales y comerciales tradicionales.

    De este modo, el impacto del crecimiento de la demanda sobre los precios de la electricidad no es uniforme. Depende de la capacidad disponible, de la forma de las nuevas cargas, de la flexibilidad que puedan ofrecer y de cómo se diseñen las tarifas. Con una planificación proactiva, una asignación justa de costos y el aprovechamiento de la flexibilidad, es posible que la expansión de sectores emergentes como la inteligencia artificial, la electrificación y la manufactura se traduzca en un sistema eléctrico más asequible, confiable y sostenible.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.epri.com/research/products/000000003002034619

  • Tariffs and incentives: A PREMIER FOR THE FUTURE

    Tariffs and incentives: A PREMIER FOR THE FUTURE

    La evolución de las tarifas eléctricas y de los esquemas de incentivos se encuentra estrechamente vinculada a la transformación del sistema energético y a la necesidad de acompañar nuevos patrones de consumo y generación. A medida que aumentan la electrificación, la generación distribuida y la flexibilidad de la demanda, los mecanismos tradicionales de tarificación muestran limitaciones para reflejar los costos reales del sistema y para orientar decisiones eficientes por parte de los usuarios. En este escenario, el rediseño de tarifas e incentivos se plantea como una herramienta para alinear señales económicas con objetivos de sostenibilidad, eficiencia y resiliencia.

    Por una parte, las tarifas han cumplido históricamente una función orientada a la recuperación de costos y a la provisión estable de ingresos para las empresas eléctricas. Sin embargo, la creciente penetración de recursos energéticos distribuidos y tecnologías como la movilidad eléctrica introduce nuevas dinámicas en el uso de la red. Por consiguiente, los esquemas basados exclusivamente en el consumo volumétrico tienden a generar distorsiones, tanto en la asignación de costos como en la equidad entre usuarios. Frente a esta situación, se analizan alternativas que incorporan componentes fijos, cargos por capacidad o señales horarias más refinadas. Asimismo, las tarifas dinámicas y los precios dependientes del momento de consumo permiten reflejar mejor las condiciones reales del sistema eléctrico. Mediante señales temporales diferenciadas, se incentiva el desplazamiento de la demanda hacia períodos de menor congestión, lo que contribuye a un uso más eficiente de la infraestructura existente. De forma paralela, estas estructuras favorecen la integración de tecnologías flexibles, como el almacenamiento y la gestión activa de la demanda, ampliando las opciones de respuesta de los consumidores.

    Por otra parte, los incentivos económicos han sido utilizados para acelerar la adopción de tecnologías emergentes, incluyendo energías renovables, vehículos eléctricos y sistemas de autoconsumo. Aunque estos mecanismos han demostrado efectividad para reducir barreras iniciales, su diseño requiere ajustes progresivos a medida que las tecnologías maduran. En consecuencia, se observa una tendencia a sustituir incentivos generalizados por esquemas más focalizados, orientados a objetivos específicos del sistema, como la reducción de picos de demanda o la mejora de la flexibilidad operativa. Igualmente, el rediseño tarifario plantea interrogantes regulatorios y sociales. La introducción de estructuras más complejas puede dificultar la comprensión por parte de los usuarios, especialmente en segmentos vulnerables. Por ello, la transparencia, la comunicación y la gradualidad adquieren relevancia en los procesos de implementación. Además, resulta necesario evaluar los impactos distributivos para evitar cargas desproporcionadas y asegurar un acceso equitativo al servicio eléctrico.

    Desde una perspectiva institucional, la coordinación entre reguladores, operadores de red y comercializadores se vuelve indispensable. La coherencia entre tarifas, incentivos y marcos normativos facilita la adopción de nuevas soluciones y reduce incertidumbres para la inversión. De igual manera, el uso de herramientas digitales y datos avanzados abre oportunidades para diseñar tarifas más precisas, basadas en patrones reales de consumo y en capacidades locales de la red. Por último, el análisis de experiencias internacionales muestra que no existe un único modelo aplicable a todos los contextos. Las características del sistema eléctrico, el grado de madurez tecnológica y las prioridades de política pública influyen en las decisiones tarifarias. Aun así, se identifican orientaciones comunes, como la necesidad de reflejar mejor los costos de red, incentivar la flexibilidad y adaptar los incentivos a una transición energética en constante evolución. En conjunto, la modernización de tarifas e incentivos se perfila como un proceso progresivo que acompaña la transformación del sector eléctrico y orienta el comportamiento de los usuarios hacia un uso más eficiente y alineado con los objetivos del sistema.

