La biodiversidad constituye la base de los sistemas agrícolas y de los servicios ecosistémicos que los sostienen. Sin ella, la productividad y la resiliencia de los cultivos se verían comprometidas, afectando tanto la seguridad alimentaria como la capacidad de los países para enfrentar el cambio climático. Por esta razón, se plantea la necesidad de proteger la biodiversidad en paisajes naturales y agrícolas, reconociendo que ambos espacios están interconectados y que su conservación es indispensable para garantizar la sostenibilidad de la producción de alimentos en las próximas décadas. El análisis de la distribución espacial de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos revela que el desarrollo agrícola y el cambio climático ejercen presiones crecientes sobre áreas naturales y seminaturales. Estas presiones generan riesgos de pérdida de especies y de degradación de funciones ecológicas esenciales, como la polinización, la regulación hídrica y la fertilidad de los suelos. Al mismo tiempo, se observa que las zonas con mayor riqueza biológica suelen coincidir con territorios donde la expansión agrícola es más intensa, lo que incrementa la vulnerabilidad de los ecosistemas.
Las prácticas agrícolas insostenibles se identifican como motores directos de la pérdida de biodiversidad. El uso excesivo de agroquímicos, la deforestación para ampliar la frontera agrícola y la sobreexplotación de recursos hídricos deterioran los ecosistemas y reducen su capacidad de sostener la producción. Estas dinámicas no solo afectan a nivel local, sino que se extienden a escalas regionales y globales, comprometiendo la estabilidad de los sistemas alimentarios. La degradación de los servicios ecosistémicos repercute en la productividad agrícola y en la capacidad de los países para responder a la creciente demanda de alimentos. Frente a este panorama, se destacan prácticas agrícolas sostenibles que pueden mitigar la pérdida de biodiversidad e incluso favorecer su recuperación. Entre ellas se encuentran la agroforestería, la rotación de cultivos, la agricultura orgánica y el manejo integrado de plagas. Estas estrategias permiten reducir la presión sobre los ecosistemas, mejorar la calidad de los suelos y fortalecer la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a fenómenos climáticos extremos. Además, la adopción de estas prácticas contribuye a diversificar las fuentes de ingreso de los agricultores y a generar beneficios ambientales de largo plazo.
El vínculo entre los apoyos agrícolas y la biodiversidad resulta especialmente relevante. La evidencia muestra que ciertos tipos de subsidios y políticas de apoyo han incentivado prácticas que dañan la biodiversidad, mientras que otros han promovido la conservación y el uso sostenible de los recursos. La relación entre el número de especies amenazadas y los esquemas de apoyo agrícola pone de manifiesto la necesidad de reformar estos instrumentos, orientándolos hacia la sostenibilidad y la protección de los ecosistemas. En este sentido, se proponen recomendaciones de política e inversión que buscan transformar los sistemas agrícolas. Se plantea la importancia de reformar los subsidios para que favorezcan prácticas sostenibles, invertir en restauración de ecosistemas y promover la adopción de tecnologías que reduzcan el impacto ambiental de la agricultura. Asimismo, se subraya la necesidad de fortalecer la cooperación internacional y de alinear las políticas nacionales con los compromisos asumidos en foros globales como la COP 15.
La integración de la biodiversidad en las políticas agrícolas no solo responde a una exigencia ambiental, sino también a una estrategia para garantizar dietas saludables y seguras. Al proteger los ecosistemas, se asegura la disponibilidad de alimentos nutritivos y se mejora la calidad de vida de las poblaciones. Además, se generan condiciones para que los agricultores puedan adaptarse a un entorno cambiante, reduciendo riesgos y aumentando oportunidades de desarrollo. La protección y restauración de la biodiversidad en los sistemas agrícolas es indispensable para enfrentar los retos de seguridad alimentaria, sostenibilidad y resiliencia climática. La adopción de prácticas sostenibles, la reforma de apoyos agrícolas y la inversión en conservación constituyen caminos necesarios para transformar la agricultura en una actividad capaz de sostener la vida y el bienestar de las generaciones futuras.
Para leer más ingrese a:
https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/615b812d-e9f4-4bad-b6f0-47c4ba1e3efd
https://openknowledge.worldbank.org/bitstreams/baf6182d-e811-4235-b474-aeff7cbff3e8/download