    Para leer más ingrese a:

    https://eudsoentity.eu/wp-content/uploads/2026/01/Tariffs-and-incentives-a-premier-for-the-future.pdf

  • Harnessing Data and Intelligence for Collective Advantage: Ending Forced Labour in Global Supply Chains

    Harnessing Data and Intelligence for Collective Advantage: Ending Forced Labour in Global Supply Chains

    El trabajo forzoso continúa siendo una de las problemáticas más persistentes en las cadenas de suministro globales, pese a décadas de esfuerzos regulatorios, iniciativas empresariales y campañas de la sociedad civil. La magnitud del fenómeno, que afecta a millones de personas en distintos sectores, se explica por la fragmentación de datos, la falta de incentivos alineados y la escasez de confianza entre actores. Aunque existen abundantes fuentes de información, desde auditorías corporativas hasta denuncias de trabajadores y registros gubernamentales, estas permanecen aisladas, lo que impide construir una visión integral y actuar de manera coordinada.

    La dinámica se convierte en un círculo vicioso: la visibilidad limitada debilita la rendición de cuentas, la falta de responsabilidad erosiona la confianza y la desconfianza restringe la colaboración. En consecuencia, los avances se diluyen y las iniciativas permanecen dispersas. Superar esta situación requiere un enfoque sistémico que conecte incentivos, tecnologías y gobernanza en un marco coherente. En respuesta, surge la Alianza Global de Datos contra el Trabajo Forzoso, concebida como una infraestructura precompetitiva que permite a gobiernos, empresas y organizaciones sociales colaborar sin necesidad de centralizar la información ni renunciar a la soberanía de los datos. Su arquitectura federada posibilita que cada actor mantenga el control de sus registros, mientras se generan análisis colectivos mediante estándares compartidos y protocolos de gobernanza. De este modo, la información se convierte en inteligencia común y la inteligencia en acción coordinada.

    El uso de inteligencia artificial agentiva y modelos federados marca un cambio significativo. En lugar de trasladar datos sensibles, el análisis ocurre donde estos se encuentran, enlazando señales dispersas como quejas de trabajadores, inspecciones laborales, registros de contratación o flujos migratorios. Así se identifican patrones de riesgo que antes permanecían invisibles. La prueba piloto realizada en Tailandia demuestra que esta metodología puede aplicarse de manera segura y efectiva, fortaleciendo la coordinación entre sectores y generando resultados tangibles. Los beneficios se extienden a todos los participantes. Los gobiernos obtienen mayor visibilidad para orientar políticas y reforzar la aplicación de la ley. Las empresas reducen duplicaciones, mejoran la gestión de riesgos y aumentan la confianza de consumidores e inversionistas. Las organizaciones de la sociedad civil amplifican la voz de los trabajadores y contribuyen a soluciones sistémicas. Los inversionistas y donantes acceden a información confiable para dirigir recursos hacia las áreas más necesitadas. En conjunto, se crea un ciclo virtuoso: cada nuevo conjunto de datos potencia el análisis, lo que incrementa los incentivos para colaborar y acelera la prevención.

    El reto, sin embargo, no se limita a la tecnología. La construcción de confianza es esencial para que los actores compartan información y se comprometan con la gobernanza común. La transparencia, la rendición de cuentas y la inclusión son condiciones que permiten que la colaboración sea ética y sostenible. Además, la expansión del modelo exige marcos regulatorios que respalden la interoperabilidad y garanticen la protección de datos sensibles. La visión hacia 2030 es transformar el trabajo forzoso en un riesgo prevenible, más que en una realidad persistente. Para lograrlo, se requiere liderazgo y valentía, pero también innovación responsable y voluntad de actuar colectivamente. La federación de datos y la inteligencia compartida ofrecen una oportunidad concreta para pasar de esfuerzos aislados a impactos coordinados, demostrando que la cooperación global puede convertir la información dispersa en una herramienta poderosa contra la explotación laboral.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/harnessing-data-and-intelligence-for-collective-advantage-ending-forced-labour-in-global-supply-chains/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Harnessing_Data_and_Intelligence_for_Collective_Advantage_2026.pdf

  • Rethinking AI Sovereignty: Pathways to Competitiveness through Strategic Investments

    Rethinking AI Sovereignty: Pathways to Competitiveness through Strategic Investments

    La inteligencia artificial se ha consolidado como un factor que redefine la competitividad económica, la organización productiva y las dinámicas de poder a escala global. En este contexto, la noción de soberanía en inteligencia artificial ha evolucionado desde enfoques centrados en la autosuficiencia hacia una comprensión más estratégica, basada en la capacidad de orientar, desplegar y gobernar ecosistemas tecnológicos de acuerdo con prioridades propias, sin perder flexibilidad ni resiliencia. Así, el énfasis se desplaza desde el control absoluto de toda la cadena de valor hacia decisiones selectivas sobre dónde invertir, cómo construir capacidades y con quién colaborar. Durante los últimos años, una proporción significativa de la inversión global en inteligencia artificial se ha concentrado en infraestructura, especialmente en centros de datos y capacidad de cómputo. Sin embargo, este patrón ha generado una lectura incompleta de la competitividad en IA, al equiparar soberanía con infraestructura física. En contraste, el desarrollo exitoso de ecosistemas inteligentes depende también de otros componentes, como el acceso a talento, la disponibilidad de capital, la madurez regulatoria, la calidad de los datos y la capacidad de adopción en sectores productivos y servicios públicos. Por consiguiente, la competitividad no surge de la acumulación indiscriminada de activos, sino de la coherencia entre inversiones, capacidades institucionales y objetivos económicos.

    A partir de esta lógica, se observa que solo un número reducido de economías cuenta con los recursos necesarios para abarcar de forma integral todos los eslabones de la cadena de valor de la inteligencia artificial. Estados con mayor peso económico han apostado por estrategias de cobertura amplia, mientras que otros han logrado avances relevantes mediante apuestas más focalizadas. De hecho, experiencias diversas muestran que la especialización en determinados segmentos —como aplicaciones sectoriales, modelos adaptados a contextos locales o soluciones de computación en el borde— puede generar ventajas sostenibles cuando se articula con alianzas internacionales confiables. Además, la infraestructura para inteligencia artificial debe entenderse como parte de un sistema interdependiente que integra energía, conectividad, hardware, financiamiento y marcos normativos. Desde esta perspectiva, la interoperabilidad adquiere un valor estratégico, dado que reduce riesgos de dependencia excesiva, facilita la escalabilidad y permite adaptarse a cambios tecnológicos acelerados. En economías con menor escala, esta característica se convierte en un habilitador para participar en mercados regionales y globales sin replicar inversiones de alto costo.

    Por otra parte, la adopción de inteligencia artificial en sectores como salud, educación, finanzas, transporte o gestión pública abre oportunidades para generar valor económico y social de forma simultánea. La priorización de casos de uso con impacto directo contribuye a dinamizar la demanda interna, fortalecer capacidades locales y, a su vez, crear condiciones para la exportación de soluciones tecnológicas. En este proceso, los gobiernos pueden actuar como usuarios tempranos, impulsando estándares, confianza y aprendizaje institucional. El análisis también pone de relieve que las trayectorias hacia la competitividad en inteligencia artificial no son homogéneas. Las economías parten de posiciones distintas en términos de capacidades existentes y madurez de sus habilitadores. Por ello, se identifican múltiples rutas de evolución, que van desde estrategias centradas en acelerar la adopción hasta enfoques orientados a construir ecosistemas más completos de manera gradual. Estas rutas no representan secuencias rígidas, sino marcos de referencia que permiten alinear inversiones con fortalezas específicas y condiciones locales.

    La soberanía en inteligencia artificial se redefine como interdependencia estratégica. Bajo este enfoque, el control no se ejerce mediante el aislamiento, sino a través de la capacidad de elegir socios, asegurar estándares de seguridad y gobernanza, y mantener márgenes de maniobra frente a cambios externos. De esta manera, las decisiones que se adopten en el corto plazo influirán de forma duradera en la posición de las economías dentro del ecosistema digital global, determinando su habilidad para capturar valor, fomentar innovación y sostener un crecimiento inclusivo en la era de la inteligencia artificial.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/rethinking-ai-sovereignty/

    https://www3.weforum.org/docs/WEF_Rethinking_AI_Sovereignty_Pathways_to_Competitiveness_through_Strategic_Investments_2026.pdf

  • Latin America in the Intelligent Age: A New Path for Growth

    Latin America in the Intelligent Age: A New Path for Growth

    América Latina atraviesa una etapa de transformación marcada por la convergencia entre tecnologías digitales avanzadas, cambios productivos y tensiones estructurales persistentes. En este escenario, la denominada era inteligente se presenta como una oportunidad para redefinir modelos de desarrollo, siempre que la adopción tecnológica se articule con políticas públicas, capacidades institucionales y estrategias de inclusión social. Lejos de limitarse a la digitalización de procesos, esta transición implica una reorganización profunda de la economía, el mercado laboral y la relación entre el Estado, las empresas y la ciudadanía.

    En primer lugar, la región muestra avances desiguales en la incorporación de tecnologías como inteligencia artificial, análisis de datos, automatización y plataformas digitales. Mientras algunos sectores productivos y urbanos experimentan mejoras en eficiencia y competitividad, amplios segmentos de la población permanecen al margen de estos beneficios. Por consiguiente, la brecha digital no solo se manifiesta en el acceso a conectividad, sino también en la capacidad de usar tecnologías de forma productiva, segura y sostenible. A su vez, el impacto de la era inteligente sobre el empleo introduce tensiones relevantes. Por un lado, la automatización redefine tareas y perfiles laborales, desplazando ciertos trabajos rutinarios; por otro, emergen nuevas ocupaciones vinculadas a servicios digitales, gestión de datos y tecnologías avanzadas. Sin embargo, esta recomposición del mercado laboral exige sistemas de formación más flexibles y una actualización constante de habilidades. En ausencia de estas adaptaciones, los beneficios de la transformación tecnológica tienden a concentrarse, profundizando desigualdades existentes.

    Desde la perspectiva productiva, la adopción de tecnologías inteligentes abre posibilidades para diversificar economías históricamente dependientes de sectores primarios. Mediante la digitalización de cadenas de valor, la optimización logística y el uso de datos, las empresas pueden mejorar productividad e integración regional. No obstante, este proceso requiere ecosistemas de innovación que conecten al sector privado, la academia y el Estado, además de marcos regulatorios que promuevan competencia, inversión y confianza. A su vez, la gobernanza de las tecnologías adquiere una relevancia creciente. El uso extensivo de datos y algoritmos plantea interrogantes relacionados con privacidad, ciberseguridad, transparencia y rendición de cuentas. Frente a ello, se plantea la necesidad de construir marcos normativos que equilibren innovación y protección de derechos, evitando tanto la sobrerregulación como la ausencia de reglas. De esta manera, la confianza se convierte en un componente habilitador para la adopción tecnológica a gran escala.

    El sector público enfrenta, asimismo, un proceso de transformación interna. La digitalización del Estado permite mejorar la provisión de servicios, aumentar la eficiencia administrativa y fortalecer la relación con la ciudadanía. Al mismo tiempo, el uso de herramientas inteligentes en políticas públicas facilita una toma de decisiones basada en evidencia. Con todo, estos avances dependen de capacidades institucionales sólidas, interoperabilidad de sistemas y talento humano especializado. En otra instancia, la transición hacia la era inteligente se vincula con objetivos de sostenibilidad y resiliencia. Las tecnologías digitales pueden contribuir a una mejor gestión de recursos, al monitoreo ambiental y a la mitigación de riesgos climáticos. Aun así, estos beneficios no se materializan de forma automática, sino que dependen de decisiones estratégicas que alineen innovación tecnológica con desarrollo inclusivo.

    El avance de América Latina en la era inteligente se configura como un proceso complejo y heterogéneo. La tecnología ofrece herramientas poderosas para transformar economías y sociedades; sin embargo, su impacto final estará determinado por la capacidad de la región para combinar innovación, políticas públicas efectivas y un enfoque centrado en las personas.

    Para leer más ingrese a:

    https://www.weforum.org/publications/latin-america-in-the-intelligent-age-a-new-path-for-growth/

    https://reports.weforum.org/docs/WEF_Latin_America_Intelligent_Age.pdf

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La tecnología se aplica de manera generalizada  y se tiene un despliegue masivo de esta.

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